Montes y dehesas en la Tierra de Medina

Ruta

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En mayo suele ser apetecible pasear por nuestras dehesas. Si están sembradas de cereal, su suelo lo veremos verde y si fueran praderas para pasto, el suelo estará esmaltado de todo tipo de colores. Les encinas, con frecuencia centenarias y robustas, han sido lavadas y hasta abrillantadas por las lluvias de abril. Ofrecen un panorama distinto. Un contrapunto a nuestro paisaje habitual. Una esporádica y nunca segura fiesta que depende de la bondad de la primavera.

De manera que decidimos acercarnos a los montes y dehesas de la Tierra de Medina. Aunque en lo alrededores de Medina hay pinarillos aislados, encontraremos monte en los límites con la provincia de Ávila. Allá fuimos y no nos equivocamos.

Atravesando el monte de Bobadilla por la cañada de Extremadura

Atravesando el monte de Bobadilla por la cañada de Extremadura

Monte de Bobadilla

Este monte debe atesorar muchos años de cuidados. Sus viejas encinas están unas en zonas de cultivo y otras –las más- en tierras utilizadas para pasto de ganado vacuno, como bien pudimos comprobar. Tendrá como 10 km2 y la mayoría se encuentra vallado. Se puede contemplar desde los límites, pues está rodeado de caminos o bien gracias a la cañada de Extremadura, que lo cruza por el medio: se ha respetado su anchura si bien hay vallas de alambre de espino en los linderos.

Monte del Duque

Monte del Duque

Pequeños lavajos salpican estos montes, que son aprovechados para abrevar el ganado. Igualmente, a lo largo del trayecto encontramos humedales y prados que denotan la existencia de agua en el subsuelo, si bien la mayoría se encontraban secos.

Monte del Duque

También era una fiesta el monte del Duque, igualmente adehesado, si bien aquí predomina el cultivo de cereal. Es menor, pero tiene la gran ventaja de que se encuentra abierto, y la circulación por sus caminos es libre. Sus encinas están bien olivadas, y la mayoría es de porte centenario. A la vuelta también pasamos por el monte del Prisco, parecido al del Duque.

Otro aspecto del monte del Duque

Otro aspecto del monte del Duque

La verdad es que asistimos a una verdadera fiesta de alegría y color. Las propias encinas eran todas diferentes, variando entre diversas tonalidades de verde –del claro al más oscuro- y del amarillo, las que estaban en flor. En los suelos nos llamó la atención la invasión de la arenaria roja, una planta que, como indica el nombre, vive a sus anchas en la arena. Y eso que esta arena es –sobre todo en los caminos- dura y compacta, y sin casi humedad. Pues allí estaba nuestra arenaria dando color a todo. Además, abundaban diferentes tipos de margaritas, gébanas, nazarenos, y otras flores del más variado color.

Bajo el negrillo

Bajo el negrillo

 Un negrillo

 ¡Sí, en Blasconuño de Matacabras! En la misma plaza de la iglesia, donde también hay una cruz de granito, en el centro. Es de tamaño mediano. Nos hicimos una foto para la posteridad pues, tarde o temprano, desaparecerá. También nos comentaron que aun quedaba otro, junto al depósito de agua.

 Casas Nuevas

 Curioso que así se llamen cuando ese están cayendo de viejas y, sobre todo, de puro abandono. Nos acercamos porque tiene un delicioso pozo de estrecha boca y protegido por una caperuza que es continuación del mismo brocal, los dos en ladrillo. Seco, eso sí. Si están así las Nuevas, ¡cómo estarán las Viejas!

 Escargamaría

 O Descargamaría. Al parecer, tiene su origen en un poblado medieval, y debió ser importante pues todavía es cruce de caminos. Ahora es un lugar destinado a la guarda de maquinaria agrícola o almacén, pues aprovechando una construcción anterior, dispone de una amplia nave en uso. El resto es ruina de lo que fue: varias casas donde vivía la gente que explotaba las dehesas cercanas; también vemos los restos de una espadaña donde debió haber una ermita. Lleva camino de convertirse en un gran palomar, pues estas aves lo han descubierto como lugar tranquilo para anidar.

Hacia Villaluz...

Hacia Villaluz…

Villaluz

Es una casa de labranza que se está deshaciendo. Delante –al sur- posee un amplio empedrado cubierto ya de maleza. Figura como despoblado medieval y está situada en un lugar privilegiado, en el confín suroccidental de la Provincia. Domina el ancho valle del Trabancos, la llanura que se extiende hacia Cantalapiedra –se ven sus casas-, los pinares de Ávila y las encinas del Duque. No es de extrañar el nombre dedicado a la luz: si en esta vasta llanura todo es luminoso, lo es más cuando nos subimos a una loma como esta.

...y desde Villaluz

…y desde Villaluz

A sus pies remoloneaba dando curvas el río Trabancos, que hoy es una lengua de arena seca. Hasta mediados del siglo pasado, traía agua, y era algo más que un arroyo, pues hasta trabajaba moliendo grano. Hoy, cuando llueve mucho, pueden llegarse a formar charcos en el cauce. ¿Hay algo más triste que un río seco? ¿Quién le robó su agua a nuestro Trabancos?

(Hasta aquí llegamos. Continuamos en la entrada siguiente relatando la vuelta)

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