De Palencia a Valladolid atravesando Torozos

Palencia Ampudia Valladolid Esta vez nos fuimos en tren a Palencia: el día se presentaba agradable y sin prisas por volver a casa, y el viento lo tendríamos más bien de espaldas. Así que dicho y hecho, a eso de las once estábamos en la estación de Palencia. Atravesamos el Carrión y sus islas y, por el Canal, llegamos a la esclusa Treinta, de Viñalta, acompañada de su enorme silo. La idea era subir por la cañada real de la Mendoza. Demasiado arroz para un galgo, o demasiada cuesta para una burra vieja. Ante tal panorama, algunos propusieron cambiar de rumbo: menos mal que, a su derecha, salía un camino que, en zigzag, salvaba con bastante dignidad la subidilla. Y, sin bajarnos (casi) de la burra, al poco estábamos arriba. Justo habíamos subido por el extremo que se encuentra más al norte del páramo de los Torozos. O por la cola del bacalao, que diría Blas Pajarero. Como era la primera vez que lo hacíamos, le pusimos una cruz a la vez que contemplábamos la vega del Carrión y Tierra de Campos, que ya empieza a amarillear. Justo debajo pasan el Canal de Castilla, la carretera de Villamartín y el viejo trazado del tren de Villalón. Un poco más allá, el Valdeginate, que drena la Nava y se dirige al Carrión. Acá, Palencia y el Cristo del Otero. De teloneros, el Curavacas y el Espigüete.

Tramo de subida de la Mendocina al páramo

Tramo de subida de la Mendocina al páramo

Y a pedalear un poco por la Mendoza o Mendocina. Estaba verde, con hierba rala y abundancia de flores. La verdad es que la cogimos en el mejor momento del año. Prácticamente conserva su anchura de cañada real y va haciendo un zigzag que se acomoda al borde del páramo, pues no se separa de él. Ya se ve que, por aquí, los agricultores arrinconaron a los pastores. ¡Menos mal que no les obligaron a cañadear por la misma ladera! Lo de Mendoza se debe a una noble terrateniente del siglo XV, Dª Teresa de Mendoza. Y es que las cañadas son muy viejas, remontándose más allá del siglo XII. Ésta no es una excepción.

Tierra de Campos desde Autilla del Pino

Tierra de Campos desde Autilla del Pino

Por ella rodamos hasta tomar un camino que, pasando por la Bola, nos dejó en Autilla del Pino. Allí nos encontramos un canizo o autillano, cantero e hijo de canteros, y orgulloso de serlo pues nos enseñó una leyenda, en la fuente, que hace honor a la Piedra y al Hombre. Después, visita obligada para todo el que pasa por aquí: el mirador de Tierra de Campos, pues de un vistazo pueden verse kilómetros y kilómetros de la Tierra.

Por Matacanes

Por Matacanes

¿Siguiente etapa? Pues donde la realidad se hace eternidad, donde se estudia el paisaje espiritual de Castilla, o sea, Paradilla del Alcor. O al menos es lo que escribió Unamuno al visitar este caserío que tiene iglesia y castillo, páramo y mirador. Pensaba que la mecánica le estaba cerrando al hombre la visión de la vida natural; aquí, sin embargo, vivía el campesino natural. Pues si don Miguel viera cómo utilizan algunos el androide o el iphone escribiría cosas terribles. En fin. Pero nos dejó cosas preciosas:

 Torremormojón, Baquerín, Pedraza, Paredes de Nava –de donde salieron Berruguete a tallar madera y Jorge Manrique a tallar en romance castellano-, Fuentes de Nava, con su torre; Guaza de Campos y otros más… Un gran lago de tierra dulce, desnuda y luminosa en que parecen ancladas las naves de grandes iglesias. Tierra blanca –otras son rojas, y otras negras- de una dulce desnudez caliza y yesosa…

Pero sigamos. Algunos no se conformaron con ver Paradilla, sino que se lanzaron ladera abajo por los Matacanes y Valdeparada para conocer un poco más a fondo estas faldas que no son ni Campos ni páramo, pero que tienen algo del brillo de ambas.

Los chopos del camino

Los chopos del camino

Y ahora, a rodar y rodar por el humilde camino de los Chopos que nos marcaba la dirección de Ampudia. Dejamos al sur Paredes del Monte y Santa Cecilia del Alcor, al norte, laderas blancas de yeso y al fondo –paisaje moderno- molinillos que producen energía eléctrica y pingües beneficios para algunos listillos. Finalmente, antes de llegar a un pinar o monte que vemos en lontananza, decidimos bajar al valle, muy cerca del molino del caserío de Rayaces. Entramos un momento a saludar a la Virgen de Alconada y, por el camino del Vía crucis –donde hay una capillita en recuerdo de un milagro de la Virgen- llegamos a Ampudia. Aunque la hemos visto cien veces, impresiona la torre de la colegiata de San Miguel con sus múltiples y puntiagudos pináculos que sólo persiguen un objetivo: hacerla más bella. Y ya lo creo que lo consiguen. Aunque las calles de la localidad, con sus rústicos soportales, no le van a la zaga.

Iglesia de Paradilla

Iglesia de Paradilla

(Continuamos en la próxima entrada)

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: