Corcos del Valle, cruce de caminos

CorcosEl término municipal es una estrecha franja que va desde la provincia de Palencia hasta el Pisuerga. Lo conocido de Corcos se encuentra cerca del río: el monasterio de Palazuelos, el castillo de Aguilarejo y el Canal de Castilla, además de las agradables riberas. Como mucho, puede aparecer en las guías la iglesia de Santa María la Mayor, cuya torre en piedra y ladrillo reluce con el sol poniente. Pero Corcos es mucho más que todo eso.

Corcos al fondo

Corcos al fondo

Además de la ribera, tiene dos tipos de paisajes claramente definidos: el páramo y las terrazas onduladas que caen hacia el río. En el primero se asienta o asentaba el monte y en las segundas, esos viñedos que destilan un excelente clarete. Pero entre medias existe un tercer paisaje que participa un poco de ambos: terraplenes, ondulaciones, laderas y terrazas de conglomerado.

O sea, que es ideal para rodar en bici: cuestas suaves con agradables panoramas y excelentes caminos de arena y grava en los que no se forma barro.

Atardecer en el páramo de Corcos

Atardecer en el páramo de Corcos

El nombre de Corcos

No sabemos el origen de este nombre, pero en algunas comarcas de Palencia, Valladolid y –sobre todo- Burgos, a los patos se les llama corcos, onomatopeya que hace referencia al graznido de estas aves. Tal vez abundaron por aquí, país de riberas, arroyos y lagunajos. O tal vez provenga de quercus, pues en algunas comarcas asturianas llaman corcos a los robles, y aquí los hubo en abundancia. O, según otros, podría provenir de un antiguo término que significaba cruce de caminos.

Caminos del páramo

Campo amapolado cerca de la Barranca

Campo amapolado cerca de la Barranca

Pues nada, demos un paseo por esos ramales desde la cruz. El primer camino al oeste es el de la Mesilla y, efectivamente, allá nos lleva. Tiene la pega de que nos encontramos al terminar la subida con una escombrera, pero luego serpentea por la llanura hasta caer al barco de la Barrera, ya en el término de Cigales. Enfrente, vemos las Casas de la Mesa, y a ellas podemos acceder por cualquiera de los sentidos del camino al que hemos caído.

El segundo –siguiendo el sentido de las agujas del reloj- es el camino de la Barranca o de Villalba, que a los dos lugares nos lleva, si bien este último nos queda lejos. ¡Qué subida tan cómoda! El primer kilómetro se encuentra incluso asfaltado. Hasta la Barranca cruzamos campos de cereal en los que se elevan buenos robles y, más al oeste, vemos las encinas del monte de Corcos, o lo que queda de él. Toda esta paramera fue antaño monte; hoy quedan robles y encinas aislados, y algunos rodales interesantes.

Chozo del Cura

Chozo del Cura

El siguiente camino sale ya detrás de la iglesia, junto a las tapias ruinosas del viejo cementerio. Es el camino de Valoria o de Ampudia, que también fue vereda de ganados. Nos lleva cerca del corral y chozo del Cura que a duras penas sigue en pie: una enorme grieta lo recorre de arriba abajo, está medio desmochado y tiene el dintel partido. Pura ruina, vamos. Pero podrían rehacerle, como se ha hecho con un guardaviñas que luego veremos.

y cañadas

Ahora vamos por la cañada Leonesa, pues a través de Corcos cruzaban los ganados merinos de la montaña de León y de Palencia. Podían llegar por la cañada de la Mendoza y cruzaban hasta Cabezón y luego a Renedo. O bien seguían por la cañada que venía de Dueñas e iba hacia Valladolid. La verdad es que toda nuestra provincia estaba atravesada por una densa red de vías pecuarias. Por esta vía llegamos, siguiendo el arroyo del Prado, hasta el monte donde se asientan las ruinas de la casa de Villegas. Ahora, no son más que restos de barro y piedra. Al lado, una nave y una antena.

Cañada Leonesa

Cañada Leonesa

Tomando hacia arriba esta cañada podemos desviarnos a la izquierda por el camino del Puerto, por el que llegaremos a un buen encinar. Y si nos desviamos un poco más adelante a la derecha, nos presentaremos en la casa de Villegas.

Y, si continuamos de frente, llegaremos a una de las cañadas más genuinas y entrañables de la Provincia, que se halla justo entre las provincias de Valladolid y Palencia. Hoy no se usa, salvo para pasto de los rebaños de Corcos, y es una franja no muy larga de monte, entre tierras de labor. Tiene un poco de todo: encinas, robles, escobas, variadas plantas aromáticas, hierba… Eso sí, nos vigilan a un paso los molinillos gigantes. Se llama vereda de la Raya.

Encinas

Encinas

También detrás de la iglesia y atravesando una chopera sale el camino de Trigueros, que sube -corto y pindio- al páramo para dividirse en otros cinco caminos que nos llevan a través de monte bajo hacia la cañada de la Raya, a Quintanilla, a Trigueros y hacia el sureste. Pero en cuestión de metros ya nos hemos salido del término municipal.

Si queremos darnos un atracón de pedaleo breve e intenso, tenemos también la subida de las bodegas, recostadas en una empinada ladera. Pero parece que últimamente no se utiliza demasiado.

Majuelo

Majuelo

Campos y bacillares

Y, finalmente, podemos rodar por los caminos que van hacia el sur y que salen de la carretera que va hacia la autovía o de la que va a Trigueros. Aquí predominan los campos de cereal y los viñedos, las subidas y bajadas, las hileras de almendros, algunos pinos y encinas aislados, y tímidas choperas que señalan algún manantial.

Destacaremos dos simpáticos guardaviñas, de tipologías bien diferentes: uno en la carretera hacia el sur, un kilómetro antes de llegar a la fuente de San Pedro, en un alto. Es como un cubo de piedra, con bóveda de cañón al interior y relativamente amplio, de unos 2,5 m de altura y anchura.

Guardaviñas

Guardaviñas

Y el segundo en la zona que llaman del Hechizal, cerca ya del término de Trigueros. Es como un chozo de pastor pero más alto de lo habitual. Las piedras son más bien lajas relativamente estrechas, todo lo cual le da un aspecto un tanto estilizado y esbelto. Hace años estaba desmochado, pero alguien lo ha restaurado. ¡Bien!

Así es Corcos: una franja estrecha de terreno que cae poco a poco, sin barrancos ni taludes, desde la paramera de Torozos hasta el mismísimo Pisuerga. Pero si saltásemos el río nos encontraremos con un talud de más de 100 metros. Lo que ha bajado durante más de 15 km, aquí sube en unos pocos metros. Enigmático Pisuerga.

Camino entre avenas y bacillares

Camino entre avenas y bacillares

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