En busca de las fuentes del Valcorba, desde Quintanilla de Onésimo

Fuentes del arroyo Valcorba

Este vez se trataba de llegar a las fuentes del Valcorba desde Quintanilla de Onésimo para regresar valle abajo. Fuimos con Manuel y Álvaro, ambos de Quintanilla.

El camino hasta Minguela fue casi una línea recta:

  •  Primero, la subida por el camino del Basilón hasta el monte. Buena pista pero muy empinada al final. Para mantenernos fresquitos preferimos subir a pie los últimos metros. A la izquierda vemos un encharque producido por un manantial próximo: aquí, hace muchos años se instalaba una caldera para sacar la esencia del espliego, y hasta los chavales llevaban ramos para recibir luego, a cambio, unas pesetillas que se invertirían en las fiestas de San Mateo en Valladolid.
Aquí nace el arroyo Valimón

Aquí nace el arroyo Valimón

  • Ya arriba, en el monte, fuimos por un camino precioso y recto –salvo un breve giro de 90 grados a la derecha y otros 90 a la izquierda- hasta la ermita del Cabañón. Hubo que salvar un obstáculo: una valla metálica que tenía un buen agujero por el que atravesar agachados, cosa nada complicada. El camino, estrecho y       con dos roderas que hacían posible el avance, pasa junto a piñoneros, negrales, matas de encinas y algunas sabinas. Pero también vimos, ocupados ya por pinos, abundantes corrales: o sea, que antaño esto no era un monte. O no lo era tan denso.
En el páramo abierto

En el páramo abierto

  • Y salimos a la ermita del Cabañón, ya en el páramo abierto. Nos paramos en la fuente del Tasugo, que conocemos bien, donde nace el arroyo Valimón. ¡Seguía echando, a estas alturas del año, dos hermosos chorros de agua, a pesar de que está casi en el ras del páramo! Los de Quintanilla nos hablaron de otra fuente en el páramo, la de Carrecuéllar -a la altura de Vegasicilia- que también está casi al ras. Tendremos que ir a verla, en otro momento. Ahora, a atravesar el páramo, un páramo lleno de pequeñas ondulaciones, hoyadas y navas. Al fondo, la sierra de Segovia. Avanzamos por el camino o cañada que separa los términos de Cogeces y Langayo y que está casi borrado, hasta la carretera de Cogeces a Peñafiel. Esto fue una suerte, pues muchos de los caminos de este páramo son en realidad anchas pistas rectilíneas y con buen firme; muy aburridas, por tanto.
En la fuente de Minguela

En la fuente de Minguela

  • A partir de la carretera, el paisaje cambia ligeramente pues primero cruzamos entre los arroyos del Valdelapeña y Valdecascón, que tira cada uno hacia su valle -estamos en el alto de la Mesa, 903 m- y luego llaneamos por la inmensa planicie que separa Cogeces y Campaspero. Al fondo, nos esperan los chopos de Minguela.

Y, casi sin pretenderlo, nos presentamos en Minguela, entrando por la cañada de la Yunta. La verdad es que nos fue imposible pasear por el terreno donde se levantó esta población, que estaba asfixiado por la maleza, especialmente por ortigas. Y, bien ortigados, llegamos hasta la fuente, completamente seca. Una vez más nos impresionó el tamaño del arca, a pesar de que tiene el techo ya caído. No pudimos acercarnos a las cuevas de la visera caliza, ni a otros lugares, e iniciamos al poco el camino de vuelta saludando desde lejos a las ruinas de la iglesia.

Iniciando el

Iniciando el “descenso” en Minguela

En Bahabón nos refrescamos un poco y seguimos valle abajo. Esta segunda parte de la excursión ya la hemos hecho y relatado en otras entradas del blog, así que poco diremos. Pero siempre impresiona y agrada hacer el valle de un tirón, disfrutando en pocas horas de las continuas variaciones del paisaje, desde las grandes calizas desprendidas al lado del camino hasta el gran valle abierto próximo ya al Duero.

Después de Bahabón, Torrescárcela y luego Aldealvar. Van pasando laderas pinariegas, molinos como el de los Álamos, corrales como los de la Dehesa, casas de labranza como el Quiñón, poblados prehistórico como la Pared del Castro…Y también hace acto de presencia la arena, que fastidia al ciclista como pocos elementos. Cuando llegamos a la carretera de Montemayor de Pililla decidimos seguir por el asfalto hasta Santibáñez, pues no vamos muy bien de tiempo y el camino que va por la orilla izquierda del arroyo tiene algunos bancos de arena.

En pleno esfuerzo

En pleno esfuerzo

En Santibáñez descansamos otro poco y tomamos el camino que más directamente lleva a Quintanilla, que bordea el pico Miranda, atraviesa el prado del Aceite y cruza los bacillares de la Abadía de Retuerta, lugares todos estos de Sardón de Duero. Finalmente, nos presentamos en Quintanilla después de habernos echado a la andorga 59 km de nada.

Girasoles en la ladera

Girasoles

La ruta por el Valcorba hasta su desembocadura en el Duero difícilmente puede hacerse en bici: no hay camino y la arena que a lo largo de milenios se ha depositado aquí hace complicado ir sobre dos ruedas; lo mejor es caminar. Pero merece la pena, pues veremos zonas húmedas, con abundante sombra de arbolado, y restos de molinos y balsas, de cuando el arroyo era caudaloso y proveía de fuerza y agua hasta llegar a su último término, Traspinedo.

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4 comentarios to “En busca de las fuentes del Valcorba, desde Quintanilla de Onésimo”

  1. Gaudencio Busto García Says:

    La última cangrejada
    Ahora que nadie nos oye, os contaré –pero no se lo digáis a nadie- un hecho que se produjo el 15 de agosto de 1973

    El caso fue que aquel día bautizábamos a mi sobrina Silvia y yo era el padrino. Mi cuñado Marciano y el amigo Alfonso –vaya par de piezas- me propusieron ir a pescar cangrejos al arroyo Valcorba. Arroyo que vosotros habéis recorrido pero ya no habéis tenido la suerte de ver y degustar los extraordinarios y exquisitos cangrejos que en él se criaban. Os cuento:

    un poco después de pasar lo que fue el caserío de El Quiñón en dirección a la carretera de Cogeces del Monte a Santibáñez quedaban restos de los sacos terreros que sirvieron para hacer la balsa de contención para el riego. Bueno, pues debajo de aquellos sacos llenamos dos talegos de los mejores cangrejos que yo haya visto en mi vida. -Os puedo asegurar que los he dejado de sobra desde mi niñez. (Soy nacido y criado en Camporredondo, pueblo cangrejero donde los hubiera)

    Resumiendo: debajo de aquellos sacos cogimos la última y mejor cangrejada de toda mi vida. Después he tenido muchas más, pero de cangrejos de río de alta montaña (aguas cristalinas) que ya no son los de arroyo.

    También os puedo decir que a partir de entonces desaparecieron los cangrejos en casi todos los arroyos del contorno, arroyos que en otro tiempo no se acababan por muchos que pescaras.

    Decía al principio que yo era el padrino de bautismo de mi sobrina, pero como consecuencia de la emoción de la pesca, cuando llegamos a casa ya habían buscado sustituto del padrino, porque el oficial no llegaba. Fue llegar y tal como venía apadriné. Ni que decir tiene que el cura estaba muy enfadado, pero todo quedó en un pequeño cabreo y una panzada de exquisitos, grandes y hermosos, cangrejos del arroyo Valcorba.

    Pero ya os he dicho que no se lo digáis a nadie, porque la pesca a mano estaba prohibida y nosotros no llevábamos ni reteles ni arañas. (¡Que malos!)

  2. Gaudencio Busto García Says:

    Se me ha olvidado comentar que todo el mundo sabe lo que son las ortigas que vosotros mentáis, pero casi nadie sabe lo que son las picajijas. Bueno, pues las picajijas son: las ortigas, que tanto pican a los jijas como a los fuertes y robustos.

    He dicho

  3. piscatorem Says:

    ¡Simpática anécdota, Gaude! Desde entonces estarás en deuda con tu sobrino y seguro que será tu preferido, para compensar. Yo de pequeño metía un ladrillo hueco en el río -en el Duero- y esperaba a que entraran los cangrejos. Mis amigos metían la mano en la hura y los sacaban, pero yo les tenía respeto…
    También recuerdo una cangrejada memorable, allá por el año 63, más o menos. En una tarde, me fui con un amigo y sus padres cerca de Santibáñez: sacaron dos sacos enormes, con retel. Los chavales nos dedicamos a pescar bermejuelas. Ahora, ni los unos ni las otras, ni agua.¡Pobre Valcorba!

  4. piscatorem Says:

    Otra cosa: desde pequeño, si paso sin respirar y me tocan las ortigas, no me hacen nada. A todos los chavales nos pasaba lo mismo y me sigue pasando. Se lo comenté a un médico especialista en dermatología y me dijo que era totalmente imposible. Yo creo que a veces los científicos se equivocan porque creen que saben muchas cosas…

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