Por el Camino Real de Toro

Suave colina en Tierra de Campos

Suave colina en Tierra de Campos

Segunda y última parte del recorrido iniciado en la entrada anterior. Aquí rodamos más por el páramo que por la Tierra de Campos.

Castromembibre y los Villares

Desde San Pedro de Latarce, subimos al páramo. Nos vamos poniendo de lado respecto al viento. Tierra de Campos nunca es la misma: ahora tenemos a nuestra izquierda una colina en la que, como si fuera una larga ola, surfean algunos árboles y se cobijan majuelos. En éstas acontece el primer pinchazo de la jornada. Enseguida, mientras el pinchado comprueba que todo va bien y que la rueda se recupera (y se nos escapa a Castromembibre, todo hay que decirlo), algunos aprovechamos para acercarnos a la fuente de los Villares. ¡Qué sorpresa tan grata! Una chopera fresca e irregular que esconde, además de unas mesas, una fuente de arca hundida, de buenas proporciones, cubierta con bóveda de piedra caliza de perfecta cantería. ¿Cómo es posible que haya esto aquí? Prometemos volver a merendar en otra ocasión. De haberlo sabido…

Fuente de los Villares

Fuente de los Villares

Y llegamos a unos de los últimos pueblos del páramo de Torozos, Castromembibre, que lo vemos como pegado a la superficie del páramo, aprovechando sus ondulaciones y con casas del color de la tierra. O sea, camuflado, hecho uno con la tierra.

Nos alegramos de que la iglesia de Nuestra Señora del Templo –por la Presentación de la Virgen en el Templo, nada que ver con los Templarios- esté por fin, restaurada. Y ya que estamos aquí, subimos a contemplar los restos pétreos de un viejo molino de viento, en una elevación al sureste del pueblo. En la otra elevación, más al oeste, se levantó el antiguo castro.

Molino

Molino

Hacia Almaraz de la Mota

Ya vamos poniendo rumbo a la meta final de la excursión. Pero decidimos rodar por el antiguo Camino Real de Toro a Medina de Rioseco, que tomamos a casi tres kilómetros de Castromembibre, cerca ya de Tiedra y Pobladura. Cambiamos de paisaje por completo, pues ahora vamos como por un pequeño cañón, siguiendo el cauce del arroyo de la Fuentecilla y con el viento en popa. Curiosamente no tiene casi revueltas, sino que es recto y de subida suave, razón por la cual este accidente del terreno fue aprovechado al trazar la vía de comunicación.

Enseguida vemos los restos de un gran palomar de barro, con tres calles y cuatro círculos con nidales: ¡esto era una verdadera fábrica de pichones y palomina! Hoy sólo los almendros y perales que lo circundan están todavía en plena actividad.

Fuente del Tayo

Fuente del Tayo

Escondida una pequeña entrada hacia el norte está la fuente del Tayo –una de las muchas que hay en Tiedra, en cuyo término nos encontramos- que sin duda abasteció a caminantes y carreteros de otras épocas. Es verdaderamente señorial, en la ladera del páramo, con un gran frontis de piedra bien tallada, poyos del mismo material cada lado y un abrevadero separado, un poco más abajo. Hacen más agradable el lugar dos viejas acacias y vegetación variada.

Nos desviamos del arroyo a la altura del puente de la Camella y emergemos sobre el páramo para introducirnos en el monte de Almaraz, de buenas encinas y suelo rojo. Es, de los montes de Torozos, el que se encuentra más al poniente. Enseguida divisamos la inmensidad de Campos al norte. Acabamos llegando a la autovía que nos impide el paso, seguimos un camino paralelo que nos lleva a una antena y ahí nos quedamos. Los animales no pueden cruzar esta doble vía, nosotros tampoco: ahí se ve Almaraz de la Mota, a un tiro de piedra, pero no podemos volar y nos quedamos con las ganas y ¿otra vez será? Pues ya van… Además, ¡segundo pinchazo!

Por el monte de Almaraz

Por el monte de Almaraz

Y Villardefrades

Tras un breve recorrido a campo traviesa por los rastrojos del páramo hasta que enlazamos con el camino de Valderranos, adornado de chopos, que nos conduce por rápidos toboganes hasta nuestra meta, Villardefrades. Aquí vemos la inacabada iglesia de San Andrés, así como el interior de la ingenua y simpática ermita de San Cucufate que esconde, al menos, una joya en madera policromada: la Virgen con el Niño, de mediados del siglo XIII. Ella sostiene una manzana en la mano derecha y Él un librito en su izquierda.

Como estamos ya cansados de rodar y lo conocemos, no vamos hasta el monte de los molinos, repleto de restos de estos ingenios de viento. Curiosamente, esta zona de Campos estuvo llena de molinos: además de los que aquí vemos y del que ya vimos en Castromembibre, los hay en Villagarcía y Cabreros.

Dimos por concluida la excursión tomando una caña en el mesón Carmela recordando a don Camilo J. Cela, q.e.p.d.

San Cucufate

San Cucufate

 

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Una respuesta to “Por el Camino Real de Toro”

  1. miangulo Says:

    El pinchazo era, al final, un problema de válvula.
    Todo solucionado por 15 euros. Pensé que volvía andando cuando me quede con la válvula en la mano y se escapaba el liquido sellante a borbotones. De aquí que saliera escapado para llegar cuanto antes al coche…faltaba un buen trecho aún.

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