Tres mamblas y un olivar

mamblas

¿Por qué no rodar hasta las Mamblas de Tudela, desde Valladolid? Hace tiempo que no vamos por allí y el día es ideal para salir en bici.

Al fondo, el cerro San Cristóbal

Al fondo, el cerro San Cristóbal

Nombres de las elevaciones entre el páramo y el valle

Mesas, cabezos, picones, morros, lomos, muelas, mamblas… todos estos nombres bautizan accidentes geográficos que recuerdan el significado de la forma a la que se refieren. Además, se comprende muy bien en nuestro páramo cuya falda es un larguísimo festón sin resaltes especiales. En cuanto aparece una mambla, o una mesa, ya hay una referencia clara y distinta. Por eso, estos nombres se han utilizado históricamente como referencias para situarse en el terreno. Una mambla, por si alguien lo duda todavía, es una elevación del terreno con forma de teta (viene de mámmula, diminutivo de mamma).

Las mamblas de Tudela desde la de Villabáñez

Las mamblas de Tudela desde la de Villabáñez

Crestón con tres mamblas, collados y cotarros

Y ahí están las tres mamblas: dos en el término de Tudela y otra, la última en formarse –se supone- en el de Villabáñez. Separan las vertientes del Duero –al sur- y del Jaramiel, al norte. Desde San Llorente de la Vega se puede venir sin descender del páramo hasta las inmediaciones de Villabáñez, donde el ras desaparece para convertirse en una línea formada por mamblas y otros cerros. El Pico del Águila es el último punto del páramo, de ahí se cae al collado Peñalba –que une Villabáñez con esta localidad- y aparece la mambla más joven, denominada simplemente Pico de la Mambla, de 836 m de altura. El collado de Tudela es el punto más bajo que hay entre esta mambla y el Cotarro del Coscorrón -780 m-, luego vendrá el Cotarro Griego -776 m- con sus cárcavas, la siguiente mambla o Pico de la Cuchilla -842 m- y la mambla más exterior o Pico de la Mambla -otra vez- de 827 m. A sus pies, el Jaramiel tuerce directamente hacia el sur pues no hay elevación alguna que le separe ya del Duero, para desembocar en sus aguas. Precisamente en esa curva impide el paso de la senda de los Aragoneses, que le tiende un puente.

El perfil que forman estas elevaciones es algo así como la línea del vuelo de un pito real. Hacia el sur las laderas tienden a la vertical mientras que hacia el norte la inclinación es suave, pues el Jaramiel fue menos agresivo que el Duero. Antaño, vistas de lejos, eran de un blanco grisáceo. Hoy ese color lo conservan casi sólo para la cima, pues las laderas son verdes debido a los pinos de repoblación.

El cerro de las Encinas desde el páramo

El cerro de las Encinas desde el páramo

Cerro de las Encinas

Subimos al cerro de la Cistérniga por la carretera de la urbanización El Páramo, y nos acercamos hasta un disminuido ramal de la Cañada Real Leonesa que cruza este páramo desde Renedo para bajar a la finca el Retamar y seguir hacia Tudela junto a la autovía. En la bajada, los ganados abrevaban en la fuente de Santa Cruz, que ya no existe.

De ahí nos desviamos, por un collado, hasta coronar el cerro de las Encinas, perfecto mirador de un vasto territorio. De hecho, en el punto mismo donde se divisa todo el valle del Duero de Este a oeste hay abundantes restos de cerámica. Tal vez perteneció a una vieja torre de vigilancia. Aunque es de encinas también vemos matas de roble y algunos olivos jóvenes.

El olivar

El olivar

El olivar

A nuestros pies, un olivar. No es joven, como los que se han plantado hace poco en los términos de medina de Rioseco, Castrillo Tejeriego o Rueda. Tiene sus años, no tantos como el de Pozaldez. Y está vivo, no como el que hubo en el Camino Viejo de Simancas, que desapareció hace casi veinte años con la ampliación de la carretera y la construcción de urbanizaciones. Nos acercamos a él para volver sobre nuestros pasos, pues parece que está en una finca sin salida (el antiguo Le Patriarche).

Minas de yeso

Y en estas, bajamos –y subimos- a las dos primeras mamblas, que hasta mediados del siglo pasado estuvieron dedicadas a la explotación de yeso. De hecho, todavía podemos visitar –¡ojo, peligro, pero… qué fresquito hace dentro!- una de las minas, muy amplia, parece ocupar toda la sección de esa mambla. En la otra, de la Cuchilla, no queda abierta ninguna mina. Y la que está en el término de Villabáñez no ha sido explotada para yeso. En las laderas de todas ellas abundan las maclas de yeso. Las mamblas tienen esta forma debido a que han perdido la capa protectora de caliza.

Galería de las minas

Galería de las minas

Las dos de Tudela tienen una pista que conduce hasta las minas, donde dejamos las bicis para hacer el último tramo a pie. La tercera no tiene camino, pero fuimos a campo traviesa rodando hasta donde se inicia el monte bajo, donde echamos pie a tierra.

y un vasto panorama

Las mamblas y el cerro de las Encinas están situados en una zona estratégica desde la que se controla el paso por el Duero –y también el camino desde el sureste hacia Valladolid- y que resultaba especialmente clave en épocas de guerra o conflicto. Por eso, en sus inmediaciones se han encontrado abundantes restos de distintas épocas, como la villa romana de Fuente de la Vega, y F. Wattemberg situaba al norte, junto al Jaramiel, el poblado vacceo de Accontia, pero no llegó a encontrarlo. Además, por aquí cruzaba la calzada romana de Simancas a Clunia y, ya en época medieval, la concurrida senda de los Aragoneses. Y poco antes de llegar a las mamblas cruzamos junto al lugar donde se levantó la ermita visigoda de El Monte y el poblado de Santa Cecilia.

Campos de Tudela con la acequia en primer plano

Campos de Tudela con la acequia en primer plano

Aunque se tiene constancia documental de la existencia de castillos y fortalezas, no se han conservado debido a que corresponden al momento en que se iniciaba la reconquista en la línea defensiva del Duero, superada enseguida una vez repoblada.

Bueno, el caso es que son miradores perfectos para contemplar el valle del Duero, que precisamente aquí pasa de ser un valle relativamente estrecho, pues discurre encajonado entre páramos, a ser casi una amplia cuenca entre lejanas cordilleras…

Desde la Cuchilla

Desde la Cuchilla

Para terminar, el Priorato del Duero

De la mambla de Villabáñez nos dirigimos, cruzado el Canal, al antiguo Priorato del Duero, fundado por monjes de Santo Domingo de Silos, conocido también como Monasterio de Santa María de Duero o de las Mamblas. Cayó en el siglo XIX con la desamortización y el nuevo titular lo dedicó a explotación agrícola. Ahora parece que está vacío y tranquilo, sin actividad ni movimiento. Al menos al exterior no queda nada que le identifique como el viejo priorato.

No obstante, se trata de un lugar lleno de historia y misterio, pues se han encontrado restos neolíticos, de la II Edad del Hierro, romanos, medievales y hasta del siglo XVII. ¿Qué tendría este lugar, hoy abandonado, para que todos quisieran instalarse sobre él? Habrá que estudiarlo, pero también sentirlo aquí mismo…

El Priorato

El Priorato

Seguimos camino hacia Valladolid por Tudela, cruzamos el pinar de Santinos, donde hay un yacimiento romano y hubo una aldea visigoda llamada de San Tinellos. En Herrera visitamos la pesquera, donde trabajó una vieja aceña. Luego, por el Canal de Duero llegamos a la meta, Valladolid. Hemos recorrido casi 60 km.

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Una respuesta to “Tres mamblas y un olivar”

  1. fjmuni Says:

    Ahora conocemos también que las minas de yeso de la Mambla y la Cuchilla, también fueron utilizadas como polvorines militares, guardados cada uno por un pequeño destacamento y rodeados de alambrada de espino ¡hasta bien entrados los años 60!

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