Del Moclín a Moral de la Reina

Medina de Rioseco 2015

La primera parte de esta ruta discurre por el Moclín y sus alrededores. Por si alguno no lo sabe, el Moclín –un montecillo bajo y redondeado- es famoso en el mundo entero por haber dado nombre a la batalla que se libró en sus inmediaciones entre el ejército francés de Napoleón y el español con la ayuda del inglés. Aunque en un principio éramos muy superiores, los gabachos nos barrieron, así de sencillo y de terrible. Pero bueno, eso sucedió hace más de doscientos años.

Para comenzar el trayecto, subimos desde Rioseco al páramo de San Buenaventura, también conocido como de Valdecuevas, donde tuvo lugar la famosa batalla. En la subida vamos dejando algunos ejemplares viejísimos de chopo español, cárcavas sembradas de cipreses –parece que estuviéramos en Chipre o en la costa griega- y la fuente de San Buenaventura, a la que le han quitado el adorno en forma de piña que le acompañaba en lo alto del pilar y le han añadido, al lado, un caño y un abrevadero nuevos.

Arriba han plantado casi todo el paramillo de olivos que dan un buen aceite, comercializado con los nombres de Valdecuevas y Moclín, y pasamos junto a la almazara que lo produce.

Cerro acarcavado

Cerro acarcavado

Esto no es la típica y ondulada Tierra de Campos; aquí podemos ver pequeños páramos como este, lomas, mogotes, morros, cerrillos. Son como una defensa u avanzadilla del páramo de los Torozos, del que se han desgajado después de las llanuras de Campos. Y como ahora está casi todo cosechado, no es necesario ir por caminos; se disfruta mucho más a campo traviesa, bordeando montículos –o subiéndoles-, esquivando alguna perdida piedra caliza, saltando regueras, cruzando lindes… Por cierto en las linderas abundan los endrinos, aquí cargados de frutos; en otros sitios están vacíos, que así son de erráticas las plantas veceras. Y el endrino lo es como pocas.

Línea de endrinos

Línea de endrinos

El cerro del Moclín (841 m) está al Este del páramo de San Buenaventura. Desde estos mogotes y paramillos se contempla una interesante perspectiva: la línea de los Torozos, destacándose el castillo de Montealegre por muy lejos que esté, campiñas onduladas de diferentes tonos entre el ocre y el grisáceo, pueblos lejanos, la hilera interminable de álamos del Canal de Castilla… Y el cielo, iluminando y dando vida a todo. Parece que vamos rodando sobre un cuadro de tonos pasteles mezclado con pinturas al óleo que sobresalen de la superficie y suaves acuarela, y que tenemos encima una inmensa tela de vivos blancos y azules… Así es esta Tierra… de Campos.

Montealegre al fondo

Montealegre al fondo

Desde el páramo de Sollano vemos Villanueva de San Mancio y nos tiramos ladera abajo en zig-zag para luego atravesar una rastrojera. Aunque hemos cruzado un montón de veces por aquí, uno nunca se acostumbra a la torre de la iglesia de Santa María, con un primer cuerpo cuadrangular y los dos superiores octogonales.

Sequillo

Sequillo

Cruzamos el Sequillo donde recibe al Anguijón y enfilamos hacia el acueducto del Canal sobre el Sequillo, que sigue aguantando perfectamente la acción del agua y de las inclemencias del tiempo. El Canal es un vergel pero tenemos que seguir hacia Tamariz. En el camino nos da de comer un manzano rastrero: sus frutos están en sazón.

La torre de la iglesia de San Juan no termina de caerse a pesar de las mil grietas que tiene y la iglesia de San Pedro, de origen más antiguo, deja ver su portada románica. A la salida vemos los restos de la fuente del Pradillo y el palomar del Médico que, curiosamente, está cuidado y retejado. Hemos dejado definitivamente el Sequillo.

El girasol aguanta bien la sequía

El girasol aguanta bien la sequía

¡Que pena!: la larguísima pradería de la Vega, del arroyo Madre entre Tamariz y Moral está de un amarillo que quiere ser verde pero no lo consigue. El verano ha sido intenso, muy caluroso. Los campos están resecos y polvorientos, y los prados, como éste, están sedientos. Es uno de los parajes más encantadores de Tierra de Campos, pero no en este momento. Ni la orla de sauces que tiene en uno de los límites le dan frescor. El prado está enrasado, con algún badén; se puede rodar por él fácilmente.

De ahí pasamos, cruzando el viejo firme del trenecillo desmantelado, a la iglesia de San Juan. Al menos las ruinas han sido consolidadas y se pueden visitar sin peligro. El pueblo es una preciosidad: no hay muchas casas arruinadas, y pasamos junto a algunas que son verdaderas obras de arte en arquitectura de ladrillo. Merece la pena venir a Moral de la Reina aunque sólo sea a dar una vuelta por sus calles. Por cierto, pasamos junto a la tapia por la que caen las ramas de un inmenso moral.

En Moral de la Reina

En Moral de la Reina

Y la última parte de la excursión, en la entrada siguiente

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: