Una ruta sin pinchazos o “en la variedad está el placer”

Así como las aves aun teniendo alas a veces dan paseos, nosotros teniendo ruedas también a veces caminamos. Es el caso de esta pequeña excursión por los paradisiacos parajes otoñales de Peñafiel.

Tras rendir pleitesía como corresponde al pino Macareno y comprar el pan para el futuro bocadillo, subimos al peñasco de Castillo Viejo, imponente cortado que nos permite tratar de tu a tu al castillo del Infante y a la vez observar los numerosos trozos de cerámica por allí desperdigados con ganas de contar cosas que no llegamos a comprender.

De castillo a castillo

De castillo a castillo

Al fondo, al suroeste nos fijamos en el Torruelo. ¡912 m, todo un pico para Valladolid!

Tras un corto recorrido por el páramo descendemos hasta la coqueta Mélida, aunque donde teníamos ganas de llegar era hasta el lugar de Las Bocas, impresionante escarpe con algunas cavidades hechas por el hombre cuyo origen parece ser eremítico. Me viene a la cabeza la película de Simón del desierto pero al no observar al diablo por los alrededores optamos por dar cuenta de bocadillo y clarete. Finalmente el diablo apareció en forma de moscas con lo que reanudamos el camino de vuelta hacia Peñafiel por la Vega del Botijas a través de magníficos majuelos de hoja ya roja

Las Bocas

Las Bocas

Atravesando el puente de piedra por donde la cañada Bermeja salta el arroyo llegamos de nuevo al pueblo.

Instalaciones vía de Ariza

Recorrimos el agradable paseo de la Estación rememorando su no tan antiguo pasado ferroviario del que aún quedan restos interesantes sumidos en el abandono. Más allá el puente medieval, esta vez encontramos algo rescatado de las ruinas.

Azud y aceña

Azud y aceña

El regreso nos reservaba la inesperada sorpresa del ramalillo del GR14 que conecta la desembocadura del Duratón con el centro de la Villa, ¡paraje idílico donde los haya! Daba pena ir terminando por el sinuoso y estrecho sendero que sigue los apacibles meandros finales del rio. Una ribera plagada de enormes álamos en su esplendor otoñal alternándose con molinos, azudes y puentes, todo ello caminando sobre plateada y crujiente hojarasca.

La hoja roja

La hoja roja

En fin, alguna vez hemos escuchado que Valladolid no tiene buenas rutas, que hay que hacer cientos de kilómetros para disfrutar de naturaleza espectacular, ¡qué error! Pero sin buscarlos nos aparecen paseos como este….                                               Javiloby

...y laruta

…y laruta

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Una respuesta to “Una ruta sin pinchazos o “en la variedad está el placer””

  1. María Luisa Municio Says:

    Estupendamente descrito!, y, en este caso, hasta soy protagonista. Muchas gracias. (Quizá hasta aprenda a conducir una bici…). La entrada, como siempre, limpia, muy castellana.

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