Toro

21 febrero 135

Toro es una ciudad cargada de historia y arte, se levanta junto al Duero entre Zamora y Tordesillas, y sus alrededores responden al más puro –y variado- paisaje castellano, a la vez que están llenos de poesía. Lo veremos en la entrada siguiente recorriendo algunas de las muchas fuentes de su término.

No hay más que acercarse al canto, al paseo del espolón: vemos al Duero embestir contra los escarpes toresanos que le vencen y le hacen bajar la cerviz y pasar bajo los arcos humildes del puente de piedra. Más allá del Duero, la llana y feraz vega. Y, más allá todavía, dehesas y montes de encina o pino salpicados de pequeños valles llenos de verdura donde pasta el ganado y se cultiva el cereal o crece la alfalfa. Además, en las laderas suaves de cerros y colinas crecen ordenados bacillares que luego entregarán su fruto a las bodegas de una excelente denominación de origen. El de otros majuelos más pequeños puede terminar en las pocas bodegas familiares que todavía quedan. Pero esto no lo es todo, pues hacia el norte, además de vallejos que cruzan pinares y encinares como el de Monte la Reina, también veremos tierras llanas de labor donde crecen trigos y cebadas y, por supuesto, la vid, omnipresente en el término. Tampoco faltan lagunas y fuentes, veredas y cañadas, molinos y aceñas, alamedas, caseríos, tudas y tenadas perdidos en la lejanía… En medio, separando tierras, el ancho Duero.

Viñas y colinas

Viñas y colinas

Así es el Toro rural. El Toro urbano aprendió del rural y la torre de la Colegiata se yergue sobre el canto para servir de punto de referencia en la inmensa planicie. El color románico aflora aquí como en pocos lugares escribiendo versos de cuaderna vía sobre la misma piedra de la puerta de la Majestad. El ladrillo mudéjar y la piedra arenisca terminan de dar a Toro ese toque que también forma parte de su acusada personalidad. Y la Virgen del Canto protege desde el oeste a los toresanos.

Montes...

Montes

Contra lo que pudiera parecer, el origen de su nombre no se debe al toro de piedra que vemos a la entrada. Aunque dice mucho del origen de este asentamiento, antes de la época romana, allá en la línea fronteriza entre las naciones Vaccea y Vetona. Su nombre se lo debemos a Leovigildo, que estableció aquí su Villa Gothorum como baluarte contra los suevos. Invadida la península por los musulmanes, fue una de las primeras ciudades en repoblarse del reino de León, pues su situación en un alto junto al Duero lo facilitaba. Y gracias a la reina Isabel, Toro permanecería en España. También tiene poesía el nombre, ¿no?

Y con esta breve preludio ya hemos preparado el trayecto de nuestra próxima excursión. ¡Por Toro, naturalmente!

22 febrero 247

Túmulo -coronado por un palomar- en los Tímulos, testigo de tiempos romanos

Anuncios

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: