Y otras fuentes de Toro (2)

Fuente del Caño, en Peleagonzalo

Fuente del Caño, en Peleagonzalo

Seguimos con el recorrido iniciado en la entrada anterior

Peleagonzalo

 Nada más llegar a esta localidad, torcemos a la derecha precisamente por la calle de la fuente del Soto y, pasadas las primeras casas nos damos de frente con el humilde abrevadero del Cruce, al pie de la cuesta de las bodegas. Al otro lado, bien cerca, vemos la señorial fuente del Caño que cuenta con dos grandes abrevaderos cuyos bloques de piedra están unidos por enormes grapas de hierro. El agua cae a una pileta conectada con el primer abrevadero. Encima del caño, una piedra arenisca con una cruz en relieve, acompañada de blancas piedras calizas.

Curiosamente este pueblo, de nueva creación: se estableció en el siglo XIX por los habitantes del antiguo, que estaba en las orillas del Duero, donde con frecuencia sufrían las fuertes avenidas del río.

Fuente del Soto

Fuente del Soto

Por el camino del Monte o de las bodegas llegamos al hermoso lugar donde se nos presenta la llamativa fuente del Soto, cuya amplia pared exuda y gotea el agua que se recoge en los pilones. Sobre el manantial, una encina. En fin, el conjunto es una preciosa estampa que ni soñábamos encontrar. Una vez más, nos sorprende Toro, sus paisajes, sus fuentes.

La bodega de la señora Amelia

Volvemos a la cuesta del camino del Monte. A mitad de subida escuchamos una voz: -¿Queréis probar el vino de esta bodega? Y no lo pensamos dos veces. Como un solo hombre respondemos -¡Claro que sí, un vaso de buen vino nunca se ha de despreciar! Pasamos dentro y Amelia Blanco nos ofrece el típico tinto de la comarca, denso, sabroso, fresco… ¡excelente! Charlamos un rato al calor de la chimenea –también están sus amigas-, nos enseña la amplia bodega y nos anima a un probar un licor de canela. E, igualmente, ¡excelente!

Entrada a una de las viejas bodegas

Entrada a una de las viejas bodegas

Por si fuera por fuera poco, Amelia nos acompaña y nos enseña otra vieja fuente: la de la Tía Cesárea, que está en un frondoso vallecito próximo, rodeada de bodegas. Desgraciadamente se encuentra seca, y ha perdido ya el pilón o abrevadero. Fue restaurada en 1999 pero de poco le ha servido. Su arca es muy grande, realizada en buen ladrillo macizo.

-¡Gracias, Amelia!

Fuente de la Tía Cesárea, desde el interior

Fuente de la Tía Cesárea, desde el interior

En el monte

Terminamos de subir la cuesta para, en primer lugar, disfrutar de un amplio y bello panorama que se extiende a nuestros pies, hacia el sur: montes de encina y pino, majuelos ordenados, alguna bodega moderna, caminos dibujados con tiralíneas y luego realizados por máquinas modernas que no se desviaron de su rumbo ni un milímetro… Así es el término de Toro por esta zona.

En segundo lugar, buscamos la fuente de Valdelaoliva o de Nicomedes. Nos cuesta encontrarla entre tanta carrasca y maleza. Pero al fin damos con ella a pesar de que se ha perdido su senda. Es la típica fuente mudéjar, elegante, con su arco delante de la bóveda y tejadillo. La pena es que, como tantas otras… ¡está seca! Y pocas cosas hay que produzcan tanta pena como una fuente seca.

Buscando la fuente de Valdelaoliva

Buscando la fuente de Valdelaoliva

Rodamos ahora con más gana entre cuestas y pinares en dirección a las fuentes de los Pastores, de los Castaños, de los Lavaderos y del Estanque de Sariñana. Pero se encuentran en un finca privada -la dehesa de Castrillo- a la que está prohibido el paso, además de bien vallada y bien candada. ¡Resignación! A lo lejos nos parece ver los castaños o, al menos, buenos álamos bajo los que se cobijan algunas de estas fuentes. Pero seguimos rodando.

La Muñeca

La Muñeca

La Muñeca y el Puente

Y ponemos rumbo a Toro por caminos y carreteras. Nos desviamos a la fuente de la Muñeca, cruzando el canal de San José. ¡Pobre!, también seca, se la está comiendo la maleza. Antaño debió de estar en un umbrío y fresco soto, pero ya nadie lo cuida y la misma fuente desaparecerá muy pronto. Pero como el que tuvo, retuvo, todavía conserva algo de aquella belleza original: arca encajada en el talud, bóveda elevada, arco de ladrillo enmarcado en pared de sillarejo, pilón de buena traza, cubierto de musgo, a la izquierda perpendicular a la fuente. Dentro de nada la tierra y las zarzas se la habrán engullido por completo y la maleza la hará desaparecer de nuestra vista. ¡Una pena!

Caño del Puente

Caño del Puente

Salimos a la carretera hasta enlazar con el puente romano. Paramos a contemplar la fuerza de las aguas del padre Duero. Ya en la otra orilla vemos el Caño del Puente, en la misma pared de piedra en la que se apoya el puente. En la fuente de al lado, la del Artesiano, nos paramos a limpiar las bicis. Hemos llegado, pero todavía nos queda la subida a la Ciudad. La verdad es que subimos como si estuviéramos nuevos. Tal vez es el paisaje y sus fuentes, que nos ha renovado hasta físicamente. A pesar de que han caído 58 kilómetros.

 

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