Peñas y miradores en el Trabancos

Pinarillo

Ya conocemos el Trabancos, ese cauce sin río –que no hay río sin agua- que desemboca en el Duero por el despoblado de Bayona. Pero la tuvo, claro que la tuvo, y peces y cangrejos, y vida en abundancia. Pues donde hubo agua todavía quedan rastros de vida, como enseguida veremos.

Peñas de Santa Cecilia

En el valle del Trabancos

En el valle del Trabancos

Y para ver el valle del Trabancos, lo mejor es acudir a las Peñas de Santa Cecilia, en la orilla derecha, como un kilómetro antes de su cruce con la vía del ferrocarril y la carretera de Pollos a Castronuño. Aquí el río se topó con la peña del Terciario –conglomerado de cantos de aspecto rojo en el interior- que le hizo girar hacia el oeste. Pero como esta peña es una terraza del Duero, enseguida la superó para volver a tomar dirección norte y desembocar apuntando incluso hacia el noreste. Por eso, nos asomamos al valle que aquí forma una abrupta caída. Ciertamente no es muy alta, pero sí vertical. Sin embargo, la orilla izquierda alcanza el nivel de la misma terraza en casi dos kilómetros de suave ladera.

Cubillas desde Santa Cecilia

Cubillas desde Santa Cecilia

Desde la Peñas vemos el amplio valle, con un nutrido bosque cuyos álamos se mueren poco a poco –y es que ya debe faltar agua hasta en el subsuelo- pero con prados, a estas alturas del año, de un verde escandalosamente brillante al sol entrenublado de la tarde. Enfrente, la ladera tapizada de pinos asciende apacible y el valle se abre en dirección a los Evanes.

Hacia el noreste vemos la cordillera de los Torozos y, delante, las torres de Tordesillas, Torrecilla de la Abadesa, Torreduero que destacan entre tanta horizontalidad. Sobre el amplio valle del Duero –casi 4 km en línea recta- y también sobre la alfombra de piñoneros, se elevan los escarpes colorados de la dehesa de Cubillas, con el caserío y la era en primera línea.

En las Peñas

En las Peñas

Cartago

Después de cruzar el cauce lleno de arena y adornado en estos días por almendros en flor, subimos en zig-zag por la dehesa de Cartago para admirar el panorama desde la otra perspectiva, desde la otra orilla. El paisaje nos parece menos espectacular, pero claro que merece la pena. Se ven los Torozos, el pinar de Bayona y, claro, las propias Peñas que poco antes nos sirvieron de mirador. Esta dehesa tiene buenos ejemplares de pino y encina; grandes aquellos, retorcidas éstas. Y nos alejamos hacia el oeste por la cañada real de Salamanca.

Valle del Trabancos

Otro aspecto del valle

Llanos

Seguimos en lo más alto, esta vez en la Mesa. Esta llanura es otro buen punto –o plano- para contemplar el amplio paisaje: desde la ermita de la Concepción de Nava hasta la Colegiata de Toro o hasta los cien montículos en los que se convierte la zamorana Tierra del Vino. Hay nubes, caen algunas gotas y descarga una pequeña tormenta de piedra al dejar la Atarayuela (la pequeña atalaya, supongo). Pero el aire está limpio, ideal para la contemplación del paisaje. Además, el viento frío hace que se respire mejor.

Rodamos hasta que la vía del AVE nos impide seguir adelante, justo en el lugar donde antaño hubo un manantial y algunas corralizas. Así que ¡media vuelta! Un par de altos árboles, desnudos en esta época, custodian solitarios el amplio raso y lo hacen resaltar más aún.

Almendro

Almendro

De nuevo el Trabancos

Volvemos por la orilla oeste para atravesar el valle pero antes cruzamos junto a algunas viejas casas. Bueno, más que casas son cuadras. La primera de ellas es –fue- un conjunto de noria, estanque y cuadra. De allí vamos a las peñas que hay entre Santa Lucía y el Eván de Abajo, y finalmente vemos otras dos construcciones rústicas: una de ellas ¿la de Mariana Benito, por el mapa? es también cuadra, y tiene –tuvo- su noria. La casa está abierta pero, a Dios gracias, el lugar se encuentra tan apartado que no ha llegado la barbarie destructora, y se podría pasar la noche en caso de necesidad. La otra caseta parece reconstruida y tiene delante un bonito almendro.

Álamos del cauce

Álamos del cauce

Más mirandas

La propia terraza el Duero entre Pollos y el Trabancos lleva por nombre el Mirador. Ya está dicho lo más importante de esta cuesta. Además de divisar los profundos paisajes allende el Duero, contemplamos extasiados el color y textura de los campos que se están labrando. Esto ya no se puede describir; hay que venir para entenderlo bien. También distinguimos la ribera, los alegres y floridos almendros desperdigados por el valle, algunos humedales que surgen en la misma ladera, pinares, viñedos… Las nubes quieren estropearlo todo; cada vez son más abundantes y ya no dejan pasar los rayos del sol. El fondo del paisaje lo recorren chubascos y aguaceros.

Trabajando la tierra

Trabajando la tierra

Y en los alrededores de Pollos

Al iniciar el paseo, dimos una vuelta por la Isla del Charcón –que no es isla, pero ahora sí que tiene abundantes charcones– engalanada con prados recién estrenados y fresnos y sauces a punto de echar hoja. Al volver, dimos otra vuelta alrededor del pueblo, hasta las Fuentecillas y la Cruz de las Llanas, subiendo y bajando vallejos. Ciertamente, todo estaba precioso. Como si el invierno estuviera a punto de morir para dejar paso a una nueva primavera.

Aquí, la ruta en wikiloc.

En al Isla del Charcón

En al Isla del Charcón

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