Villalogán

Villavicencio 2016(1)¡Qué gusto navegar por Tierra de Campos! Aquí y ahora, el mar no es azul, sino de un verde brillante de diferentes tonalidades. Los campos de mieses, muchos espigados, se mecen por el viento y parece que los ciclistas navegamos entre olas bajo el azul del cielo… Un verdadero espectáculo del que podemos disfrutar, con suerte, una vez al año. Al fondo, las cumbres blancas de la cordillera cantábrica y del Teleno, enmarcan nuestro recorrido. No hay gaviotas, pero los aguiluchos cenizos se dejan llevar por el viento dando inesperadas piruetas en busca de alimento. También, las calandrias fijas en lo alto se desgañitan en trinos ante el estallido de la luz. Y los vencejos, fieles al primer día de mayo, chillan mil veces mientras cruzan por el cielo.

Aunque los caminos estaban secos nos topamos con algún charco

Aunque los caminos estaban secos nos topamos con algún charco

Ha dejado de llover, brilla el sol, hace frío. Es Tierra de Campos, entre León y Castilla. Y nosotros, por un día, formamos parte de este paisaje grandioso y sencillo al mismo tiempo.

Salimos de Villavicencio de los Caballeros; nuestro primer objetivo, las ruinas de barro del molino de Abajo. Antes, pasamos por una amplia pradera en la que destaca el capirote de un pozo. El molino se parapeta tras un bosquete de álamos que bebe en el socaz. No todo es de barro, pues los tajamares –y la presa- resisten el paso del tiempo gracias a la piedra caliza. Vemos dos piedras molineras. La balsa tiene el suelo cubierto de hierba.

Tajamares en el molino de Abajo

Tajamares en el molino de Abajo

Siguiente objetivo, la fuente y casa de Villagoya. Pero no queda nada de nada, salvo un precioso paisaje sobre el valle del Valderaduey que contemplamos desde una hilera de almendros.

Al poco, llegamos a un pequeño paraíso perdido que se eleva entre los campos. Es Villalogán. Vemos una casa, cuadras y varias naves destartaladas. Un herrumbroso columpio casi oculto entre le hierba. Un pozo en su caseta picuda. Un original palomar de barro a medio cubrir por la hierba, tanto es lo que ha llovido últimamente. Todo esto es una pena, sobre todo pensando que se cita Villa lugan en el tratado de Cabreros, que firmaron los reyes de León y Castilla allá por el año 1206. Entonces era importante, poseía un castillo y numerosas casas. Pocos años después se le nombra con bonas casas e heredat en un Becerro. Hoy está despoblado, depende de Mayorga y mantiene, testimonialmente, su propio término territorial.

Llegada a Villalogán

Llegada a Villalogán

Pero ahora –y tal vez siempre- lo mejor de Villalogán son sus praderías con chopos y sus manantiales que engordan el arroyo de la Mata, al norte del caserío. Ahora, claro, los prados están deslumbrantes. No encontramos la fuente de Piedra, que también el mapa señala al norte. Salvo que sea alguno de los manantiles.

Prados en el arroyo

Prados en el arroyo, Villalogán

De camino a Urones cruzamos las Mangas, otra de esas lenguas que forman por esta comarca los arroyos llenándolas de verdor.

Mentar Urones de Castroponce es mentar cultura. Y ver esculturas y sentir arte dramático. Pero también –ahora al menos- es hablar de choperas, prados, fuentes y arroyos. Nos acercamos hasta el manantial que hay junto al arroyo de la Fuente, con su arca en forma de contera. Ambientes idílicos y pastoriles al más puro estilo clásico, como no podía ser menos.

Saliendo de Urones

Saliendo de Urones

El siguiente paisaje que se nos presentó a la contemplación, de nuevo en el mar de campos, fue Mayorga con sus torres y un fondo de altas montañas nevadas. Alguien dijo que parecía Suiza. Pero, evidentemente, exageraba un poco. En ese momento estábamos en el monte de Urones que, de monte, nada.

Mayorga al fondo

Mayorga al fondo

En Castrobol nos asomamos al valle del Cea, para ver lo que nos esperaba en la siguiente etapa de la excursión: campos anegados, cañadas, arroyos, vaguadas, prados, cereal, monte. De manera que bajamos hasta el Cea, que venía crecido, y nos fuimos alejando poco a poco de Tierra de Campos.

Continuamos en la siguiente entrada por la orilla derecha del Cea.

La ribera derecha desde Castrobol

La ribera derecha desde Castrobol

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