Vallejeando

22 julio 034

Ya sé que no existe el verbo vallejear, pero como sí existe la acción de corretear por valles y vallejos  -y la RAE admite callejear y otros muchos derivados en ear– pues podemos utilizarlo en esta entrada y sin que sirva de precedente. Porque es lo que hicimos: saltar de valle en valle, desde Villafuerte de Esgueva hasta Pesquera de Duero y vuelta, por ese páramo roto en jirones que hay entre los dos ríos y con el arroyo Jaramiel en medio de ambos.

Fue un recorrido mixto, rodando por caminos, carreteras y a campo traviesa. Si lo normal es rodar por los primeros, es bueno utilizar las segundas cuando hay un poco de prisa y no hay un camino recto. Y la tercera modalidad ya se puede practicar a partir de ahora, pues muchos campos se han cosechado.

En los valles de la Dehesa

En los valles de la Dehesa

Villafuerte

Esta localidad se asienta sobre una loma que entra en el valle Esgueva desde el páramo, para así dominar una buena extensión de terreno. En el punto más alto se levanta el castillo, del siglo XV, que ya fuera declarado monumento histórico artístico en 1931. La iglesia de la Santísima Trinidad es más antigua, pues se remonta al XII, y ofrece un sencillo ábside con una ventana central que da a la plaza del pueblo. Pero la repoblación de la localidad se produjo, seguramente, hacia el año 900.  Bellosillo se llamaba al principio, al modo de Amusquillo. Entre ambos, el Rasillo o la cuesta Blanquilla… Si amorosos son los nombres por esta parte del Valle Esgueva, buena es la gente. Pero sigamos.

La fuente

La fuente

Las guías al uso nada dicen de la fuente de Abajo. Si nos acercamos al pequeño vallejo al este de la localidad, justo al otro lado de la carretera de la ermita de Medianedo, veremos una rústica y hermosa arca abovedada, con un ventanuco enrejado, que recoge las aguas de un manantial. Ahora está cubierto de maleza, claro. Y, unos metros más abajo, el Caño, casi destrozado por completo. Antes, aquí hacían su trabajo las lavanderas. Hoy, se encuentra en el ámbito de un vertedero de aceites: es complicado acercarse y lo han destrozado. Al lado, otro símbolo de lo que fue el pueblo: la Olma reducida a un tronco seco, con pequeños negrillos alrededor. Llegará el día en que este tipo de fuentes tenga tanto valor como una ventana románica o el torreón de un castillo. Pero será tarde, como tarde ya es para recuperar la Cordelada, la carretera más hermosa de la provincia, que contaba con cientos de robles centenarios, en hilera, que la adornaban. Se talaron para ampliarla unos centímetros. El asfalto ampliado ahí está, y nos lleva a Pesquera de Duero.

Cerca de Villafuerte

Cerca de Villafuerte

Valles de la Dehesa

Al este de Villafuerte se abre una amplia zona de valles, suaves laderas y pequeños llanos. Tiene abundante agua, pues la atraviesan tres arroyos: del Engaño, de Antovenio y del Pozanco, con sus correspondientes manantiales. Entre las fuentes, destaca el buen chorro que da a luz la de Antovenio,  en un paraje con Amusquillo al fondo y un gran chopo en primer plano.

Destacan también las laderas blancas de la Dehesilla, salpicadas de matas de roble y encina; abundan los majuelos y los josos de almendros, y en las vargas del páramo se derrama el monte de carrascas. Ascendimos al páramo por el camino de Peñafiel y, a la vuelta, como no encontramos camino adecuado, bajamos a campo traviesa, por los campos recién cosechados.

Barco Valbián

Barco Valbián

Barco Valbián y cerrales del Jaramiel

Estamos en la comarca del Cerrato. Los páramos duran poco, todo está lleno de de valles y vallejos, así que después de recorrer un llano de poco más de un kilómetro, caímos en el barco Valbián, que recorrimos hasta su nacimiento. Está salpicado de algunos robles y tiene agua, pues abunda la vegetación todavía verdes con algunos charcos y zonas embarradas. Descubrimos las ruinas de un viejo chozo y cuando quisimos darnos cuenta, ya estábamos en el ras del páramo, en dirección a la casa de Quintanilla. Por cierto, la bomba del pozo ya no está operativa, de manera que no se puede repostar. Todo lo demás es una ruina cubierta de cardos, una gran ruina porque era una casa muy amplia. De manera que nos fuimos –campo a través y por caminos- a recorrer los cerrales del Jaramiel.

Desde el cerral del Jaramiel

Desde el cerral del Jaramiel

Merecen la pena: forman un pico desde el que se divisa el oeste del valle, con las casas de Monte Alto en primer plano, y la caída de las laderas de enfrente desde Valdelaguna, con los campos amarillos de cereal salpicados de algún solitario roble.

A la vuelta, nos topamos en los Cebaderos –en plena cañada del Olmo– con un manantial de gran caudal. Tanto que en la bajada hacia el Jaramiel fuimos por el camino-arroyo que se había formado y que estaba asfixiado por la maleza. Curioso.

Valle de San Isidro

Tomamos la carretera –único paso entre las dehesas de Valdelaguna y Monte Alto- para subir al páramo entre el Jaramiel y el Duero, y nos desviamos por el camino de las Cabañas hasta la Mira (vértice geodésico). Y aquí empezamos a bajar por la ladera derecha hacia la boca del valle de San Isidro. Paramos varias veces a contemplar el paisaje: en primer plano el propio valle y, de fondo el más amplio valle del Duero.   También probamos el agua de peculiar sabor amarguillo pero muy buena de la fuente Marguilla, a la vera del camino.

Valle de San Isidro

Valle de San Isidro

Una vez en la boca del valle, lo empezamos a recorrer por el camino del fondo hacia arriba. Es una valle relativamente largo, de casi 4 km, por lo que la cuesta es suave y fácil de subir. La ladera este tiende a ser escarpada mientras la oeste, por el contrario, es suave, con valles secundarios anchos plantados de viñedo. Curiosamente el arroyo de San Isidro está seco, con manantiales y encharcamientos esporádicos que no dan para un mínimo caudal. Hay algunas zonas pintorescas, con altos cabezos y picos que entran en el valle, o con grandes piedras calizas que han quedado al descubierto…

22 julio 099

Valle del Duero al fondo

El camino se acaba –o vuelve hacia Pesquera por Landeherrera– antes de llegar al páramo. Pero como ya habían cosechado, pudimos salir sin mayores dificultades, a la cañada de Villaco a Peñafiel.

Y de nuevo el páramo y sus valles  

Un camino bueno y recto nos condujo por el Escribano, con algún tobogán al final, hasta los robledales del Jaramiel. Allí, asomados al valle sobre el barco de Valdeherrera, vimos al fondo el camino que sube a las casas de los Guardias, y allá nos dirigimos dejándonos caer por campos cosechados. El pozo de esta casa sí está operativo entre la maleza todavía verde. Recorriendo el cerral de la cañada del Olmo, bajamos otra vez al Jaramiel para tomar la arrasada carretera de la Cordalada. Nos salimos por el primer camino a la derecha para caer en los valles e la Dehesa.

Y aquí está el recorrido en Wikiloc

Un corzo en los majuelos del valle de San Isidro

Un corzo en los majuelos del valle de San Isidro

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Una respuesta to “Vallejeando”

  1. Gaudencio Busto Says:

    Pero…¿por qué no existe el verbo vallejear? pues porque la RAE no sabe el placer que produce biciclear de valle en valle como vosotros hacéis.

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