De vértigo

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Todas las excursiones son distintas. Aunque pases por el mismo sitio que has atravesado en otras ocasiones, siempre variará la época del año, la luz, los colores, los aromas del campo, o el ánimo del ciclista… de tal forma que es muy verdadero aquello de que nadie se baña dos veces en el mismo río, ni cruza dos veces por el mismo campo.

De manera que esta vez también hubo descubrimientos a pesar de que la zona era bastante conocida.

Salimos desde la ermita de Cubillas. Unas llamativas e inmensas tinas de barro se encuentran apartadas en un campo; se nota que estamos en tierras de vino, y su elaboración también forma parte del paisaje. En el valle que forma el arroyo del Prado siguen pastando caballos, si bien las praderías están ya secas y extenuadas por el largo verano. Al cruzar el Portillejo nos metemos en la provincia de Palencia, y pasamos entre el lejano Pisuerga y la torre del telégrafo, que sigue en pie; dejamos la Sobrepeña y la Cuesta Redonda al norte para entrar en Dueñas por la curiosa Cerca.

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El trayecto se suaviza ahora gracias al perfil llano del Canal y al frescor del agua y de los chopos. A pesar de que el Canal lo conocemos bien, nunca nos habíamos acercado a la fuente del Tío Bruno, a cien metros de la esclusa 37: acompañada por matas de negrillo, expulsa un generoso chorro de agua. Después, por la sirga derecha, pasamos junto a pequeños cerros que protegen el páramo y llegamos al Soto de Albúrez, con su esclusa triple –la primera ovalada y las otras dos cuadradas- y su centralita eléctrica. La tarde estaba preciosa y el verdor de los alrededores del Canal contrastaba con la aridez de los campos cercanos.

El ancho valle del arroyo Vallejuelos pretende romper el páramo pero no lo consigue. La cañada real leonesa baja a este valle y vuelve a subir por una cuesta empinadísima que nosotros también subimos hacia el norte con la bici de la mano. Hasta las antenas –desde las que se ve ya Palencia- seguimos por la cañada y luego nos introducimos en el arcabuco del monte El Viejo, hasta que finalmente nos asomamos al valle de San Juan.

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Y aquí está la principal novedad de esta excursión. Tomamos un sendero verdaderamente aéreo en muchos tramos, de auténtico vértigo, con curvas continuas y cerradas que bordean una caída cortada a pico sobre el fondo del valle. De vez en cuando, la gravilla te  hace derrapar y las ramas de las encinas te dan en la cara. Pero el paisaje es hondo –demasiado- y único. No es nada normal encontrar un sendero aéreo en estas tierras llanas. Una vez más, ha merecido la pena venir a rodar por estos andurriales. Caminos, campos sembrados de pacas, arroyos, tractores trabajando, encinas y otros árboles aparecen aquí a vista de pájaro. Si esta orilla está cortada a pico como hemos dicho, la otra cae durante casi tres kilómetros desde el ras del páramo y nos muestra bien a las claras cuanto posee…

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Después, nos dejamos caer por Valdenegrillos hasta Dueñas sin tocar pedal, pues son ¡5 km de bajada!

Ya sólo nos queda tomar la pista de Quintanilla de Trigueros al tiempo que, mientras se pone el sol, cruzamos el arroyo Valdeazadas, que viene del monte de Dueñas. Al llegar a los corrales de Rascaviejas nos salimos de la pista para entrar en Cubillas por las Fuentes.

Aquí, el mapa del recorrido.

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Una respuesta to “De vértigo”

  1. Gaudencio Busto Says:

    Preciosos andurriales.

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