Torremormojón

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Partiendo de Villalba de los Alcores, en el páramo de los Torozos, bajaremos hasta Tierra de Campos para luego regresar subiendo y bajando cerros y portillos. O sea, esta excursión recorre los límites entre Campos y Torozos.

Tomamos el camino que parte del pozo de Villalba siguiendo el arroyo de Matallana. Todo está seco y amarillo, por eso se agradecen de manera especial algunas alamedas que este arroyo posee. Luego, el camino desaparece y nos dedicamos a subir y bajar colinas hasta llegar al vértice geodésico de Atalayas, desde donde se divisa perspectiva del castillo de Montealegre, de Ampudia con su torre de la iglesia y su castillo, y de Tierra de Campos. También vemos cómo nuestra próxima meta –la Mella- se mete en Campos.

Montealegre

Montealegre

Bajamos un poco y nos encaramamos a la Mella del Garañón donde, además del panorama, contemplamos los juegos de los elementos con el páramo. Aunque ya la conocíamos, no deja de ser curioso cómo la calizas de la cima se van deshaciendo o cayendo dejando a su vez cárcavas blanquecinas de yeso y más debajo de arena marrón.

Po caminos solitarios en los que pastan rebaños de oveja sin pastor ni perro y luego a campo traviesa, pasamos junto a la fuente Rosa. ¡Da gusto ver fuentes cuidadas frente a tantas otras cegadas y olvidadas! El camino nos lleva luego por el cementerio, que tiene una portada de ladrillo trabajado y una cerca con simpáticos ventanucos casi a ras del suelo.

Cárcavas

Cárcavas

Los pueblos de Palencia por los que hemos atravesado estaban todos muy limpios; como si sus habitantes estuvieran contentos de vivir en el pueblo y no en la ciudad. En Villerías descubrimos cómo utilizar las cubiertas usadas de los coches: debidamente tratadas y pintadas pueden servir para construir el Pozo de los Deseos o bien para colocar un automóvil de uso infantil en plena calle. Además, todo esto lo vigila y protege un fuerte Dragón. Además de la fuente Rosa, Villerías posee el tradicional bebedero y otra fuente con sus paredes bien adornadas. Y mantiene dos negrillos junto a la portada de la iglesia. Bueno, todo como para quedarse a vivir allí.

Pero nos fuimos en dirección a norte por el camino de Castromocho. Claramente, ya no se utiliza este camino: después de cruzar junto a la Nava, en los Cirios, desapareció. Menos mal que el suelo de la rastrojera estaba duro y así pudimos continuar manteniendo la dirección y con la torre de Castromocho –y la de Boada, y la línea de álamos del Canal- al fondo. Al llegar al cruce del camino de Boada y Torremormojón, nos dirigimos hacia esta localidad. Nos desviamos hacia la charca de la Costana Verde, que no tenía ya agua. El resto de lagunas y pozos señalados en los mapas no los encontramos, no deben existir.

Moral solitario en Tierra de Campos

Moral solitario en Tierra de Campos

Hacía tiempo que no pasábamos por Torremormojón y, la verdad, nos sorprendió. ¡Qué iglesia tan inmensa y preciosa, con torre románica y entradas góticas! Entre sus edificaciones civiles había desde palacios de piedra y ladrillo macizo hasta humildes casas de barro. Palomares de los tipos más variados. Y un moral con sus frutos maduros y sabrosos.

Torremormojón desde el Monte Mojón

Torremormojón desde el Monte Mojón

También subimos al Monte Mojón, que se ve desde toda la Tierra de Campos y es un excelente mirador sobre esta misma comarca. ¡Qué inmensa llanura, y que dominio tan enorme podían vigilar desde aquí sus antiguos castellanos! En el pico más alto vimos el castillo, que conserva parte de sus pasadizos, torres y bóvedas en buena piedra de sillería; si bien no sabemos por cuanto tiempo. Se eleva por encima del ras del páramo cercano, lo que indica que la piedra de este cerro resistió los embates que acabaron con la paramera en esta zona. Pero el agua y el viento siguen trabajando y pudimos contemplar los cantiles y cárcavas de mil formas diferentes que aquí siguen esculpiendo.

Aspecto del castillo de Torremormojón

Aspecto del castillo de Torremormojón

Entre los molinos de viento pasamos al valle del arroyo del Salón por el Portillo –otra subidita de nada- y nos dejamos caer en Ampudia. La iglesia estaba abierta y pudimos contemplar, entre otras muchas, dos maravillas: el mecanismo del antiguo reloj que, desde la torre, daba las horas al pueblo –sus pesas eran tres enormes y llamativas piedras calizas- y una representación, mediante figuras propias de una Nacimiento y paisajes, de la Pasión de Nuestro Señor. Nos lo enseñó su propio autor, el señor Benito. ¡Muchas gracias de nuevo!

Nos paramos también a beber agua, comer moras y contemplar algunas bodegas de noble aspecto. Desde lejos, saludamos al castillo que ya habíamos visitado en otra ocasión.

En Valoria del Alcor

En Valoria del Alcor

Por la carretera –sólo 2 km- nos acercamos a Valoria del Alcor, únicamente por contemplar el exterior de San Fructuoso, sus calles y sus casas típicas.

Y por la cañada real leonesa nos plantamos, ya con el sol de frente, en Villalba de los Alcores, donde la gente es especialmente acogedora, pues si estaba el bar cerrado, unos vecinos nos ofrecieron cerveza.

Aquí, el mapa del recorrido.

De vuelta

De vuelta

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