Alrededores de Torrelobatón

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Torrelobatón. Un castillo de estampa limpia y clara, un castillo que, sin embargo, no se recorta en la luminosidad del cielo –como tantos otros- sino las cuestas del páramo. Un castillo que se yergue en medio del valle del Hornija; un castillo que ha visto la única victoria guerrera de los Comuneros de Castilla.

Además, Torrelobatón responde a la estampa típica de un pueblo levantado en piedra, en piedra caliza del páramo que lo rodea. Ahí están, presidiendo la Plaza, el Rollo y el Arco.  Y en Torre –que así lo llaman los propios torreños- borbota en múltiples puntos el agua del páramo. Al llegar nos recibe una fuente acogedora. En la Plaza hay otra (conectada ya a la red municipal). Más arriba, el Caño Nuevo y la Alberca Vieja. Y siempre algún detalle, alguna pequeña sorpresa.  Junto al Caño, la casa donde nació el padre Hoyos con una ventana que conecta con un curioso desagüe sobre una piedra vertical. Junto a la Alberca, otra casa cuyo ventanuco, en lo más alto, posee una encantadora cubierta… En fin, así es Torre.

Vista de Torre

Vista de Torre

Ya conocemos muchos de sus alrededores. Esta vez subimos dejando Grimata a la derecha para enseguida bajar por la izquierda. Pero antes hemos aprovechado para contemplar la localidad. Y también , San Pelayo, Torrecilla de la Torre y Barruelo del Valle; detrás, Villasexmir. Y las laderas de los páramos circundantes.

De nuevo subimos, esta vez por la colada de la Palomera, que ha sido recientemente ensanchada. Cuando el páramo se nos arrima, vemos que se ha respetado –hasta cierto punto- la fuente del mismo nombre. De una pequeña y rústica arca sale un tubo de plástico rojo por el que discurre el agua… Menos es nada.

En la subida a Grimata

Al inicio de la subida a Grimata

Rodamos ya por el ras del páramo pero por poco tiempo, pues nos encaramamos, campo a través, a una cresta blanca entre el arroyo Valmoro y el de Barzaladilla. Curioso lugar de yeso y caliza que avanza hacia el valle. El paraje es para estar un buen rato, y lo estamos.

Seguimos, ahora por el valle, para volver a subir al páramo y descender enseguida. El objetivo era localizar la fuente de Nuncarejo. Y, ciertamente, no sé si la llegamos a localizar, pues la que hemos descubierto parece otra distinta, ya que se encuentra a 500 m de donde señala el mapa la de Nuncarejo. Sea como fuere, llegamos a campo traviesa hasta una sencilla fuente, construida con lajas por las que se escurre el agua del manantial que forma el arroyo de Hurrera. El lugar es precioso, pues gracias a este arroyo puede vivir una larga hilera de álamos que alegran en este valle desarbolado y destacan desde lejos.

Vista de la "Mambra" desde la "Cresta Blanca"

Vista de la “Mambra” desde la “Cresta Blanca”

Bajamos a San Salvador, pasamos junto a la iglesia, que deja ver en la pared de su ábside, al exterior, un vano cubierto con arco y columnas románicas. Pasamos el Hornija por el vado: la bici se moja pero nosotros nos mantenemos secos gracias a los poyos o mojones dispuestos en fila para facilitar el cruce, pues se distancian lo que un paso humano.

Palomar en San Salvador

Palomar en San Salvador

Y ahora, a rodar por la vereda de la Virgen de Nuestra Señora del Villar hacia Torre. Nos saludan las ruinas del palomar del Francés, si bien hemos dejado otras en San Salvador. Claro que lo mejor es la contemplación de este valle abierto y –ahora- especialmente luminoso, pues el sol entra por su boca, al oeste y resalta las amplias y tendidas cuestas que caen del páramo, los buenos pastos y las tierras amorosas y llanas del lecho del valle. Muy de vez en cuando, un arbolito rompe la monotonía y le da un toque distinto al paisaje.

En el valle del Hornija cerca de San Salvador

En el valle del Hornija cerca de San Salvador

Nada más superar Villasexmir, que se encuentra en la otra ribera, tomamos una vereda en dirección a Torrecilla de la Torre. A la izquierda, las Portillas encendidas por la luz del sol poniente y a la derecha el castillo de Torre a la sombra de una nube perdida, pero con un fondo de cuestas iluminadas.

Entrevemos, sin llegar a entrar, Torrecilla medio velada por una chopera. Por un camino que sube y baja, llegamos a la ermita del Santo Cristo, ya en las puertas de Torre. Cruzamos el Hornija a la vez que el sol se oculta tras el horizonte.

Torrecilla de la Torre

Torrecilla de la Torre

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