Fuensaldaña y sus cuestas

El término de Fuensaldaña se encuentra muy cerca del de Valladolid, con el que limita, y se extiende por laderas, vallejos y paramillos entre el páramo de los Torozos y el Canal de Castilla; no llega a las orillas del Pisuerga aunque se queda cerca. Por ello, su paisaje es variado y alegre: sobre valles y cuestas –algunas acarcavadas- se asientan pequeños regatos –sobresaliendo el cien veces mentado Pozo Moza, que atraviesa todo el términoy sobre todo, majuelos, muchos majuelos que no han sido abandonados como en tantos otros pueblos de Castilla. También se cultiva el cereal y son abundantes los almendros.

La localidad se levanta en el centro del valle surcado por el arroyo Pozo Moza

La localidad…

El nombre alude a una fuente de los condes de Saldaña. Además del castillo, que fue sede de las cortes de Castilla y León, destaca una preciosa iglesia de aire gótico mudéjar dedicada a San Cipriano, que posee una equilibrada torre de cuatro cuerpos que resalta por su belleza y  sencillez al lado de la enorme torre fortaleza del castillo. De la ermita de la Virgen del Rosario no quedan sino las paredes desnudas a punto de caer o ya caídas: nadie se ha ocupado de mantenerla en pie o reconstruirla, como sí se han ocupado de levantar urbanizaciones en los alrededores. Posee un convento –ahora de monjas trinitarias- con iglesia barroca que fue saqueado por la francesada y exclaustrado por la desamortización unos años después; se salvaron algunas joyas –tres lienzos- que podemos contemplar en el museo de escultura de Valladolid.

Interior de una bodega abandonada

Pero Fuensaldaña siempre estuvo unida al vino clarete. Junto con Mucientes y Cigales, abastecía de este producto a Valladolid y era bien conocido en buena parte de la España norte. Hoy se elabora en modernas bodegas, pero podemos pasear por las empinadas sendas de la cuesta del Sol que conducen a las bodegas tradicionales al otro lado del arroyo Pozo Moza, donde aún vemos viejos lagares y degustar –si tenemos algún conocido- unos de los mejores vinos que jamás se hayan probado, ¡palabra! Es sencillo, suave, alegre, vivo, frutal… y no cansa, como la mayoría de los vinos embotellados actuales. También hay bodegas tradicionales –convertidas en mesones y merenderos- en el camino de Zaratán, y Los Bodegones, ya difíciles de identificar como bodega en la carretera de Villanubla. Junto a estos hubo también un tejar. Junto a los lavaderos del arroyo llegó a funcionar una destilería de orujo, así se aprovechaba bien el orujo de las uvas. Ya se ve que era una localidad centrada en la uva y sus frutos ¿hay algo mejor para centrarse?

Majuelo

Aunque predominan las edificaciones modernas, podemos ver alguna casa tradicional, en piedra o ladrillo con su escudo, muretes, traseras y otras construcciones que mantienen ese sabor popular que se resiste a desaparecer. Tuvo molino que utilizaba las aguas del Pozo Moza poco antes de entrar en la localidad; algunos vecinos –hoy muy mayores- aprendieron a nadar en su balsa.  Tuvo palomares, pero sólo podemos contemplar la materia sin forma –el barro- que los mantuvo en pie. Y aún podemos ver una preciosa fuente circular en una plaza a la entrada; sus aguas venían de un manantial que brotaba junto a la carretera.

Bien, pues esto es el pueblo. Como se puede apreciar, mucho más que su famosísimo castillo. Pero si sus ambientes son interesantes y atractivos, no digamos ya el paisaje del término.  Vayamos a ello.

Cuesta Redonda

y las rutas: en primer lugar, Cuesta Redonda (7 km)

Cuesta Redonda es eso, una cuesta cónica bien separada de la llanura del páramo. Desde Fuensaldaña la vemos al oeste, escindida del páramo de Llanomonte. Es un buen observatorio para contemplar Valladolid al fondo y, delante, las muchas cuestas, entrantes y salientes, arroyos, caminos… que tiene Fuensaldaña. Y, como desde cualquier otro punto, el castillo es otro fondo.

Pero este recorrido que proponemos es distinto a los demás; técnico, como dicen los entendidos: atacamos Cuesta Redonda por la derecha, al otro lado del camino y subimos por su espalda. Luego, continuamos a media ladera por un sendero que va rodeando Llanomonte hasta que subimos por el barco de Valdoncil. El sendero se ensancha y cruza el camino real de Villalba para dirigirse por el cerral hasta el Pilón, con su vértice geodésico y Fuensaldaña a los pies. Unos cuantos metros más, unos pocos a campo traviesa sin sendero hasta llegar a la Carrangostilla, donde paramos de nuevo, pues se ven desde aquí Mucientes, Cigales, Trasdelanzas, por supuesto Fuensaldaña y un montón de puntos más.

El sendero a media ladera nos muestra algunos barcos

Bajamos en directo por la cuesta hasta las orillas del arroyo Pozo Moza. A un lado, las bodegas. Bueno, hay que estar un poquito preparados para este recorrido. Tampoco mucho pues, en el peor de los casos, se lleva la bici de la mano y ya está.

El páramo (10 km)

Si subimos por el camino real de Villalba para disfrutar de un precioso paisaje: primero campos que quieren ser abiertos y llanos y casi lo consiguen, luego el páramo de Villanubla, perfectamente plano. Aquí giramos hacia el oeste para volver a girar hacia el sur pasando por barcos y vallejos. Uno de ellos acoge al arroyo Valcavado, cuyo manantial es un pozo. Han sido unos 11 km contemplando un paisaje cambiante –casi- a cada pedalada, o a cada paso. Estos caminos gozan de un buen firme; rodada sin problemas.

Fluente de San Pedro (9 km)

Subimos por la empinada –pero no larga- cuesta del Cuerno para atravesar Landemata, precioso lugar que quiere ser llano pero tampoco lo consigue. Aquí se concentran, entre abundantes almendros, la mayoría de los majuelos que dan ese clarete típico de nuestro término. Están cuidados con mimo, pero también han conservado en buena medida el modo de hacer tradicional y, así, los límites suelen establecerse con muretes bajos de piedra o arbustos de crecimiento natural, entre los que sobresalen los endrinos.

La fuente

La fuente de San Pedro, con su pilón y abrevadero siempre tiene agua, hasta en los veranos más secos. La abundante y fresca vegetación invita a hacer una parada. Un poco más lejos, en una alameda, fluía la fuente de Valdetán, reducida hoy a un pozo. Al volver por la ladera del paramillo, podemos contemplar las cárcavas, verdaderas esculturas de barro blanco y marrón, que han formado con su maestría la lluvia, el hielo y el sol.

Valdecarros para terminar (11 km)

La Juiciana es otro páramo que se encuentra en el término que estamos descubriendo. O más bien un entrante del páramo que avanza hacia Fuensaldaña. Lo acometemos en directo, por un camino que sale justo desde el castillo; vamos como navegando por el aire pero en realidad rodamos sobre una ancha cresta, con valles dilatados a cada lado, dedicados al cultivo del cereal o a forraje, según los años.

Campos de cereal. Sólo un chopo se atreve a romper la horizontalidad

Al llegar a la autovía torcemos a la izquierda para tomar Valdecarros, un precioso valle encajonado al principio pero que se va abriendo poco a poco. Vemos distintos pozos; uno de ellos, de peculiar construcción, lleva el nombre de pozo de la Nieve, o sea, que antaño fue almacén de hielo para servicio del pueblo.  Y al poco, estamos de nuevo en nuestro castillo.

Piscatorem & Javiloby

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