…y sorprendente

(Viene de la entrada anterior;acabamos de salir del valle del arroyo de Cerrato)

El páramo

Aquí no hay ningún cerrato. Ahora estamos en un inmenso y compacto páramo  que se extiende hacia el este. Rodar por él significa perder la noción del espacio, todo llanura inmensa, sin referencias claras que ayuden al viajero, salvo el sol –si lo hay- y la sierra de la Demanda si el día la deja verse. Pero por hoy no iremos más allá, sino en dirección contraria, donde las hendiduras esculpidas por manantiales y arroyos acabarán por dibujar el típico paisaje cerrateño lleno de eso, de cerratos, paramillos, muelas, colinas, hondonadas y múltiples valles y vallejos.

Entre tierras de cereal delimitadas por hileras de sabinas o robles vamos rodando hacia el norte hasta que, poco antes de llegar a Magialengua, torcemos hacia el oeste, rumbo que mantendremos durante más de 12 km. De vez en cuando, cruzamos algún monte, si bien predominan los campos rasos de cultivo. Al sur, por encima de los montes, sobresale el Torreón de la Greda, única referencia segura.

Alcanzamos los corrales de Jirón y los Nuevos, donde conectamos con otro ramal o cordel de la cañada burgalesa que discurre por toda esta comarca como si fuera una verdadera red capilar de veredas y cordeles hasta que, en el término de Hérmedes, forma una auténtica cañada de 90 varas.

Buen chozo

Pero nos desviamos al sur en el Raso, dejando al norte la fuente de Serranos, en el Otro Valle. Esta ruta nos deparó dos buenas sorpresas. La primera que después de rodar unos pocos metros por un sendero que no se distinguía del monte que atravesaba, nos encontramos con un camino ancho, de perfecto firme que había surgido como por ensalmo. Claro que le seguimos a partir de ese momento, y nos llevó hasta la carretera de Antigüedad a Cevico Navero (donde comenzaba con un prohibido el paso). Y la otra sorpresa fue que, al cruzar un monte por ese camino, nos encontramos con unos corrales que tenían uno de los chozos más grandes que nunca hemos visto. Casi podías entrar de pie dentro había una mesa, pero cabían muchas más. Además, pegado a él hubo –hoy derrumbado por completo- otra construcción auxiliar, ¿tal vez para corderos y sus madres? Cosas veredes…

La carretera, con el viento a favor y cuesta abajo nos dejó en Cevico Navero, donde repusimos fuerzas y vimos los lavaderos tradicionales, que bien podían estar en funcionamiento.

Mata Redonda

Otro hermoso Cerrato, además de duro y corto

Así fue el paisaje de Cevico a Hérmedes. Duro por las varias subidas y bajadas por senderos, cañadas y a campo traviesa, y corto, porque si no, hubiéramos reventado con el kilometraje que ya llevábamos en las piernas. De hecho, alguno al día siguiente se sentía como si lo hubieran manteado en alguna venta extraña. No son de extrañar esos sueños…

Para empezar, y a modo de aperitivo, nos subimos la cuesta de las bodegas, desde donde se contempla una estupenda vista de la localidad, pero no sólo, pues nos acercarnos a la Mata Redonda y a la Atalaya, dos inmensas y viejísimas encinas especialmente queridas por los habitantes de Cevico pues, de alguna forma, representan la historia de la localidad y hasta el alma colectiva de sus habitantes. Son algo así como su bandera.

En la Atalaya

Después, un sendero muy estrecho, con curvas continuas y cerradas entre carrascas, con suelo salpicado de piedras calizas salientes y con frecuencia molestas, nos condujo hasta una infernal cuesta abajo que terminó en un verdadero paraíso: la pradera y fuente del Carmen. Pero nuestro contento duró poco, pues no había ningún tipo de camino ni sendero para continuar.

¿Qué hacer? ¿Volver atrás? ¡Ni de broma!  Nos dejamos caer hasta lo hondo del valle de Valdemimbre y de allí, por una vaguada y tirando de las burras – que con seguridad ¡habían engordado!-, subimos de nuevo al páramo para tomar una cañada -que ya no existía. De nuevo a campo traviesa, bordeando terrenos cultivados, hasta que dimos con la cañada. Desde luego, ya nadie transitaba por ella, pues la hierba estaba alta y no había senderos.

Fuente del Carmen

Pero como la perseverancia siempre resulta recompensada, llegamos a un tramo que estaba más abierto y que, tras varias subidas y bajadas, nos condujo a Hérmedes. Pero antes, en el comienzo  del valle de San Sebastían, nos acercamos a la fuente del mismo nombre, que mantiene una feraz huerta. Sus alrededores estaban llenos de los más variados trozos de cerámica, testigos del poblado que aquí se levantó en otro tiempo, cuando el Cerrato estuba lleno de pueblos, caseríos, casas y chozos. Hoy hemos visto los restos de lo que fue.

Total, unos 57 km. Aunque a alguno le quedaron fuerzas para acercarse, desde Hérmedes, a conocer la Mata Fombellida y superar los 60.

Bajada hacia la fuente del Carmen

 

 

Anuncios

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: