Las Pinzas y las fuentes de Curiel…

Vamos a recorrer buena parte de las antiguas tierras de Curiel, que incluyeron las aldeas de Valle del Cuco, además de Roturas. Pero sobre todo rodaremos por Curiel y Corrales. Nos encontraremos con vallejos húmedos de abundantes manantiales, parameras de inhóspitos pedregales, montes de encina y roble, y cortados esculpidos en yeso y caliza.

Salimos de Pesquera de Duero para subir al páramo entre majuelos y tres chopos gigantescos, por Fuente la Zarza. Hace tiempo que no tomamos este camino y vemos que han preparado una gran balsa para acumular agua de riego. Supongo que la subirán del Duero, pues este arroyo, habitualmente seco, no tiene caudal. Sobre nosotros, los buitres aterrizan y despegan en el cortado de Valcárceles. Cada vez hay más buitres en nuestra provincia; no hay nada como alimentarlos de manera artificial.

Las cuevas del este

Nos acercamos a las Pinzas, paisaje que ha sido tallado por el  Duero a lo largo de unos dos millones de años. Como si hubiera tomado un pico o una sierra, ha tajado el páramo esculpiendo taludes verticales. Luego, el agua de lluvia, los vientos y también el hombre, han colaborado extrayendo el yeso que aquí existe bajo la capa caliza. El resultado son unas impresionantes cuevas que se asoman sobre el cortado para mirar el valle. Antaño fueron ocupadas por nuestros antecesores prehistóricos, luego por ermitaños y finalmente por pastores; todos buscaban el abrigo que ofrecen en invierno o por la noche.

Mirando al sur

Hoy podemos contemplar el paisaje: la hilera de verdor que forma el río; la alfombra viva de los pinares; las líneas de carreteras y caminos; los pueblecitos perdidos entre tanta naturaleza; el volar de las rapaces; el cielo… Todo a nuestros pies, casi al alcance de la mano.

Las Pinzas recuerdan precisamente una gran pinza, pues son dos grandes picos o salientes del páramo –El Cujón al oeste, las Pinzas propiamente dichas al este- que parece se abalanzan sobre el valle del Duero como pretendiendo agarrar o tomar algo con sus dos grandes brazos a modo de pinza. Pero los majuelos y almendreras se escurren ladera abajo…   

Almendrera

El brazo del este cae en picado sobre el valle, y tiene dos grandes oquedades en ambos lados. Sobre ellos, otro mirador. A las cuevas hay que entrar de lado: de frente es imposible debido a que se asientan en paredes verticales. ¡Ojo, que aquí las caídas pueden costar la vida! Tiene balconadas verdaderamente espectaculares, cuidadosamente talladas en el yeso y en la caliza, obras maestras de la escultura y arquitectura aunque nadie reclame autoría.

Estas son las cuevas más grandes. Pero en dirección a Curiel también las laderas están llenas de entrantes, salientes y cortados, que han favorecido la formación de pequeñas cuevas y huras donde zorros y conejos pueden guarecerse seguros y tranquilos.

Sanguijuelas

Nos vamos siguiendo el cerral después de pasar un buen rato contemplando los cortados y la profundidad del paisaje…

Enseguida divisamos el castillo y bajamos por el valle junto a la fuente de la Bombina, en cuyas aguas se mueven multitud de sanguijuelas moteadas.

Estamos en Curiel y delante de nosotros se levanta el montículo Bercial, cortado también a pico como las Pinzas y, por tanto, inexpugnable. Una torre ocupó la cima como avanzadilla en la reconquista, allá por el siglo IX. Fue población señorial lo que todavía se nota en el porte y semblante de sus casas y calles. Tuvo cuatro iglesias parroquiales –hoy vemos dos-, dos castillos, un rollo jurisdiccional, varias casas señoriales y fue cabeza de una comunidad de aldeas. Sólo le hacía sombra Peñafiel.

Arca de la fuente

Pero bueno, vayamos a las fuentes.

En el camino que da la vuelta al pueblo vemos, al noroeste, una fuente con un largo abrevadero, cuidada por la Hermandad de Ganaderos. Tiene agua, ovas y abundantes renacuajos. Otra la tenemos a los pies de la torre de santa María, sobre una hermosa y original pared de piedra en forma de triángulo, con un medallón en su vértice superior. Finalmente veremos otra cuyo manantial se encuentra protegido por una buena arca de piedra –verdaderamente señorial, como casi todo aquí- en plena cuesta, de manera que el tejado queda enrasado en la calle superior; el chorro con abrevadero se encuentra más abajo todavía y el agua atraviesa bajo una calle. Constituye un delicioso rincón. Hay más fuentes en Curiel, pero sólo reseñamos las que nos encontramos en nuestro camino.

Continuamos en la próxima entrada

 

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