Entre Wamba y las navas

La primavera continúa en plena explosión: todo sigue verde salpicado, de mil colores diferentes. Por cualquier camino que salgas a rodar te vas a encontrar con ella y, como no termina de hacer calor, parece que se quedará unas semanas más. De hecho, otros años por estas fechas en nuestros campos había comenzado la siega. Éste año, según comentan los agricultores, se va a cosechar en julio, la cebada madura lentamente y el trigo más despacio todavía.

Esta vez hemos salido a última hora de la tarde un día entre semana. Paseo corto -25 km- desde Wamba hasta las navas de Torrelobatón. El sol cayendo entre nubes más o menos solitarias.

Wamba es una localidad que se encuentra relativamente elevada, próxima al ras de la paramera de Torozos. Por eso, subir hasta arriba cuesta muy poco: los caminos son cortos y suaves, además de contar con un firme excelente.

Ya arriba navegamos por el mar de verde oleaje, con las líneas de las amapolas bien señaladas. Salteadas, génivas amarillas y algunas malvas con su color característico. En los perdidos rocosos, lino, salvia y tomillo en abundancia. Dejamos al norte la nava de Peñaflor y seguimos en dirección oeste. En algún momento, atisbamos la hondonada del valle del Hontanija. Al fondo, las inmóviles aspas de los molinillos confirman la suave brisa que nos acaricia. Nos vamos acostumbrando, qué remedio, a este elemento artificial del paisaje, que seguirá creciendo según podemos leer en los anuncios oficiales de los boletines.

Por fin, llegamos a la enorme nava de Torrelobatón, toda verde de cereal y atravesada por caminos adornados de castaños de indias. Hace años que se saneó este espacio abriendo una zanja-túnel por la que desagua hacia el valle del Hornija. Por eso no llega nunca a inundarse. En todo caso, desde sus bordes se ofrece una buena perspectiva de esta curiosa llanura hundida. En otro momento, divisamos Torrelobatón con su castillo.

Ya de vuelta pasamos junto a dos pozos con originales abrevaderos: uno larguísimo, el otro en forma de Uy con varias pilas. Tienen agua, y se utilizaron en otra época para el ganado; hoy están en desuso pues, no se encuentran en terreno para ganado ni de regadío. Antaño, pues, abundó por aquí el monte. También pasaba muy cerca un ramal de la cañada real leonesa occidental. Y en algunos baldíos hemos visto restos de corrales.

Por lo demás, no es un páramo totalmente raso, pues algunos caminos están adornados por hileras de acacias, que permanecen como testigos mudos de los antiguos trabajos de concentración parcelaria. Pero ya nadie repone los árboles muertos.

El sol se pone a nuestras espaldas y bajamos, casi sin enterarnos, hasta el humilladero de Wamba. Se empiezan a encender las primeras luces de la noche.

Aquí, las líneas del recorrido.

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Una respuesta to “Entre Wamba y las navas”

  1. Antonio Says:

    Espectacular fotos y fenomenal reportaje, de unos caminos que tengo bien en recorrer frecuentemente en bici. Los cereales están espléndidos, sobre su recolección, el año 2015 y 2017 se empezó sobre San Antonio (13 de junio), pero lo anómalo era esta fecha tan temprana. Este año ya se verá, lo habitual por aquí viene siendo pasado San Juan (24 junio) y la primera de julio.

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