Los Hundidos de Simancas

Hay una lengua del páramo de los Torozos que llega casi hasta Simancas; la punta es un excelente mirador sobre esta villa cargada de historia y sobre todo el amplio valle del Duero cuando recibe al Pisuerga. Un camino que sube por la directa, por el espolón, a este páramo pero hay que estar en forma para acometerlo sin fatigarse demasiado.

Esta vez se trata de dar un breve paseo desde el Pinar de Antequera hasta dos lugares denominados ambos los Hundidos. En vez de subir por el camino directo fuimos por el denominado camino de Torres, a media ladera y en dirección oeste, que se toma en el barrio que está ya al otro lado de la autovía. El tramo inicial es muy duro pero, eso sí, muy corto, y al poco estábamos en la falda disfrutando de un hermoso panorama -Valdelamadre, Geria, ribera del Duero- pedaleando tranquilos.

Salimos al camino de Robladillo donde precisamente se encuentran los primeros Hundidos. El nombre tiene fácil explicación: aquí da comienzo el arroyo del Pozo de la Teaza que en vez de dar un tajo limpio al ras de la paramera en su nacimiento, lo hunde levemente, como en grandes y suaves olas sobre las que el agricultor planta cereal.

Damos la vuelta por el camino del Páramo. Muchas zonas de esta paramera -ahí están los topónimos fueron dedicadas a canteras durante siglos, pues la fundación de Simancas -ciudad siempre importante con buen castillo, buena iglesia, puente, palacios e incluso dólmenes prehistóricos- se pierde en la noche de los tiempos. Llegamos a un cantil de yeso blanco que brilla con fuerza al sol de la tarde y que se está desprendiendo a pedazos o, mejor, a rebanadas. Abajo se ven inmensos y ordenados caballones de cal o yeso robados a las tripas del páramo que nadie se ha llevado. Un poco más hacia el sur, propiamente junto al vértice Perdiguera, estamos sobre los segundos Hundidos. Es continuación de la anterior zona de canteras, que parece ha sido parcialmente nivelada con tierra de relleno.

Para bajar, podemos hacerlo por otro sendero a media-alta ladera o bien por el camino del páramo. Nos dejamos caer hasta el mismo puente del Pisuerga y volvemos al Pinar por la calzada de Clunia.

Aquí podéis ver el recorrido, según Durius Aquae.

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