Por el norte de Palencia: el románico de Aguilar

Esta vez nos hemos ido a una ruta por la provincia de al lado y, en concreto, hemos dado la vuelta al embalse de Aguilar, visitando pequeños pueblecitos que tienen verdaderas joyas por iglesias. Se trata de la ruta popularizada por Jesús Calleja, y hemos comprobado que hay un montón de ciclistas que la han subido a Wikiloc.

El día no pudo salir mejor para el mes de noviembre: sol, temperatura agradable, nada de viento. Hace pocos días pasó un temporal que pintó de blanco las crestas de la cordillera y sus picos más importantes. Y se anunciaba otro para el día siguiente.

No hace falta estar pendiente del mapa ni del GPS; la ruta está perfectamente señalizada en todos sus cruces y desvíos. Y, en general, el firme es bastante bueno. La zona peor para nosotros fue, ya al final, en el monte Royal, pues la pendiente -de bajada- era muy fuerte y el firme resbalaba a causa de la humedad.

Por lo demás, fue una auténtica gozada rodar entre bosques de robles, arroyos con chopos dorados, prados en los que pastaban vacas y ovejas, picos y rocas… y con un aire claro y limpio. El embalse lo vimos poco, solamente al salir y, ya de vuelta, al pasar por la presa. También en el alto del Chozo, antes de caer a Vallespinoso. El Pisuerga lo cruzamos por el puente de Salinas, y en el prado de su ribera hicimos una parada técnica de avituallamiento.

Fuimos a buen ritmo, al que nos marcaron Fran y Luis, que se salían del pelotón. Menos mal que este último pinchó más de una vez. Jesús, aunque a veces iba rezagado y ponía pie en tierra si las cuestas se empinaban demasiado, pudo tirar en todo momento gracias al café con chupito que se tomaría en la meta. Joaquín hizo un alarde de poderío en la primera parte… que no tuvo continuación en la última. Y los demás hicimos lo que pudimos para salir con dignidad en las fotos y llegar a la meta dentro del control.

El románico de esta zona no sigue exactamente los cánones de este estilo, pero se deja llevar por su aire e inspiración. Es algo así como la encarnación del románico según el espíritu y buen saber de los constructores locales. Una auténtica joya que también se funde con la naturaleza de la montaña en que nació. Junto a casi todas las ermitas se ha levantado un sencillo camposanto, que no las desluce, pues está perfectamente conjuntado (bueno, esos mármoles modernos, grandes y grises sí pueden deslucir un poco y no contribuyen nada a la vida eterna del que reposa…)

Dejo aquí las iglesias por las que pasamos, por su orden:

  • Santa Juliana, en Corvio. Es del siglo trece y llama la atención su torre, muy estrecha de fondo pero con la misma anchura que la nave.
  • San Martín, en Matalbaniega, de finales del siglo doce, que nos sorprende en medio de un amplio prado y posee dos portadas que parecen hundirse en la pradera.
  • San Juan Bautista, en Villavega, construida entre los siglos doce y trece. En el interior destaca una gran pila bautismal igualmente románica.
  • Santa María la Real, Cillamayor de mediados del siglo doce. Tal vez su origen esté ligado a un antiguo monasterio. Su pórtico resplandece al mediodía, especialmente si hace sol como en nuestro trayecto. Realmente es algo que les ocurre a casi todas estas iglesias, pues están construidas –total o parcialmente– en piedra arenisca o caliza de tonos anaranjados.
  • San Andrés, en Matabuena. Nos costó un poco acceder a ella por que se encuentra en un alto. Pero mereció la pena, por ella misma y por el paisaje del valle de Santullán y las montañas tras las que se extiende el valle del Ebro que pudimos contemplar.

  • San Bartolomé, en Bustillo de Santullán. Antes de acceder a ella bebimos en una fuente tradicional, a la entrada del pueblo, que cuenta con una vaso metálico encadenado. Y luego, en un corro, había otras dos sencillas fuentes que aprovechaban la abundancia de agua en el lugar.
  • Santa Marina, en Villanueva de la Torre, de finales del siglo XII. Se levanta en una ladera de fuerte pendiente, motivo por el cual tiende a deslizarse, y se aprecian importantes grietas. Pero sigue en pie después de nueve siglos. También pasamos junto a una preciosa fuente de estanque y, naturalmente, junto a la torre que da nombre al pueblo.
  • San Pelayo, en Salinas de Pisuerga, no es románica, sino del siglo XVI, igual que el puente por donde cruzamos a la orilla derecha del Pisuerga. Junto al puente, una pesquera que eleva el agua hacia el caz de un molino.
  • La iglesia de la Asunción de la Virgen, en Barcenilla de Pisuerga, tampoco es románica, pero merece la pena acercarse a ella y a su magnífico pórtico oculto entre árboles.
  • Santa Eulalia y la Asunción, de finales del siglo doce, están en Barrio de Santa María.

  • Y Santa Cecilia, en Vallespinoso, de finales del siglo XII, sale de la misma roca sobre la que se levanta y con la que se confunde, dominando el valle. Un curioso arco bajo la escalera de la torre la hace más original, si cabe.

Faltaría el monasterio premostratense Santa María la Real, en Aguilar de Campoo, que se encuentra en el origen de muchas de las iglesias por las que hemos pasado. He aquí el trayecto.

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Una respuesta to “Por el norte de Palencia: el románico de Aguilar”

  1. Románico rural del Pisuerga - Galería de fotografías. - Durius Aquæ Says:

    […]     Ruta recomendada por Calleja y contada por Federico alrededor del embalse […]

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