Mucha historia alrededor de la Pindonga

Dejamos Pozoantiguo para navegar -siguiendo el arroyo Adalia- por tierras onduladas en las que se levantan tesos chatos, restos de un páramo antiguo que seguramente estuvo unido al de los Torozos. Todo se encuentra calcinado por el calor de un verano seco, polvoriento; están cosechando entre nubes de polvo y paja. El cielo no es azul, sino de un matiz grisáceo que no augura nada bueno.

Al poco vemos una torre: pertenece a la iglesia de San Miguel, en Abezames. Pero inmediatamente algo más poderoso llama nuestra atención: las ruinas de un castillo, o de una iglesia, en el otero que domina el pueblo. Impulsados por la curiosidad subimos hasta las ruinas: se trata de una antigua iglesia, la del Salvador que tuvo culto hasta el siglo XIX. Hoy sólo vemos tres columnas que pretenden sostener los restos de una bóveda pero que con dificultad se sostienen a sí mismas. Y un lienzo con una puerta con arco de medio punto de hermosas dovelas cegada por bloques de piedra tallada. Alguien nos dice que nos apartemos, que puede caerse todo en cualquier momento. Y mucho antes se levantó aquí un castillo y un barrio o poblado.

La Fuente, de Abezames

Al llegar al pueblo también hemos visto viejos palomares muy sencillos, de barro, con planta cuadrada, sin adornos ni florituras de ningún tipo. Cerca de Abezames hubo un castro prerromano –luego pasaremos lado- y una población romana. Este territorio perteneció a un curioso reino semiautónomo: Sabaria, que se extendía desde Sayago a Simancas y desde Benavente a Salamanca. Parece que sus habitantes eran los sappos, no se sabe si de la familia vaccea o astúrica, pero Leovigildo acabó uniendo este territorio con el visigodo.

Se “masca” la tormenta

En cualquier caso, hemos palpado la rica y variada historia de esta comarca, llena de datos y vestigios, y de documentos que se guardan en los archivos de Toro, entre otros. Vemos que el presente es complicado, pues Abezames pasó de 400 habitantes a 100 en tres décadas (de 1960 a 1990) y sigue bajando. Y del futuro, mejor no hablar.

Antes de dejar el pueblo pasamos por la Fuente, a unos trescientos metros, manantial con cerramiento de tipo romano en una verde alameda que contrasta con la sequedad circundante. Después, pasamos por los tesos de las Membrillas y el coto de Mompodre, donde estuvieron los poblados de la edad del Hierro y romano. Constatamos que la Fontana, que apagaría la sed de aquellas gentes, estaba bien seca.

Comienza a llover en la Pindonga

El gris del cielo era ya más oscuro cuando llegamos a la ermita del Tobar, delicioso lugar para contemplar el paisaje. Enseguida rodamos hasta Malva, cuesta abajo, y casi se repite la misma historia que en Abezames: ruinas de la iglesia de san Juan, palomares, viejas y pobres casas. La población quedará en cuatro vecinos dentro de nada. No obstante, hay cierto movimiento y algún taller. Nos cae una buena chaparrada y nos guarecemos en la entrada del moderno ayuntamiento.

…y diluvia

No lo hemos mencionado antes, pero estamos bajo los dominios de la Pindonga, que no hemos dejado de ver en casi todo el trayecto, y ahora nos dirigimos a ella. Desde Malva parece que vamos a subir al Montote, pero al llegar a su falda torcemos hacia la Pindonga. Antes de llegar contemplamos la charca y pozo de la Marrana, a sus pies. Y he aquí el diluvio, que nos pilla –íbamos avisados pero no lo esperábamos con tanta fuerza- entrando en Fuentesecas, por lo que nos acogemos a un pórtico de esos que tanto abundan en esta comarca para proteger las entradas de las casas. Esta vez nos mantuvo secos a nosotros. En poco tiempo, corrían por la plaza ríos de agua marrón por el barro arrancado de fachadas tan humildes ¡Pocas veces hemos visto llover tanto y tan fuerte! ¡Menos mal que no nos ha pillado en campo abierto, de buena nos hemos librado!

Palomar

Terminado el diluvio nos acercamos a la Pindonga para contemplar desde su balconada un paisaje nítido, de aires limpios por las aguas. Y seguimos trayecto hacia Villalube. Cuesta pedalear con el suelo empapado. Menos mal que el camino es de gravilla y no de tierra, pues el campo es arcilloso aquí. Vemos la fuente del Camino pero no la del Pedrón. Como por el norte, oeste y sur brillan rayos y relámpagos que parecen rodearnos, no entramos en la localidad, y en la Tierra de los Muertos damos la vuelta hacia Pozoantiguo para no facilitar una batalla contra los elementos en un campo sin protección. Nos caen cuatro gotas bien gordas, pero llegamos secos a nuestro destino.

Curioso ventanuco en Abezames

Aquí podéis ver el trayecto, de unos 38 km esta vez.

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Una respuesta to “Mucha historia alrededor de la Pindonga”

  1. Arroyos vacíos en la Tierra del Pan - Durius Aquæ Says:

    […] Y aquí podéis encontrar otra versión de la ruta […]

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