Tesos de Villamor

El páramo de los Torozos se deshace hacia el oeste en cuestas redondas, tesos, cerros, motas y colinas. A ello contribuyen especialmente los valles del Hornija y del Bajoz que, si bien en sus nacimientos solo arañan la paramera, luego la tajan hasta que, finalmente, la disuelven en una llanura baja y suavemente alomada.

Los tesos de Villamor han sido esculpidos por el río Bajoz, el arroyo Daruela y las regueras que desembocan en ambos, provenientes de los barcos que forma el cercano páramo. Su nombre se lo deben a Villamor, despoblado entre Mota del Marqués y San Cebrián de Mazote del que sólo quedan unos corrales y las ruinas de un molino harinero.

San Cebrián

Así que nos dimos un paseo corto desde San Cebrián aprovechando la cañada de Valcaliente pero desviándonos de ella para asomarnos al valle del Bajoz desde el cerral. Antes pudimos visitar las ruinas de algunos palomares y chozos de San Cebrián. Los tesos, de yeso, hoy aparecen vestidos de verde gracias a los pinos plantados en el siglo pasado para sujetar las laderas y evitar que el yeso y las margas enfangaran las tierras de cultivo en épocas de lluvias más o menos torrenciales. Antes nos ofrecían una imagen blanca, a la vez que áspera y austera, que hoy se ha dulcificado.

Valle del Bajoz

El páramo termina en el teso de la Portilla, portilla que está entre éste y el de Villamor. Y este último es una buena atalaya para contemplar el valle del Bajoz, que aquí se ensancha hasta formar prácticamente una llanura. Al este, vemos el perfil de Tiedra sobre el páramo enrasado y hacia el sur, Mota del Marqués..

Volvemos hacia San Cebrián intentando descubrir la fuente del Pintor. Pero ya no existe; sólo quedan algunos juncales y zarzales que señalan donde antaño manaba agua.

En los corrales de Arévalo

Nos vamos ahora al páramo de la otra orilla, la derecha, del Bajoz. Primero subimos y bajamos cruzando vallejos y regueras, hasta llegar al monte de San Manuel, un monte privado que, a Dios gracias, tiene las puertas de los vallados abiertas y se puede pasar sin problema. Salvo que haya ganado, en cuyo caso estarán cerradas. El monte es de encinas jóvenes. Acabamos, antes de bajar, visitando los corrales de Arévalo, que no dejan de ser curiosos por su disposición y (restos de) chozo.

Aquí tenéis el trayecto.

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