Sieteiglesias, otro mágico lugar

(Vaya por delante que no es el de Trabancos, que también tiene su magia y su leyenda, al menos en la fuente de la Mora).

En anteriores entradas, hemos comentado algunos lugares de la provincia peculiares por tener algo de inexplicable, mágico o misterioso. Pues bien, uno de ello es Sieteiglesias, en el horcajo que forman los ríos Adaja y Eresma en la desembocadura de este. Al igual que la Huelga del Señor, se encuentra entre dos ríos que atraviesan la Tierra de Pinares. Las tierras de su horquillamiento sin denominarse huelga, lo son. No hay más que ver la la estrecha franja al norte de la ermita: llana, suave, oscura, bien aprovechada para cultivos.

Valle del Adaja. Al fondo, Valdestillas

Aquí hubo un importante castro vacceo, conforme hablan los abundantes restos de cerámica encontrados. Allá por el siglo IV, en este lugar –cuenta la leyenda- se recogió santo Toribio de Liébana y otros seis compañeros ermitaños en sus respectivas ermitas o iglesias, de ahí lo de Sieteiglesias. Volvemos a tener noticias de este lugar con la repoblación del Duero, en el siglo XI. Por aquí cruza un cordel de merinas procedente de la sierra leonesa y por la orilla derecha del Eresma, otro.

Ojo de arco apuntado, único bajo el que ahora fluye el agua

Aquí tenemos el inmemorial puente de Piedra, o de Sieteiglesias, que no se sabe de qué época procede porque se ha rehecho decenas de veces a lo largo de su historia. Tiene arcos de diferentes clases de piedra y estilos y de varias clases de ladrillo, al igual que el resto de su estructura; recuerda el abrigo de un pobre, mil veces remendado con trozos de tela de diferentes tipos, tamaños y colores. Tuvo también siete ojos; hoy el agua pasa por uno de ellos -apuntado, de piedra caliza de aspecto poroso-, en otro vemos agua estancada, e incluso legamos a descubrir la piedra clave y las que están junto a ella de otros tres. Y se hunde, se hunde porque no debe asentar correctamente a la vez que la arena de las avenidas del río lo tapa. Por eso, más que un puente -además carece de pretiles- parece una alfombra lanzada sobre el agua o, mejor, sobre la arena del río…

Ojo casi cegado

Y la ermita, con la ancestral romería de los Pañuelos, en la que los quintos forman un peculiar arco humano por el que pasa la Virgen al entrar en su ermita mientras la gente baila jotas al son de la dulzaina y el tamboril. Al final, los pañuelos que han anudado las mozas, son desanudados por los quintos…

En el vado de la Covatilla

Del puente nos fuimos al vado de la Covatilla, lugar olvidado en lo profundo de la ribera del Eresma donde en verano no llegan los rayos del sol y que ahora se encuentra alfombrado de hojas amarillas, con los húmedos aromas de otoño. Luego, pasamos a la orilla derecha del Eresma para iniciar la vuelta por el cordel que cruza el pinar de las Abogadas, después bajamos a la confluencia de los ríos y, finalmente, ahora junto a la orilla misma del río Adaja, por momentos embarrada y por momentos de pura peña, llegamos al puente de Valdestillas.

Pocas setas se dejaron ver a pesar de lo que ha llovido. No vimos ni nícalos ni a sus buscadores, aunque sí algunas de cardo y senderuelas. Aquí podéis ver el camino seguido.

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2 comentarios to “Sieteiglesias, otro mágico lugar”

  1. Jaime Rodríguez Martínez Says:

    Buenos días,

    Me gustaría saber si podría contactar con ustedes de alguna forma para una posible colaboración.

    Muchas gracias.

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