En el Montecillo huele a primavera

En el Montecillo y en casi todos nuestros campos y montes: los suelos están verdes y salpicados de pequeñas flores, el cereal brilla recién nacido y los almendros vienen cargados de flores blancas y rosáceas. Y sólo estamos a mediados de febrero; todavía tienen que caer muchas heladas y presentarse temporales de todo tipo. Pero la primavera se ha adelantado.

En Traspinedo

El Montecillo es un páramo curioso, pues lo han tajado y desprendido del páramo que guarda al Duero por su orilla izquierda desde Peñafiel a Tudela, los arroyos Valcorba –por el oeste- y Valimón –por el este. Y ahí está, recordando más bien al Cerrato que a los extensos páramos de Cogeces, Campaspero, Peñafiel…  Posee casi 7 km de largo por uno de ancho, si bien hay zonas especialmente estrechas como, por ejemplo, el Angostillo, desde donde se pueden contemplar sin problemas los vallejos de ambos arroyos. Más de la mitad de su superficie –además de las laderas- está dedicada a monte de encina y roble con algún pino, y el resto a cultivo de cereal.

Valimón

Desde el Montecillo se divisa también el valle del Duero, con Santibáñez y Traspinedo en primer plano y Tudela al fondo. En las zonas destinadas al cultivo podemos contemplar también buenos ejemplares de roble y de encina.

Se puede acceder desde Santibáñez por dos caminos distintos: nosotros subimos por el de la Sombría, que ofrece buenas vistas hacia el pico Miranda y Sardón, y que va elevándose con relativa suavidad. No así el que accede a la torreta contra incendios y al depósito de agua, que sube por una fuerte pendiente.

El charco

Junto al camino, en tierra de labor, vimos una pequeña charca: como es el único punto en el que hay chopos, seguramente la lagunilla hace muchos años fue mayor y duraría mucho más tiempo durante el año; ahora ya no tanto, pues está en tierra de cultivo. Antes de iniciar la bajada hacia el Valimón por la cañada de las Mochas, descansamos en un banco de la casa del Monte a la vez que contemplábamos un roble desnudo en una verde pradera. Todo relucía bajo el sol presagiando la inminente primavera.

Camino del Montecillo

Por las laderas de Montecillo y cruzando por auténticos túneles de matas de quejigo, salimos a la casa de Valimón. Después, siguiendo la cañada merinera que viene de Padilla de Duero, subimos el singular collado que separa el Montecillo del fino pico de la Mesilla hasta salir a la carretera, saludando al pico de la Frente, al barco de Ronda y a la Mochuela, hasta las yeseras frente a Montemayor. Fue una suave subida entre picos y barcos que no se notó gracias al aire de culo.

En la Pililla

Aun pudimos ver los restos de una yesera en la subida al páramo. Y también la fuente del Perro, con agua, a la izquierda del camino. No la habíamos visto en otras ocasiones, pero esta vez nos fijamos en un pequeño cartel que la señalaba. Después, ¡a rodar por el páramo de la Pililla entre el hoyo Hondo y las laderas que caen al Valcorba! Zonas de monte, y de tierras de labor con buenos ejemplares de roble y encina. Después de saludar al viejo de la Atalaya, caímos a Traspinedo. Y fin. Aquí podéis ver el trayecto; en otra entrada también hemos escrito sobre este Montecillo.

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