Réquiem por un molino harinero

La historia de nuestros pueblos a veces aparece escrita y a veces queda sólo en la memoria de sus gentes mientras estas gentes viven. Por eso, llega un momento en que la historia, o parte de la historia, se disuelve y desaparece para siempre. Es el caso de tantas construcciones populares, que sirvieron para un fin y hoy se han esfumado: todo va perdiéndose como succionado por un gran agujero negro. Otros hablan de despoblación. Pero viene a ser lo mismo, el río del olvido, que no para ni conoce estío, sólo ejarbes, acaba arrastrándolo todo.

Así, hemos asistido, impotentes, a la desaparición definitiva de muchos molinos harineros en nuestra provincia. En este caso, se trata del adiós definitivo y total al molino de los Álamos, que estaba en Arrabal de Portillo, sobre el arroyo de Santa María, camino de La Pedraja.

Una de las últimas veces que nos paramos junto a él, escribíamos:

                No es la primera vez que por aquí pasamos, pero siempre es agradable acercarse a un molino de agua: son lugares que tuvieron mucha vida, y no sólo por el agua. También por el trabajo que desarrollaba el molinero. Hoy son sitios románticos y tranquilos en los que la hiedra y las malas hierbas van comiéndose poco a poco lo que queda, que nunca es mucho. Veremos la balsa, de forma redondeada, el lugar de la molienda, restos de maquinaria, las salidas de agua, enmarcadas por arcos de ladrillo protegidos por barrotes y, claro, el agua que todavía sigue cantando a su paso, y los álamos, que dan nombre al ingenio.

 

Hoy ya no queda nada de nada. La casa del molino, la balsa, el cárcavo y los restos de la maquinaria, todo ha sido arrasado; ¡incluso los enormes álamos que bautizaban el lugar han sido talados! Hoy veremos un campo enrasado, solo quedan restos de piedra y cerámica en la tierra de labor y los tocones de los árboles como testigos de lo que un día fue este lugar. Pero también están llamados a desaparecer. Menos mal que el arroyo y el caz todavía llevan agua, aunque ya sin peces ni cangrejos. Sólo dos puentecillos sobre el caz y socaz señalan el lugar.

En 1930 un nomenclátor de localidades de España señalaba este molino harinero como un lugar en el que había dos viviendas y tres edificios más destinados a otros usos, todo de dos plantas, y contaba con ¡21 habitantes!

Hace años quedó despoblado. Hoy, todo aniquilado sin piedad. Y seguirá el abandono de estas tierras como en aquellos tiempos medievales, cuando el Duero era un desierto. Más de 400 ingenios molieron en nuestra provincia…

(Las fotos son de 2009)

 

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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