Ulaña, prima hermana de Amaya

Después de haber caminado junto a los paredones de la Peña Amaya, nos fuimos a almorzar a Fuenteodra y de allí salimos, primero, para ver las fuentes o nacimiento del río Odra. Y… ¡decepción: estaba todo seco!  Pero, aun así –como siempre- mereció la pena rodar, a tramos tirando de la burra, por los vericuetos que había modelado el agua a lo largo de milenios: cascada de Yeguamea (significativo nombre), Manapiles (donde mana y borbota el agua), pozos de los Aceites y del Corral. Esculturas preciosas pero secas, sin agua.

En Yeguamea

Estamos en un curioso paraíso llamado Las Loras, que son inmensas mesetas –unas muy largas, como Ulaña; otras en forma de típico cerro, como Amaya-  modeladas también por el agua, en caliza, cuyas laderas son farallones infranqueables y, por tanto, fáciles de defender. Las mesetas a veces forman pisos de varias alturas, a modo de tartas nupciales, otras veces no se trata de mesetas, sino de inmensas laderas adornadas de ciclópeos festones cuya piedra sube y baja como queriendo moverse… No es una comarca grande, pero las continuas cuestas, barrancos y laderas hace que se tarde bastante en recorrerla, ya sea en bici o andando. Quizá lo peor es que sólo se ve en todo su esplendor cuando abunda el agua, es decir, después de una buena época de lluvias. En los sitios donde no hay tanta piedra, abundan los bosques de pino o roble, y las praderas ralas son frecuentes en las cimas de las loras. Hermosa comarca en el límite norte de las provincias de Palencia y Burgos.

Al fondo, perfil de Ulaña desde las fuentes del Odra

De las fuentes del Odra nos fuimos tomando un camino de pura piedra por La Lorilla, protegidos al norte por un barrerón de farallones con alguna entrada y al sur por una loma que acabaría en otra barrera que no veíamos. Una carretera nos bajó a Humada, ya al pie de la peña Ulaña y siguiendo un camino entre prados, bosques de robles y sembrados, y bien a la vista de los enormes crestones e inmensas paredes que se levantaban por el sur, llegamos a San Miguel de Humada, preparados psicológicamente para la subida a pesar de las recientes vistas y de la excursión matutina.

San Miguel de Humada

Sufrimos un poco, a pesar de que Ulaña es casi cien metros más baja que Amaya. Los primeros 650 m fueron terribles, muy empinados pero a partir de la curva de 360 grados a la derecha la cosa se puso soportable. Arriba nos dimos un paseo a campo traviesa por bosques y praderías, sobre la superficie que soportaba el antiguo castro. Según cuentan los expertos, se trató del castro más grande no ya de España, sino de Europa. Efectivamente, la meseta superior mide del orden de 6 km de larga por 0,6 de ancha prácticamente inaccesible por sus formas naturales, a pesar de ello, los puntos relativamente vulnerables se habían levantado muros.

Crestones de Ulaña

Después de contemplar el paisaje, no nos aventuramos a bajar por sitio distinto al de la subida, y por ahí fuimos, cruzando un hermoso valle, hasta conectar con el portillo del Infierno, que nos sacó a la zona sur de la peña. Y, siempre subiendo, llegamos entre montes de roble a la pequeña localidad de Odrejón de Abajo.

Entre ésta y su homónima de Arriba contemplamos otra impresionante peña, ésta en forma de mota o cerro redondeado, de la misma altura que Ulaña pero de pequeñas dimensiones en su cima. Es la peña del Castillo, seguramente porque lo hubo, tal vez en la Edad Media.

En el portillo del Infierno

Y así llegamos a Congosto, pueblo perdido entre Ulaña y Amaya, en las orillas del Odra, cuando el sol ya anunciaba su caída y sin demasiados caminos claros hacia el norte, que era hacia donde nos dirigíamos. Para llegar a Villamartín de Villadiego -junto a la pared este de la Peña- teníamos dos opciones: o por Los Piscárdanos o por Valdearas. La primera opción nos llevaba siguiendo el mismo cauce del Odra, con sus vueltas y revueltas. Tal vez fuera la ruta más agradable, pero como no se trataba de arriesgar dado lo avanzado de la hora, nos inclinamos por la opción del monte de Valdearas. Nos costó un poco no perder el camino en la primera subida, un desnivel de 100 metros. Pero una vez alcanzado, el sendero se fue marcando hasta convertirse en un camino normal. Además, un vecino de Congosto nos dijo: la dirección la señala el lado derecho de la Peña, allí está Villadiego. Y allí llegamos, justo cuando el sol se ponía tras la Peña y sus últimos rayos iluminaban las paredes de la Ulaña. Poco después, estábamos en  Fuenteodra.

Aquí, el trayecto.

Peña del Castillo

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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