Se hace sendero al rodar

He andado muchos caminos,
he abierto muchas veredas;
he navegado en cien mares,
y atracado en cien riberas.
(A .Machado)

 Uno tiene la impresión de que ha recorrido todos los caminos de la provincia y alrededores, lo cual no es cierto, pues siempre se descubre alguno nuevo, no pisado ni rodado, al margen de que los caminos cambian con los tiempos, las estaciones del año, la luz, el clima… y nunca son los mismos; es muy difícil –por no decir imposible- cruzar dos veces el mismo camino.

Además, ya lo dijo el poeta, que no hay camino, que se hace camino al andar.

Todo lo anterior debería bastar para dejarse llevar por esos caminos de Dios, o bien para seguir la estrella –el objetivo- al margen del camino que se tome. Pero no es así, y con frecuencia buscamos caminos, nuevos caminos. Parece como si el ansia de novedades también llegara a estos paisajes milenarios, que no lo necesitan para nada. Pero nosotros vivimos en la ciudad y descansamos en el campo, y la línea separadora es a veces muy sutil.

Sea como fuere, en esta excursión que nos llevó a los Torozos orientales, descubrimos nuevos caminos. Algunos –como la subida a la Sobrepeña– porque los hicimos sin esperar encontrar ni tan siquiera un sendero. Descubrimos restos de explotaciones de yeso, paredes construidas en piedra que sostuvieron antiguos bancales y, ya arriba, las típicas viseras de caliza que vuelan sobre huecos y que tarde o temprano rodaran por la ladera del cerro. Y el paisaje sobre los vallejos del páramo: además de sembrados, algunas corralizas y chozos de tiempos en los que la ganadería era más importante que ahora.

Poco después de bajar de la Sobrepeña, tomamos un sendero inesperado que nos condujo entre encinas por la Sepultura, en el mismo cerral, contemplando el valle mientras rodábamos, para llegar a los corrales de Ramos y ahí sí, ahí tomar un camino bien rodado y bajar cómodamente hasta el arroyo de Valdeazadas.

Volvimos a subir al páramo para contemplar algunos corrales más y tomar el largo camino del corral de Bruno. Acabamos en Cubillas de Santa Marta, donde habíamos empezado subiendo a los Altares para contemplar el pueblo.

Esta fue la vereda  abierta, de 23 km.

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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