Los rasos y “esculturas” del Cerrato y el valle de Tabanera

El Cerrato, esa comarca de cerros, valles y vallejos que se encuentra entre Palencia, Valladolid y Burgos es hermosa como pocas y muy difícil de conocer al detalle. De hecho, conocemos relativamente bien -por haberla rodado- la zona que se extiende por Valladolid e incluso Burgos, pero de la palentina nos queda mucho por explorar.

Esta vez recorrimos tierras próximas a Palenzuela y Quintana del Puente, iniciando la salida en esta última localidad. Tierras que, por cierto, pertenecieron -salvo Quintana- a la provincia de Valladolid hasta el año 1833.

Primeros cerrillos

Un paisaje esculpido

La primera parte discurrió entre lomas, picos, cabezos, mamblas, vallejos, portillos, arroyos, pozos, fuentes… ¡Ufff, no me esperaba algo tan variado!, parecía que rodáramos sobre una superficie modelada por algún escultor, pues a cada vuelta de rueda descubríamos nuevas figuras, o aspectos diferentes de un mismo  cabezo según la inclinación del sol o el punto de vista.

Nos introducimos en tan original paisaje precisamente por el camino de Vega Muerte que nos llevó hasta la boca del valle de Castrillejo, que va ascendiendo de forma pausada y dando amplias curvas hasta llegar al ras del páramo.

Ascendiendo por un amplio valle

Pero antes de coronar pudimos contemplar el peculiar mogote de la Esteba, con sus restos de explotaciones de yeso y sus laderas preparadas para el cultivo gracias a muretes de apoyo. Poco después descubrimos un limpio y remozado refugio de pastor –utilizado hoy por cazadores- y, al poco, la fuente de Caño Duro, seca.

Un poco más adelante, antiguos colmenares pertenecientes a Tabanera, y, cuando estábamos a punto de lllegar a la paramera, dos chopos corpulentos indicaban la presencia de un pozo con su bomba de agua que funcionaba perfectamente. Luego nos acercamos a la fuente de Valdevillí –otro precioso paraje en ladera- que manaba agua en abundancia.

El árbol señala la fuente de Valdevillí

El raso

Una vez en el páramo, nos hicimos unos 12 km por su superficie. Aunque en las zonas más próximas a los cerrales pasamos por suaves hondonadas, la superficie era llana y rasa, sin monte, a lo sumo alguna encina o solitario más los típicos majanos. Aprovechamos el trazado de algunas cañadas –o las cruzamos- en la que todavía quedaban restos de chozos y corralizas. Claramente van a menos, esto es ya el reino del agricultor: no vimos ningún rebaño en toda la excursión y sí máquinas que comenzaban a cosechar.

Paisaje del raso

Pero el campo estaba espléndido, con el cielo como segundo protagonista y la linderas de los caminos todavía esmaltadas de flores. Un placer rodar por allí.

Arroyo Madre

Finalmente, alcanzamos la cabecera del arroyo Madre, que durante unos 12 km baja 170 m de altura hasta desembocar en el Arlanza. Eso significa que no disfrutamos de una bajada rauda y totalmente descansada, pero pudimos avanzar durante unos 10 km dando pedales suavemente, que no está mal.

Inicios del arroyo Madre

Laderas de yeso, trigo –¡tierra excelente!-, y algunas arboledas. También, algunas fuentes. La sorpresa la tuvimos en el despoblado de Olmos de Cerrato, en un recodo del valle protegido de las inclemencias septentrionales. Todavía quedan casas en buen estado, huertas cultivadas y agua, mucha agua del arroyo y fuentes. Un agradable lugar para vivir y –de momento- para descansar un poco del trayecto.

Olmos de Cerrato

Visitamos Tabanera y Villahán, pueblos que pertenecieron al alfoz de Palenzuela (y por tanto a Vallaodlid) y que no están tan perdidos como se esperaba. De hecho, aunque abundan las ruinas, también las casas modernas. Y había gente por las calles.

De regreso

Un último camino nos llevó en directo hasta Quintana, bordeando laderas y a cierta altura: al fondo se podía contemplar Palenzuela, deslizándose por la falda de un cerro pero sin llegar a caer en las aguas del Arlanza. Después, entre la raya del Negredo (vides y bodega, pero también encinas y enebros) sobre una colina y el reencontrado Castrillejo,  cruzamos los ferrocarriles para llegar al mismísimo Puente de Quintana.

Fuente en Tabanera

Al final, la conclusión de tantas excursiones: ¿para qué irse lejos si aquí tienes un paisaje hermoso y desconocido?

Este fue el recorrido,de 48 km.

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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