Decálogo para un (buen) paseo entre pinos y sembrados de puerros y zanahorias

No sé por qué, pero la excursión que hicimos hace unos días por el Carracillo me ha salido en forma de decálogo. Y además, de auténtico decálogo pues, cosa inaudita, el decálogo normal puede contener 8, 9, 11, 12 o cualquier número de consejos, no solamente 10 (!), según el DRAE. ¡Deca ya no es lo que era!

Salimos de Pedrajas de San Esteban y…   esto aconsejo:

1.- Atraviesa cañadas y pinares sin miedo

Y así fuimos, sin miedo, porque aunque había diluviado el día y la noche anteriores, la arena estaba perfectamente practicable; no había tierra y por tanto barro tampoco.  Tomamos el cordel de las Ánimas para luego desviarnos por el camino de los Taberneros y la cañada de la Rodera. Por cierto, junto a ésta pudimos contemplar la fuente –seca- de Santibáñez, en piedra caliza, de estructura cuadrangular y cuyo arca había perdido el techado, si es que lo tuvo. Dejaba ver muy bien los agujeros y ranuras por los que se captaban las aguas del manantial.

 

Justo cuando conectamos con una cañada real de merinas que venía de Íscar, vimos un pino de magnas dimensiones y alrededor otros de buen cuerpo aunque menores. De aquí pasamos al caminos de las cañadas (curioso el nombre) para salir de la provincia de Valladolid y entrar en Segovia.

2.- Acércate al molino de Alvarado.

¡Qué grata sorpresa! Le llaman molino, pero en realidad es, por sus dimensiones y por los deseos de los constructores, una gran fábrica. Al acercarnos, sólo vimos dos cárcavos, uno de los cuales, con su regolfo, estuvo en uso hasta finales del siglo pasado. Cuenta con una gran balsa y el conjunto se completa con la chopera cercana.

3.- Visita la Visitación.

A mitad de la carretera que une caz del molino con Fresneda, se levanta la ermita de nuestra señora de la Visitación. Es relativamente moderna y a través de una rejilla en la puerta, se puede ver la imagen. Pero mejor el exterior: se encuentra en un alto y es una excelente atalaya para contemplar esta parte del campo de Cuéllar. Rodeada de tierras de labor en un primer círculo, y de pinares en un segundo, parece estar en el centro de la comarca.

4.- Y demora en la laguna Mora.

Hay muchas lagunas en estas tierras de pinares; algo tendrán que ver con el acuífero de los Arenales. Unas son claramente naturales, otras, por el contrario, parecen balsas de agua para ser utilizada en el regadío, muy abundante debido a la agricultura hortícola. Porque es una comarca de regadío en la que hemos visto muchos puerros, abundante zanahoria, patata, remolacha de mesa, lechuga, fresas, esparragueras,  hasta un melonar.

El caso es que la laguna Mora se encuentra en la misma cañada de las Toperillas, que tomamos para salir de Fresneda. Aquí no todo son pinos.  Si en la fuente de Santibáñez sólo quedaba un chopo, en el humedal  quedan muchos, además de abundante carrizo y junco. Y en medio, acompañada de otras lagunas menores, la Mora. Con facilidad levantarás alguna garza o algún pato.

5.- Mírala y la admirarás.

En otro alto, no lejos del camino y en medio de los campos, verás otra ermita solitaria que te atrae de una manera un tanto misteriosa. En cuanto te acerques sabrás por qué, pero sin llegar a comprender todo el misterio. Resulta que lo mejor de la ermita de San Marcos son sus portadas y sus huecos de ventanas, de ladrillo mudéjar desgastado por los siglos. Si quieres entrar por una de las portadas, has de agacharte, como si por un momento pertenecieras a una raza de gigantes que ha sucedido a otra de enanitos. En realidad es la antigua iglesia del despoblado de Marieles y –al menos las portadas- data de los siglos XII-XIII. Una joya, vamos.

6.- Déjate engañar por la vieja olma del Campo.

Poco después llegamos a Campo de Cuéllar. Buscando las lagunas –unas estaban secas, otras con algo de agua y escombros- nos dimos de bruces con la vieja olma que, en un primer momento nos engañó, la muy cuca. ¿Pues no ha reverdecido ese enorme tronco que tiene una copa de regular tamaño? Pues no, si te acercas a la hoja verás que se trata de un olmo siberiano que han plantado dentro del tronco hueco de la vieja olma. Y da el pego. No está mal, así la recordarán mejor. Pero no es lo mismo.

7.- Repón fuerzas en Chatún y Gomezserracín.

Son pueblos  relativamente grandes, con bar e incluso restaurante, el segundo. El primero tiene dos buenos parquecitos con mesas, fuentes y césped para abrir la fiambrera o engullir el bocata. Está todo limpio, con casas nuevas o remozadas. Se ve que la agricultura aquí da de comer a bastante gente. No parece esto una comarca vaciada.

8.- Descansa junto a las lagunas del Arroyo.

Pues estas lagunas, por nombre Palomera, Adobera y Lagartera, sí estaban vivas, limpias y agradables. Muy grandes, y llenas de patos, a cientos. Cerca de ellas un crucero y dos bancos de piedras, adecuados para descansar, que ya van pesando los kilómetros. Están rodeadas de maleza –también cercadas- lo que facilita la vida de la fauna- y arbolado.

9.- ¡Cuidado con los buitres!

Nos dieron una sorpresa en el pinar de arena de los Juncales, cerca de Chañe. Una buena bandada que no quería levantar el vuelo a nuestro paso. ¿Estarían ahítos de comida, sin poder elevarse? Seguramente no, seguramente estaban hambrientos junto a una granja de cerdos en la que de vez en cuando, les echarían algún cadáver… O vete a saber. El  caso es que nos llevamos alguna buena pluma de estas aves tan pesadas. Pero lo que realmente pesaba eran nuestras bicis sobre los arenales.

Y 10.- Llora, con el Pirón, donde estuvo la puente Vieja.

De Chañe llegamos a Remondo: por cierto, en ambas localidades tienen buenas espadañas con sus correspondientes campanas. De esta última salimos por el camino de la puente Vieja y nos encontramos en el río con un puente moderno de hormigón (construido con ayuda de la UE, eso sí). El pobre Pirón, con la superficie repleta de lentejas de agua, ofrecía un caudal equiparable al de una lágrima humana. ¡Qué triste! No merece la pena más comentarios.

Ya por pinares desde la puente, conectamos con la cañada real de merinas, en el término de Íscar, para seguir por el camino de la Picona, el cordel de las Tobas, y entrar en Pedrajas desde el cordel de las Ánimas. Aquí va el recorrido, según Durius Aquae.

Muy  lejos, de lo profundo del monte pinariego, salía un ritmillo de jota…

Ay, Chatún, Chatún, Gomezserracín,
el Campo, el Arroyo, y a Chañe a vivir
y a Chañe a vivir, y a Chañe a vivir
ay, Chatún, Chatún, Gomezserracín

 

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s