Cañada de Montemayor, rumbo a Palenzuela

Hoy, los caminos y cañadas de los mapas, están muertos. Ya nadie pasa por ellos ni se escuchan los ejes desengrasados de los arrieros. Pero hubo un tiempo en que existían porque se usaban, porque era necesario ir de aquí para allá y luego regresar.

Hay una cañada señalada en el mapa geográfico correspondiente que va de Palenzuela a Montemayor. Y…  ¿qué mejor excursión que recorrerla? Está en el Cerrato palentino, si bien antaño fue vallisoletano, qué más da; los cerros y ríos, el paisaje, no entiende de derecho administrativo (a Dios gracias).

Palenzuela es una villa repleta de historia que se está arruinando desde antes de 1933 en que Unamuno escribiera:

Palenzuela trepa un teso escueto desde las riberas del Arlanza, vestidas de sobrio verdor. Se une el Arlanza con el Arlanzón, que baja de Burgos; luego, aunados en Magaz, con el Pisuerga; luego, en Dueñas, con el Carrión, que baja de Palencia; luego, cerca de Valladolid, con el Duero, y luego… la mar. A la mar a que van los ríos susurrando romances del Cid, coplas de Jorge Manrique, endechas de comuneros. Y en tanto Palenzuela sigue arruinándose. Sólo mil almas —las que lo sean— le quedan de las ocho o diez mil que la leyenda lugareña dice que tuvo.

Puente de Palenzuela

Fue cabeza de alfoz y luego capital de la merindad del Cerrato, tuvo posesiones lejos de su municipio; precisamente ésta de Montemayor fue una de ellas, un enclave situado entre Torresandino y Antigüedad. En Montemayor está, por ejemplo, la misteriosa Magialengua, por la que hemos atravesado hace años.

Partimos desde Antigüedad, donde a la salida vemos el primero  –el de Goyita- de los muchos chozos de pastor que nos encontraremos en esta excursión. Al poco, hemos subido al páramo u nos plantamos en el extremo norte  de Montemayor para tomar nuestra cañada, entre sembrados de cereal y girasol. Pocos –y tímidos- árboles quedan por aquí. El campo está exhausto, amarillo, seco y caliente, pues este trayecto lo hicimos un caluroso día del mes de julio. Enseguida pasamos por el Chozo, que marca 932 m de altitud y, poco después,  los corrales del monte de Cobos.

Valdefuentes (de Palenzuela)

En los corrales de Lanchares, la cañada desaparece, y deambulamos a campo traviesa entre rastrojos y montes hasta que la retomamos de nuevo, en la depresión donde se inicia el arroyo de Valdefuentes. Buscamos las fuentes de los Perros y del Acedal, que se encuentran casi perdidas entre la maleza. Después de tanta llanura, aquí, en el vallejo, nos topamos con la verticalidad de algún chopo que ha nacido al arrullo de las fuentes. Las laderas, entre yeso y caliza, nos acercan a la vega del Arlanza. Aparecen huertas y algunas edificaciones y nos plantamos en la ribera, junto al largo puente, frente a Palenzuela. Duro y hermoso trayecto que al fin nos ha traído a un lugar habitado.

Palenzuela trepa un teso escueto y nosotros, algo cansados, tras pasar por la puerta de la Paz, trepamos con ella hasta un mirador que nos descansa la vista y el asendereado cuerpo.

Al fondo, ruinas de Santa Ana
Al fondo, ruinas de Santa Ana

Baño reconfortante en las frescas aguas del Arlanza y vuelta.

De nuevo corrales –de Quintanilla, en este caso- y cañadas. Y también cerros, colinas, vallejos. Es el Cerrato. Cruzamos Villahán y luego Tabanera, por los que hemos pasado no hace mucho. Atravesamos una lengua de páramo para caer en el valle del arroyo del Castillo. Esta zona, repleta de matas de roble y encina es la más verde de todo el trayecto. Pasamos junto a la torre en ruinas de Santa Ana, vestigio de lo que fue un pueblo con el mismo nombre. De nuevo corrales y chozos, y el roble de la Rosca.

Vallejos en el término de Valdecañas

De nuevo el raso del páramo, calor sofocante y color amarillo. Paramos en los corrales y chozo de los Sieteconcejos. Ya sólo queda dejarse caer por el verde valle de Valdefuentes, repleto de fuentes y manantiales. La verdad es que para nosotros es como un milagro, después de tanta sequedad y calor. Al final, Antigüedad nos recoge entre sus piedras milenarias.

Aquí, el trayecto.

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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