Por los montes de Torozos en Cigales y Mucientes

Último día otoñal, antes de la llegada del frente que nos ha traído frío y lluvias. Corto  paseo (34 km) por los montes Torozos entre Mucientes y Cigales. Especialmente grato por la buena temperatura, la luz y colores del otoño y la soledad. Ni labradores, ni pastores, ni ciclistas encontramos en este trayecto.

En Mucientes salimos por el barrio de bodegas para tomar la cañada de Valoria del Alcor. Enseguida pasamos por la fuente Mala, donde nace –o nacía- el arroyo de San Antón. Al lado hay un pequeño pico con un banco en el que alguna vez nos hemos sentado para contemplar el paisaje con Mucientes como centro.

Sembrado junto a los robles de la cañada (o al revés)

Seguimos entre viñedos y sembrados parando un momento en un sencillo guardaviñas restaurado. Por cierto, los bacillares conservan todavía abundantes racimos, de uva bien dulce, que no dejamos de probar.

Ascendemos suavemente por un vallejo abierto que la cañada aprovecha, si bien los robles y encinas se han aprovechado, a su vez, de la vía pecuaria para sobrevivir. El vallejo se abre en dos: la cañada sigue el más directo hacia el monte y nosotros tomamos un camino hacia el oeste por el que seguimos disfrutando de la orla de robles que mantienen las laderas… Pasamos junto a un viejo pozo que aún tiene agua y, poco antes de llegar al ras del páramo, vemos, ¡oh sorpresa!, un chozo de pastor.

El chozo

Pero es un chozo distinto a los demás. Tanto, que en toda la provincia no habíamos visto uno igual. Lo primero que nos llamó la atención fue la pared o fachada que enmarca la puerta de entrada, que ya delataba un chozo diferente, ni circular ni en falsa cúpula. Pero recordaba el grupo de chozos de la cañada real burgalesa en el Raso, entre Cubillas de Cerrato y Piña de Esgueva, si bien estos son de planta cuadrada o muy próxima, mientras que ésta forma una planta con los dos lados laterales mucho más largos que los de la portada y cierre. Y ello se debe a que en realidad el chozo es una construcción en bóveda de medio cañón, que parte del mismo suelo al menos en su parte de cierre y de un muro bajo en el lado de la portada (o eso me pareció). La parte final se ha derrumbado y la piedra puente que hace de dintel está a punto de ceder, pues se encuentra partida. Está parcialmente recubierto de tierra si bien cuando estuvo en uso debió de estarlo completamente.

Robles en los límites de los sembrados

Así es el chozo. Exteriormente se ve acompañado de un roble joven cuyas hojas se han vuelto doradas por la estación.

Continuamos por la ligera vaguada en la que se ha convertido el vallejo hasta que, finalmente, desaparece en el monte que aquí conserva abundantes robles con praderías sin maleza. Pero después de pasar por el caserío de la Cuesta, se torna en matas de roble muy cerradas, con abundantes arbustos.

Ya en el monte

Rozamos el monte de Villalba y el de Ampudia, y avistamos el Esquileo de Arriba. Pero acabamos en una zona cercana al caserío de la Barranca, ya en el término de Cigales, para reponer fuerzas gracias a unas latillas y a un excelente pan de Mucientes. Mientras, los robles exhiben sus gallaras y el sol acelera su caída para recordarnos que estamos en otoño.

Camino de la Barranca

Ya sólo nos queda dejarnos caer hacia Cigales. Pasamos por los pozos y manantiales del Tornillo, decimos adiós a los últimos y grandes robles y por el valle del arroyo Valcaliente llegamos a esa localidad. Se impone un parón en la iglesia, que se encuentra abierta.

Campos florecidos en otoño

Rodamos entre el teso Blanco y la carretera de Mucientes hasta que la cruzamos para subir por Piezabuena y contemplar vides casi centenarias hasta que, en lo más alto del cerrillo, nos pilla la puesta del sol, que recorta la silueta de un guardaviñas y algunos almendros que, a su manera, guardan el camino. Somos unos afortunados.

En Mucientes ya se ha puesto el sol, por lo que ahora sólo nos ofrece la silueta de las zarceras y de la iglesia sobre un fondo azul oscuro.

En Piezabuena

¡Grato paseo de una tarde de otoño! Aquí, la ruta seguida.

 

***

El término municipal de Mucientes cuenta con al menos cuatro cabañas de pastor que son únicas, verdaderas joyas pastoriles y etnográficas. Una de ellas, el chozo de Gaspar, es subterráneo, y cuenta con diversas dependencias. Otro chozo que está en el monte es cuadrangular –como el que hemos visto hoy- pero más pequeño y con cubierta a dos aguas, ya muy  derruido. El chozo de la Laguna es el más alto, elegante y robusto de todos, en piedra que pretender ser de cantería y con forma de cilindro; se sitúa al sur del monte,  ya en tierra de labor.

 

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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