Tierra de campos, lagunas y pozos

Una región peculiar, típicamente castellana, que monta también sobre el antiguo reino de León, es Tierra de Campos. Históricamente conecta con los Campi Gothorum de la edad media y poéticamente con la Generación del 98. Así, Unamuno:

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

En la práctica son inmensos campos de tierra y barro que se extienden por unos 3.400 kilómetros cuadrados de Palencia, Valladolid, León y Zamora. La infinitud del cielo sólo tiene reflejo en esta comarca, además de en los océanos y mares. Las gentes –que ahora van a menos de manera irremisible, a pesar de que fue madre de corazones y de brazos– son austeras y duras, acostumbradas a que el cielo les conceda –o niegue- el pan de cada día, porque no en vano esta Tierra fue el granero de España…

Fue un palomar

La excursión de hoy rueda por esta Tierra, entre las provincias de Valladolid y Zamora. Aquí no hubo –no hay- ríos, ni fuentes, ni arroyos reidores, salvo  que se quiera llamar río a una zanja sin corriente asfixiada por el carrizo. Por eso los pueblos se establecieron junto a charcos o lagunas y, no lejos de ellas, se horadaron pozos en busca de agua más sana. En la lagunas abrevaba el ganado, canturreaban las lavanderas y de sus orillas se extraía el barro para la construcción. Y gracias a los pozos públicos –también los había privados-, la gente bebía agua sin enfermar. Y gracias a estas aguas, los pueblos sobrevivieron. Y precisamente ahora, que hay agua corriente y otros progresos, la gente huye de estos Campos.

En Cotanes del Monte –de donde salimos- no faltan ni las lagunas ni los pozos. En la plaza se exhibe uno, con el brocal tapado pero bien marcado por las sogas seculares de los esforzados vecinos… También pudimos acercarnos a palomares, casas y corrales que se van disolviendo en la tierra, arrastarando tras de sí los colores del noble antaño.

Dejamos Cotanes por la cañada de La Coruña que aprovecha la raya de Valladolid y Zamora para acercarnos al Valle, u hondón de terreno que pretender romper el equilibrio de estos campos. Un mísero arroyo mantiene algunas charcas en las que no falta carrizo. Alguna encina perdida, un nogal en el horizonte, cuatro álamos entecos; suficiente para mostrar la exuberancia de esta tierra.

Sin límites ni fronteras

 

Y entramos en Quintanilla del Monte, pequeño pueblo bajo la influencia de Villalpando. Una laguna estrecha y alargada y otra de proporciones regulares humedecen sus cercanías. La iglesia se está cayendo (hay otra nueva, de ladrillo, al lado) pero posee aun dos encantadores arcos y un viejo cementerio en su costado.

Pasamos el Ahogaborricos y entramos en Villamayor. Pueblo vivo, tiene de todo: carnicería, farmacia, cafetería, panadería, tienda… hasta dos iglesias. Pero nos dirigimos al barrio de bodegas, al otro lado del río Valderaduey, que tiene agua y un poco de hielo, a pesar de que el día no es especialmente frío. Pero lleva helando muchas noches.

Barrio de las bodegas

Este es un barrio curioso. Porque tiene muchas bodegas y muy bien conservadas. Y porque cuenta con iglesia, dedicada a la Virgen de Socastro. También, próxima, una laguna barrera con pozo y abrevadero.

También nos invita, y nos acercamos, lo que podríamos llamar el barrio de los palomares, al este. ¡Algunos están en uso, y muy remozados! Otros hace tiempo que se confundieron con la tierra. Otro fue molino de viento. De camino, hemos saludado a un burro negro y a un caballo blanco.

«Fuente» de la Reguera

Un camino más bien estrecho (se agradecen este tipo de caminos en esta Tierra en la que es tan fácil abrir pistas anchas y feas) nos conduce hasta Santa Eufemia del Arroyo. Descansamos en su alameda y seguimos hasta Cabreros del Monte, donde visitamos las lagunas Grande y Chica, y el llamativo pórtico de su iglesia, que recorre los pies y ambos lados.

Cercado en Cabreros

No resistimos la tentación y nos acercamos –aunque ya la conocíamos- a la preciosa fuente de la Reguera, que en realidad es un pozo -¿llegaría el agua hasta el nivel del suelo?- bien protegido por una bóveda pétrea de medio punto. Para llegar a ella hemos atravesado por una calle entre tapiales de barro que protegían heredades con huertas o viñedo, almendros y nogales.

Laguna en Pozuelo

Al fondo, destaca la línea del páramo de los Torozos y el cerro de Santa Cristina, cercano a Tordehumos.  Entre lomas y regueras llegamos a Pozuelo de la Orden, que se encuentra rodeado de pozos de excelente factura –alguno desapareciendo- y lagunas. Un paseo por sus orillas reconforta, a pesar de todo. ¡Tanta desolación!

Palomar en su isla

El último trayecto a Cotanes lo hacemos por la carretera, con un desvío al barrio de las bodegas –en franco retroceso hacia la tierra- que un día criaron el clarete de estas tierras, que también dieron vino y bien bueno. Nos llamó la atención la construcción de algunas bóvedas, con adobe especialmente macizo, de aspecto casi ladrillar. Es lo que queda: todavía recuerdo cómo hace 25 años nos refugiamos en la entrada o pórtico de una de ellas para tomarnos el bocata contemplando el aguacero… Pero el tiempo pasa y, al final, todos nos vamos. ¡Si al menos vinieran otros brazos y nuevos corazones!

Aquí, el recorrido.

Fue molino de viento

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

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