Cañada de Peroleja

Como un recuerdo de otros tiempos –en los que se trashumaba– están las cañadas reales. Bueno, están algunas, no todas. Por aquí, las más conocidas son la Leonesa, la Soriana, la Segoviana… están ahí, algo queda. Pero otras muchas han desaparecido. Por ejemplo, la cañada de Peroleja, por la que –según nos contaron testigos presenciales de Cogeces del Monte- cruzaron, hasta los años sesenta del siglo pasado, ganados merinos de las sierras burgalesas y sorianas…

En la granja San Mamés

Los merinos que entraban en nuestra provincia por Castrillo de Duero, llegaban a Peñafiel y tenían dos alternativas: ir hacia Cuéllar por la cañada de la Yunta, o bien ir hacia Tudela de Duero o Alcazarén. Para estos dos destinos, tomaban la cañada que bordeaba el pinar de San Pablo que pasaba entre Padilla y Pintia. Al llegar a un kilómetro de Quintanilla de Arriba los de Tudela seguían un trazado que coincidía con la carreta de Soria –y que se llamaba cañada de Barcelona– y los de Alcazarén subían al páramo.

Una cañada burgalesa

POr aquí pasa la cañada

Vamos a seguir esta última cañada, la que sube al páramo. Desde el punto de vista jurídico, más que cañada fue cordel, por su menor anchura. En otra entrada hemos descrito la subida de esta vía pecuaria al páramo, su continuación por la cima de algunas lomas y su entrada definitiva en la llanura de la paramera. En buena parte, este primer trozo se ha conservado. ¿Por qué? Pues porque discurría justo por zonas incultas por demasiado empinadas, cubiertas de yeso y piedras. Eso era lo que buscaba –no molestar a los agricultores- y por eso se la ha respetado. Si no hubiera cañada, tampoco a ningún agricultor le hubiesen interesado esas pobres tierras.

Empieza a faldeando el Hornillo, que es un cabezo; por un estrecho barco sube a la Talda, que es un paramillo hoy cultivado; sigue por la cima de una colina inculta a causa de la abundancia de yeso; baja ligeramente al barco de las Monjas y llega al ras del páramo. En esta zona se la conocía como cañada merinera, sin más.

El corral de la encina

Y aquí la tomamos nosotros, que hemos venido por la carretera de Cogeces y hemos aprovechado para pasar por la Granja de San Mamés, habitada hasta el siglo pasado, y por lo que hemos llamado el corral de la encina, en la ladera de este páramo. Incluso hemos subido al encuentro de la Peroleja por el antiguo trazado de la cañada del Monte, un auténtico tobogán. Pasamos también por la fuente del Pozuelo, que en realidad es un pozo hasta hace unos cuantos años de agua excelente; la bomba hoy ya está desguazada.

Entre la Cruces y el Carrascal

En el páramo

Tomamos la cañada un kilómetro al oeste del barco de las Monjas. Es, en realidad, una pista recientemente ensanchada. Es lo que queda de la cañada. Enseguida, a la altura de un pinarillo, se desvía ligeramente a la derecha –aún se mantiene un perdido, que fue de la cañada- y, sin avisar… ¡se esfuma!  Vemos como pequeños trozos de perdido con piedra abundante salteados entre el sembrado. Fueron parte integrante de la cañada. Los seguimos saltando de uno en otro hasta que aparece un camino practicable por donde fue la cañada. Según el mapa antiguo, no hay duda: vamos sobre la vieja cañada. Es lo que pasa: cuando la tierra es buena para el cereal, la vía pecuaria tiende a borrarse.

Corral que nos recibe en el pinar

Dejando a la derecha la Nava, llegamos a las Cruces y sus corrales, lugar en el que la cañada tiende otra vez a estabilizarse, o sea, que al menos se convierte en un camino transitable no invadido por sembrados. Las dos cruces recuerdan un horrible crimen del que Duriusaquae nos da noticia al hablar del Valimón.

¡Incluso 600 metros antes de llegar al monte del Carrascal la cañada reaparece y se convierte nada menos que un cordel de unos 35 metros de anchura con abundantes pinos! Al oeste vemos la ermita Cristo del Cabañón y al llegar al pinar nos recibe un buen corral, como si entráramos en tierras pastoriles.

Valimón

Ahora la cañada se mete por el pinar manteniendo la misma dirección. La seguimos por un camino que bordea algunas islas de cultivos hasta que llegamos a un arruinado chozo de pastor con sus corrales, que marca el giro de la cañada en dirección suroeste.

Ocultamiento de la cañada y aparición de Peroleja

Hasta aquí hemos llegado y aquí nos perdemos.  La cañada no es visible, o sea, no se distingue del pinar que cruza. Como iba en bici, y no caminando, fue imposible seguirla. Esto me ha llevado a dos conclusiones: primera, que tal vez el pinar es relativamente reciente, y no sólo porque la cañada no se distingue, también porque abundan los corrales en los que posteriormente han nacido pinos de todos los tamaños. No obstante, cuando las cañadas cruzaban montes, como es el caso, los merinos podían abrirse en abanico invadiendo zonas que estrictamente no eran vías pecuarias. Segunda, que la cañada que seguimos es muy antigua, tanto que aquí se ha perdido todo el rastro.

Ladera por la que bajaba la cañada a los valles de Valimón-Valdecas

Sea como fuere, el caso es que hemos seguido rodando por caminos, atravesando este extenso pinar que comparten las dos Quintanillas y Cogeces. Y aquí, en este último término es donde toma el nombre de Peroleja. Tal vez porque pasa por la fuente de ese nombre, como luego veremos.

De arroyo en arroyo

Fuente de Peroleja

La cañada sigue por el pinar que en otro tiempo perteneciera a la Marquesa, siguiendo a una distancia de unos 500 m el valle del arroyo Valimón hasta que baja a él de manera directa justo cuando se junta con el arroyo Valdecascón. Sigue por este arroyo casi un kilómetro y cruza el puertecilo que le separa del arroyo de Cogeces. Aquí la cañada no se distingue pero sí se la vuelve a ver en el trayecto desde el arroyo hasta la fuente de Peroleja, hermosa fuente siempre fluyente con un gran abrevadero en forma de T invertida. Subimos todavía al páramo, donde la cañada desaparece para reaparecer en la fuente de Baitardero –destrozada y seca- y bajar al valle del Valcorba.

Trazado que hemos intentado seguir

Hasta aquí el trayecto. Volvemos a Cogeces por el derecho camino del Monte donde acabamos nuestra excursión de hoy. Nuestra cañada merinera seguirá por la Fraila (Montemayor), San Miguel del Arroyo, Cogeces de Íscar, Megeces, Alcazarén y La Mejorada. Desde aquí se unía a las cañadas leonesas o bien podía seguirse hasta Medina del Campo, para continuar a Extremadura.

Aquí el trayecto seguido esta vez.

Autor: piscatorem

Los autores de este blog somos Federico Sanz (textos, fotos) y Óscar Domínguez (mapas, documentación). Tenemos escritos 7 libros de viajes y rutas, y un montón de artículos en diferentes revistas. Además, seguimos saliendo en bici todas las semanas. Si quieres, estas invitad@.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: