Archive for the ‘Duero’ Category

La Peña, ahora

7 agosto, 2020

Así se encontraba, hace dos días, la pesquera de las aceñas de la Peña, de Tordesillas. El agua de la represa o balsa estaba muy por debajo del nivel habitual y sólo había corriente, con poca agua, en un chorrón cercano a la orilla derecha. El canal de las aceñas estaba seco, como pocas veces lo he visto. Bueno, realmente es la primera vez que lo veo totalmente seco, por lo que pude sacar la fotografía de abajo, frente a las proas aceñeras..

No sé por qué lleva el Duero este nivel tan bajo, pues los embalses de la cuenca se encuentran por encima de lo normal. Tal vez se deba también a que el dique ha podido romperse en algún punto… Es una pena que en verano siempre estemos a vueltas con nuestros ríos.

 

Entre Haza y la Manvirgo

12 julio, 2020

Sí, ¡cuánto han cambiado las cosas! Pero cuando cabalgas –o ruedas- por los campos del Duero –como es el caso de hoy- ves que los cambios han sido mucho más potentes en los últimos 30 años que en los últimos 10 siglos.

En el paseo que hemos dado esta vez, a pesar de estar ya en plena canícula, los campos estaban todavía verdes. Y lo estarán todo el verano debido a que el verdor procedía de los continuos viñedos por los que hemos cruzado. Además, de tanto en tanto, contemplábamos el perfil de un palacete –una bodega industrial, en realidad- con su césped, su jardín y su arbolado (no sé cuál es la razón pero los estilizados cipreses, que suavizan el paisaje frente a la dura encina, se han puesto de moda). O sea, que podíamos estar en Aquitania, en la Provenza o incluso en Lombardía. Pero no, estábamos ¡en la dura y austera Castilla!

Desde Haza

¿Qué dirían los condes repobladores si lo vieran?  Aquellos caballeros vieron un país desértico y sometido a las razias musulmanas; a principios del siglo X construyeron torres y fortalezas defensivas que no gozaron de estabilidad hasta que Almanzor fue definitivamente muerto y vencido. En ese momento se erigen Haza y Roa como localidades jurisdiccionales, cabeceras de las Comundades de Villa y Tierra respectivas. Tal vez por eso se sitúan en puntos estratégicos desde los que dominar el territorio próximo. O sea, ayer polvo, desolación y lucha, hoy verdor, riqueza y tierra productiva. Por lo menos en eso hemos ganado.

DEspertar en el valle

Merece la pena la subida a Haza por el camino –empinado y corto- de la ermita de Santa Juana, con la imagen del derrumbadero de enormes piedras calizas desde el cantil de la Villa. Merece la pena el paseo por esta histórica ciudad de piedra. Merece la pena asomarse a los valles del Duero y del Riaza desde cualquiera de sus cantos. Este paseo te reconforta y te mete tu alma en el paisaje.

Otra etapa de la excursión fue el paso por el monte Pinadillo, de encinas y pinos en el que se puede apreciar su peculiar aprovechamiento: largas y estrechas bandas de tierras de cultivo dentro del monte, dedicadas a viñedo o cereal. Todo perfectamente limpio y cuidado.

Puente Viejo, en el Riaza

También destacaremos las riberas del Duero y del Riaza, convertidas en campos de regadío –otro vergel- gracias a las presas y canales de estos ríos. Por cierto, nos dimos de bruces con el Puente Viejo, sobre el Riaza entre Roa y Berlangas, por el que todavía se puede cruzar, y buscamos –y encontramos- el puente del ferrocarril de Atiza sobre el mismo río: los raíles han desaparecido bajo la maleza, el río será engullido por los árboles en unos cuantos años más. Es la historia antigua que se oculta bajo la moderna Ribera del Duero. Y, con cierta dificultad, nos acercamos al punto donde el Riaza entrega sus aguas al Duero.

Ferrocarril de Ariza

Pero no todo acaba aquí: en Berlangas de Roa descubrimos que cayó un enorme meteorito allá por el año 1811. Gracias a que el ejército de Napoleón andaba saqueando por allí está datado este hecho, que si fuera por nosotros, ni lo hubiéramos advertido. Claro que el trozo más grande de esta piedra se encuentra en Francia, y ninguno en España. Normal. También vimos la fuente de los Caños, en un precioso paraje.

En Hoyales de Roa nos llamó la atención su genuino barrio de bodegas, perfectamente ordenadas alrededor de los restos de la Torre. Y desde el espolón de Roa pudimos contemplar una vez más, el valle del Duero.

El Riaza se une al Duero

Pero nuestra excursión nos llevó hasta más allá de Roa, hasta la Manvirgo, en concreto. Es un cerro que se ve desde cualquier punto del valle, la habíamos contemplado en muchas de nuestras excursiones, pero hacía bastantes años que no la escalábamos. Llama la atención por muchos motivos, entre otros por haber quedado, incólume, en medio del valle del Duero, sobresaliendo en la enorme hoya de Aranda-Roa. O sea, que es un misterio el por qué ha quedado ahí, por qué los elementos no han sido capaces de romper su capa protectora de caliza. Típico cerro testigo, ideal para conocer la historia geológica del valle y de la meseta.

Desde la Manvirgo

Es, también, un mirador privilegiado para observar los pueblos de alrededor y sus viñedos y bodegas; los antiguos páramos a los que estuvo unida; Somosierra y la Demanda con sus estribaciones. Los historiadores dicen que no han encontrado (todavía) restos arqueológicos de importancia, salvo de una torre en la zona norte, que tampoco se ha datado. Pero seguramente fue un punto de vigilancia durante la primera parte de la Reconquista. Sea como fuere, los restos de cerámica ordinaria son muy abundantes en su superficie; sin duda hubo un poblado o una fortaleza en época romano-vaccea dependiente de Rauda (Roa).

Otro punto de vista

Ante lo curioso de su nombre se le han adjudicado un montón de leyendas, la mayoría peregrinas, como la del templo pagano atendido por vestales o un monasterio cristiano de mojas, vírgenes en cualquier caso. Pero lo más cierto –que al menos coincide con la abundancia de restos cerámicos- es que man haga referencia a monte y virgo provenga de villicus, que significa villar, pueblecito. O eso dicen expertos en latín medieval.

Entrando en el monte

Y volvimos a Fuentecén por el monte de la Virgen de la Vega, agradable encinar cuya elevación hizo frente a las embestidas del Duero y del Riaza desviando su curso hacia Roa.

Una excursión llena de vistas, vida, viñedos e historia. Así es -hoy- nuestra Ribera. ¡Que se mantenga por muchos años produciendo buen vino! Aquí, el trayecto.

El cocodrilo de Simancas

12 junio, 2020

 

Después de seis días de búsqueda sin captura, del cocodrilo ni rastro. Parece que encontraron sus huellas (o muy parecidas), le dejaron comida con trampas, sembraron el río de cámaras, navegaron rastreadores, peinaron el río, volaron drones… y nada, que no se le vio el pelo (o la piel). Todo lo más, avistaron bichos compatibles con la morfología de un cocodrilo. Así que a lo mejor no era un cocodrilo. O sí. Pero no merece la pena todo un dispositivo de búsqueda para esto, de manera que ha parecido mejor suspenderla.

Al menos nos queda que el Pisuerga por Simancas es un río precioso, repleto de arbolado y vegetación variada. Pero precisamente eso ha hecho difícil un encuentro con el reptil. Desde la ribera, desde la tierra, es imposible descubrir o saber lo que acontece en las orillas, dada la cantidad de zarzas, arbustos, espadañas y carrizo que crecen como si estuviéramos en el mismísimo Amazonas. El Pisuerga por aquí no tiene playa y se cuentan casi con los dedos de una mano los lugares por los que se accede al río con cierta facilidad. Eso ha puesto las cosas a favor del animal.

Desde el agua, con una barca, es algo más fácil conocer los acontecimientos que oculta el carrizo, pero aquí también el medio juega a favor de un cocodrilo. Además, si se diera cuenta de que lo están buscando, con sumergirse donde hay maleza tendría muy fácil dar una higa a sus perseguidores.

Todo esto sin contar que hay zonas y recodos del río donde se acumulan el carrizo y los troncos arrastrados por las crecidas a los que no se puede llegar prácticamente de ninguna manera, a no ser que te la juegues. O también podría ocultarse bajo la abundante pecina del río. En fin, por esta vez, parece que las estrellas se han aliado con el lagarto, lo que ha hecho la búsqueda más emocionante. Tan empocionante que no lo han encontrado. Todo esto en el caso, claro, de que realmente hubiera un bicho de ese tipo, pues todavía quedan en el Pisuerga enormes carpas que, cuando las temperatura de las aguas sube, cortan la superficie con su gran chepa emergida y, por tanto, visible. Y grandes machos de nutrias cuyo nadar pudiera recordar al de un reptil.

De todas formas, hay algunos accesos y merece la pena acercarse a ellos, tal vez mejor en épocas en que el (supuesto) cocodrilo esté dormido, bien porque ha bajado la temperatura del agua o bien porque nos hayamos olvidado de él. Estos accesos suelen coincidir con restos o vestigios de construcciones humanas, como las aceñas de Gallo, las de Mazariegos o las fuentes de la Tina o de Mosquila

Por cierto, siempre me llamó la atención la cantidad de restos de cerámica antigua que ha arrastrado por aquí el río y que te encontrarás entre los cantos rodados del lecho si te pegas un baño. Aunque ahora, antes de meterse en el río hay que pensárselo dos veces: ¿y si está?

Los pucelanos somos muy poco dados a misterios y leyendas, pero me da que acabamos de ser testigos del nacimiento de una.

¿Reaparecerá?

De momento, Cocodrilo 1, Simancas 0.

Los Infiernicos, entre Duero y Guareña

10 junio, 2020

El río Duero no se atreve a cortar la dehesa de Cubillas y tuerce su dirección hacia el suroeste, poniendo rumbo a Castronuño. Sin embargo, aquí da un giro de noventa grados hacia el noroeste. Y es que no ha podido con un macizo que se levanta 150 metros por encima de su superficie. No es mucho, pero sí lo suficiente para hacerle cambiar otra vez de rumbo en su discurrir hacia poniente.

Pues bien, por aquí, por estos montes que separan Duero y Guareña hemos dado el paseo de hoy. Primero hemos rodado por el mismo cauce –seco- del arroyo del Caño. ¿En qué momento pasó de arroyo a torrentera? No lo sé, pero tal vez en la misma época en que desaparecieron las aguas del Trabancos. No hay agua, pero sí verdor, pues forma un auténtico bosque de galería lleno de vida animal y vegetal. Pasamos bajo el puente del AVE, que parece volar, tan alto está, y luego bajo el puente de los Tres Ojos, de factura casi artesanal, sobre el que ya no pasa la carretera ni tampoco, claro, salva la corriente del arrollo. Son los tiempos. Tenemos AVE pero nos hemos dejado la naturaleza viva; es lo que queremos y así nos va.

No resistimos la tentación y subimos a las Zorreras, que ofrecen una buena vista sobre Castronuño y, como fondo, la dehesa de Cubillas y, más allá, las faldas y últimos cerros de Torozos. Después bordeamos la dehesa de Carmona, donde pasta ganado vacuno.

Cruzamos barcos, colinas y vaguadas hasta asomarnos a la Guareña. El campo está entre verde y dorado, y salpicado de todo tipo de colores azules, rojos, blancos y amarillos. Estamos entre la primavera y el verano, si bien el calor se agradece un día como hoy. La Guareña, sin embargo, nos parece más dorada que verde, como si aquí hubiera llegado antes el estío y los campos ya estuvieran preparados para la siega. Aunque lejanos, distinguimos los característicos tesos de la comarca con sus nombres peculiares. Y el río, con sus praderas y arbolado.

Volvemos por el camino del Cambizo y los restos de la casa de Cantadales –otro estupendo mirador-, paramos en la fuente del Burro, cortejada por infinidad de cardos de las mas variadas clases, todavía verdes, y nos paramos en los Infiernicos para contemplar el paisaje. Por supuesto, en el horizonte destacan las agujas de Alaejos, que sólo están a diez kilómetros.

Desde aquí, ya todo es bajada hasta Castronuño, donde nos espera la tranquila -por embalsada- superficie del río Duero con su Florida.

13 de mayo en Valladolid

13 mayo, 2020

 

Hoy  es fiesta en Valladolid y Laguna de Duero: celebran a su Patrón, celebran a San Pedro Regalado. La primera porque le vio nacer y crecer, la segunda, porque fue prior en el convento del Abrojo.

También hoy cumpliría 90 años nuestro José Jiménez Lozano, poeta, escribidor y pensador y, sobre todo, amante de la vida, los pájaros, el ser, las matinales neblinas o los membrillos olorosos, que supo, como nadie, vivir porque vivir era, para él recibir la vida que se nos da:

Matinales neblinas, tarde rojas,
doradas; noches fulgurantes,
y la llama, la nieve;
canto del cuco, aullar de perros,
silente luna, grillos, construcciones de escarcha;
el traqueteo del tren, del carro, niños,
amapolas, acianos, y desnudos
árboles de inviernos entre la niebla;
los ojos y las manos de los hombres, el amor y la dulzura
de los muslos, de un cabello de plata, o de color caoba;
historias y relatos, pinturas, y una talla.
Todo esto hay que pagarlo con la muerte.
Quizás no sea tan caro.

 

Todo esto vale mucho más que el poder, el dinero o el placer descontrolado, pues

Tranquila y blanca,
mañanera, iba la garza,
entre el cristal del agua y el del cielo,
dominando el mundo.
Claudio emperador quedó maravillado,
comenzó a tartamudear más desde entonces.

Por su parte, Francisco Pino -poeta del Pinar de Antequera- escribe en la Vida de San Pedro Regalado sobre las cosas, esas que tantas veces vemos paseando:

El árbol, ¿no es un supiro?
Cerros, ríos, pinares, se unen.
Sobre las agujas de las ramas de un pino, el puente.
La piedra del puente como el aire: aire.
Y en difícil equilibrio, sobre el piar de los vencejos, la cal del teso.

 

 

¡Bienvenido!

1 mayo, 2020

Como ya hemos dicho hace años un día parecido a este, ben vennas, maio, e con alegria.

Y ello a pesar de que Sánchez -al menos durante este mes, que ya veremos luego con el jeroglífico de las fases- no nos va a permitir pasear sin prisa por las praderas que Abril dejó preparadas…  Ha descubierto lo bueno que es para un gobernante tener a sus súbditos recluidos. Porque que no me digan a mi que paseando en bici por esos campos a cualquier hora del día y por cualquier municipio se transmiten enfermedades. Vamos, que le ha sacado el gusto a la privación de libertad; ahora es por franjas (horarias) y términos (municipales).

En todo caso, aquí dejamos la serie dedicada a la cuarentena con una imagen tomada en San Román de Hornija el uno de mayo de 2018.