Archive for the ‘Duero’ Category

La “Clásica” de Quintanilla

4 agosto, 2016

Quiintanilla Onesimo 2016

Los ciclistas de Quintanilla llaman a esta vuelta la Clásica, porque tiene un poco de todo -monte, páramo, valle, canal, río- y es francamente agradable y bonita. Son algo más de 40 km y se puede recorrer al ritmo que se quiera. Cada uno al suyo, claro. Además, el trayecto sigue, en buena parte, los límites del término municipal.

Monte

Para empezar subimos la cuesta por el camino Basilón, de buen firme aunque muy empinado al llegar a la varga. Eso ya nos pone en forma y nos calienta, si hiciera frío. Y es que la mañana estaba fresquita a pesar de reinar el mes de Julio…

La fuente por dentro...

La fuente por dentro…

Después, recorremos por una excelente pista el monte mixto de pino, encina, roble y enebro hasta salir a su mismo límite, donde se levanta un chozo de pastor en muy buen estado, cosa llamativa.

Pero antes –es la novedad de esta excursión- nos acercamos a la fuente de Carracuéllar, que se encuentra en el mismo borde del páramo, entre el cerral y el bocacerral. Los vecinos de la zona la han visto este año rebosando agua como nunca. Ahora está seca y nos recuerda la cueva de Valdelaperra, si bien es de dimensiones menores. Dentro hay barro, pero nada de agua. ¡Volveremos más adelante, en época de lluvias!

...y por fuera.

…y por fuera.

Seguimos por el monte, por la linde entre las dos Quintanillas –el camino es ahora francamente malo, pero muy aceptable para las burras– y a nuestro paso se amontonan los restos de chozos y corralizas: eran otros tiempos en los que, además de aprovecharse la madera, se utilizaban también los abundantes pastos y los pastores traían por aquí al ganado. El suelo de este monte no está seco, como el de los pinares, sino que mantiene un tono verde que le da un aspecto especialmente agradable y apto para el paseo.

Páramo

La llegada a la ermita del Cristo del Cabañón marca el comienzo del páramo abierto. El día es claro y aparece al fondo la sierra de Segovia. Poco después, cruzando entre navas u hoyos, nos acercamos a la fuente del Tasugo, que echa dos enormes chorros a pesar de que está casi en el mismo ras del páramo. Un poco más allá, dos enormes chopos señalan un manantial que, unido a la fuente anterior, conforman el nacimiento del arroyo Valimón.

El camino del comienzo de este valle ha desaparecido. Como han segado ya, lo tomamos a campo traviesa.

El álamo del fondo señala un manantial del Valimón

El álamo del fondo señala un manantial del Valimón

Valle

Llegamos a una almendrera y luego cruzamos el Valimón para rodar ya por el camino. Ya estamos en el valle. Las sendas y caminos del principio no están muy utilizados y tienen hierba abundante. En el paisaje domina el verde. Pasamos por el Granizo y seguimos bajando entre campos de cultivo y pinares. Enormes piedras calizas de asoman amenazantes. En otros momentos, las laderas muestran sus cantiles calizos. El arroyo sigue con agua a pesar de que se riegan maizales y remolachas. La cuesta que nos conduce hacia el Este es muy suave pero larga. El agradable paisaje nos hace  olvidar que estamos en plena canícula. Se abre progresivamente hasta que llegamos a Sardón y desaparece en el valle del Duero. Hemos rodado muy bien por aquí…

La carretera de Quintanilla a Cuéllar aprovecha el frescor del Valimón

La carretera de Quintanilla a Cuéllar aprovecha el frescor del Valimón

Y aguas

Ahora vamos fresquitos y bien protegidos del sol por el bosque de galería que ha producido el mismo Canal y que a veces se mezcla con el de la ribera izquierda del Duero, pues rodamos por una colina entre dos aguas, la del río y la del Canal.

En fin, ha sido un trayecto que ya conocíamos muy bien los autores de estas páginas, por haberlo hecho parcialmente en otros momentos. Pero como tiene un poco de todo y es especialmente atractivo pues… ¡no importa hacerlo las veces que haga falta!

El Duero embalsado. A la derecha -no se ve- va el Canal

El Duero embalsado. A la derecha -no se ve- va el Canal

 

El valle de los Piñeles y la Senda del Duero

11 julio, 2016

2 julio 105—Viene de la entrada anterior—

…pero esta zona de Valdelaguna es pródiga en sorpresas. Tuvimos la suerte de divisar lo que parecía restos de un chozo en un rodal de monte dentro del campo de cebada que se estaba cosechando. Nos acercamos y pudimos comprobar que no estábamos descaminados: un chozo -¿de pastor?-con características nada típicas: en forma de cono relativamente afilado y alto, con una pared que en la base mediría algo más de 50 cm de ancha y un diámetro interior de poco más de un metro. O sea, no se utilizó para pasar la noche, sino sólo para protegerse en caso de lluvia, tormenta o viento fuerte y frío. Las piedras eran en su mayoría anchas y delgadas y ya se está cayendo buena parte de la zona exterior de la pared. Muy cerca, restos de lo que pudieron ser corralizas. Pero el chozo pudo ser utilizado, más que por un pastor, por el guarda de este monte.

Pozo del Escribano

Pozo del Escribano

Continuamos, ahora volando por una ancho camino de buen firme en dirección al valle de los Piñeles. Las manchas de monte fueron remitiendo hasta desaparecer por completo y dar paso sólo a las tierras de cultivo. Cerca del viejo camino de las Majadas vimos el Pozo del Escribano protegido por una simpática casita, perfectamente construida y bien conservada. El agua se echaba en una pila que conectaba con otra al exterior. Se ve que por aquí no suelen cruzar los vándalos, pues a pesar de encontrarse junto al camino y con la puerta sin cerrar con llave, todo está en orden.

Cruz incrustada. Piñel de Arriba

Cruz incrustada. Piñel de Arriba

Otro poco más de navegación llana para pasar junto a un plantío de nogales e iniciar el descenso a Piñel de Arriba. Fuentes y jardines no faltan en esta localidad. Descansamos en el Parque de Don Paco, párroco que fue de la localidad. Al lado, el busto de un hijo del pueblo asesinado en Zaire en 1996. A pesar de la sensación que dan las laderas –casi paredes en algunos puntos- blancas cerca del pueblo, lo cierto es que no faltan humedales y choperas. También vimos algunos palomares.

En el valle de los Piñeles

En el valle de los Piñeles

El trayecto al de Abajo lo hicimos saltando una pequeña lengua de páramo por Valderreveche, gracias a lo cual pudimos contemplar en toda su profundidad no sólo el valle de estas localidades, sino también el del mismo Duero. Al bajar, repusimos fuerzas en la fuente de la Canaleja verdadera, recién restaurada, que no en la otra, la falsa, cuya arca de recogida había quedado por debajo del caño de la fuente. ¡Cosas veredes, Sancho amigo!

Buena nogala

Buena nogala

En Piñel de Abajo teníamos pendiente una cita con otro árbol, un viejo nogal que se encuentra en un campo de cereal, no lejos de un pinarillo donde también vimos los restos de un palomar construido en barro. El nogal, también conocido por algunos como la Nogala de la Ribera, se encuentra –nunca mejor dicho- a sus anchas, pues no tiene ningún competidor cercano, y puede extender sus ramas sin problema sobre los campos. De porte equilibrado, la simetría es atributo de su perfil respecto al tronco, destaca sin proponérselo en el paisaje de Piñel. Por otra parte, resulta curioso ver cómo en todo este valle abundan los cerros aislados, desgajados del páramo que nos recuerdan la figura de una tarta aflanada.

Cerro cortejado por almendros

Cerro rodeado de almendros

Finalmente, pusimos rumbo a Pesquera de Duero por un camino a media ladera. Al llegar, cruzamos a la otra ribera para tomar la senda del Duero con sus continuos toboganes. Aquí predomina la sombra, que en verano se agradece sobremanera. Pasamos junto a la vieja Pintia de los Vacceos y al cruzar de nuevo el río y entrar en el término de Quintanilla de Arriba fue declararse la guerra. Sí, la guerra de zarzas, ortigas, cañizo, palos y troncos que habían tomado la senda y hacían frente a nuestro avance. De poco les valió, cierto, pero acabamos con todo tipo de heridas y arañazos, y bien ortigados hasta que se hizo de nuevo la paz al llegar al término de Valbuena. En tales condiciones, no creo que cruce mucha gente por aquí: ¿no puede hacer algo el Ayuntamiento de Quintanilla de Arriba Pesquera?

El resto del trayecto fue un agradable paseo disfrutando de la sombra y la frescura de la ribera del Duero. Cerca de los Bancales nos refrescamos en una fuente a la que conduce una escalinata en piedra, bien visible; pasamos junto a los muros de San Bernardo y, antes de llegar a Valbuena, descansamos sobre un banco de madera, en una de las zonas más umbrías de nuestro itinerario. Junto a la pesquera, para relajar músculos y celebrar las llegada, nos dimos un buen baño.2 julio 194

Paisajes y (más) fuentes de Toro

8 abril, 2016

fuentes de Toro 2

No pudimos resistir la tentación y nos fuimos, un día más, a seguir descubriendo fuentes del término de Toro. Nos están esperando desde hace siglos. Tal vez se mantienen en pie, como haciendo un esfuerzo especial, para dejarse ver por nosotros. Así que no es cuestión de dejarlo para más adelante. Ya nadie las usa, casi nadie las cuida y muy pocos se preocupan de ellas. Sólo algún loco que las ha redescubierto y está haciendo lo indecible para recuperar al menos algunas.

Además, es una manera estupenda de contemplar el paisaje. El campo que rodea Toro, sobre todo al sur, es variado y diverso: encinas, pinos, bosques de álamos, saucedas en los ríos o arroyos; interminables colinas, cerros y motas, y algún despeñadero como el de Villabuena del Puente; campos de cereal y cuidados majuelos; monte bajo, algunas praderas… Las colinas y mogotes facilitan la perspectiva para ver con mayor amplitud de campo. En fin, no sabemos si esta vez las fuentes eran el objetivo o la excusa.

Desde Matalobas

Desde Matalobas

Partimos de Toro, donde nos aprovisionamos de productos alimenticios de la tierra, ricos en energía, para hacer frente al pedaleo de la excursión. El agua lo encontraríamos a lo largo del trayecto, o eso pensábamos.

La primera sorpresa –agridulce- llegó con la fuente de Matalobas: con la restauración le han devuelto su antigua nobleza. Pero debido a las explotaciones de una gravera que hay un poco más arriba, que ha trastocado su manantial, se ha quedado sin agua. De todas formas, tan bueno como la fuente es el panorama que desde ella se divisa y que pasa bajo las ramas de las encinas, a modo de teatro natural: el perfil de Toro con su Colegiata y gran parte de la vega. Merece la pena.

Pedorra preciosa

Pedorra preciosa

La segunda parada, fuente de la Pedorra. Otra sorpresa, pues se trata de una vieja y artística fuente, como pocas. Posee varios abrevaderos delante, pero eso es lo de menos. Lo de más es el cuidado arco de piedra arenisca labrada que cuenta incluso con un adorno –medio perdido ya- encima de la clave. ¿Qué artista se entretuvo embelleciendo la fuente? Misterio. Domina con señorío el suave valle del arroyo Ballesteros. Ya no tiene agua pero ¡cuántos agricultores habrán bebido de ella y cuantos ganados habrán abrevado aquí! ¿Sólo le queda esperar la ruina completa y posterior desaparición?

Escondida Casca

Escondida Casca

Sin acceso, perdida entre el pinar y la pradera del mismo arroyo Ballesteros, escondida tras un almendro, permanece la humilde fuente de Casca. Nos costó encontrarla. Su bóveda es de ladrillo y se cierra con puerta de metal, que aun conserva. El arca mantiene agua. Al norte, sigue dominando la torre de la Colegiata.

La siguiente parada fue en el Pilón de las Zanjas. ¡Qué pena! Se encuentra al final de un vertedero suponemos que ilegal y, para colmo, algún desalmado lo ha destrozado. Ha tirado al pilón el triángulo de ladrillo de la pared del fondo que lo adornaba y ha roto el arca. De todas formas, mana agua. Está complicado acercarse a él; pero el vallejo es precioso: se adorna con álamos, almendros, chopos y algún nogal.

Desde el Pilón de las Zanjas.

Desde el Pilón de las Zanjas.

La fuente la Francesa también se encuentra en otro hermoso valle, asentada sobre una de sus laderas. Vemos al fondo una arboleda y allí está, con dos grandes abrevaderos que aprovechan su líquido elemento. Su construcción es muy pobre, desarrapada, con ladrillos y piedras desgastados y parcheada de cemento. Amenaza ruina total. Pero el sitio es precioso y nos permite contemplar la profundidad del valle de la Francesa y parte de la Guareña..

Al fondo se esconde la fuente de Peñacabras

Al fondo se esconde la fuente de Peñacabras

La fuente de Peñacabras, de rústica mampostería, se ha quedado sin acceso. Y casi se queda sin nada, salvo el agua. Se encuentra en una pequeñísima alameda que limita con tierras de labor y un pinar. El agricultor ha roturado los bordes del pinar y casi arrasa la fuente, que actualmente se encuentra oculta entre la maleza, pero tiene agua que forma un pequeño lagunajo.

En el Palomar

En el Palomar

Y llegamos a la casa del Palomar, otro de los preciosos lugares que esconde esta tierra toresana. Nos recibe a un lado del sendero de acceso el esqueleto tenebroso –se ha puesto de repente el día gris- de una vieja encina y al otro lado, otra descomunal encina, viva. Al fondo, enormes álamos que han sacado partido de los hontanares de la Paloma. Y dos hermosas fuentes: la primera alimenta un lavadero, en el que todavía queda una piedra de lavar, y un estanque; la segunda, que se encuentra en lo más enmarañado de un zarzal, es medianamente accesible gracias a que alguien ha abierto un sendero que pronto desaparecerá. No tiene arca, el agua surge de un caño en una pared frontal que forma un rincón con la lateral. Sus aguas, a los pocos metros, llenan un lavajo.

Fuente Manteca

Fuente Manteca

La fuente Manteca también es curiosa. Se encuentra en un ancho valle  dedicado al cereal y a la vid y rodeado de monte de encinas. Domina una pequeña pradera; su arca es de piedra y ladrillo, y su abrevadero –moderno- es generoso. Tiene agua refrescante y de buen sabor. ¡Idílico y perdido lugar!

Y llegamos a la fuente Marlota, tan curiosa como su nombre y a unos metros del camino de lo que fue el monte Iniesta. Tiene diferentes niveles:  arriba vemos el arca, con el  frente de ladrillo revocado con cemento y los laterales con la piedra original, más abajo el caño con chorro generoso de agua buena, fresca y sabrosa –damos fe- y finalmente, el abrevadero. Todo está asfixiado por la maleza de juncos y zarzas. Le haría falta un buen desbroce.

Arca de la fuente Marlota

Arca de la fuente Marlota

En diversos puntos de esta excursión vimos alcaravanes. Siempre en el aire, pues en cuanto se posaban, dejábamos de verlos. ¡Qué manera de mimetizarse en el terreno, especialmente en los majuelos!

No nos detenemos en la fuente de los Pilones, que dejamos en una alameda a 400 m del camino, y de la fuente Marlota bajamos hasta Villabuena del Puente. El puente también tiene su fuente y pilones pegados a él, pero está clausurada y cerrada.

Lavadero de San Tirso

Lavadero de San Tirso

Como amenaza lluvia tomamos la directa. Después de saludar al cerro de la Nariz, sólo pasamos por la fuente los Villares, la más grande de la comarca, que ya conocemos. El viento de culo y la misma lluvia nos llevan volando hasta Toro. Como llegamos antes de lo previsto, tomamos la senda del Duero y visitamos las tres fuentes que manan entre las cárcavas y el río, prácticamente en la misma orilla: la del Hospital, con su pequeña alberca, que sirvió para regar la huerta cercana y que se encuentra seca; la de la Teja, pequeña y simpática y con su chorrito de agua, y el Lavadero de San Tirso, que sirviera de manera especial a las lavanderas toresanas, pues sus aguas son templadas.

Cuestecillas

Cuestecillas

Ya sólo nos quedaba subir por la cuesta hasta la ermita de la Virgen del Canto y, desde el mismo canto, dirigir una última mirada a la vega del Duero, a las ondulaciones de los montes toresanos, y a la torre de la Colegiata. Y todavía nos quedan fuentes para unas cuantas excursiones más.

Toro y la Colegiata

Toro y la Colegiata

Las aguas de Fuentesecas

27 marzo, 2016
Laguna del Caz

Laguna del Caz

Fuentesecas es un pueblo situado en la zamorana Tierra del Pan. Por tanto, se encuentra en medio de un mar de trigos y cebadas, al menos en primavera. Y, como aquí la tierra es ondulada, con abundantes montículos y colinas, la sensación de mar con oleaje se acentúa.

Lo curioso es que se llame Fuentesecas. Como si todos sus manaderos se hubieran secado, lo que no es cierto. Veámoslo.

En primer lugar nos subiremos a la Pindonga, que es la iglesia del pueblo, dedicada a San Esteban. Pindonga es la mujer que se pasa el día en la calle, que se deja ver de todo el mundo. Bueno, pues eso es lo que le ocurre a la iglesia: que se ve desde todas partes en la comarca, también desde Toro que está a 14 km en línea recta. Lo hemos comprobado en nuestro paseo por los alrededores: en cualquier sitio, tras una loma, se asomaba la Pindonga.

Laguna de la Marrana

Laguna de la Marrana

Pues desde la iglesia se ve perfectamente, a sus pies, ya en las afueras del pueblo, la laguna de la Marrana, que es preciosa a pesar de lo que pueda sugerir el nombre. Al lado, el pozo y abrevadero. Detrás de la laguna, al fondo, vemos Malva, Bustillo, Belver, Pobladura y otros pueblos perdidos en el horizonte. También, el Teleno y otras montañas de León.

Laguna del camino de Villalube

Laguna del camino de Villalube

Luego, en dirección noroeste, nos acercamos al manantial de los Alelises, que origina el arroyo del mismo nombre. Más hacia el oeste se encuentra la laguna y manantial del camino de Villalube, también con abundante agua, un pozo y en medio de un campo de cereal. Nos fue imposible acercarnos a la fuente de la Junquera porque todo era un aguachal intransitable. Y dejamos para otro momento el bebedero de la Fortuna, de nombre evocador.

Trasdecuervo

Trasdecuervo

Sin embargo pudimos acercarnos a la fuente Trasdecuervo –ya en territorio de Pozoantiguo- que tiene los días contados si nadie se preocupa algo por ella. Es relativamente grande, con caja y bóveda de ladrillo mudéjar y abrevadero al exterior. Se encuentra asfixiada por la maleza y con los alrededores –estamos en época de lluvias- encharcados. Aunque fuera de esta época, como tiene un pivot al lado, mucho nos tememos que se queda seca.

Fuente del Caz

Fuente del Caz

Pero la fuente que puso la guinda fue la del Caz, junto a la carretera de Pozoantiguo. Es abierta, de bóveda de piedra y con arreglos en ladrillo y da directamente a una simpática laguna que se utilizaba como abrevadero. Ahora hay patos en sus aguas y árboles alrededor.

Charco del Barrero

Charco del Barrero

Para terminar, nos acercamos a Matilla la Seca que, a pesar del nombre, tiene dos hermosas lagunas: la llamada charca de la Laguna, junto al pueblo, y el charco del Barrero, en el camino de Fuentesecas. Ambos charcones se encontraban con abundante agua y aves acuáticas. El segundo, además, tiene arbolado.

Hemos comprobado con sorpresa que en lo seco de Tierra del Pan abundan los manantiales, la fuentes, los pozos y las lagunas. El contraste no puede ser más hermoso.

Barzolema

23 marzo, 2016

20 marzo 133

Bonito nombre y bonito lugar. Barzolema es un trozo de vía pecuaria que unía la cañada de la Plata desde Zamora con la leonesa occidental a su paso por Medina de Rioseco; el valle de Barzolema es una hendidura que divide la zamorana Tierra del Pan; pero también tenemos la fuente, el caserío, el prado, las laderas… de Barzolema. Sin embargo no sabemos a ciencia cierta quien nominó todo ello. Algunos creen que se debe a un tal Suleiman, nombre que evoca al repoblador mozárabe. También pudiera venir del prerromano zul- (suelo, hondonada) pues el fondo de este valle es más bien plano, recuersa una artesa. El bar- es, en cualquier caso, el típico val de valle.

20 marzo 121

Los tonos rojizos del comienzo del valle

Pero sea como fuere, Barzolema es un precioso y olvidado lugar. El valle se origina en la ondulada Tierra del Pan y desciende hasta el Duero. Al principio lo hace con suavidad pero enseguida se ponen de manifiesto la gravas rojas del terciario, que contrastan con el color pardo del resto de las tierras. Y vemos los primeros árboles: encinas y pinos; también hubo sauces –hoy secos- cuando el agua abundaba en la cabecera del valle. Una charca redonda sirve de bebedero a los rebaños que pastan por aquí. Por cierto el arroyo de este valle recibe el nombre de arroyo de los Bebederos.

Bebedero

Bebedero

Siguiendo valle abajo, cruzamos la pista que une Villalube con Matilla la Seca, por la cuesta Barciosa. Este es el lugar más sucio y degradado, y por desgracia vemos alguna escombrera. Las paredes rojas de viejas canteras o graveras no dejan de impresionar.

Y ahora ya nos introducimos en una zona de hierba, juncales y carrizales en el fondo del valle y encinas en las laderas, con algunos bosquetes de álamos que denotan la existencia de manantiales. Pasamos junto a un antiguo pozo perfectamente protegido y llegamos al caserío de Barzolema. Un poco más abajo, buscamos la fuente y la encontramos, imperturbable al paso del tiempo. ¡Como que está construida gracias a buenos bloques de piedra caliza!

La fuente

La fuente

Es una de esas fuentes de tipo romano, relativamente abundantes en la provincia de Zamora, si bien ésta tiene una peculiaridad: la piedra al exterior de la bóveda está en bruto, sin tallar. El cantero se esforzó en el interior y al exterior es de suponer que tendría una cubierta o techado que no nos ha llegado. Pero ahí está la originalidad. Es amplia y profunda, y tiene un caño por la parte trasera que llena un abrevadero. Y esta es otra originalidad, pues la salida del agua suele estar al frente. La piedra que cierra el pozo por delante lleva las marcas del uso de la fuente, debido tal vez al continuo roce del subir y bajar cántaros durante siglos.

Manantial y alberca

Manantial y alberca

Unos quinientos metros más abajo, en una ladera con frutales y otros árboles de hoja caduca, hay una zona con varios manantiales y aljibes para riego. Hoy las huertas han desaparecido, pero los manantiales siguen fluyendo y las albercas continúan reteniendo un poco de agua. La verdad es que es una zona deliciosa, especialmente apta para descansar las tardes calurosas de verano. En la misma ladera pero en la parte más alta, vuelven a manar las aguas. Ya se ve que el valle por aquí es un auténtico hontanar.

En el Montico

En el Montico

Si continuamos bajando, el valle se abre cada vez más y en las faldas se conforma, más que un monte, una dehesa. El fondo del valle es una gran pradera que –en épocas como la actual- rezuma agua. Efectivamente, el ganado bravo se mueve en esta zona de abundantes pastizales, denominada el Montico. Pasada la dehesa, el valle se abre definitivamente al Duero y predominan ya los campos de cultivo.

Y el valle abierto, al final

Y el valle abierto, al final

De paseo hasta Tudela

18 marzo, 2016

La Cisterniga Tudela Herrera

El último sábado amaneció fresco y soleado. En cuanto nos pusimos manos a la obra –o pies en los pedales- comprobamos que, además, un viento del noreste aumentaba la sensación de frío que no cedió en ningún momento del día.

Fue un paseo tranquilo: nos habían citado a comer en Herrera y allá nos fuimos con la ayuda de las burras. Tomamos la sirga del canal del Duero y al cruzar FASA decidimos ir en busca del arroyo Espanta. Allí estaba, a pesar de los pesares que el pobre ha tenido que sufrir durante los últimos decenios. Sucio, pero con agua. Prometemos una próxima entrada sobre este maltratado curso de agua; de momento no decimos más, mantenemos el suspense.

En el Taragudo Alto

En el Taragudo Alto

Después, nos dirigimos a los famosos pinos del ramal perdido de la cañada real leonesa, que algunos conocemos bien aunque otros no se habían acercado. El lugar es un espléndido mirador sobre las laderas de la Cistérniga, Fuentes y el valle del Duero. No deja de asombrar. A los pies de los pinos pasamos por la curiosa y vieja acequia –antes arroyo de Santa Cruz- que viene de la finca Retamar y por el camino de los Melonares. Lugares tan sencillos como preciosos, y más ahora que los campos están o verdes o con ese color pastel de la tierra húmeda y labrada en espera de la siembra…

Camino de los Melonares

Camino de los Melonares

Después, cruzamos la dehesa de Fuentes descubriendo buenos ejemplares de encina, roble y pino. Lástima que esté vallada: dan ganas de salirse del camino para rodar por tan estupendo monte pero… Sin embargo, antaño, cuando todo era más libre, cruzábamos a la otra orilla por cualquiera de los muchos vados del río.

En Tudela, después de acercarnos al Batán, hicimos rampas y toboganes por las cuestas de la Parrilla. ¡Espléndido panorama entre viñas y almendros sobre la localidad, las Mamblas, el Duero!

Laderas de Tudela

Laderas de Tudela

Y bajo las copas de los pinos llegamos a Herrera. Después de repostar regresamos por el pinar de Solafuente y los Valles hasta Laguna. Tras un rato de charla con los pescadores del lago, asistimos a un suave y rojizo atardecer entre los campos y prados cercanos a Villa Leonor, que permanecen tal cual, sin urbanizar, en contraste con el cercano y ya desaparecido Prado Boyal.

Villa Leonor

Villa Leonor

Sencillo y bonito paseo. Con el sol, el frío lo hemos sobrellevado bastante bien. Una última observación: peinando las lagunas de Fuentes hemos visto las primeras golondrinas; siete días antes (5 de marzo)vimos el primer avión, peinando las cebadas del valle del Trabancos.

Modernos cultivos en Laguna

Modernos cultivos en Laguna