Archive for the ‘Duero’ Category

De Simancas a Fuentes por la calzada de Clunia

2 enero, 2017
Puente de Simancas. Detalle.

Puente de Simancas. Detalle.

Ya hemos comentado que una de las ciudades más importantes del valle medio del Duero, en época romana, fue Simancas. Se sabe que hubo calzadas –vías, para los romanos- que unían unas ciudades con otras y, así, de Simancas –encrucijada de vías– salían calzadas hacia Clunia y Zaragoza, Astorga, Coca o Salamanca… De estas calzadas han quedado restos físicos en algunos casos, y documentales y toponímicos en otros.

De Simancas a Clunia se conservan algunos, muy pocos, vestigios. Lo cual no quiere decir que, más adelante, puedan descubrirse nuevos restos. Desde el inicio de esta calzada hasta las cercanías de Villabáñez se cree que coincidía con los antiguos caminos que unían Simancas, Laguna y Tudela. En cualquier caso, vamos a recorrerla desde el puente de Simancas, verdadera encrucijada de vías romanas.

Atravesando el pinar de Simancas

Atravesando el pinar de Simancas

El puente actual es medieval, pero seguramente en la época romana hubo otro en el mismo lugar, ya que se trata de un ancho y pedregoso vado en el que se puede levantar con relativa facilidad un largo puente. Cubre poco, lo que se puede apreciar especialmente ahora, con un río de reducido caudal y agua clara. Tomamos el camino Viejo, luego el de las Berzosas y torcemos a la izquierda nada más superar la acequia. Ya estamos rodando por el camino de Laguna.

Dejamos a la izquierda la granja Las Lagunillas y, antes de llegar a la granja Ronquines, vemos que abundan los juncos e incluso hay algunas pequeñas navas o lagunillas. El firme es excelente, con forma convexa para drenar bien. Y el paisaje típicamente pinariego, con abundancia de grandes piñoneros bien espaciados.

En la cañada de la Nava

En la cañada de la Nava

Al llegar a la cañada de Puente Duero nuestra calzada se acaba debido a que en esta zona hubo campos militares de tiro y maniobras, además de polvorines. Todo esto se retiró pero los caminos se perdieron por completo. A Laguna podemos ir bien por el camino de Laguna (al norte) propiamente dicho o bien por la cañada de la Nava (al sur). Vamos por la cañada y atravesamos la localidad. Poco antes de comenzar la salida rodamos por la calle Aragoneses que toma nuestro mismo rumbo. Estamos bien encaminados, pues el camino de los Aragoneses coincide, en algunos de sus tramos con la calzada romana que pretendemos seguir. Pero entre Laguna y Tudela va como un kilómetro al norte del nuestro.

En el túnel de la autovía

En el túnel de la autovía

Después de dejar la calle de La Estación, rodamos por el camino de Tudela, que discurre entre la vía de Ariza –también se dirigía hacia Aragón- y el canal del Duero. Ambas infraestructuras son mucho más modernas que la pista que llevamos. Curiosamente, pasamos junto a un chalé en cuya entrada hay dos columnas, un frontis triangular y un altorrelieve, todo de corte clásico: como si lo hubieran colocado en honor de la calzada que pasa por delante…

Hasta aquí hemos llegado

Hasta aquí hemos llegado

La autovía de Segovia ha respetado nuestra calzada, y la cruzamos gracias a un túnel con las paredes decoradas. A sur dejamos la granja Conchita, en cuyos terrenos se descubrió una necrópolis visigoda.

En fin, después de recorrer unos 14,5 km, llegamos al término de Fuentes, donde una enorme gravera se ha comido el camino y nos impide el paso. Hasta aquí hemos llegado rememorando antiquísimos tiempos. Pero podemos continuar en otro momento: al menos en Villabáñez y en Bocos quedan vestigios de esta vieja vía.

Campo en Fuentes

Campo en Fuentes

Para saber más,  podéis ver el texto y mapa de Moreno Gallo sobre esta ruta, que es de donde he sacado la información: ¡una maravilla sobre las calzadas romanas en Castilla y León!

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Mosquila

10 diciembre, 2016

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Mosquila es el nombre de un pago entre Simancas y Geria junto al Pisuerga. Pero también es un lugar mágico e histórico, de esos que tanto abundaron en nuestra provincia y que ahora están a punto de caer en la noche del olvido. Cuando las generaciones posteriores lo recuperen para traerlo a su memoria ya no será lo mismo…

¿Qué vemos hoy en Mosquila? Lo primero –que pronto se perderá salvo que los simanquinos lo remedien- es una vieja fuente, la fuente de los Tres Caños o de Mosquila. Curiosamente, se encuentra en la misma orilla del río Pisuerga. Ahora fluye sólo a unos centímetros por encima del nivel del río, lo cual quiere decir que cuando el nivel de las aguas es el normal o un poco superior, el pie de la fuente queda sumergido. Antes, evidentemente no fue así, pues la fuente es muy antigua y unos trescientos metros aguas abajo hay una represa que ha elevado dos o tres  metros el nivel del río a su paso por la fuente.

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La fuente hace 10 años. Las escaleras hoy se encuentran ocultas

Como nadie se ocupa ya de mantenerla -¿dónde andarán sus fontaneros?- los caños no fluyen, y el agua se escapa por debajo para engrosar seguidamente el caudal del Pisuerga. Además, el arca, construida en resistente ladrillo macizo, está ligeramente inclinada en sentido contrario a la caída del agua por los caños. Se observa, también cubierto por el barro, el pilón de piedra que recogía el agua. El espacio en el que se encuentra debió de estar especialmente cuidado y todavía conserva parte de su atractivo: se accede a él por unas escaleras semienterradas en la cuesta desde el lado opuesto a la fuente, pero a la izquierda del arca también hay otras escaleras, ahora ocultas por la maleza.

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Otro aspecto de la fuente y su entorno (hace 10 años). Por donde vemos la pared de la derecha -con drenaje- debía venir el arroyo del Prado

Es posible que este espacio difiera del de hace unos años: la fuente está muy arremetida en un esquinazo; tal vez el arroyo del Prado pasaba por delante para desembocar aquí y, al comenzar a despoblarse Mosquila, se niveló el terreno para su cultivo y se le desvió. Las escaleras citadas ayudarían a pasar de un lado a otro del arroyo justo en el lugar donde también hay unas lajas a modo de puentecillo…  En cualquier caso, ahora vemos un murete de mampostería con sistema de drenaje que contrarresta la presión del campo que hay por encima. Pero como los tractores de hoy son poderosos, me parece que la suerte está echada y cualquier día o año de estos nos encontraremos con la fuente enterrada para siempre. Y una fuente menos. Una obra de arquitectura popular más que cae en el olvido…

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El Pisuerga al pasar por Mosquila un día de niebla

Pero Mosquila, en otro tiempo, estuvo habitado. Vemos los cimientos en piedra de una casa, y las paredes de barro de otra construcción en el perdido, entre las tierras de cultivo y el camino que viene desde Simancas y que se dirige a Villamarciel. En estas casas, reducidas hoy a piedras y barro, nació, hace 67 años un buen amigo con el que he compartido agradables tardes de pesca en estas orillas del Pisuerga. Al año de su nacimiento, su familia se trasladó a Simancas, donde vive, y las casas de Mosquila quedaron totalmente vacías.

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Bajando hacia la fuente desde el camino

El paraje en su conjunto no puede ser más agradable: el río suaviza el clima extremo de nuestros veranos y facilita el crecimiento de alamedas y choperas. Desde el camino podemos contemplar un buen panorama del Pisuerga, en dirección al este: una ancha lengua de agua protegida de árboles de gran porte. Y a menos de un kilómetro aguas abajo disfrutamos de la confluencia de este río con el Duero. Hacia las Ventas de Geria, el terreno está salpicado de casas, huertas, majuelos y almendreras.

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Al otro lado del camino

El poblamiento viene de muy lejos, de la prehistoria nada menos. Unos metros más arriba, en la terraza contigua atravesada por el arroyo del Prado, se han encontrado restos de la Edad del Bronce y romanos. Pero el descubrimiento más importante ha sido una necrópolis datada entre los siglos IX y XI, lo cual quiere decir que fue uno de los primero lugares repoblados con motivo de la Reconquista, tal vez precisamente porque se trataba de una antigua localidad perfectamente conocida.

Y es que estos lugares también son de leyenda: el pago limítrofe se llama El salto del pellejero, que recuerda la historia de una zagala de Pesqueruela y un pellejero extremeño. Podéis leerla aquí.

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Restos de las casas de Mosquila

En fin, que por estos lares todo pasa y nada queda. Al menos, poco va a quedar de la fuente de los Tres Caños de Mosquila dentro de poco. A no ser que hagamos algo. Después de todo y de varios años…  ¿acaso no se han arreglado Los Zumacales y sus accesos?

Para llegar: por el camino de Simancas a Villamarciel, en el punto en que vemos restos de construcciones –primero en barro, luego piedras calizas- se abre ligeramente el camino a la izquierda por ahí debemos bajar hasta la ribera, atravesando por un sendero (con frecuencia virtual) un picón de tierras de labor.

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Agua de la fuente al Pisuerga y ¿antigua desembocadura del arroyo del Prado?

Arenales del Villar y desembocadura del Trabancos

2 diciembre, 2016

arenales-del-villar-pollos-2016En este paseo no salimos del término de Pollos. Corto, pues no supera los 30 km. El parte (o eltiempo.es, como se prefiera) amenazaba con chubascos que no se hicieron realidad. La temperatura, incluso agradable a pesar de que el sol no hizo acto de presencia.

El Duero, entre Tordesillas y Pollos se siente especialmente libre, pues sale del ámbito de las laderas del páramo de los Torozos, que le oprimen y aún no ha llegado a la Dehesa de Cubillas, cuyas peñas le cortan el paso y le obligan a tomar dirección sur. Tal vez por eso –y porque ha recogido arena de sus tributarios que cruzan Tierra de Pinares-, describe grandes curvas y meandros donde deja, en la orilla convexa, extensos arenales, además de grava y cantos rodados. Y no sólo esto, también los propios árboles de los arenales atrapan troncos de todos los tamaños que llegan con las crecidas. Claro que igualmente, las aguas depositan bidones, plásticos, botellas y todo tipo de basuras.

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Senda que nos conduce a los  arenales

El Duero se deja ver como siempre fue. O casi. Debido a que en toda esta zona no hay presas de centralitas eléctricas, resulta que ¡el agua corre! entre cantos rodados y arenas, formando tablas e incluso rabiones; y no hay casi pecina, a pesar de que ahora lleva poca agua.  O al menos eso vimos en los arenales del Villar, aguas arriba de Pollos. Hace años estos arenales debieron ser mucho más grandes y puros, pues se nota que hoy crecen demasiados arbustos e incluso algunos árboles, cuando no se plantan choperas, como en el del Charcón o en la Marota. Incluso aguas arriba de Pesqueruela antaño hubo abundantes playas; hoy han desaparecido todas colonizadas por árboles y arbustos. Lógico, pues los ríos han disminuido su caudal.

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En los arenales

Abundan los tamarizos -ahora de un elegante color burdeos-, los grandes chopos, algunos álamos y fresnos y, también, enormes sauces que no se dejan ver en otros lugares. Ahora, el arenal tenía zonas de hierba y, cerca de las arboledas, la arena se cubría con las hojas caídas.

Curiosamente, entre la arena y la grava, se veían restos de cerámica sin aristas, redondeados por el continuo lamer del agua. ¿De dónde provendrán? ¿Medievales? Porque por allí no hay poblaciones hasta Tordesillas, aunque las hubo. También se dejan ver valvas de náyades y almejas.

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Pedregal

Veremos patos –pues nadie les molesta-, cormoranes, garzas y algún milano real. En un bosquete de álamos contiguo a este arenal hay una colonia de nidos de cigüeña o, tal vez, de garza. En los charcos que se forman después de las crecidas quedan atrapados peces, por eso todavía vemos los restos -cabeza, espinas y escamas- de grandes carpas.

Pues esto ha sido, más o menos, el paseo por los arenales del Villar. Aguas arriba podemos pasear por otros arenales –algunos, como los de la Moraleja, está cercado y con ganado. Hubo incluso una ermita dedicada a Nuestra Señora del Arenal: se la cita así en 1613, pero antes fue parroquia de una localidad desaparecida, junto a las aceñas de Zofraguilla. Terminó destruida por el ejército inglés en la guerra de la Independencia. En cuanto nos salimos de la ribera, vemos los campos de labor de Pollos de una horizontalidad casi perfecta, sólo rota por los solitarios nogales.

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El Duero

* * *

Vistos los arenales, puse rumbo hacia Bayona, pasando antes por el Charcón, que también es un arenal, por choperas de abundante fusca, por el Prado (de la Alegría) que realmente es una intrincada arboleda y, al llegar al Soto, pude comprobar que el río se estaba merendando la orilla izquierda, que es de simple tierra de cultivo. A la izquierda se deja del despoblado de La Porra y, nada más cruzar el Trabancos –sin agua, claro- pude apreciar cómo los cantos rodados cambian de tamaño, para convertirse en piedras –también rodadas– de varios kilos. Curioso.

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Esta es la desembocadura

Por la orilla izquierda –entre la casa de Bayona y el cauce-hay un camino, paralelo a este río seco, que acaba saliendo a zona de cultivo y, justo por el límite entre ésta y la enmarañada ribera, nos conduce hasta las proximidades de la desembocadura en el Duero. Digo hasta las proximidades porque los últimos 150 metros son de aúpa: hay que pasar por una franja de abundantes zarzas en la que uno podría quedarse enganchado. Tal vez en pleno invierno, con el zarzal reducido por las heladas sea el mejor momento para acercarse, siempre que el río no venga un poco crecido. Total, que al final pude llegar a la desembocadura propiamente dicha. Es como si un arroyo pequeño –se puede saltar de un brinco- desapareciera en un río caudaloso. Y el arroyo lleva agua en este último tramo debido al nivel del Duero, que se mete dentro de su cauce. Pero puedo decir que lo he visto. Creo recordar que hace muchos años llegué también a este punto por una acequia paralela a la orilla derecha del Trabancos.26-noviembre-239

En Bayona; la dehesa de Cubillas al fondo

***

Para terminar la aventura y pedalear un poco, me fui siguiendo el Duero hasta una alameda frente a la peña roja donde comienza el encinar de Cubillas para volver hacia el Trabancos y recorrer su cauce hasta las Peñas de Santa Cecilia. Desde allí, me dejé caer por un buen camino hasta Pollos, donde tuve la suerte de encontrarme con Daniel, que me invitó a una cerveza para terminar la tarde. Anochecía.

¡Ah! Antes, como seguimos en otoño, la merienda fue ofrecida por un nogal junto al Duero, un manzano cerca de La Porra y un majuelo joven que tenía racimos sin vendimiar, cerca de las Peñas de Santa Cecilia.

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El pozo de San Juan

16 septiembre, 2016

Pervive en Tordesillas el edificio de la iglesia de San Juan Bautista, que fuera parroquia hasta finales del s. XIX para entonces agregarse a la de Santa María. Se levanta en un lugar estratégico, justo en el espigón de peña que mira hacia el suroeste, bien elevado sobre el Duero, de tal manera que su entrada norte está al nivel del otero pero su entrada sur necesita ya escaleras.

Torre de San Juan (i)

Torre de San Juan (i)

Su origen se pierde en la noche de los tiempos, seguramente se remonte al siglo XI, cuando Tordesillas tenía ya 6 parroquias, aunque fue totalmente reconstruida en el s. XVI y reformada posteriormente. Su planta, con dos naves,  es un tanto irregular, y el material empleado en la construcción muy variado: piedra de sillería, mampuesto, ladrillo y tapial. Sería, pues, la típica iglesia castellana sencilla y normal.

La sorpresa

Pero guarda una sorpresa al visitante que se acerque: un pozo a los pies de la nave principal, ya en el coro bajo que levanta un peldaño, cerca del muro norte. Sí, un pozo con su brocal muy desgastado de dos piezas de peña o caliza blanda y actualmente con agua, según comprobamos. Además, los vecinos de Tordesillas lo tienen por muy profundo, y lo es, pues está en lo alto del otero.

Aspecto del brocal (protegido ahora por una reja para evitar accidentes)

Aspecto del brocal (protegido ahora por una reja para evitar accidentes)

No es muy corriente un pozo así en una iglesia, salvo en algunas ermitas de la Virgen, como la Soterraña de Olmedo pero el pozo está fuera de la nave propiamente dicha, o la palentina cripta de San Antolín, donde le pozo se encuentra varios metros bajo tierra, como formando parte de la propia cripta. El pozo de la Salud, de la ermita de San Roque de Medina del Campo está al exterior, compartiendo muro con la ermita. El pozo, en fin, de Nuestra Señora de Tiedra Vieja se encuentra fuera de la nave de la ermita, en el patio.

Por otra parte, este pozo parece muy antiguo, seguramente se construyó antes que la actual iglesia, tal vez al mismo tiempo que la inicial o incluso antes. No parece que sea cómodo horadar un agujero de esas características construida ya la iglesia. Tiene, por tanto, un poco de misterio.

"Pozo" de la Soterraña

“Pozo” de la Soterraña (Olmedo)

Poco más podríamos decir, pues para las guías turísticas al uso o monumentales, el pozo ¡no existe! Precisamente por eso se escribe esta entrada. Y porque forma parte del paisaje de la vieja Tordesillas, para que no sea el pozo del olvido.

El agua y las mañanitas de San Juan

Pero la iglesia está dedicada a San Juan Bautista, santo al que se venera como el Precursor de Jesucristo y, por ello, de la Vida que todo lo fecunda. Su nacimiento se celebra el 24 de junio –la noche de San Juan- y hay un sinfín de tradiciones y ritos –litúrgicos y sobre todo populares- asociados a ese agua que da la vida.

Detalle del brocal

Vista lateral

De hecho en Ain Karen, cerca de Jerusalén, se conserva un Manantial de la Virgen junto al que, según la tradición, tuvo lugar el encuentro entre la Virgen María y la madre de San Juan, ésta con el santo en su vientre. Los peregrinos suelen beber de sus aguas. Y San Juan nacería poco después junto a este mismo manantial para luego dedicarse a bautizar, o sea, a regenerar por el agua.

Las aguas de San Juan  produjeron también, en Baños de Cerrato, la curación de los males renales del rey Chindasvinto, que construyó el templo dedicado al Bautista. Y hay costumbres referidas al agua que, precisamente esa noche, sana al que se baña en el río y purifica a quien se lava la cara y las manos. Son muchas las canciones tradiciones que cuentan las propiedades del agua, que esa mañana ayuda en casamientos y facilita embarazos:

Mañanita de San Juan,
cuando el árbol floreaba,
iba la Virgen  María,
por una fuente sagrada
(…/…)
con un libro en las sus manos
dio la bendición al agua:
-Bienvenida la doncella
que viniese aquí por agua
que si del agua bebiese
muy pronto será casada

Por tanto, seguramente la gente vendría a este pozo a por agua –para beberla y guardarla en casa- en la madrugada de San Juan, el día 24 de junio. Pues es claro que el pozo no está de adorno, sino desgastado por el uso. Pero es una pena no saber nada de estas posibles costumbres. Tal vez el Cronista oficial de la Villa podría intentar aclarar este misterio a través de los archivos parroquiales y redescubrirnos así viejas tradiciones.

Curiosas coincidencias

Otro aspecto singular de esta iglesia es que ahora, ya restaurado el edificio, está dedicada a promover la defensa de la vida humana, precisamente en el vientre de las embarazadas. ¡Qué casualidad! Desde luego, los de este Centro Internacional para la Defensa de la Vida Humana –CIDEVIDA- no podían haber elegido lugar mejor, aunque no creo que lo hayan hecho a propósito.

Detalle del interior de San Juan

Detalle del interior de San Juan

Por otra parte, la iglesia posee una serie de pinturas murales recientemente restauradas, como el edificio mismo. Destaca la ingenua y colorista personificación de las Bienaventuranzas en la bóveda de la capilla mayor. Antaño tanto el coro bajo como el alto –la tribuna- tuvieron diferentes puertas y ventanas a través de las cuales las vecinas monjas Comendadoras de San Juan Bautista de Jerusalén asistía a las celebraciones litúrgicas.  Curiosamente esta comunidad, cuyo patrón es San Juan, nació en Tordesillas fundada por Isabel García, La Emparedada, en el siglo XV.

Otra coincidencia es que su retablo principal se encuentra ahora acompañando a la Patrona de Valladolid. Aquí figuraba una Virgen de la Encarnación –que curiosamente también tiene que ver con la gestación, tanto humana como divina-, pero la representación del Bautismo del Señor la contemplamos ahora en el retablo de la iglesia de San Lorenzo, en Valladolid. Y la de San Lorenzo era la Virgen de los Aguadores… (!)

Portada sur

Portada sur

Si nos trasladamos a la capilla de la Vulnerata en el Colegio de San Albano o de los Ingleses de Valladolid, veremos que  posee también un pozo en su interior. Ya antes del Colegio, parece que hubo aquí –o muy cerca- una iglesia templaria dedicada a San Juan. ¿Procedería de entonces el pozo?  Claro que tal vez pueda deberse a que San Albano –cuya fiesta se celebra, por cierto, el 22 de junio, muy cerca de San Juan- está (¡también!) particularmente relacionado con el agua, pues poco antes de ser martirizado abrió un manantial ante sus verdugos. Por si fuera poco, tal pozo muestra en el brocal esta inquietante leyenda: Puteus vetus et sacrarium antiquum aediculae, o sea, Viejo pozo y antigua cámara secreta de la capilla. Ya se ve que un simple pozo en lugar sagrado puede dar para mucho…

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Exteriores

Nuestra visita bien puede terminar con un paseo por la calle Bellas Vistas, a la que da la puerta del sur, desde donde contemplamos el esplendor del Duero con su puente y sus viejas aceñas. Desde esta calle puede accederse a lo que fue vivienda del sacristán –que tenía una pequeña huerta entre la puerta de su casa y la de la iglesia, y que regaría gracias al pozo–  y desde ella, a la potente torre-espadaña, lo más noble de la iglesia, que destaca en el perfil de la Villa desde la otra ribera.

Casas sobre la peña

Casas sobre la peña

Un poco más abajo nos llamarán la atención los restos de las casas que se levantan directamente sobre la peña, siendo los muros de aquellas la continuación de ésta. Y más abajo aun veremos que la peña rezuma a veces agua; incluso hay una fuente…   pero de las conectadas a la red municipal de agua.

Nota.- Al contemplar el pozo de San Juan no pensé que habría un ovillo por desliar. Después de escribir estas líneas creo que el tema da para un estudio amplio y profundo, pero hay que dejárselo a los expertos.

Nota 2.- La iglesia de San Cebrián de Mazote -seguramente la más antigua de toda la provincia- también tenía un pozo a los pies, en el segundo ábside mozárabe. Según Joaquín Diaz en su Álbum de Valladolid, sobre él se pasaba a los niños herniados la noche de San Juan para curarles de su dolencia. (28.09.16)

Nota 3.- A través de un amigo común, me llegan dos comentarios del cronista oficial de Tordesillas:

  • Que en todas las iglesias de la villa hay o ha habido un pozo, necesario tanto para las obras iniciales del propio edificio como para las de mantenimiento del mismo, lo cual no impide que en el transcurso del tiempo, la aparición y desarrollo de ciertas manifestaciones litúrgicas y devoción, fueran asociándose la necesidad o existencia de un pozo a ellas.  
  • Que el pozo de la iglesia de san Juan, también aparece asociado a ciertas tradiciones, -leyendas urbanas- sobre bodegas y pasadizos secretos que cruzan, en todas las direcciones, el subsuelo de la villa. Pero la de este pozo va un poco más allá de la mera leyenda, pues (él) ha comprobado corrientes de aire tanto en la superficie del agua, como a la altura normal del suelo o del brocal, lo que puede suponer la realidad de un conducto hacia o desde…   La leyenda habla de una comunicación subterránea, túnel si se quiere, desde el pozo hasta un lugar indeterminado del llamado mirador del palacio, cosa que no se da con el resto de los pozos en edificios religiosos. (4.10.16)

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Fuentes de Duero, delicioso y pintoresco lugar cerca de Valladolid

8 septiembre, 2016
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El antiguo término municipal de Fuentes de Duero lo contiene todo: río con deliciosas alamedas, una pesquera, fuentes, lagunas, canales y acequias, encinas centenarias, monte de robles y sabinas, pinarillos, cerros y páramo, cañadas reales, un viejo olivar, viñedos, una olvidada vía férrea con su puente de hierro, una torre defensiva, una ermita románica… ¿se puede pedir más en un pequeño territorio que no llegará  a los 15 km2?

E historia, también posee historia porque las primeras referencias documentales datan del año 1200, si bien la iglesia románica parece anterior a esa fecha. El término dibuja un triángulo: la base, por el sur, es el Duero, aunque también tiene una franja de terreno en la orilla izquierda de este río, por el este limita con Tudela y por el oeste con La Cistérniga. El punto más alto del triángulo se denomina las Cuatro Rayas (de Fuentes, Tudela, Renedo y La Cistérniga). Precisamente en ese punto se encuentra la pequeña zona de páramo y el peculiar cerro de las Encinas, desde el que se domina todo Fuentes a la perfección además de buena parte del paso del Duero por Valladolid.

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Encina junto a la vía de Ariza

Desde este cerro en dirección al sureste nos topamos con uno de los pocos olivares que hay en nuestra provincia. Y en dirección suroeste, la cañada real leonesa nos lleva hasta los Pinos Altos y luego, siguiendo la acequia de la Almenara, llegaríamos hasta la pesquera de Herrera.

Preciosos montes de encina y roble con alguna sabina los tenemos en la zona limitada por el Duero, el término de Tudela y la vía de Ariza, pero también junto a la Almenara y a lo largo de toda la ribera. Y pinares en la Cabezada –el monte de la orilla izquierda del Duero-  y en puntos de la ribera derecha. Los vamos a encontrar vallados, pues se utilizan para pastos de ganado vacuno. Con tanto monte y tanto agua, la fauna es abundante y variada. Por ejemplo veremos más de una garza imperial, que aquí cuenta con una colonia.

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La torre

Del Canal hacia el Duero, buen terreno de regadío habitualmente verde. Y del Canal hacia el páramo, predominio de un precioso y ondulado campo de secano. Toda la ribera es un verdadero vergel, sobre todo en verano.

La localidad, hoy Caserío de Fuentes, se encuentra junto a la iglesita de Santiago. Al lado, en medio de un sembrado, los hombres y el tiempo han respetado un crucero de piedra, y cerca del río se levanta la torre defensiva que controlaba el paso del Duero, pues antaño hubo un puente piedra de tres ojos que en 1750 -cuando lo cita el Catastro de la Ensenada- ya estaba en ruinas.  Es, casi, un auténtico castillo. En otro tiempo estuvo almenada y más tarde se convirtió en silo y palomar. Pero hoy todavía podemos ver su porte y su interior; algunas ventanas son como las de cualquier castillo: cuentan con dos poyos o asientos a los lados que permiten sentarse para mirar por la ventana y hablar con otra persona sentada enfrente. No sé si tienen nombre en castellano, pero en gallego se llaman parladoiros por razones evidentes. La puerta a ras de tierra es posterior pues, como buena torre defensiva, se impedía adecuadamente el paso al posible enemigo. También podemos ver los restos de una casa palaciega.

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La fuente con el viejo lavadero

Cerca y protegida por dos hileras de chopos con abundante hiedra veremos también una  fuente con lavaderos y abrevaderos. Hoy ya casi no se aprecia por la intrusión de la hierba, pero hasta hace muy pocos años se veía un hermoso lavadero. Menos mal que todavía fluye agua en abundancia y siguen creciendo los berros.

Y la pesquera, cuyas piedras son el recuerdo de aquel puente de piedra y no de una aceña o molino. Pero fuente también hay en Los Lagares, en la Media Luna y en la ladera del Taragudo Alto; esta última –denominada de los Chopos- sigue manando en la orilla derecha del Canal, mientras sus escombros descansan a pocos metros en la orilla izquierda. Adivina lo que ocurrió al trazar el Canal…

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Viniendo desde Tudela

Otro núcleo habitado estaba en Los Lagares, junto a la cañada real (o junto a la autovía, hoy). Como en el Caserío era complicado instalar bodegas debido a la altura del nivel freático, éstas se horadaron en el lugar que se llamaría, por tenerlos también, Los Lagares. Hoy continúa elaborando buen vino en estos lugares Bodegas Társila.

Fuentes ha visto pasar la historia por sus campos, pues era paso obligado desde Simancas o Valladolid hacia el Este. Si hoy lo atraviesan la autovía, el Canal, o la avejentada vía de Ariza, ayer lo cruzaron la calzada romana de Clunia, la senda de los Aragoneses y varias cañadas reales. Pero lo mejor es el Duero que –además de cruzarlo- lo ha diseñado y fabricado.

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El Puente de Hierro

Y otro de los muchos lugares pintorescos del término lo tenemos en el Puente de Hierro –gracias al cual la vía salta el Duero- y sus alrededores. Una parte del término se explotó para la extracción de grava, razón por la cual han quedado unas inmensas lagunas en las que es habitual contemplar las más variadas aves acuáticas.

En fin, que tenía mucha razón don Pascual Madoz cuando allá por el siglo XIX definió este término como delicioso y pintoresco. Pero lo mejor es descubrirlo dando un garbeo. Para ello recomendamos el camino de sirga del Canal, o el que discurre junto a la vía de Ariza, o la cañada real leonesa también denominada de Pinos Altos, o…

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La “Clásica” de Quintanilla

4 agosto, 2016

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Los ciclistas de Quintanilla llaman a esta vuelta la Clásica, porque tiene un poco de todo -monte, páramo, valle, canal, río- y es francamente agradable y bonita. Son algo más de 40 km y se puede recorrer al ritmo que se quiera. Cada uno al suyo, claro. Además, el trayecto sigue, en buena parte, los límites del término municipal.

Monte

Para empezar subimos la cuesta por el camino Basilón, de buen firme aunque muy empinado al llegar a la varga. Eso ya nos pone en forma y nos calienta, si hiciera frío. Y es que la mañana estaba fresquita a pesar de reinar el mes de Julio…

La fuente por dentro...

La fuente por dentro…

Después, recorremos por una excelente pista el monte mixto de pino, encina, roble y enebro hasta salir a su mismo límite, donde se levanta un chozo de pastor en muy buen estado, cosa llamativa.

Pero antes –es la novedad de esta excursión- nos acercamos a la fuente de Carracuéllar, que se encuentra en el mismo borde del páramo, entre el cerral y el bocacerral. Los vecinos de la zona la han visto este año rebosando agua como nunca. Ahora está seca y nos recuerda la cueva de Valdelaperra, si bien es de dimensiones menores. Dentro hay barro, pero nada de agua. ¡Volveremos más adelante, en época de lluvias!

...y por fuera.

…y por fuera.

Seguimos por el monte, por la linde entre las dos Quintanillas –el camino es ahora francamente malo, pero muy aceptable para las burras– y a nuestro paso se amontonan los restos de chozos y corralizas: eran otros tiempos en los que, además de aprovecharse la madera, se utilizaban también los abundantes pastos y los pastores traían por aquí al ganado. El suelo de este monte no está seco, como el de los pinares, sino que mantiene un tono verde que le da un aspecto especialmente agradable y apto para el paseo.

Páramo

La llegada a la ermita del Cristo del Cabañón marca el comienzo del páramo abierto. El día es claro y aparece al fondo la sierra de Segovia. Poco después, cruzando entre navas u hoyos, nos acercamos a la fuente del Tasugo, que echa dos enormes chorros a pesar de que está casi en el mismo ras del páramo. Un poco más allá, dos enormes chopos señalan un manantial que, unido a la fuente anterior, conforman el nacimiento del arroyo Valimón.

El camino del comienzo de este valle ha desaparecido. Como han segado ya, lo tomamos a campo traviesa.

El álamo del fondo señala un manantial del Valimón

El álamo del fondo señala un manantial del Valimón

Valle

Llegamos a una almendrera y luego cruzamos el Valimón para rodar ya por el camino. Ya estamos en el valle. Las sendas y caminos del principio no están muy utilizados y tienen hierba abundante. En el paisaje domina el verde. Pasamos por el Granizo y seguimos bajando entre campos de cultivo y pinares. Enormes piedras calizas de asoman amenazantes. En otros momentos, las laderas muestran sus cantiles calizos. El arroyo sigue con agua a pesar de que se riegan maizales y remolachas. La cuesta que nos conduce hacia el Este es muy suave pero larga. El agradable paisaje nos hace  olvidar que estamos en plena canícula. Se abre progresivamente hasta que llegamos a Sardón y desaparece en el valle del Duero. Hemos rodado muy bien por aquí…

La carretera de Quintanilla a Cuéllar aprovecha el frescor del Valimón

La carretera de Quintanilla a Cuéllar aprovecha el frescor del Valimón

Y aguas

Ahora vamos fresquitos y bien protegidos del sol por el bosque de galería que ha producido el mismo Canal y que a veces se mezcla con el de la ribera izquierda del Duero, pues rodamos por una colina entre dos aguas, la del río y la del Canal.

En fin, ha sido un trayecto que ya conocíamos muy bien los autores de estas páginas, por haberlo hecho parcialmente en otros momentos. Pero como tiene un poco de todo y es especialmente atractivo pues… ¡no importa hacerlo las veces que haga falta!

El Duero embalsado. A la derecha -no se ve- va el Canal

El Duero embalsado. A la derecha -no se ve- va el Canal