Archive for the ‘Tierra de Campos’ Category

Villaesper, Morales y el Sequillo

22 junio, 2020

(Viene de la entrada anterior)

Hay que decir que, el día de esta excursión, el cielo estaba hermoso con nubes bajas y una gasa blanca encima;  la temperatura agradable, es decir, ni frío ni calor; un poco de viento a la ida; y el campo verde y multicolor en las linderas, regueras y cunetas, dorado en la cebada, verde en la alfalfa y guisantes, y dorado con ribetes verdes en el trigo. Algunos árboles adornaban los campos y, de teloneras, las faldas del páramo de Torozos. Es decir: Tierra de Campos como sólo se deja ver una vez de cada diez; un verdaderos disfrute.

Detalle de lo que fue la iglesia de Villaesper

Desde la Casa de Pedriquín rodamos hasta la tupida alameda donde se forma el arroyo de la Encina y desde allí, pasando junto al despoblado de Villalombrós, a Villaesper. Visitamos su arruinada iglesia, cuyo suelo está verde y cuyo techo, altísimo, son las estrellas de noche y el azul o las nubes de día. Un cigoñino se había caído del nido. Nos acercamos al cementerio, donde los muertos no crían malvas, sino cardos que no nos dejaron entrar.

Charca de Morales

Y almorzamos vuelos de golondrina con tortilla, que ya nos habían abierto el apetito en el campo abierto junto al de vencejos y aviones. Efectivamente, sentados en una escalinata con un bocadillo, veíamos cómo las golondrinas entraban por las ventanas,  ventanucos y rendijas de la puerta de un viejo y arruinado (¡más ruinas!) edificio. Una de las ventanas tenía barrotes y las golondrinas los cruzaban plegando en ese instante las alas… ¡Todo un espectáculo para los urbanitas!

Nueces y avena serán…

En Morales de Campos hicimos otro parón. Nos recibió, nada más entrar, la única laguna que han recuperado y mantenido, de las muchas que por aquí hubo. Forma un entorno agradable donde patos y humanos podemos descansar en amigable compañía. Pero también visitamos la iglesia de Santiago, el pósito o panera con una inscripción latina que cuenta quién le hizo, el antiguo pozo junto a las bodegas, y una puerta en piedra, con arco rebajado y escudo con un simpático abanderado y una fecha: 1767.

Por la ribera del Sequillo

Cuando nos cansamos de pasear por este pueblo lleno de encanto, tomamos la cañada de Villabrágima y allá que nos fuimos, pero sin entrar. Al llegar al puente sobre el Sequillo, tomamos el camino viejo de Medina, que discurre por la orilla derecha, hasta que al poco desapareció, quedando una rodera llena de maleza y finalmente ni eso. Como buenamente pudimos avanzamos hasta el puente del caserío de Puebla, donde mejoró algo el sendero.  Cierto que, a pesar de todo, mereció la pena, pues el Sequillo traía abundante agua y los grandes chopos y la misma maleza ofrecían un agradable paisaje verde.

Puente del Sequillo

Luego avanzamos hasta un segundo puente y, finalmente, salimos al camino carretero de Rioseco. Hicimos parada y fonda en el paraje de la ermita de Castilviejo, que siempre le invita a uno a quedarse cuanto más mejor hasta que, entre alamedas, un antiguo lazareto de confinamiento de apestados y la fuente del Carmen, caímos junto  al Coso. Luego, un último paseo por la fresca alameda de Osuna. Hemos llegado a la meta.

Un molino de viento en Villafrechós

20 junio, 2020

En esta excursión nos hemos acercado, por primera vez, a uno de los molinos de Villafrechós, el que está al sudeste, cerca de la carretera de Morales. Villafrechós es relativamente importante, muy cerealista, sin corriente de agua que aprovechar para moler el trigo, de manera que se optó por instalar uno de viento sobre una loma cercana, a medio  kilómetro de la villa. Y ahí están los restos: una torre cilíndrica de siete metros de altura, construida en piedra caliza o arenisca, con dos puertas y una serie de huecos que fueron utilizados para alojar el ingenio de molinería. También se vislumbran las diferentes plantas del molino. Desgraciadamente se ha caído una parte del muro. Da la impresión de ser una torre defensiva, pero el interior no miente, ni tampoco el topónimo del pago: el Molino.

El molino

Nos recuerda a los restos del molino de Castromembibre. Por nuestra parte sólo diremos que hay muchas construcciones populares en nuestra provincia, incluso muchos palacios, iglesias y castillos… pero muy pocos molinos de viento, y éstos, a punto de desaparecer. ¿No merece la pena conservar este patrimonio? Mañana será tarde.

Al llegar a casa comprobamos que en esta misma localidad existen o existieron los restos de otro molino, el denominado Molino Blanco. En otra excursión veremos si queda algo.

Así estaba Campos

Pero no acaba aquí todo lo que descubrimos en el término de Villafrechós, pues pasamos también por la Casa de Pedriquín, que está a unos dos kilómetros hacia el este, en el antiguo camino de Villaesper. En ruinas, por supuesto, es la típica vivienda aislada en Tierra de Campos, de tapial y adobe. Debió de rezumar trabajo, movimiento y, en definitiva, vida, que es lo que falta ahora en estos tiempos de despoblación. Posee un gran patio central, de forma rectangular, con sus establos, corrales, pozo, abrevaderos, todo dispuesto para servir a una clara finalidad agrícola y ganadera. En uno de los lados se levanta la vivienda propiamente dicha –hasta balconada tuvo- y el granero, de buenas proporciones… Imposible pasar al patio, repleto de cardos; a otras dependencias se puede entrar con bastante dificultad debido a los escombros. Por cierto, entre las vigas del granero puede verse un nido de un ave de medidas próximas a las de una cigüeña. En el campo cercano, cereal y almendros; no pudimos probar los perucos que hace años hacían las delicias de los chavales de Villa Eulalia y otros caseríos próximos.

La casa de Pedriquín

También causa pena verlo todo tan destruido, tan abandonado, tan carente de vida. Tal vez mañana querremos disponer de la típica vivienda aislada en Tierra de Campos, pero será tarde.

Otras ruinas más recientes -¡qué pena tanto escombro!- por las que cruzamos fueron las antiguas escuelas, construidas ayer mismo,  durante la República, en el lugar donde se levantó el antiguo castillo. Las esculturas de un niño –con un libro en las manos- y de una niña –con un cordero en el regazo- señalarían las entradas para unos y otras en un tiempo en el que se enseñaba quién era Cervantes y desconocían la ciencia de la sexualidad (que en la naturaleza era tan fácil de aprender como la vida misma); hoy, por el contrario, los jóvenes son expertos -¡por fin!- en sexualidad (si bien  son incapaces de repoblar) pero no saben quién escribió el Quijote. Pero no sigo por esta vereda.

Parte exterior del granero

Pudimos ver igualmente un bonito arco carpanel precisamente en la calle del Arco. Rodeamos el convento de clarisas ¡qué murallas de tapial! y vimos, entre morales, la iglesia de san Cristóbal con su torre mudéjar. No sé por qué, pero creo que Villafrechós y su término se merecen una visita sólo para ellos. ¡Y eso que no probamos las garrapiñadas…!

Por un campo segado entre almendros

Vuelvo al principio de la excursión. Salimos de Medina de Rioseco por la cañada leonesa para tomar la de Aguilar de Campos. Pudimos contemplar los curiosos tesos que resistieron el empuje de las aguas quedando desgajados de lo que hoy es páramo de Torozos. De nombres más o menos sugerentes: Carrecastro, la Mosca, el Bosque, los Aguadillos, las Parvas… Rodeamos la laguna de Hoyongil para entrar en Palazuelo de Vedija cruzando el firme del antiguo trenecillo de vía estrecha.

Aquí tomamos el camino ondulado de las Viñas por el que –levantando algunas avutardas- llegamos a Villafrechós, donde ya hemos contado lo que vimos.

Pero seguiremos en la siguiente entrada…  Aquí puede verse el trayecto.

Con bozal por las cañadas

23 mayo, 2020

La oveja Martina salió risueña de su redil el jueves 21 de mayo a primera hora de la mañana. Tomó la vereda del Bebedero del río y empezó a observar algo extraño, que nunca le había ocurrido a pesar de estar como estaban en tiempos de pandemia global: todas las ovejas con las que se cruzaba llevaban bozal y todas, indefectiblemente, se apartaban de ella unos metros en el momento mismo del cruce. ¿Qué está ocurriendo? Hoy, como todos los días, me he duchado, peinado y perfumado… No he dormido mal. Tampoco he comido ajo o cebolla. ¿Me habré vuelto vieja y fea de repente? No sé. Después de abrevar volveré sobre mis pezuñas al aprisco para mirarme en el espejo.

Pero antes de entrar en el redil, su vecina Leandra baló:

–Bueeeeeeeenos días, Martina, peeeeeeero ¿cómo es que no lleeeevas bozal?

-¿Bozal? Si estoy sana, Leandra, no me afecta el polen y además, estamos en pleno campo o vereda que para el caso es lo mismo.

-¿Pero no sabías que nuestro Gran Carnero ha publicado en el BOE (Boletín Ovejuno del Establo) que desde hoy es obligatorio?

-(¡Glup! ¡Por eso me evitaban, ahora ya lo sé!)

Esto parece una fábula. Sin embargo, nada más cerca de la realidad. El Gran Sánchez ha conseguido convertir en apestados a quienes no siguen su Ley. El miércoles pasado todos circulaban sanos y nadie se alejaba de nadie. Hace dos día, el jueves, después de publicado un anuncio en el BOE (Boletín Oficial del Estado), todos se apartaban de todos… a no ser que estuvieras purificado legalmente por la mascarilla. Y lo peor es que nos seguimos creyendo libres. A este paso, me parece que sólo lo seremos en el campo…  si nos dejan.

Guardaviñas

26 abril, 2020

Este es seguramente el guardaviñas más famoso de toda la provincia y parte de España. Está en Ceinos, dominando la cañada real Leonesa y se ve bastante bien desde la carretera de León. Los almendros  a su alrededor -y lo bien conservado que se encuentra- lo hacen diferente a los demás, único. (26.04.2014)

La Zamorana

19 abril, 2020

Sin ser Zamora una ciudad antiquísima, jugó un papel importante en el inicio de la repoblación leonesa y, desde luego, su antigüedad supera a la de Valladolid. Sin embargo, Zamora ha quedado un tanto olvidada dentro del mapa de Castilla y León e incluso de España. Por eso tal vez, hace unos años surgió un movimiento espontáneo para señalar donde está Zamora, porque en muchos cruces importantes de carreteras no se señalaba y, por ejemplo, en la salida por el oeste desde Valladolid no se indicaba Zamora, y sí Tordesillas o Salamanca, o La Coruña; al principio vimos Zamora pintada a mano en esos carteles de señalización…  Hoy ya se ha enmendado al menos en algunos sitios.

Pero bueno, lo que quería decir es que antaño estaba perfectamente indicada por los topónimos correspondientes. Tanto es así que esta imagen pertenece a un punto de la cañada  Zamorana –o simplemente La Zamorana–  en el término de  Vega de Ruiponce, cerca de la ermita del Cristo de la Vera Cruz. Llegaba –llega- al menos desde el norte de Valladolid siguiendo el cauce del río Valderaduey hasta la misma ciudad de Zamora. Y una cañada semejante, con el mismo nombre, existe más al norte, acompañando esta vez al río Cea.

Fotografía tomada hace cinco años un 19 de abril.

 

Camposanto

15 abril, 2020

En algún lugar de la Tierra de Campos vallisoletana, 15.04.2007