Archive for the ‘Torozos’ Category

La Mendoza y la Tierra húmeda de Campos

2 agosto, 2020

Durante la ruta anterior, rodando por la Mendoza, nos quedamos  con las ganas de llegar al punto donde esta cañada leonesa sube al páramo de los Torozos, justo entre los términos de Grijota y Palencia, procedente de la cordillera cantábrica. Pero esta vez lo conseguimos, saliendo, eso sí, desde Santa Cecilia del Alcor.

Al principio, hicimos en parte el mismo recorrido. Pero sólo en parte, pues tomamos la cañada antes, cerca del curioso alto del Caballo, que se eleva un poco en medio de la planitud paramera y, además, vimos al sol salir frente a nosotros, despegándose perezosamente del horizonte y traspasando con sus rayos todavía horizontales y tímidos, encinas y ciclistas sin distinción. Por cierto, la Mendoza aún posee hierba verde y más flores de las que pudiera pensarse para esta época estival.

En la Mendoza

Sobrepasada la fuente del Rey, cruzamos junto a un bando mixto de milanos y cigüeñas (tal vez 200 o 300 individuos) que esperaban pacientemente su desayuno frente al centro de tratamiento de residuos palentino. Después, la cañada señalaba las eses de los picos, cabezos y barcos del páramo hasta llegar al punto noreste por donde podíamos haber bajado, pero no lo hicimos porque, todo hay que reconocerlo, nos falta la técnica que le sobra al ganado merino. Pero pudimos observar tranquilamente un inmenso trozo de esta Tierra de Campos infinita.

Asomada a Campos desde el páramo

En fin, después de cruzar un corto sendero por la ladera de la Cuesta, nos encontramos abajo, sobre el firme del viejo ferrocarril de vía estrecha, entre Palencia y Villamartín. Y cruzando tierras y acequias que hasta parecían arroyos, regueras o incluso balsas naturales, nos fuimos acercando a Cascón de la Nava, también siguiendo el cauce artificial del Valdeginate. Todo este territorio estuvo ocupado por la mítica laguna de la Nava, desecada el pasado siglo. Tierras húmedas, algunas hasta encharcadas, regadas hoy por una intensa red de canales y acequias procedentes del Canal de Castilla que consiguen crear un vergel, un inmenso prado siempre húmedo en medio de la austeridad y dureza terracampinas. Por eso, cruzar por aquí en pleno verano es como soñar.

Pero duró poco el sueño, pues salimos de él para acercarnos al Hoyo Bueno de Mazariegos, localidad por la que también nos dimos un paseo: nos sorprendió gratamente la original manera de formar y construir los muros de la ermita del humilladero, sus típicas ventanas protegidas por un semicicírculo sobre el dintel y el pculiar atrio de entrada a la Iglesia de la Asunción. Y, por supuesto, el entramado de calles y casas de la localidad.

Valdeginate

Y en Mazariegos nos pareció sentir el aleteo del alma niña y ruiseñora del boticario Fernández Nieto, que este año 2020 cumpliría un siglo. Juzgad si no:

Soy de un pueblo de Campos, donde el trigo / crece, gracias a Dios, en primavera, / donde el sueño se guarda en la panera / y el cielo se nos da como un amigo.

Soy, a Dios gracias, ávido mendigo / de esta tierra que vive porque espera, / soy pájaro, trigal, cántaro y era / de esta Tierra de Campos que bendigo.

Porque aquí, en la quietud de Mazariegos, / nací, gracias a Dios, mientras nevaba / como una llama niña y ruiseñora.

Y hoy, abrasado ya por tantos fuegos, / recuerdo mi niñez junto a la Nava, / donde por vez primera vi la aurora…

Firme del ferrocarril

Al salir de la localidad, subimos a la torre de observación  que se eleva en la antigua estación del tren: a pesar de la calima, pudimos distinguir el Cristo del Otero y los perfiles de Paredes y Fuentes, entre otras muchas localidades

Siguieron después la descuidada y romántica Revilla de Campos y la cuidada Pedraza, desde donde iniciamos el salto del páramo cruzando entre campos de cereal por los caseríos de Buenavista y Villarramiro, con su antiquísima iglesia románica adornada por modernos molinos. Al poco estábamos de nuevo en los alcores de Santa Cecilia.

Aquí, el trayecto.

De Cubillas de Santa Marta a la fuente del Rey

27 julio, 2020

Otra excursión por el casi interminable páramo de Torozos. La verdad es que casi todos los caminos recorridos nos eran ya conocidos, pero no ha importado gran cosa: gracias, entre otras cosas, a la época del año y al clima, nunca pasamos dos veces por el mismo sitio.

Ladera en Cubillas

De hecho, al poco de dejar Cubillas por el camino de la Culebra, pudimos comprobar que la fuente o pozo de Rascaviejas y sus abrevaderos habían desaparecido bajo la abundante maleza. El chozo no tanto, pero parecía tener pelo que, en realidad, no era otra cosa que la exuberante hierba, ya seca, nacida gracias a un lluvioso mes de abril.

Luego nos introdujimos en el monte de Dueñas, de abundantes chozos y corrales, y rodamos entre las matas de encina y roble y sobre las calizas del suelo. Después, cruzamos las tierras de Font, en las que sí destacan señoriales robles, hasta tomar uno de los muchos y anchos ramales de la cañada real Leonesa.

Subida al monte de Dueñas

Por esta vía pecuaria queríamos llegar al extremo noreste del páramo, pero no pudo ser: a causa de una cabezonada de una de las burras (se negaba a avanzar) y del viento en contra, nos retrasamos y hubimos de conformarnos con llegar a la fuente del Rey que, por cierto, está en un precioso lugar: nace en el recodo de un vallejo repleto de ciruelos y árboles de sombra y posee algún banco para reposar. Es lo que hicimos durante unos minutos –además de probar la fruta- antes de dar media vuelta. Se encuentra sobre Palencia, justo en el antiguo camino de esta ciudad a Autilla del Pino. Desgraciadamente, una fuente tan hermosa había sido pintarrajeada de morado (!). Una pena; vandalismos que se repiten.

Casa y tierras de Font

La vuelta la hicimos volando. Porque se nos hacía tarde y porque teníamos el viento a favor. Cruzamos el monte El Viejo y luego, cuesta abajo, el peculiar valle de San Juan, con su abrupta ladera norte y su faldeo tendido al sur. Esto sí que era pedalear sin esfuerzo.

La fuente

Sin querer, nos presentamos en Dueñas. De aquí nos dirigimos a Cubillas dejando al norte el perfil vertical de la Sobrepeña y al sur la vieja torre del telégrafo. Hasta que el camino se nos acabó en un alto que domina el ancho valle del Pisuerga. Menos mal que ya habían cosechado el cereal y, por la rastrojera, pudimos enlazar con la cañada del Moral que nos llevó a nuestro destino. En la bajada descubrimos también un viejo pozo ganadero, con sus abrevaderos, totalmente olvidado en una ladera inculta.

Navas

3 junio, 2020

En contra de lo que pudiera parecer y de lo que muchas veces hemos afirmado en este blog, el páramo no es llano. Lo parece, pero no lo es. Lo que ocurre es que, visto desde el ras, no se aprecian ondulaciones y hondonadas, pero las hay. Algunas grandes y manifiestas; otras menudas, que pasan desapercibidas casi por completo. Sin embargo, hay topónimos abundantes como nava y hoyada que denotan esta peculiaridad de nuestra paramera. O derivados del prerromano nava como navazo, lavajo o incluso lavazo.

Nava de Wamba

Navas famosas de nuestro páramo son la de Wamba (con su lavajo de la Nava) y la de Peñaflor (o de Cantalar). En los últimos treinta años sólo una vez las he visto llenas a rebosar, en un año extraordinariamente lluvioso a finales del siglo pasado. Este año 2020 sólo ha llovido en abundancia en abril y primeros días de mayo, y tendría que haber llovido de manera abundante también en invierno para que hubiera algo de agua. De hecho, estos días he podido comprobar que no hay restos de charcos serios y que el agua de los pozos que están en las zonas más hondas de las navas se encontraba como a unos tres o cuatro metros del nivel del suelo. Eso sí, el cereal estaba tan radiante y hermoso que daba gloria verlo. Y un bando de doce avutardas levantó el vuelo cuando crucé la hondonada de Cantalar.

En la nava de Cantalar

Estas son grandes navas. Más al oeste hubo una laguna, La Laguna, en la zona denominada las Navas. Hoy podemos ver los restos de un canal de drenaje que cruza hacia el valle del Hornija bajo las calizas del páramo, a la vista de Torrelobatón.

En Villanubla y sus alrededores tenemos varias navas, Navabuena –término de Valladolid-, Navaflor, Navafría, Navacerros, Navagalindo, Navillas, Nabujil, Navamarzo, Navalba… Casi todas de tamaño pequeño o mediano y de escasa hondura, pues lo propio de la nava es que tenga agua sólo en época de lluvias abundantes. También es cierto que muchas se han drenado y aunque llueva bien permanecen sin agua. Pero, en esa misma comarca de la paramera tenemos igualmente hoyos: Hoyo Domingo Peláez, Hoyo del Diablo, Hoyo de los Toros. Con frecuencia en la parte más profunda del hoyo existe un pozo con su abrevadero, como si estos campos hubieran estado destinados a pasto hace muchos años. Los hoyos suelen ser más bien redondeados, las navas con forma de elipse.

Agujas de Pastor en Cantalar

También tenemos navas y sobre todo hoyos, hoyas y hoyadas en los páramos de La Parrilla y Cogeces; en el Cerrato son menos abundantes, ya que aquí predominan los pequeños cerros y estrechas lenguas de páramo en los que no hay tanta superficie como para soportar una nava. Igualmente, se crean lagunillas si cae abundante agua.

Tampoco abundan en Tierra de Campos, donde, más que navas, son vaguadas peculiares y lagunas. Pero ahí tenemos la famosísima Laguna de la Nava.

Hoyo en el páramo de La Parrilla

Y, por fin, Tierra de Medina y Tierra de Pinares. Por supuesto que hay navas, ahí está Nava del Rey para demostrarlo. Pero lo propio de estas comarcas son los bodones y, sobre todo, los lavajos: un lavajo es una pequeña laguna con agua de lluvia cuando la hay, pero sobre todo con agua de manantial, procedente del acuífero de los Arenales. Naturalmente este acuífero rebosa en lavajos cuando ha llovido de lo lindo en la sierra de Ávila…

Por cierto que lavajo procede de nava y navajo influido por el lavacrum (bañera) latino. Algún navajo lo localizamos en San Llorente o en Valoria la Buena. Y navazos por Campaspero o Rubí de Bracamonte, por citar sólo algunos, si bien estas últimas denominaciones son menos abundantes.

En Navacerros

Terminemos con dos refranes alusivos: cerco de la luna navajo enjuga, cerco del sol moja al pastor. O bien, cerco de la luna navajo enjuga, estrella en medio, navajo lleno. Así que nuestros lavajos también servían para predecir el tiempo.

Volveremos a pasear por navas y navajos.

Un santo con poco trabajo

15 mayo, 2020

En ninguna de las iglesias de nuestros pueblos falta la imagen de San Isidro Labrador. Y en muchas localidades suele haber una ermita dedicada expresamente al Santo, como ocurre, por ejemplo, en la capital. Y también prácticamente en todas, de una manera o de otra, se celebra su fiesta –el 15 de mayo- con procesión y bendición de los campos.

Si nos acercamos a esa joya románica que es la iglesia de San Juan, levantada en el siglo XII en Arroyo de la Encomienda, veremos en el lado del Evangelio una imagen de San Isidro acompañada de una pareja de bueyes gobernada por un ángel. Pues bien, Arroyo es la única localidad de la provincia que casi no tiene terreno agrícola: sólo medio kilómetro cuadrado en el páramo, tres tierras detrás de Rio Shopping y los huertos de los jubilados. Por eso, San Isidro en Arroyo está muy descansado. Claro que en el resto de la provincia poco le van a llamar para que trabaje este año, con lo bueno que se presenta. Salvo para darle las gracias, claro.

Así estaba el cereal hace unos días en el páramo de Ciguñuela

Esperemos que el tiempo siga como dicta el refrán: San Isidro Labrador, un rato de agua y otro de sol. Y este año, sol, que sean largos los ratos de sol y cortitos los de agua, ¡que ya llevamos suficiente!

Prudente pastor de Benafarces

25 abril, 2020

Amenazaba lluvia en Benafarces a juzgar por el gesto de este pastor. Y acabó descargando fuerte poco antes de que llegáramos a Morales de Toro, donde entramos empapados. Pero como no hacía excesivo frío resistimos bien. (Foto sacada desde la Puentecilla el 25.04.2015)

Cerral

16 abril, 2020

Cae la tarde en el cerral del páramo un dia de abril de 2016, en el término de Simancas. La verdad es que esta foto podía pertenecer a cualquier época del año. Pero fue tomada un 16 de abril.