Valladolid-Villanubla

A Villanubla podemos llegar desde Valladolid en poco más de una hora, y volver en menos tiempo todavía, pues es cuesta abajo.

Roble en el canto del páramo
El camino más cómodo para subir es, sin duda, el firme del Tren Burra, que ya hemos comentado en otra entrada. También se puede subir por Fuensaldaña, y así enfilamos la vuelta completa a la pista de aterrizaje; por la cañada de Bambilla, que sale casi paralela a la carretera de Gijón por la derecha desde la Victoria; o por el camino que saliendo de Zaratán sube por el valle del Tren Burra. O por Ciguñuela. O por cualquier otra ruta que nos parezca. Son muchos los caminos que nos conducen a Villanubla.

¿Qué podemos ver? ¿A dónde acercarnos?

Villanubla nos depara varias sorpresas. Sin salir del casco urbano podemos visitar la zona de parque y fuentes, protegida de arbolado y siempre fresca. Cerca tenemos huertas, con sus típicas vallas de piedra caliza, y restos de otros manantiales y palomares.

Monasterio y palomar

Pero, sobre todo, hemos de acercarnos hasta la fuente de los Ángeles donde al lado se levanta lo que fue convento de los Ángeles, de ermitaños de San Agustín , con sus buenas tapias pétreas aun de pie. Tras el monasterio vemos el chortal donde nace el Hontanija, junto a un chopo tal vez ya seco y las ruinas de un palomar. Curioso lugar donde el agua brota casi en el ras del páramo. Un poco más al Sur, siguiendo el camino, vemos otro precioso palomar en mejor estado.

Sin salir todavía del pueblo, nos acercamos al extremo Oeste para comtemplar, desde un mirador, el comienzo del valle del Hontanija. Si la iglesia parroquial estuviera abierta, nos llamará la atención algunas joyas como la hermosa talla de una Inmaculada. Y no olvidemos pasar junto al humilladero de Cristo, camino del cementerio.

MolinoFuera ya de la localidad nos espera, en el límite Suroeste de la pista, los restos de un viejo molino de cubo. Carecía de balsa y precisamente el cubo facilitaba la presión necesaria para mover las piedras molineras. Un caz trae el agua bordeando el camino y debajo vemos la pequeña bóveda de salida. Abunda el tomillo salsero.

Siguiendo este mismo camino acabamos por subir al páramo y acercarnos al vallado de la pista, Vemos una hilera de chopos hacia el Norte que señalan la fuente del Caño que es, en realidad, otro chortal mucho más caudaloso y fuerte que el visitado junto al  molino. El agua, limpia y fresca, sale junto a la roca caliza y refresca toda la cola de este agradable vallejo.

Otros paisajes de Villanubla los tenemos en las cercanías de los monte Torozos, hacia Peñaflor, o en los molinos situados donde el Ontanija cruza la carretera de Wamba…

Fuente del Caño

Algo más sobre la fuente y convento de los Ángeles

Estos muros y esta fuente –que también nace tras los muros, pues toda la zona es o fue un hontanar- están llenos de historia y misterio.
Ya 1360 existía un cenobio del Císter dedicado a San Bernardo y regido por la Orden de Calatrava. Y aquí vivía uno de sus Grandes Maestres: Diego García de Padilla, hermano de María de Padilla, amante del rey Pedro I, que acabaría siendo nombrado Gran Maestre de esta Orden Militar en 1355. Pero Diego se pasó al bando de Enrique II, provocando la venganza de Pedro I.
En estos muros se situó el primer monasterio agustino donde se aplicó la reforma que adoptó el modo de vida austero de los recoletos. La inició precisamente este convento fray Juan de Alarcón, allá por 1431. Se conocería como monasterio de Los Santos, y aquí reposan los restos del primer almirante de Castilla, Don Sancho de Bazán. Entre los hechos importantes de este marino se encuentra el comandar la flota que llevaría desde Laredo (Santander) a Flandes a Juana La Loca, hija de los Reyes Católicos, para convertirse en la esposa de Enrique el Hermoso.
También se alojó aquí, la noche antes de su matrimonio, la princesa alemana Mariana de Neoburgo que casó en el Palacio Real de Valladolid con Carlos II el Hechizado un 14 de mayo de 1690.
Finalmente, la Guerra de la Independencia supuso un duro golpe para el convento, que fue saqueado y quemado por los franceses en enero de 1809. La guinda fue puesta por el proceso desamortizador del siglo XIX, que provocó la definitiva ruina del lugar. En 1990 lo compró el artista Antonio Amens que lo adecenta y lo dedica a la actividad hostelera y cultural, hasta 2005, que cierra ante la instalación de un motel junto al edificio. Poco después se construye un depósito municipal de agua a su costado que -según el propietario del recinto murado- provocó que el hontanar dejara de serlo.

De manera que, clista o caminante, si un día de niebla-¡estamos en Villanubla!- te encuentras con un fantasma paseando por las llanuras infinitas del páramo, será muy difícil saber quien de todos los muchos habitantes del convento es…  a no ser que se identifique.

El trenecillo de Torozos: de Zaratán a Villanubla

En Valladolid aun queda el recuerdo del Tren Burra, que tenía la estación junto al puente Mayor en la plaza de San Bartolomé y unía la ciudad con Medina de Rioseco, si bien luego continuaba hacia otras localidades de la Tierra de Campos.

Pero aquí solo hablaremos de la ascensión a Villanubla; muchos viajeros recuerdan cómo la subida desde Zaratán al páramo, bordeando la ladera y ganando poco a poco altura era verdaderamente lenta. Se cuenta –algún testigo así nos lo ha narrado- que los viajeros se apeaban del tren cuando iba lleno porque la máquina no podía más, y subían andando hasta el ras del páramo, donde todos -salvo los enfermos, que seguían en sus asientos- esperaban la llegada del trenecillo. Una vez allí continuaba, ahora raudo, hasta Villanubla, Torozos, La Mudarra, Coruñeses, Rioseco…

No queda nada del trenecillo, salvo el trazado de la subida. Y, efectivamente, podemos seguir las huellas de este viejo artefacto. En Zaratán nos dirigimos a la parte más alta del pueblo y, antes de llegar al depósito de agua, nos topamos con un viejo puente –se está reconstruyendo en estos momentos- bajo el que pasaba el ferrocarril. Ya estamos encaminados.

Son algo más de tres kilómetros de subida. De tranquila y pacífica subida. No se nota el desnivel. Incluso, si tenemos el viento a favor, parecerá que vamos llaneando sin dificultad.

El paisaje merece la pena. Siempre encaramados en la ladera. A nuestra izquierda, un amplio vallejo que suele sembrarse de cereal. Atrás, en la lejanía del horizonte, el valle del Duero. A la derecha, la ladera del páramo. El firme se conserva perfectamente. Cruzamos entre robles, más tarde vemos chopos que denotan humedad ¿habrá un manantial cerca?, luego pasamos entre dos buenas paredes de yeso tal vez alguno eche pie a tierra, abajo vemos un pozo con su abrevadero… y, al final, cuando estamos casi arriba, el paso se corta por una tapia. Debemos descender -¡cuidado!- unos pocos metros para tomar el camino que se veía en el valle y… ¡ya estamos en el páramo!

De aquí a Villanubla hay algo menos de tres kilómetros. El firme casi no se conserva; un camino lo aprovecha pero está bastante mal y mejor ir por el paralelo que está un poco mas al oeste. Aquí podemos ver los antiguos almacenes de la estación dedicados hoy a motel.

Fuentes en Torozos

En verano hay que beber abundantemente cuando salimos a dar una vuelta en bici. Lo normal es llevar algún bidón de agua u otro líquido y, a la vez, repostar en el camino ya sea en fuentes, ya en bares. Bares hay en casi todos los pueblos, al igual que fuentes. Pero éstas, además, abundan en el campo, razón por la cual podemos beber agua en muchos puntos de nuestro trayecto si lo planificamos adecuadamente.

Hoy daremos una vuelta por las fuentes de las estribaciones suroccidentales del páramo de los Torozos. Y debemos empezar  sabeiendo que este páramo es como un gran embalse que recoge aguas en las épocas lluviosas para soltarla, mediante fuentes y manantiales, a lo largo de todo el año. Ciertamente que muchas fuentes tradicionales hoy se encuentran secas, debido a la explotación de los acuíferos. Pero todavía quedan otras.

En Matilla de los Caños vemos una amplia y noble fuente con dos magníficos caños… ¡secos! Pero si –cerca de esa fuente que da apellido a Matilla- tomamos una pista que sale hacia el norte e, inmediatamente, nos desviamos a la derecha antes de una nave, resulta que llegamos después de recorrer unos 500 metros a la fuente de Carralate, que todavía ofrece un humilde chorro de excelente agua. Lo mejor de esta fuente –siendo buena el agua- es su situación. Se encuentra no en un vallejo, sino en plena la ladera del páramo, abierta hacia el valle del Duero, sin casi árboles u accidentes que nos impidan la contemplación de un amplísimo horizonte … Como el camino acaba en la misma fuente, no podemos seguir adelante salvo que –con la bici de la mano- subamos andando hasta tomar un camino ya en la planicie paramera.

Carralate

En la misma Velilla, también en la cuesta del páramo, tenemos dos simpáticas fuentes: fuente la Poza, junto a la carretera de Tordesillas y la del Caño, que da un poquito de caudal al arroyo de la Reguera. La primera es sobre todo pastoril a juzgar por los de abrevaderos, comederos y restos de otras piedras ganaderas -donde se los pastores preparaban potingues– que vemos en las cercanías. La del Caño es la típica fuente de pueblo: el caño, el abrevadero para el ganado y la artesa para las lavanderas. Está en un simpático y fresco lugar, arropada por una alameda.

Del Caño (Velilla)

Si desde Velilla nos acercamos a Berceruelo, nos encontramos con el manantial del Almedro y la fuente de los Curas, muy próximas las dos, en el arroyo Zorita. Hay que bajar al mismo arroyo y buscar las fuentes, si queremos dar con ellas. Es un tranquilo lugar hundido en el páramo.

Aquí debemos citar la famosísima fuente Bercero, en el término de Castrodeza y junto a la carretera de Bercero (de ahí el nombre). Siempre que pasemos por allí seguro que encontraremos a alguien llenando garrafas o bidones para llevárselos a casa y así no tener que beber agua del grifo. Tiene excelentes propiedades digestivas y contra las piedras, según los usuarios.

La Trillona

Y, ya en Bercero, hemos de acercarnos a la fuente de la Trillona, junto a un camino que discurre junto al arroyo y la ladera del páramo. Es amplia, de piedra y nos recuerda la fuente de Matilla, si bien el panorama que nos ofrece –mirando al Este- es de amplios horizontes.

Estas son algunas fuentes que hemos visto en esta zona. Otras no las hemos podido ver porque han desaparecido como la de Carramonte o la del Cárcavo, o bien su caudal ha sido capturado para abastecimiento de la población, como la de Valcuevo. Pero en artículos siguientes hablaremos de otras zonas y de sus manantiales.

Geria

Así estaba, hace unos días, este campo de cebada cercano a Geria, a unos 16 kms de Valladolid .

La mancha del fondo es la ladera del páramo de los Torozos. El campo de cereal está muy próximo a la desembocadura del Pisuerga en el Duero.

Y es que tenemos un tiempo ideal para salir a pasear, ya sea en bici, caminando o como se prefiera. A pesar del riesgo de chubascos

Páramo de los Torozos

Mientras publicamos otro post, ahí van algunas fotografías tomadas en el páramo de los Torozos -muy cerca de Valladolid- los días pasados, durante algunas salidas en bici y sin sol.

El acceso a esta páramo es sencillo. Además, está relativamente cerca de Valladolid ciudad. Se puede acceder desde diferentes caminos que salen de Mucientes, de Cigales o de Fuensaldaña. También directamente desde Valladolid -por la fuente el Sol- o por Zaratán siguiendo el trazado del Tren Burra. O desde Simancas y Ciguñuela. O desde Parquesol. Merece la pena hacerlo en estos días ¡ya parece que va a lucir un poco el sol! al atardecer, cuando mas agradecido sed muestra a la luz… Pero cualquier camino y cualquier hora serán buenas. Seguro.

Cerca de Ciguñuela, queriendo -y no pudiendo- salir el sol


Cerca de Cigales

Bajando hacia Mucientes

En la ladera del páramo

Villavellid desde Tierra de Campos

El páramo de los Torozos es una inmensa planicie que se extiende unos 70 kms a lo largo por unos 30 a lo ancho, entre las provincias de Valladolid y Palencia (sobre todo por la primera). Pero es mucho más que eso, pues esconde agradables e intrincados vallejos en los que descubrimos manantiales y arroyos, y también montes de roble y encina, por no hablar de algunas construcciones de tipo secundario –chozos, corrales, pozos, palomares- que se ya han fundido con la llanura gracias al transcurso de los siglos.

En muchos casos las faldas del páramo hacia la Tierra de Campos o hacia el Duero o el Pisuerga son suaves, como si se extendieran sin prisa durante varios kilómetros. En otras ocasiones, forman caídas un tanto abruptas, como ocurre en Villavieja del Cerro.

Ya hemos hablado de nuestra excursión por el valle del Sequillo. Comentaremos ahora algunos otros hitos de esa salida, en concreto los que se encuentran en las suaves faldas del páramo.

Ruta completa -50 kms aprox.-

Castromembibre

A esa localidad, que no oculta en el nombre su origen militar, hemos llegamos en bici desde Pobladura de Sotierra, después de atravesar campos ondulados marcados por motas y arroyos. Fue como pasear por un mar, pero de tierra.

Hay que decir que aquí se encuentran las estribaciones mas occidentales del páramo de los Torozos, y que llega un momento -ya en tierras zamoranas, por Abezames y Pozoantiguo– en que no se sabe si estamos en un páramo, en un cerro o en una llanura de ligeras cuestas.

En Castromembibre hay dos cosas que no hemos de pasar por alto. La primera es un torrejón en la loma que domina el pueblo, de piedra caliza, que fue nada menos que un molino de viento. Sí, esta perfectamente documentado que en estas tierra hubo estas máquinas. Y he aquí un claro resto. También podemos ver mas vestigios en la cercana localidad de Villardefrades.

Y la segunda es Tierra de Campos. No es tan alto como el mirador de Urueña, pero también asombra la inmensidad del territorio divisado. Es una estupenda miranda.Un paseo por sus calles, entre casas de barro o de piedra, fuentes y corralizas nos hablará de lo que es y lo que fue este pueblo perdido en los confines de Torozos.

Panorama en Castromembibre

Villavellid

Esta localidad -acentúese como Valladolid- también se encuentra en la suave y distendida falda del páramo y dista 3 kms de la anterior. Tiene castillo, que ha sido remozado, fuentes de agua reparadora para el caminante, frescos sotos y dos iglesias. También es, por su situación, una buena atalaya para contemplar el paisaje terracampino.

Desgraciadamente la iglesia de San Miguel se encuentra en avanzada ruina. Se levanta sola en las afueras del pueblo, y se han adueñado de ella cernícalos, grajillas y lechuzas. Pero nos habla, a su manera, mucho de lo que tuvo que ser esta villa. En otro tiempo. Hoy las hierbas campan por sus respetos; mañana…

San Miguel