Pisuerga de chocolate

Ayer mismo cruzaba por el puente Mayor y me llamó la atención lo transparente que estaba el agua del Pisuerga. La verdad es que en invierno -no sé la razón, tal vez tenga que ver con las temparaturas de decantación- si no hay riadas, las aguas vienen muy claras en todos nuestros cauces.

Pero esta mañana, al dar un paseo por la ribera, me sorprende un Pisuerga de color chocolate intenso, que contrastaba con las verdes -y relativamente transparentes- aguas de la Esgueva, como puede apreciarse en la fotografía. ¿Cual de los cuatro ríos -Arlanza, Arlanzón, Pisuerga, Carrión- será  el causante de este color? El nivel era el normal en invierno… Por cierto, también se aprecia la humana porquería que dejó la crecida de diciembre de 2019 en las ramas de los arbustos ribereños; en primavera y verano no se apreciaba.

El Pinar

Tierra de Pinares salta el Duero desde el sur para llegar hasta la misma ciudad de Valladolid, pues el pinar de Antequera -el Pinar para los vallisoletanos- es una gran mancha de este monte alto entre el Pisuerga y el Duero. El Pinar es el pulmón de Valladolid, ya que la ciudad se ha ido expandiendo hacia los cuatro puntos cardinales, pero sólo por el sur cuenta con terreno verde en abundancia. Son mil hectáreas de bosque pinariego, sobre todo de piñonero, si bien encontramos algunas zonas de carrasca, muy pocas de negral o resinero y algún roble testimonial. Pero si unimos los pinares limítrofes de Laguna de Duero y Simancas, con unas 200 y 800 hectáreas de monte respectivamente, tendremos un gran pinar al sur de Valladolid, de ¡20 kilómetros cuadrados! A pesar de todo, en los tiempos de la fase 0 del desconfinamiento lo hemos visto casi llenito a ciertas horas. Había que ir a otros lugares (prohibidos) para no juntar virus.

Ideal para caminar y pasear en bici, pues posee una pista verde que conecta la ciudad con Puente Duero y Simancas, una cañada real que lo atraviesa de norte a sur (y un cordel medio desaparecido que viene de las Arcas Reales), varias caminos en buen estado, un camino asfaltado con grandes baches (el del Gobernador), multitud de estrechos senderos y algunos caminos totalmente enarenados, como debe ser.

A pesar de ser un pinar y nada más que un pinar, posee zonas diferentes. Algunas de altos y enormes pinos, otras de ejemplares de tamaño mediano y también de pimpollos en pleno crecimiento. Cuenta con llanuras, pequeñas cuestas y vaguadas y, por el sur, se asoma al Duero. Las carrascas crecen en medio de una verdadera selva en las proximidades del camino del Gobernador y los pocos negrales los veremos al norte, junto a los Perales y al sur, en el ángulo formado por la cañada real y la carretera de Simancas. También posee arbolado caducifolio no sólo en la ribera del Duero, sino junto a las acequias de Simancas y Puente Duero, que lo circundan. En varios puntos crecen junqueras, testigos de viejos humedales; otras veces los testigos son topónimos, como Las Lagunillas.

La hombre también ha dejado su impronta y es parte integrante de este paisaje: el tranquilo barrio del Pinar, situado al noreste, pertenece parte a Valladolid y parte a Laguna; cuenta con dos cuarteles, parada de autobús, playa, un complejo recreativo-deportivo, la ruinas de la granja Ronquines, los restos del claustro del convento de la Merced en la arruinada granja de los Quemadillos. Vemos también los restos del polvorín próximo a los cuarteles. Y la vía del AVE, que lo atraviesa de norte a sur formando una barrera casi infranqueable, o sea, el impuesto de la modernidad.

Si el Pinar es un monte normalmente seco y austero, en el que sólo las copas de los pinos nos ofrecen un verde perenne, ahora también el suelo está completamente verde y repleto de colorido. Podemos disfrutar de humildes matorrales con flores amarillas o blancas, como las escobas, o la retama. Del azulado, empenachado y oloroso cantueso, de la atrevida silene colorata, de las rosas silvestres… O de otras flores más humildes, como -por citar algunas- las pequeñas y azules agujas de pastor… Ahora también es obligatorio rodar con gafas, pues la avena loca se inclina sobre los estrechos caminos de roderas…  La primavera ya ha hecho su labor, sólo hemos de contemplarla. ¡Ah!, y será de lo más normal contemplar a los esquivos corzos o a las huidizas ardillas. Nos esperan en el Pinar.

Puente Duero, sus montes y ríos

Gracias a Covid-19 los pinares de Valladolid, especialmente el de Antequera, se han llenado de paseantes y ciclistas. Como no nos dejan salir de término municipal, la mayoría nos hemos dirigido hacia el sur (Antequera) llegando incluso hasta los montes de la ribera del Adaja, pues nuestro término se alarga en dirección sur unos 14 km, mientras que hacia el norte no llega más allá de 7aproximadamente, igual que al este y al oeste.

El Puente

Puente Duero es Valladolid desde muy antiguo. Seguramente su origen se lo deba al mismo puente sobre el Duero, ya que todos los viajeros que se dirigían desde Simancas y Valladolid hacia el sur debían pasar por él, y no les vendría nada mal alguna venta o mesón. También cruzaban las cañadas de la Mesta leonesas y burgalesas que previamente habían pasado por Simancas o Valladolid. No hay más que contemplar la disposición de las casas de esta localidad o barrio para darse cuenta de que es una gran calle cuyas casas guardan la anchura de la vía pecuaria, tanto a un lado del río –del puente- como al otro, es decir, en dirección Valdestillas y Valladolid-Simancas.

Y no es nada aventurado pensar que aquí en la época romana existiera un puente, si bien no hay duda de que el origen del actual se remonta a la Edad Media. Poco hay que ver en Puente Duero al margen de la belleza austera y equilibrada del propio puente; la antigua iglesia cayó en el siglo XIX a consecuencia de una riada, si bien restos del retablo podemos contemplarlos en la nueva. En la orilla del río está, abandonada, la fuente del Caño y muy cerca de la iglesia podemos beber de una nueva.

Vaguada en el monte Blanco

Puente Duero, en fin, a pesar de pertenecer a Valladolid tuvo alcalde pedáneo hasta 1960, en que pasó a ser un barrio de la ciudad a todos los efectos.

Al sur del Duero se extiende un territorio de casi 8 km de largo, de este a oeste, por unos 4 km de ancho en su parte central, de norte a sur.

Piñonero y negral

Pinar del Esparragal, cerca de Aniago

En la parte norteoeste podemos pasear por el amplio pinar del Esparragal, casi todo él llano, con muchos pinos de buen porte y dos caminos de excelente firme que los atraviesan, ideales para rodar. Uno es el denominado camino de Aniago y el otro se dirige también a Aniago entre el pinar y una franja de tierras de labor junto al Duero. También lo recorren diversos caminos secundarios que, si no tienen tan buen firme, se rueda muy bien por ellos. Por senderos se puede llegar a diferentes puntos de la ribera del Duero: la Vega o la pesquera de Pesqueruela. El término municipal se queda a sólo 300 m de la desembocadura del Pisuerga y a kilómetro y medio de las ruinas de Aniago y la desembocadura del Adaja.

Efectos del último temporal de viento

Monte Blanco, un lujo para Valladolid

En la franja central o sur podemos pasear por un idílico y pintoresco lugar que sí, sí está en Valladolid y es el monte Blanco. Es monte en las dos acepciones de la palabra. Por una parte su altura máxima está 80 m por encima de Puente Duero y cuenta, por tanto, con cuestas y vaguadas. El punto más alto –Eras denominado- está señalado con un vértice geodésico, pero lo que nos facilita su localización es la torreta de vigilancia contra incendios. Y por otra parte es un auténtico monte mixto de pinos y –sobre todo- de encinas con algún roble aislado. También descubriremos una amplia pradera que ataño estuvo dedicada a cultivo. Hasta la cima del monte podemos rodar por estrechos senderos, rozándonos con encinas y arbustos, que parten de una antigua gravera al sur de Puente Duero. O bien podríamos utilizar caminos más accesibles desde la urbanización los Doctrinos o desde la cañada de merinas, hoy carretera de Valdestillas.

El punto más elevado

Merece especialmente la pena la asomada sobre el Adaja y su valle, e incluso bajar por las curiosas hornías hasta el mismo cauce y cruzarlo por el vado Ancho. Se divisa igualmente Simancas y Ciguñuela, Valladolid, Laguna, las Mamblas de Tudela, Olmedo, Valdestillas, Matapozuelos, Villavieja del Cerro… Un lujo de observatorio.

Todos conocemos el refrán Soy Duero, que de todas aguas bebo, menos del Adaja, que me ataja. Pues bien, tal vez desemboque este río cabreado porque precisamente aquí, este monte lo detiene en su constante y rectilínea dirección norte para hacerle desembocar con rumbo oeste. Y muy enfadado por ello, ataja al Duero.

Uno de los muchos senderos

Y el Cega desemboca por aquí

Y al este tenemos el denominado Montico de Duero, otro precioso monte de pinos, encinas y abundante retama con suelo de grava y arena que se acerca hasta Viana o, para ser exactos, hasta la vía del AVE. En esta zona se encuentra la desembocadura del río Cega en el Duero, pero no se puede acceder a ella en bici, pues está todo vallado. Recuerdo que, de chavales, íbamos a pescar y pasar el día a ese idílico paraje, y ya entonces teníamos que cruzar por una estrecha franja, llena de maleza, entre el río y los gallineros y terrenos cerrados, desde Puente Duero. No hace muchos años pude llegar a ella caminando sobre las arenas del Cega en verano, aprovechando la buena temperatura y el exiguo caudal del río.

Entre Viana y Valladolid

Pues nada, a rodar por el término administrativo de Pucela. Es lo que hay. Si se tercia,  prepararemos  entregas administrativas: Pinar de Antequera, Arcas Reales, Esgueva, La Overuela, La Bambilla…  Claro que antes nos podemos morir de hambre o de pena –jamás por Covid- ya que la consejera parece dispuesta a mantener la fase 0 hasta Navidad.

Zapatitos de la Virgen

Alguien, hace ya unos cuantos años, aprovechó una de las primeras arcas reales  (que data de 1588) como mural para su expresión artística (!). Casi al mismo tiempo, un zapatitos de la Virgen decidió que era buen sitio para nacer.

Así no vas a llegar a viejo, no tienes espacio para sostenerte y nutrirte bien, le dijeron.

No importa -contestó- disfrutaré de la luz, la lluvia y la vida el tiempo que me corresponda y seré feliz, siempre merece la pena vivir y más en primavera. Aunque estés casi emparedado. (O confinado que diríamos hoy)

Y así estaba un 18 de abril de 2004.

Paseando junto a la Esgueva interior

Vamos a seguir el viaje de la Esgueva interior, o norte, o derecha, pues este río se dividía en dos al llegar al Puente de la Reina, que se encontraba donde hoy le cruza el canal del Duero. Precisamente aquí existieron unas compuertas de regulación, cuya finalidad era evitar las inundaciones en la ciudad en caso de fuertes crecidas, pues, como cita Matías Sangrador, gracias a ellas se permitirá únicamente pasar por este ramal interior la cantidad de agua que se crea conveniente, pudiendo dirigirla en su totalidad, en casos de avenidas, por el exterior, que por la profundidad de su cauce no ofrece el menor peligro. Este ingenio se hizo con motivo del encauzamiento de la Esgueva interior, entre 1848 y 1860.

Arquetas del comienzo

Por el campo

Es relativamente fácil seguirla: en los planos del IGN más antiguos se señala este cauce como brazo seco y en algunos de los posteriores se señala, al menos en parte, como si fuera una acequia. Hoy lo distinguimos gracias a que el lugar por el que discurría está marcado por una línea de espadañas. Este cauce se niveló con el terreno adyacente, pero seguramente quedó como acequia durante un tiempo y, finalmente, ha quedado en muchos puntos como divisoria de tierras. Sea como fuere lo cierto es que desde el sifón del Canal del Duero vemos una línea señalada por arquetas hasta que se transforma en una línea de espadañas que a veces desaparece pero que vuelve a renacer. Incluso al toparse con la VA-30 le han construido un pequeño túnel para que lo cruce (!), aunque la Esgueva no existe ya. Sigue después manteniendo las espadañas hasta que, sin llegar a perderlas, vemos una hilera de grandes chopos -el primero, seco- que se aprovechan de la humedad del antiguo lecho. Este es uno de los pocos puntos donde distinguimos un cauce bien marcado, si bien pequeño. Todas estas tierras -desde Puente la Reina a la ciudad- son de muy buena calidad y, si nos fijamos, veremos un suave lomillo entre las dos esguevas. Por cierto, este pago sigue llamándose Entresguevas.

La línea del “brazo seco”

La VA-20, por el contrario, no respeta la Esgueva y la corta. Si nos fijamos, en este punto también abundan las junqueras. Por cierto, a nuestra derecha iba -quedan los restos con firme de buena piedra- el camino viejo de Renedo y a la izquierda el camino de Puente la Reina, que sale de la calle del mismo propio nombre.

Poco antes de llegar a la ciudad

Y por la ciudad

Continúa separando buenos labrantíos hasta que llega un momento en que se acaba la tierra y empieza el asfalto. Ahora la Esgueva sigue una linea recta e imaginaria que nos lleva, cortando la calle Universo -primera con la que ahora se topa en la nueva ciudad- hasta las proximidades de un gran gimnasio, en la calle del Asteroide. Allí mismo, junto a la puerta, la acequia posterior hacía un meandro cuya huella todavía puede observarse. Luego, retomaba su rumbo dirigiéndose por la hoy calle Andrómeda para atravesar el ferrocarril justo por donde hoy están excavando un nuevo paso subterráneo. ¡Hasta en esto nos hemos aprovechado de la vieja Esgueva, después de muerta! Desde el gimnasio hasta aquí vemos claramente como el plano está inclinado para favorecer la bajada de las aguas.

Atravesada la calle Nueva del Carmen la Esgueva iría por lo que es la calle Nochevieja a encontrarse con su futuro: el nuevo cauce que recoge las aguas de las antiguas Esguevas a partir de 1910. O sea, este ramal lleva muerto casi 110 años. Al norte quedaba un amplio espacio que se dedico a eras, en el siglo XVIII. Después, la Esgueva entraba en el prado de la Magdalena por los ojos de un puente que ha quedado como recuerdo y vestigio de otros tiempos en una zona hoy ajardinada. Pero estos arcos no daban servicio a un camino, sino que por formaban parte de la antigua cerca de la ciudad y permitían la entrada de la Esgueva en Valladolid. Allí mismo podemos contemplar restos de la citada cerca, en el lado sur.

Rotonda en la calle Universo, atravesada por una Esgueva imaginaria

El prado de la Magdalena llegaba, en el siglo XVIII, hasta la iglesia que le da nombre y hasta la misma calle Paraíso, por donde nuestra Esgueva seguía. Poseía arbolado y pradera, pero también abundaba en encharcamientos y zonas pantanosas, no solo debido a las aguas de la Esgueva, sino también a los muchos manantiales que aquí surgían, tal como refleja el plano de Bentura Seco. Por eso, al desviar la Esgueva a principios del siglo pasado, se procedió al avenamiento del prado. Si nos situamos cerca de los arcos citados, vemos un amplio cauce y su correspondiente inclinación para dirigir las aguas. Se vislumbra que por aquí cruzaba un río de poco fondo y, por tanto, más ancho de lo que sería normal. Por cierto, junto a los arcos hubo una fábrica de papel continuo que, desviada la Esgueva, llegó a utilizar, a su vez, agua del nuevo encauzamiento. Caprichos de las aguas.

Aquí se construyó un puente sobre la Esgueva para el ferrocarril; ahora se aprovechará como paso de vehículos y peatones… si no hay sorpresa.

La Esgueva soterrada

A partir de la calle Paraíso y desde mediados del siglo XIX, la Esgueva interior fue soterrada, es decir, encauzada mediante dos muros cerrados con su correspondiente bóveda y tapado todo ello con tierra, de manera que la ciudad ganó superficie para nuevas calles y plazas, pero perdió su Esgueva. El recorrido urbano ya lo conocemos: calle Paraíso, la Antigua, Portugalete, Cantarranas, el Val, San Benito, el Poniente, las Moreras y desembocadura en el Pisuerga. Sirvió como colector hasta la inauguración de la EDAR.

No decimos nada de la Esgueva exterior, así llamada porque históricamente no cruzaba la ciudad, como la otra, sino que la evitaba. Hoy es la única Esgueva hasta el puente del ferrocarril y, a partir de ese punto, fue encauzada artificialmente en dirección norte; es la Esgueva que hoy conocemos. Según algunos investigadores como Watemberg hubo incluso una tercera Esgueva que pasaba cerca de San Pablo y desembocaba en la playa. Otros piensan que se trata de un arroyo ajeno a la Esgueva. Pero lo cierto es que las Esguevas hicieron Valladolid, aportando la tierra de su amplia llanura, e incluso empujaron al Pisuerga hacia el oeste, haciendo más grande esta superficie. Y Valladolid, agradecida se deshizo de sus Esguevas, después de ensuciarlas y ocultarlas. Así de sencillo.

Aquí tienes el recorrido aproximado de esta Esgueva.

Un rebaño en la cañada

No es normal encontrar ovejas en la ciudad de Valladolid, ni tan siquiera en una cañada real como lo es la Leonesa Occidental. Pero ahí estaban pastando el pasado domingo, entre Covaresa y el Peral, cerca de la VA-30.

De lejos pensamos que se trataría de algún rebaño trashumante de merinas, pero no, que eran churras y venían de Simancas. Habían llegado hasta el Peral atravesando el puente sobre la VA-30 y en el momento en que llegamos se daban la vuelta para volver a casa. El rebaño era de Simancas y el pastor, un joven gaditano afincado en Moraleja de las Panaderas. Llevaba los enseres en un burro y le ayudaban en su trabajo al menos tres perros careas.

Los ciclistas y paseantes aprovecharon para sacar fotos: ¡no todos los días cruzan rebaños por la cañada real!

¿Vendrán tiempos en los que sea raro encontrar vehículos en las carreteras?