Archive for the ‘Valladolid ciudad’ Category

Valladolid, cruce de paisajes

4 junio, 2016

Cerro SC

La ciudad de Valladolid se asienta sobre un verdadero cruce de comarcas. Por un lado –hacia el este- se encuentra en la comarca del Cerrato, como Cabezón de Cerrato, pues la Esgueva, después de moldear buena parte de ese territorio, desemboca en el Pisuerga precisamente por Valladolid. El último accidente cerrateño es, seguramente, el cerro de San Cristóbal, insignia de la ciudad.

Iniciando la bajada hacia Valladolid desde el páramo

Iniciando la bajada hacia Valladolid desde el páramo

Pero también es cierto que por el norte, Valladolid –y en particular sus barrios de la Victoria y la Maruquesa- se asienta sobre las laderas del páramo de Torozos, moldeadas por el Pisuerga desde su orilla derecha. Las cuestas de la Maruquesa son, sin duda, otra insignia.

Dársena del canal. Al fondo, Cuesta de la Maruquesa

Dársena del canal. Al fondo, Cuesta de la Maruquesa

Pero hay más: la ciudad, por el sur, se extiende hacia el Pinar de Antequera, último bosque importante de la Tierra de Pinares. De esta manera, con sólo caminar unos pocos kilómetros, podemos contemplar tres comarcas naturales, con sus paisajes específicos. Y a todo ello debemos sumar las riberas, sotos y meandros del Pisuerga, que por sí solos también constituyen otro peculiar paisaje lleno de vida y frescor.

Pinar de Antequera

Pinar de Antequera

Claro que la cosa no queda aquí pues, desde el punto de vista histórico, nuestra ciudad se encuentra en la línea del Duero, ancha frontera con las marcas musulmanas durante los primeros siglos de la Reconquista. Pero también se sitúa en la misma raya fronteriza del reino de León con el condado de Castilla. A pesar de que al principio de la Edad Media Valladolid no existía –era una pequeña aldea dependiente de Cabezón y protegida también desde Simancas- luego acabó siendo cabeza de un amplio alfoz, asiento de Consejos y sede de la Corte.

Laderas cerca de Zaratán

Laderas cerca de Zaratán

 

 

El Espanta, un arroyo asesinado

31 marzo, 2016

De entre los cauces menores que llegaban a Valladolid aportando arboledas y prados al paisaje, además de algunas aguas al Pisuerga, encontramos por su margen derecha los arroyos Berrocal, Pozo Patilla y Madre, y por la izquierda los ramales de la  Esgueva y el arroyo Espanta.

Arroyo Espanta

Este último brota -por no decir brotaba- en el pago de La Majarresa, un vallecillo en término de la Cistérniga a unos 800 m de altitud, en el que se recogen las aguas de los últimos páramos del Cerrato. Desde allí su escaso e intermitente caudal resbalaba hasta entrar en el pueblo por el Camino del Cementerio hasta la Cruz, entre las eras, y después se paseaba entre las calles reuniendo las aguas de otros manaderos y arroyuelos menores hasta llenar un pilón que servía de lavadero.

Apenas nace ya lo encontramos canalizado

Apenas nace ya lo encontramos canalizado

Al dejar el pueblo se relajaba perezoso por los fértiles pagos de La Vega, Las Dragas, Los Alamares y finalmente Argales, hasta  desembocar en el barrio del Cuatro de Marzo; su caño se colaba al final de la actual calle Espanta por debajo del arranque de la Carretera de Rueda y  los desaparecidos Jardines de La Rubia, llegando al Pisuerga justo dónde hoy encontramos un moderno mirador.

Trabajando duro como colector del polígono La Mora Trabajando duro como colector del polígono La Mora Trabajando duro como colector del plígono La Mora

Trabajando duro como colector del polígono La Mora

En la actualidad apenas sobrevive a las duras agresiones a las que se ve sometido. Se ve sometido a un auténtico calvario debido a la presión urbanística e industrial: primero como colector de La Cistérniga, algo más allá el polígono de la Mora y después FASA y Argales. No lo puede soportar. Su pequeña corriente se convierte en un hilacho infecto de aguas negruzcas y malolientes que atraviesa bajo vías, carreteras y canales; a veces entubado, otras, las menos, a cielo abierto tratando de mostrar la imagen digna que le hemos robado. Hasta que desemboca en…. ¿Quién sabe dónde desemboca?

Desembocadura clausurada en el Cuatro de Marzo

Desembocadura clausurada en el Cuatro de Marzo

La  CHD, cuando define su cauce lo lleva aguas abajo, sobre la acequia de Valladolid. Sin embargo,  la realidad es que parte se desvía al colector de San Cristóbal que entra en Valladolid por San Isidro y el resto se pierde entre el conjunto de nuevas infraestructuras que suponen el nuevo colector construido en paralelo a la nueva VA 30 que culmina en la EDAR.

Retazos de dignidad entre aguas pardas

Retazos de dignidad entre aguas pardas

En resumen: el arroyo está perdido, muerto. Es realmente lo que menos ha importado salvar en cualquiera de las actuaciones realizadas en su entorno, salvo para dejar un paso de escorrentías. Una vez más, hemos sido incapaces de armonizar nuestro crecimiento con el sostenimiento de la naturaleza.

Javiloby

Crucero de La Cistérniga

Crucero de La Cistérniga

Una aportación a la historia de Valladolid: las explosiones del Pinar de Antequera

25 agosto, 2015

Portada

Javier Municio, colaborador de este blog, acaba de publicar –disponible en Amazon– el libro Explosiones en los polvorines del Pinar de Antequera: crónica del accidente más dramático de la historia de Valladolid. Se trata de una llamativa obra, pues relata con bastante detalle el accidente más dramático de nuestra historia local, como bien reza el subtítulo.
Mucho se ha escrito sobre Valladolid a lo largo de los siglos, pero faltaba algo que nos trae precisamente ahora el interés de J. Municio por el paisaje vallisoletano, en este caso del Pinar. Recuerdo que hace no muchos meses, paseando por este monte, nos enseñaba los restos de estos polvorines, haciendo referencia a su historia y, por tanto, a las terribles explosiones que ocurrieron en 1940 y 1950. Yo no sabía nada de ello y me extrañó sobremanera no haber leído nada al respecto. Luego preguntaría a otros vallisoletanos –incluso habitantes del propio Pinar- que tampoco sabían nada o, a lo más, tenían alguna confusa referencia.

Foto en el polvorin

El autor junto a uno de los polvorines

Fruto de aquellos paseos fueron algunos artículos en este blog. Pero Javier ya tenía metido el veneno en el cuerpo y no le bastó con esas breves entradas, de manera que siguió haciéndose preguntas sobre el cómo y el por qué, antecedentes y consecuentes de aquella catástrofe. Y fruto de esas peguntas es este libro, que viene a llenar una laguna de nuestra historia reciente.

¿Por qué no sabemos casi nada de todo aquello? Tal vez porque los medios de comunicación daban sólo noticias oficiales, porque evitaban lo negativo, porque había una política de información muy concreta. Se entiende fácilmente en el contexto de la dictadura de la época. Lo que ya no se entiende igual es porqué desde 1975 hasta ahora se ha pasado de puntillas sobre estos acontecimientos y nadie los ha divulgado, a pesar de que alguno habría encontrado hasta razones políticas para hacerlo, las mismas que poco antes llevaran a otros a silenciarlo. Desde luego, los archivos se encuentran al alcance de cualquiera, como pone de manifiesto nuestro autor.

La parada del autobús en el Pinar de Antequera

La parada del autobús en el Pinar de Antequera

Y es que la historia no la escriben sólo los historiadores. También la escriben -la escribimos- todos los que amamos nuestra tierra y nuestro paisaje, su gente y su cultura y –por esa razón- no sólo admiramos lo que vemos, sino que nos preguntamos la razón de lo que admiramos… Y, tarde o temprano, por azar o por trabajo –en este caso por trabajo- acaba llegando la respuesta.
Desde aquí queremos felicitar a Javier por esta magnífica obra que entra en los anales de nuestra historia local. Y también a Óscar Domínguez por la expresividad de sus ilustraciones; gracias a ellas nos podemos hacer una idea cabal de cómo eran aquellos polvorines. ¡Gracias, Javier!

Los restos de Cervantes

22 marzo, 2015
Riberas del Pisuerga

Riberas del Pisuerga

Descanse en paz Cervantes. Descansen en paz sus restos y sus huesos. Nos basta con saber que reposan en el convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso y poco más. Si fuera un santo, bueno sería acudir en peregrinación ante sus reliquias para rezar y pedirle gracias y favores. Pero es, más bien, un escritor; contribuyó como nadie a elevar el idioma español a lo más alto. Lo que debemos hacer, pues, es leerle.

Y leerle, sería la mejor manera de recordarle. Re-cordar es volver a pasar por el corazón. En todo caso, en esta Ciudad, también podemos recordarle paseando por las riberas del Pisuerga, o por el Rastro, o por el Campo Grande, o junto a la torre y claustro de la Antigua, o por la placetilla que llaman del Ochavo… ¿quién sabe si todo eso no le inspiró, no le pasó por el corazón?

En la plaza del Ochavo

En la plaza del Ochavo

La mejor manera de honrar su memoria es leerle:

 Salió a misa de parida

la mayor reina de Europa…

Pues esa misa se celebraba en nuestra iglesia de San Lorenzo. También, como leemos en la Galatea -y en el Puente Mayor-:

 Bolued el pressuroso pensamiento

a las riberas de Pisuerga bellas:

vereys que augmentan este rico cuento

claros ingenios con quien se honran ellas.

Ellas no sólo, sino el firmamento,

              do luzen las clarificas estrellas,              

honrarse puede bien quando consigo

tenga alla los varones que aqui digo.

Pues si todo esto –y no son más que dos citas, que hay más- lo recogió la retina de Cervantes, y luego lo elaboró su pressuroso pensamiento y su voluntad, o sea, su corazón ¿qué mejor manera de acercarse a él que leer sus obras y –a la vez- pasear por donde él vivió? Estamos re-cordandole. Estamos llevándole al corazón. De alguna forma, sigue vivo en nosotros, mientras que, en sus restos, bien muerto está.

Una calle de Valladolid

Una calle de Valladolid

Dejemos que descanse en paz pero… ¡leamos a Cervantes! Es la mejor manera de acercarnos a sus verdaderos restos… aun vivos, de descubrir su corazón. Pues re-viviremos lo que él mismo vivió. Y aquí lo tenemos más fácil.

Nieve, vino y agua

17 marzo, 2015
Almendro

Almendro

Nos habían asustado con el tiempo que iba a hacer el fin de semana pasado. Sin embargo, amaneció un sábado luminoso e ideal para andar en bici: sol y poco viento; no hacían falta ni los guantes. Nos dimos un paseo de mañana, hasta Fuensaldaña y vuelta.

Fiesta en las Contiendas.

Fue la primera etapa del trayecto. Había una prueba de bici de montaña por la tarde y muchos participantes estaban reconociendo el terreno. La verdad es que parecía durilla la prueba: continuas subidas y bajadas, con fuertes repechos que si los coges hacia arriba puedes quedarte clavado, sin fuerzas y, hacía abajo, hacían peligrar la vida del artista, digo del ciclista. Pero el ambiente era festivo: había abuelos paseando y familias disfrutando del buen tiempo, los almendros de nieve estaban en su esplendor primaveral. Incluso la policía montada de Valladolid se paseaba por las lomas por si alguien la necesitaba…

En la cima de las Contiendas

En la cima de las Contiendas

Bajamos hacia la carretera e Gijón y tomamos el camino de la Merced hacia Fuensaldaña. A pesar de que tanto las tierras como los caminos estaban bien secos, los manantiales daban agua y muchas cunetas se habían convertido en vivas regueras.

Bodegas en Fuensaldaña

Pasamos cerca del lagar de Bambilla y luego entre la cuesta Calderón y el vertedero municipal. La zona está relativamente limpia, aunque sobran plásticos. Enfilamos hacia Fuensaldaña por el camino de Rompealbarcas. Buenos toboganes para fortalecer las piernas del ciclista.

Exterior de una bodega...

Exterior de una bodega…

Como presintiendo lo que podía pasar, nos fuimos en directo hacia la cuesta de las bodegas, que constituye un ordenado caos de caminos, senderos, zarceras, entradas, poyos para tomar el sol…Y acertamos a pasar por la bodega de Ramón y Ciri, que nos invitaron a degustar su caldo:

-¡excelente!,

fue el adjetivo más usado mientras nos refrescaba el gaznate. Y la verdad es que este clarete, a la temperatura adecuada, sin ningún aditamento, elaborado como hace siglos, es auténtico zumo de uva fermentado que sólo te puede caer –y hacer- bien. Además nos enseñaron la bodega, con sus diferentes sisas, que aun conserva en uso el lagar. Una maravilla.

...e interior de otra (de la de Ramón y Ciri, precisamente)

…e interior de otra (de Ramón y Ciri, precisamente)

Como dentro de no mucho esperamos volver a almorzar a una de estas bodegas, ya contaremos con más detalle cómo son y cómo se elabora en ellas el néctar de los dioses.

Y una zagala en la fuente de San Pedro

Así que hicimos la vuelta especialmente alegres, con gasolina de la buena para el corazón en las venas. Pensábamos subir al paramillo, pues hay una vista muy buena sobre Valladolid, pero alguien dijo que mejor no y ¿para qué discutir? si total, llegaríamos igual a la fuente de San Pedro, como así fue. Pero antes pasamos por una fuente nueva, cerca de Landemata, que alguien ha construido aprovechando un antiguo manantial.

Pastando en el prado de San Pedro

Pastando en el prado de San Pedro

Ya se ve que teníamos el día a favor, a pesar de los agoreros del tiempo que nos amenazaron con la vuelta de ese señor tan antipático al que llaman invierno: sentada en la misma fuente de San Pedro nos encontramos con una pastorcilla que cuidaba de unos pocos caballos que pastaban en la pradera. Llevaba la vara y podía ir vestida de zagala, a la usanza de los clásicos relatos pastoriles, pero no, iba con un chándal como si fuera una niña cualquiera de cualquier barrio de Valladolid (o del centro, para que nadie se ofenda). Es el tributo que hemos de pagar al siglo XXI. Aunque ciertamente tenía algo de aquella otra pastora, Marcela, de quien dijera Cervantes en el Quijote que cuando llegó a la edad de catorce a quince años, nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella.

De vuelta

De vuelta

Despreciando por una vez el agua de San Pedro –habíamos bebido buen vino- seguimos cuesta abajo hasta conectar con el Canal de Castilla en la anteúltima esclusa. Desde allí, saludando a piragüistas y espantando algún pato nos presentamos en Valladolid.

La acequia de Simancas y el camino de las Berzosas

16 noviembre, 2014
Cauce amarillo

Cauce amarillo

Estos son días para disfrutar de los colores que nos ofrece la naturaleza: granates, rojos, ocres, amarillos… Parece como si del verde –lleno de vitalidad- se pasara a ese color de la madurez, de tonos pardo-rojizos que, a su vez, anuncia un gris mortecino y pálido que dominará durante casi todo el periodo invernal.

Acequia de Valladolid

Acequia de Valladolid

La acequia de Simancas lleva el agua del canal del Duero a través de la acequia de Valladolid hasta el Pisuerga en las proximidades de Entrepinos. Como se encuentra flanqueada de chopos, ahora podemos asistir a una verdadera sinfonía de color, siempre que la luz –si es de la tarde, mejor- le dé de una u otra forma. Ha dejado de llevar agua hace ya más de un mes, pues ahora no es necesario regar. De todas formas, en los sifones queda algo de líquido y los cangrejos se resisten a morir ¿o, tal vez, a dormir durante el largo invierno? El cauce se ha vuelto amarillo, con un tapiz vegetal, y el sendero de sirga lo vemos ahora vestido de verde. Abundan las setas de chopo.

Apuntando al cielo

Apuntando al cielo

Los álamos ya están deshojados. Otros árboles –sauces, nogales, guindos- todavía mantienen la hoja verde. A los pinos cercanos no les afecta el otoño, pero gracias a las lluvias caídas se encuentran más elegantes y lustrosos.

Pinos y chopos

Pinos y chopos

El camino de las Berzosas discurre entre el camino Viejo de Simancas y la acequia. Va –o iba- desde las proximidades de las Aceñas hasta la cañada de Puente Duero a la altura del Peral, pasando por la granja Mirapinos, la finca Morán, la ribera del Carmen, los Viveros, el Barrio. En alguno sitios ha sufrido buenos tajos y, en otros, se le ha respetado hasta el punto de construirle un puente sobre la ronda exterior sur.

Lugares agradables para pasear en otoño.

9 Noviembre 092

Desde el pinar