Primera salida

4 mayo, 2020

 

Naturalmente, salí el sábado a dar un paseo en bici. Llegué hasta la torreta de vigilancia del monte Blanco, en el extremo sur del municipio de Valladolid. Volví de noche pero contento por haber estirado las piernas.

Me llamó la atención lo verde que está el pinar de Antequera, pocas veces se deja ver así. Aunque abundaban las flores, aun no había llegado la explosión floral que sin duda se producirá avanzado el mes. Los pinos y los árboles de las riberas tenían el tronco excepcionalmente limpio, seguramente a causa de las lluvias recientes.

Me crucé con bastantes ciclistas en el pinar de Antequera y con menos una vez cruzado Puente Duero, pues realmente cuesta llegar en tan poco tiempo al monte Blanco. Pero mereció la pena asomarse al valle del Adaja, con Valdestilllas, Matapozuelos y Olmedo al fondo y la cordillera central, que se veía muy bien, de telonera.

Saludé a otros rodadores y poco más. Me detuve unos instantes a charlar con ese simpático burro. Creo que todavía no han prohibido estas conversaciones y tampoco es necesario, según creo, guardar con ellos eso que llaman la distancia social.

Confiemos repetirlo algún día más de esta semana. Mayo promete hermosos paisajes, más incluso que otros años.

¡Bienvenido!

1 mayo, 2020

Como ya hemos dicho hace años un día parecido a este, ben vennas, maio, e con alegria.

Y ello a pesar de que Sánchez -al menos durante este mes, que ya veremos luego con el jeroglífico de las fases- no nos va a permitir pasear sin prisa por las praderas que Abril dejó preparadas…  Ha descubierto lo bueno que es para un gobernante tener a sus súbditos recluidos. Porque que no me digan a mi que paseando en bici por esos campos a cualquier hora del día y por cualquier municipio se transmiten enfermedades. Vamos, que le ha sacado el gusto a la privación de libertad; ahora es por franjas (horarias) y términos (municipales).

En todo caso, aquí dejamos la serie dedicada a la cuarentena con una imagen tomada en San Román de Hornija el uno de mayo de 2018. 

Isla peculiar

30 abril, 2020

“Isla” de robles en el páramo de Fombellida (30.04.2005)

La primavera va tomando cuerpo

29 abril, 2020

Cerca de Hornillos de Eresma, 29 de abril de 2018

Aguas fluviales

28 abril, 2020

El Pisuerga, unos metros antes de fundirse con el Duero (28.04.2016)

Cantos

27 abril, 2020

Entre estos cantos está el arte del Pleistoceno medio,
en cantidad y calidad sorprendentes,
al menos, en el valle del Duero.

(Miguel Martín F. de V.)

Recuerdo las bandas de chicos que se formaban en el pueblo, y cómo nos peleábamos a cantazo limpio, a veces hasta que alguno terminaba descalabrado. Visto desde hoy, éramos unos auténticos salvajes. Pero ello ocurría, entre otras razones, porque eran abundantísimos los cantos rodados. Ya en la ciudad, las peleas más fuertes eran con castañas pilongas, en el Campo Grande en otoño, a modo de proyectiles, que casi no hacían daño. Lo cierto es que, sin saberlo, estábamos emulando a don Quijote:

No se pudo escudar tan bien don Quijote que no le acertasen no sé cuántos guijarros en el cuerpo, con tanta fuerza que dieron con él en el suelo…

Como gotas planas

Los había por todas partes, de todos los tamaños, colores y formas… ¿quién no ha deslizado piedras que saltaban sobre la superficie del río desafiando momentáneamente al principio de Arquímedes? Claro que esas debían ser totalmente planas, y por supuesto que las había. Salvo en el páramo –y en Tierra de Campos- en la provincia abundan los cantos, los llamados cantos rodados, que fueron empujados por las aguas durante miles y miles de años y se han quedado en el cauce de los ríos y sobre sus terrazas. Tenemos una multitud de cascajeras que jalonan los valles del Pisuerga y Duero. Y en el fuero de Peñafiel -siglo X- ya aparece el topónimo Guijosa justo donde ahora vemos una cascajera, en la desembocadura del Valcorba en el Duero (Por cierto, este nombre se conserva en la cañada de la Guijosa, antigua vía pecuaria de Sardón de Duero, que viene justo hacia la desembocadura del Valcorba desde el NE)

Pues parece un puñal

Y hoy nos siguen llamando la atención, pues algo tienen de enigmático: ¿por qué sus formas? ¿y sus tamaños? ¿y colores? Una vez leí que cuanto más hayan rodado, más redondos y pequeños se hacen. Lo cual es cierto y lógico. Sin embargo, en nuestra provincia parece que es al revés: en el Duero por Peñafiel abundan los pequeños (y rojizos) y, sin embargo, por San Román y Castronuño abundan unos cantos enormes (?). ¿Y por qué sus formas planas o alargadas, si deberían ser redondeados…? ¡Misterio!

Camino de cantos en San Román de Hornija

En Tierra de Medina podemos ver los restos de numerosas fortalezas construidas en calicanto, con cantos de buen tamaño. El castillo de San Pedro de Latarce está construido con ese mismo material, así como los muros bajos de muchas casas en esa zona oeste. Incluso tengo un amigo que se trae enormes cantos de aquella zona para pintarlos y jugar así con sus nietos.

Simpáticos cantos pintados de Villaester (Pedrosa del Rey), gentileza de Durius Aquae

El caso es que nuestros paseos en bici dan para mucho. También para pararse un momento y contemplarlos. ¿De dónde habrá venido cada uno? ¿De qué risco hoy desmochado o cordillera? ¿A qué se debe su forma tan peculiar? ¡Pero si parece esculpido a propósito por algún ser inteligente! (Desde luego más inteligente que aquellos golfos que nos batíamos a cantazo limpio). Y, que me disculpen los artistas, pero les encuentro más belleza y sentido que a la escultura abstracta.

Pero… ¡si este tiene forma de auténtico cuchillo! ¡Y aquél de chuletón! ¡Y el de más allá parece un medallón! Y este otro ¡tan plano!, ¿no debería estar redondeado?

Cantos en San Pedro de Latarce

Algunas personas especialmente sensibles, como Miguel Martín Fernández de Velasco, a quien tuve la suerte de tratar (y cualquiera puede disfrutar de sus delicadas novelas donde se nota que tenía una especial conexión con la naturaleza y sus seres, como es el caso de Grandullón o Pabluras), pensaban que muchas de estas piedras eran –son- representaciones artísticas realizadas por nuestros antepasados del paleolítico. Miguel ya no está con nosotros para defender sus propuestas, pero ahí nos las ha dejado y quién sabe si, finalmente, serán validadas por los científicos. De momento, ahí tenemos millones de cantos que forman parte del paisaje cercano, para solaz y recreo nuestros, que no para arrear al prójimo.

Torrejón en calicanto y ladrillo cerca de Pozal de Gallinas. Fotografía tomada un 27 de abril -de 2008- para seguir la tradición.

Por cierto, la voz canto es de origen celta, si bien ha llegado al español a través del latín.