Trashumancia y cañadas reales en las Jornadas de la Asociación de Caballistas “El Comeso”

24 enero, 2017

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Como viene siendo costumbre, El Comeso de Portillo ha celebrado sus Jornadas sobre los Encierros tradicionales, esta vez en su XIV edición dedicadas a las cañadas reales y la trashumancia.

Ante un nutrido grupo de caballistas intervinieron el pasado viernes día 20 Luis Gil, Presidente de la Asociación de Ferias y Patrimonio de Medina del Campo, que comentó interesantes detalles tanto históricos como de actualidad relativos a la trashumancia, con especial referencia a Portillo y Medina del Campo; Federico Sanz, autor del libro Cañadas reales de Valladolid, que se refirió a través de diversas fotografías al significado de estas vías ganaderas en el paisaje de nuestra provincia, y Luis Antonio Rodríguez, El Taru, que comentó su experiencia como vaquero trashumante en nuestra provincia y a través de media España. Como moderador actuó el escritor y aficionado taurino José Ignacio García.

Al día siguiente, se celebró la segunda Jornada titulada  Enganches con la intervención  del juez de doma Isaías Salamanca Ortega y el aficionado a los enganches Jesús García. Durante el acto se realizó también una mención al reconocido caballista Rafael Sanz Sanz.

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Es llamativo el interés que han despertado estas Jornadas, y nos alegramos por ello, pues son muchos, cada vez más, los amantes de las Cañadas reales, patrimonio histórico y cultural valiosísimo de España y, particularmente, de nuestra provincia. En este mundo global y tecnificado, las cañadas son elementos tradicionales, legado de nuestros antepasados, que hablan de quienes somos y de cómo fuimos y, de alguna forma, nos hacen diferentes de la misma manera que hacen más rico y diferente nuestro paisaje. La Asociación viene organizando otras actividades relativas a estos temas y ya son costumbre las ferias de la trashumancia celebradas en julio.

Por tanto, vaya un aplauso fuerte y sentido para esta Asociación de Caballistas integrada por 600 socios de Portillo y de diferentes pueblos de su entorno. Y ya estamos esperando la próxima Feria de la Trshumancia…

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De Valladolid a Meneses de Campos

19 enero, 2017

7-enro-059En esta excursión atravesamos el páramo de los Torozos desde Valladolid a Meneses, pasando por Villanubla. El día estaba fresco, pues la noche anterior habíamos llegado a los seis grados bajo cero. Pero hacía sol y se rodaba bien. Al principio, sin viento –como si aún estuviera helando- y luego se fue levantando un viento de noreste que nos dificultaba –un poco- el avance.

Vallejo desde el firme del Tren

Vallejo desde el firme del Tren

De Zaratán a Villanubla rodamos por el firme del Tren Burra que, cualquier ciclista un poco experimentado conoce, se trata de una subida larga pero muy suave. A la derecha nos acompañaban los cantiles de caliza y yeso y a la izquierda, un vallejo con campos de labor. La ladera por la que discurre la pista está adornada con abundantes robles y alguna encina. El último tramo del camino sobre el firme del Tren, ya en el páramo, lo están arreglando y ensanchando.

En Villanubla bordeamos la pista del aeropuerto y nos acercamos a saludar a unos amigos en sus tierras de La Cigüeña. ¡Al abrigaño hacía un tiempo excelente! Daban ganas de quedarse, pero seguimos por el raso perfectamente horizontal y sus sendas largas, rectas, infinitas…

Navabuena

Navabuena

Cruzada la carretera de Villalba tomamos un peculiar camino señalado por inmensos robles, justo en la raya entre Navabuena (Valladolid) y los Montes Torozos (Medina de Rioseco) que nos llevó hasta el pozo donde nace uno de los ramales del Hornija. Poco antes, en Villanubla, nos habíamos acercado al chortal –seco- donde borbota el Hontanija, junto a un palomar arruinado.

Ahora siguiendo la linde entre Villalba y Valdenebro nos acercamos al monte de Las liebres, y lo bordeamos sin casi introducirnos en él. Un poco más y pasamos junto a las ruinas de la ermita de la Quintamilla, junto a una buena alameda que señala las fuentes del Anguijón.

Las Liebres

Las Liebres

El siguiente paso fue asomarnos a la balconada de Valdején, desde donde divisamos la infinita Tierra de Campos; y, en particular, el vallejo del arroyo del Caballo, el Moclín y sus terraplenes, Palacios, la torre de Belmonte… y Meneses, nuestra meta. Así que, contemplado todo, nos dejamos caer hasta Palacios. Luego, a rodar en contra del viento hasta Meneses, donde nos esperaban los hermanos Arroyo en su típica casa terracampina para reponer fuerzas (y luego volver descansadamente en vehículo motorizado). Total, unos 52 km; aquí tenéis el recorrido.

Y Tierra de Campos

Y Tierra de Campos

 

Un día ventoso en Tierra de Pinares

10 enero, 2017

bocigas-2016Bocigas es una localidad del alfoz de Olmedo. Se encuentra, por tanto, en plena Tierra de Pinares, y es el punto que elegimos esta vez para iniciar la excursión. No fue elegido al azar: como el día anterior se lo había pasado lloviendo, esta Tierra era la ideal para rodar, pues encontraríamos poco barro. O eso era lo que creíamos.

Salimos por el camino de las Bodegas que nos condujo hasta el extenso pinar de Mohago, en el término de Olmedo. Es un pinar de negrales que nada tienen que ver con los negrales retorcidos que conocemos en Portillo o Camporredondo. Aquí son esbeltos, altos, casi totalmente derechos; diríase que se esfuerzan, sobre todo, por buscar el cielo. Además, como precisamente había llovido se encontraban limpios –daba gloria verlos, diría alguno- e incluso como aún estaban mojados, tenían una tonalidad más neta y definida. Por otra parte, en el suelo había salido musgo y algo de hierba, lo que le daba un aspecto más agradable, si cabe, para el paseo. Setas, pocas, ciertamente. El camino, perfecto: dos roderas de arena dura, sin baches ni raíces: volábamos por el bosque.

Pinar de Mohago

Pinar de Mohago

Al poco nos encontramos en un curioso y agradable lugar en la orilla misma del Adaja. En una tableta colgada entre dos chopos alguien había puesto: Este es el lugar de Pecheye. Disfrútalo pero… no lo jodas. Bocigas. El paraje –una pequeña pradera rodeada de altos álamos- es apacible ahora, con que en primavera o verano, ni te cuento. Un poco más abajo está el vado de la Huerta, al que también nos acercamos para continuar luego camino por la colada del Pinar, que sigue la orilla derecha del río.

Salimos del pinar a un claro e hicimos parada en lo que queda de la casa de Villagrá. Lo que queda son las paredes de barro que dejan ver simpáticos detalles constructivos en piedra, ladrillo, teja y madera. Parece que dominaba otro agradable vado. Pero ya no es ni recuerdo de lo que fue.

En la ribera del Adaja

En la ribera del Adaja

Atravesamos a continuación el pinar de Puras con algunas asomadas al tajo del Adaja, que corta la llanura de estos campos y que se adorna de enhiestos chopos y álamos abiertos. En la otra orilla, pinares y pinares. Acabado el nuestro, salimos de la provincia para caer casi en el río y por un senderillo en la ladera de peña fuimos ascendiendo a duras penas hasta la tierra llana del Navazo. Desde aquí –pasando junto a una pequeña nava o bodón- seguimos un camino de excelente firme que nos dejó en Montejo de Arévalo, donde repusimos fuerzas.

Y aquí empezó lo peor: un viento muy fuerte nos daba de cara al mismo tiempo que subíamos una cuesta por el camino de las Bodegas, con abundante y pegajoso barro. Además, en algunos momentos el camino se llenaba literalmente de escobas. Tanto que teníamos que (intentar) rodar por las tierras de labor. Al sur dejamos ruinas de bodegas, un bacillar y, más lejos, un monte de matas de encina; al norte uno de los muchos cabezos o motas que tiene esta loma, continuadora de la colina donde se levanta la torre del telégrafo de Almenara.

Llegada a Bernuy

Pero todo esto terminó, salvo el huracán, al llegar a la cima. Al fondo divisamos Villagonzalo y, más al fondo todavía, a unos 9 km, Coca sumida en un mar de pinares. Pues a rodar nos lanzamos dejando a un lado y otro tierras de labor, algunas naves de marranos y, ¡oh sorpresa! hasta que no estuvimos literalmente encima, no vimos, abajo, Bernuy de Coca.

Da la impresión de que este Bernuy no es nada, en comparación con lo que fuera un día. Muchos edificios arruinados; las casas estaban vacías y sólo vimos dos o tres coches aparcados. De algunas traseras se habían adueñado las hiedras, señal segura de que ya no se utilizan… Eso sí, la iglesia era enorme y relucía con el sol, que ya mostraba querencia por el horizonte. ¡Ah!: nos recibió una preciosa fuente o pozo –de los de manivela y cangilones- con sus correspondientes abrevaderos.

Saliendo de Villagonzalo

Saliendo de Villagonzalo

También nos recibía en Villagonzalo la fuente del Caño, con varios lavaderos, que corre el peligro de convertirse en el centro de la escombrera local y de la que hemos hablado en la entrada anterior. Allí mismo se nos presentó la magnífica y extensa laguna de las Eras, de agua salobre. Como el cielo estaba de un azul oscuro e intenso, las aguas reflejaban esa tonalidad sin dejar de rizarse por el viento…  Pero estaba cayendo la tarde y pusimos rumbo al oeste, cruzando pequeños valles –al sur se dejaban ver Íscar y su castillo, y Llano de Olmedo- hasta llegar a Fuente de Santa Cruz. Aquí nos dio tiempo a ver algún palomar, fuentes, la Cruz del camposanto iluminada de lleno desde atrás…  hasta nos paramos en un encinar a la salida del pueblo. ¡Y a continuar navegando con el cielo dorado del poniente!

Hacia la puesta de sol

Hacia la puesta de sol

Al poco tomamos el camino de la Raya (de Valladolid y Segovia) hacia el Adaja y empezamos a descender suavemente por la ladera el valle, ahora con el viento a favor y sin prácticamente barro que se pegara a las ruedas. La verdad es que no pudimos apreciar mucho el paisaje a nuestro alrededor por la falta de luz, salvo el perfil de la torre del telégrafo contra un cielo oscuro y los arreboles –que no es poco- de la puesta de sol justo sobre los ataquines.

Ya en Bocigas, descansamos junto a la laguna del campo de golf: era de noche y Venus reinaba en el firmamento.

De Simancas a Fuentes por la calzada de Clunia

2 enero, 2017
Puente de Simancas. Detalle.

Puente de Simancas. Detalle.

Ya hemos comentado que una de las ciudades más importantes del valle medio del Duero, en época romana, fue Simancas. Se sabe que hubo calzadas –vías, para los romanos- que unían unas ciudades con otras y, así, de Simancas –encrucijada de vías– salían calzadas hacia Clunia y Zaragoza, Astorga, Coca o Salamanca… De estas calzadas han quedado restos físicos en algunos casos, y documentales y toponímicos en otros.

De Simancas a Clunia se conservan algunos, muy pocos, vestigios. Lo cual no quiere decir que, más adelante, puedan descubrirse nuevos restos. Desde el inicio de esta calzada hasta las cercanías de Villabáñez se cree que coincidía con los antiguos caminos que unían Simancas, Laguna y Tudela. En cualquier caso, vamos a recorrerla desde el puente de Simancas, verdadera encrucijada de vías romanas.

Atravesando el pinar de Simancas

Atravesando el pinar de Simancas

El puente actual es medieval, pero seguramente en la época romana hubo otro en el mismo lugar, ya que se trata de un ancho y pedregoso vado en el que se puede levantar con relativa facilidad un largo puente. Cubre poco, lo que se puede apreciar especialmente ahora, con un río de reducido caudal y agua clara. Tomamos el camino Viejo, luego el de las Berzosas y torcemos a la izquierda nada más superar la acequia. Ya estamos rodando por el camino de Laguna.

Dejamos a la izquierda la granja Las Lagunillas y, antes de llegar a la granja Ronquines, vemos que abundan los juncos e incluso hay algunas pequeñas navas o lagunillas. El firme es excelente, con forma convexa para drenar bien. Y el paisaje típicamente pinariego, con abundancia de grandes piñoneros bien espaciados.

En la cañada de la Nava

En la cañada de la Nava

Al llegar a la cañada de Puente Duero nuestra calzada se acaba debido a que en esta zona hubo campos militares de tiro y maniobras, además de polvorines. Todo esto se retiró pero los caminos se perdieron por completo. A Laguna podemos ir bien por el camino de Laguna (al norte) propiamente dicho o bien por la cañada de la Nava (al sur). Vamos por la cañada y atravesamos la localidad. Poco antes de comenzar la salida rodamos por la calle Aragoneses que toma nuestro mismo rumbo. Estamos bien encaminados, pues el camino de los Aragoneses coincide, en algunos de sus tramos con la calzada romana que pretendemos seguir. Pero entre Laguna y Tudela va como un kilómetro al norte del nuestro.

En el túnel de la autovía

En el túnel de la autovía

Después de dejar la calle de La Estación, rodamos por el camino de Tudela, que discurre entre la vía de Ariza –también se dirigía hacia Aragón- y el canal del Duero. Ambas infraestructuras son mucho más modernas que la pista que llevamos. Curiosamente, pasamos junto a un chalé en cuya entrada hay dos columnas, un frontis triangular y un altorrelieve, todo de corte clásico: como si lo hubieran colocado en honor de la calzada que pasa por delante…

Hasta aquí hemos llegado

Hasta aquí hemos llegado

La autovía de Segovia ha respetado nuestra calzada, y la cruzamos gracias a un túnel con las paredes decoradas. A sur dejamos la granja Conchita, en cuyos terrenos se descubrió una necrópolis visigoda.

En fin, después de recorrer unos 14,5 km, llegamos al término de Fuentes, donde una enorme gravera se ha comido el camino y nos impide el paso. Hasta aquí hemos llegado rememorando antiquísimos tiempos. Pero podemos continuar en otro momento: al menos en Villabáñez y en Bocos quedan vestigios de esta vieja vía.

Campo en Fuentes

Campo en Fuentes

Para saber más,  podéis ver el texto y mapa de Moreno Gallo sobre esta ruta, que es de donde he sacado la información: ¡una maravilla sobre las calzadas romanas en Castilla y León!

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¡Bienvenido, “Durius aquae”!

31 diciembre, 2016

A a través de estas líneas damos la bienvenida a este mundo bloguero a nuestro amigo y compañero de fatigas Javier, que se ha lanzado a publicar una bitácora que, de entrada, tiene muy buena pinta. Va a tratar sobre el río Duero, sus aguas, sus paisajes, sus gentes y nos lo va a acercar a través de rutas y paseos que se promenten interesantes. El enlace lo dejamos ya, de manera permanente en la columna de la derecha para uso de nuestros visitantes.

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Lo dicho, Javier: ¡Enhorabuena por el parto y te deseamos largos éxitos en este mundo virtual! Claro que en tu caso -como en el nuestro- es conditio sine qua non pasar antes por el real. Lo cual tiene un gusto doble.

Ya de paso, aprovechamos para desear a todos nuestros lectores y seguidores un

FELIZ 2017 LLENO DE ALEGRÍAS, PAZ

Y EXCURSIONES POR LOS ALREDEDORES

que tampoco hay que irse muy lejos para conocer mundos nuevos y estupendos

 

 

Roma en Valladolid

26 diciembre, 2016

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España fue romana durante muchos siglos. Puede decirse que lo fue, al menos, hasta la entrada de los árabes en el año 711, pero también podemos afirmar que incluso hoy mismo lo sigue siendo, pues hablamos un latín llamado castellano, o gallego, o catalán, y hemos heredado ese espíritu práctico propio de occidente que, en realidad, es romano. La zona de Valladolid –vaccea- es conquistada para Roma durante el siglo I a.C. y permanece romana hasta la llegada de los Visigodos en el siglo VI, e incluso después, pues convivieron hispano romanos e hispano godos.

Por eso, a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, los restos de aquella época que aparecen en la provincia son especialmente abundantes. Solamente en el páramo de los Torozos escasean, tal vez porque estaba cubierto de una espesa capa de bosque que no le hacía demasiado habitable.

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Aquí se levantó Amallóbriga

No había grandes ciudades –las más próximas eran Clunia, Coca y Astorga- pero sí hubo algunas de pequeño o medio tamaño: ahí están Pintia, Nivaria (¿en Sieteiglesias –Matapozuelos- luego trasladada a Alcazarén?), Amallóbriga (junto a la ermita de Tiedra Vieja), Intercatia (se cree que estuvo en Aguilar o Montealegre, o tal vez en Bolaños de Campos o Paredes de Nava), Tela (Montealegre) Simancas, Aullóbriga (cerca de Torrelobatón). Con menos seguridad se citan Moeóbriga (Mayorga), Sarabris (cerca de Medina del Campo) y Porta Augusta (Portillo). Simancas y Amallóbriga debían de ser especialmente importantes, pues en ellas convergían varias calzadas. Además, Simancas es la ciudad prerromana que ha permanecido habitada hasta nuestros días, con el paréntesis de siglo y medio en el yermo del Duero, durante la Reconquista.

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Calzada a continuación del puente de Becilla

Puentes tuvo que haber en muchos ríos y arroyos. Pero el único que ha permanecido hasta hoy sin excesivas renovaciones es el de Becilla en el río Valderaduey. Se conserva también parte de la calzada a la que servía, aunque no estaba en una ruta frecuentada. Hubo puentes al menos en Simancas, Puente Duero, Cabezón, Sieteiglesias (Matapozuelos), Valdestillas.

Muy abundantes fueron en nuestros campos las Villae, distribuidas por toda la provincia. Ejemplo de ellas son la de Villa de Prado, en nuestra Ciudad, y la de Almenara-Puras.

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Fuente de Antagüeros

Curiosas y abundantes son las fuentes denominadas romanas que bien pueden proceder de aquella época, pues las encontramos precisamente junto a yacimientos romanos y tienen todas el mismo estilo. Podemos citar, entre otras, la fuente de Santiago, en una pradera con alameda cerca de Ceinos de Campos, la fuente de la Ermita en Gordaliza de la Loma, o Los Villares en Castromembibre, estas dos últimas en lugares parecidos a la de Ceinos. También, la fuente de Villavellid, la fuente Tejar en Tordehumos, la del Bosque en Cabezón de Pisuerga, la de Antagüeros en Tiedra, el Caño de Palazuelo de Vedija, la de Mucientes o la de los Ceniceros en Padilla de Duero. La verdad es que son muchas las que han llegado hasta nuestros días, porque siempre fue la manera normal de abastecerse del líquido elemento. Salvo ahora, razón por la que mueren tantas fuentes.

 

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Pico Muedra

Finalmente, sabemos que hubo un castellum en el pico Muedra, junto a San Martín de Valvení. Y, como curiosidad, junto a la iglesia de la Antigua (al lado de donde se pensaba construir el aparcamiento) se han encontrado restos de un hipocaustium, antecesor de nuestra gloria castellana, de una vivienda romana. Se ha mantenido perfectamente al estar junto a la iglesia, por lo que el urbanismo de la ciudad apenas le ha afectado. Es el único resto romano en el casco urbano de la ciudad, además de la villa citada arriba.

 Esto no es más que un apunte para saber, en nuestros paseos en bici, dónde quedan los restos romanos más importantes. Aunque seguro que dentro de unos cuantos años el mapa que ofrecemos ha cambiado notablemente debido a nuevos descubrimientos.

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En Gordaliza de la Loma

***

En nuestra última salida, hace una semana, pasamos por Villagonzalo de Coca, cerca de Puras, y vimos sobre el pilar de la fuente del Caño un capitel tardorromano en posición invertida. De buen tamaño, en mármol blanco, con los relieves desgastados y muy similar al utilizado –éste vaciado-, en Santa María de Wamba como pila de agua bendita. Estando Coca tan cerca, lo más lógico es que sea efectivamente romano, como romano tardío (siglos V-VI) es el de Wamba, donde se sabe que hay restos de esa época bajo la iglesia.

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Fuente del Caño, en Villagonzalo. También podría llamarse fuente del Capitel romano

Para saber más, se puede consultar Arqueología Romana, de T. Mañanes, en la Biblioteca Básica de Valladolid, de la Diputación P.