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El Pedroso de la Abadesa

19 septiembre, 2018

El Pedroso es un pueblecito, unos de los más pequeños de la provincia, que se nos presenta bien protegido por el páramo de los Torozos, que lo abraza desde tres puntos cardinales mientras que por el cuarto –el sur, ya en San Miguel del Pino- corren las aguas del Duero. Está en la orilla derecha del arroyo del Prado, que viene de Robladillo acompañado por algunos álamos. La colada de Toro marca su raya con Velliza, y el camino del Pinar de Tordesillas con buena parte del término de Matilla. Por el este se extiende hasta la falda del teso de Valdelamadre.

Su caserío se eleva sobre una pequeña colina, lo que le hace perfectamente visible desde varios kilómetros a la redonda. Las pocas casas aparecen bien conservadas, y relucen especialmente al sol del atardecer y de la madrugada. Está limpio y con muy pocos edificios en ruina. Ahora mismo algunas bodegas se encuentran en reparación; parece que, siendo pequeño, se ha salvado del abandono, al menos por el momento. Las casas se agrupan en torno a una plaza en cuyo centro se levantan pequeños árboles que dan sombra a unos bancos y a un pozo-fuente en el que los ciclistas podemos rellenar los bidones con saludable agua.

Un poco apartada de las casas se levanta una sencilla iglesia construida en piedra caliza, y arenisca -algo no habitual en esta zona de la provincia- en la parte más alta, rematada con una espadaña en ladrillo. Este edificio nos da alguna noticia del nombre y origen del pueblo: la Abadesa es Dª María de Bargas, conforme leemos en la inscripción que figura en la fachada, sobre la puerta. Y es que este pueblo, que pertenecía a la jurisdicción del Monasterio de Santa Clara de Tordesillas desde su fundación en 1363, quedó despoblado hacia el año 1525 y las monjas clarisas decidieron, allá por 1786, repoblarlo. Esta es la historia del apellido.

La otra parte de la historia la desconocemos, pues el terreno sobre el que se asienta no es pedroso ni pedregoso, sino adecuado para el cultivo, de pan llevar. Bien es cierto que en otras épocas pudo serlo, pues desde la autovía de Salamanca hasta el poblado leemos en el mapa los topónimos siguientes: las Peñuelas, las Contiendas –o sea, las canteras-, las Lastras y el propio Pedroso. Recorriendo esa zona en bici sí es cierto que vimos una enorme lastra hincada en la tierra y unas piedras, pocas, pero de enormes proporciones. O sea que algo debió haber… hace siglos.

El paisaje del Pedroso se completa con el prado del arroyo, esta temporada saturado de maleza, algunas pequeñas pero llamativas choperas -más visibles aun que el pueblo, un pinar al sur y una tierra de forma alomada y curiosa que denominan la Sagreña. ¿Hubo alguna ermita o santuario en tiempos pretéritos?

El panorama de la comarca es encantador. Especialmente recomendado para pasear a última hora de la tarde.

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El monte de la Abadesa

1 noviembre, 2017

Entre Villanueva de Duero, Serrada y el santuario de nuestra Señora de la Peña se extiende una superficie en forma de triángulo en la que podemos pasear por montes de encina, pinares, majuelos de la DO Rueda, riberas del Duero y de algunos arroyos, y también por arenales en los que se cultivan fresas, zanahorias, grosellas, berzas y otros productos hortícolas.

Ese triángulo pertenece a cuatro municipios –Villanueva, Serrada, la Seca y Tordesillas- y en este último término se encontraba el monte de la Abadesa, o de las Monjas, o de Terradillos, que por esos tres nombres es o fue conocido.

Vista desde la ladera

Pertenecía al monasterio de Santa Clara, que estuvo gobernado por una abadesa muy poderosa; su jurisdicción se extendía por buena parte de nuestra provincia, y por otras como Zamora, Burgos, Segovia o Soria. Sus facultades incluían la de nombrar alcaldes, como fue el caso de San Miguel del Pino. Incluso Napoleón llegó a nombrarla Abadesa Emperatriz y, por unos momentos, ejerció ese poder, ¡vaya si lo ejerció! [1]

En los viñedos quedan abundantes encinas, señal de que antaño fueron montes

Hoy el de la Abadesa es un monte, en buena parte roturado, y casi todo está cercado para pasto de ganado caballar o vacuno. Pero en sus antiguos límites todavía podemos contemplar algunas encinas de muy buen porte que no se sabe cómo han sido respetadas. Y como en 1409, todavía quedan ejemplares de lo que citaba un documento de Juan II [2]:

…que non sean osados de cortar nin levar lenna, nin çepas nin ballotas, nin otra cosa alguna del dicho monte, nin entrar a paçer las yervas, nin bever las aguas d’el con sus ganados sin liçencia e mandado de las dichas abadesa e dueñas e convento del dicho monesterio

Y respecto de la caza:

…nin entren ninvayan al dicho monte a correr nin tomar nin caçar caça alguna d’el con perros nin con furones, nin con vallestas, nin con rredes, nin con falcones, nin en otra manera alguna.

 

Y en la Poza de los Lobos hubo abundantes chopos

También debió de haber lobos, pues en su toponimia queda la Poza de los Lobos, que es un pliegue que cae desde los majuelos al monte, buen lugar para escondite de alimañas. Nosotros no hemos visto lobos en la poza, pero sí una pareja de corzos y muchos chopos secos a punto de caer definitivamente, además de otros muchos ya caídos, señal de que antaño hubo un pequeño regato o manantial. El mismo monte está atravesado por la colada de las Capellanías, que viene de Ventosa de la Cuesta y a través del vado de la Benita podía conectar con otra vereda hacia Tordesillas.

Tordesillas muy al fondo

Entre este monte y el arroyo que viene de Serrada se extiende, sobre una suave elevación, otro monte de encina y pino surcado por varios caminos. En sus cercanías tenemos viñedo abundante y la fuente de la Miel, reducida a un pozo seco. Ambos montes se encuentran separados por un vallejo que nace precisamente en esa fuentel: en su fondo hay pequeñas arboledas álamos y matas de negrillos, una huerta y, ya al final, una casa de labor arruinada con diversas construcciones auxiliares, alguna en construcción; finalmente da a un gran arenal que lleva al Duero.

Una línea de alta tensión va desde esta zona hasta Tordesillas atravesando el monte. Si nos situamos en la cima de la colina veremos los arenales y el monte de la Abadesa, con la torre de Santa María de Tordesillas dibujada al fondo.

Un monte curioso, donde quiere volver a dominar la encina

También se encuentra atravesado, de este a oeste, por la cañada del Pinar, que cruza el arroyo de Serradaen otro tiempo río Adaja– a la altura de un inmenso encerradero de ganado, la peculiar casa de Pombo. Siguiendo este arroyo que posee choperas, saucedas y algunos frutales, llegaríamos al despoblado de San Martín –que poblado también perteneció a nuestra Abadesa- y luego a las plantaciones de Viveros California. En dirección a Villanueva de Duero se extiende un pinar o monte especialmente arenoso, apto para ser rodado por esforzados ciclistas.

La casa de Pombo

Estos montes –salvo el de Villanueva-  se encuentran apartados de los caminos ordinarios, por lo que hay que proponerse el llegar a ellos. De todas formas, el camino más concurrido del triángulo tal vez sea el que une Villanueva de Duero con la Peña, camino directo hacia Tordesillas entre el Duero y diversas zonas valladas que dificultan la salida hacia el sur. También cuenta con algunos balcones al Duero, muy ancho y tranquilo aquí a causa de la pesquera de San Miguel.

En fin, siempre será apacible dar un paseo por estos montes, viñedos y arenales. Además de dulce por los racimos de uva especialmente mauros que quedan olvidados en esta época  y un poco cansado por los arenales, sobre todo si vamos rodando.

Y un aviso: ahora mismo, mucho ¡ojo al abrojo!

Balcón al Duero


Notas

[1]  Véase Napoleón y la abadesa de Santa Clara de Tordesillas, de Mariano García y García.

[2] Conforme nos cuenta S. Rodríguez Guillén en su tesis doctoral sobre la historia de este monasterio.