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Últimos atardeceres de verano

19 septiembre, 2017

El sol cae sobre Alaejos un día a mediados del mes de septiembre. Las torres de Santa María y San Pedro aplanan el caserío para destacar ante el sol poniente, que se cuela entre sus ventanas. Parecen grandes linternas. O tal vez exageradas lámparas votivas a Santa María y a San Pedro. O agujas que recuerdan una dirección olvidada. O que, simplemente, señalan a los caminantes lejanos donde  se encuentra Alaejos. Todo es posible al ponerse el sol en Castilla.

Mientras, las humildes quitameriendas que no conocen la sequía, señalan, junto a la ermita de la Virgen de la Casita, que el verano está a punto de terminar. Que las tardes se acortan. Que ya no merece la pena merendar porque hay que cenar enseguida. Si por aquí hubiera pastores trashumantes –que no los hay- sabrían también que se acerca el cambio de humus, pero los pastores de la cofradía de la Virgen de la Casita no se mueven de aquí.

Tras la ermita, una estrella de seis puntas en piedra arenisca esperará al sol de la amanecida, y todo volverá a recomenzar como si nada.

Por cierto, que el pozo de la Virgen ha sido remozado por completo y a su lado ha aparecido un merendero techado.

La Guareña (y 2): de Olmo a Alaejos

8 diciembre, 2012

Molino de la Carrera

Continuamos con la excursión de la entrada anterior (habíamos salido de Olmo) y no nos resistimos a contar la sorprendente acción militar que aquí ocurrió durante la Guerra de la Independencia.

Y es que precisamente en esta zona que atravesamos, los ejércitos francés al mando del general Marmont y anglohispánico dirigido por el duque de Wellington, hicieron una marcha paralela teniendo al río Guareña en medio. Acamparan ambos a poca distancia para recuperar a las tropas después de una frenética marcha. Reanudan la marcha, el francés por la orilla derecha y el anglohispánico por la izquierda, dirigiéndose ambos hacia el sur, vigilantes el uno del otro, esperando la acción del contrario para entablar combate. Esta fue la famosa marcha de dos ejércitos en paralelo a no más de 500 metros el uno del otro y con unos 50.000 soldados cada uno. Al final, ambos ejércitos cruzarían el Tormes para enfrentarse en la batalla de Los Arapiles, siendo el francés fue derrotado por la tropas al mando de Wellington.

Chopo solitario

Pero sigamos nuestra particular marcha, que incluye parada y fonda en el molino de la Carrera, ahora metidos de nuevo en la provincia de Valladolid, término de Torrecilla. En realidad, este edificio tuvo dos molinos, a decir de los testigos que todavía hablan: los dos bocines separados por un tajamar, en la balsa, y los dos arcos de ladrillo donde estuvo el cárcavo con el rodezno. Hoy es un establo para el vacuno, tan abundante en La Guareña. De hecho, un inmenso prado, ahora verde brillante por la lluvia y el sol, se extiende entre los edificios del molino y el cauce del río.

Seguimos. A la izquierda, tierras de labor que suavemente se elevan hacia el Oeste. Al otro lado, prados, el bosque del río y, más allá, los cerros escarpados de los Regatones,  que suben hacia Torrecilla. Sabemos que la otra orilla cuenta con más recovecos, con escarpes, fuentes, huertos. Pero la dejamos para otra excursión.  También dejamos los restos del molino del Pico, en la raya de Castrillo.

Pico del Molino

Cruzada la carretera Valladolid-Salamanca nos plantamos en Castrillo (y en Zamora de nuevo) donde tomamos el camino de la ribera derecha. Al llegar a los restos del molino de Gómez Arias  –bocín cegado, balsa labrada y sembrada- ya cerca de Vadillo, dejamos La Guareña para subir por el Este hasta el Mojón del Fraile y disfrutar allí de otra panorámica increíble. Una fuerte subida en la que hemos compensado de golpe la larga bajada desde Torrecilla hasta Vadillo.

Y el camino nos señala al fondo las torres de Alaejos, donde al final llegamos.

Subida en la Urnia

Pero la excursión nos deparaba una última y grata sorpresa. Nos acercamos hasta la fuente del Caño. Pues bien, resulta que han limpiado y restaurado la fuente, el Arcamadre y las arcas secundarias. Y han construido un merendero y otras fuentes donde beber agua. ¡Hay que felicitar al Ayuntamiento alaejano! Las fotografías de aquel artículo de este blog son, gracias a Dios, pura historia.

Prado típico

La Guareña (1)

5 diciembre, 2012

alaejos guareña

Después de las últimas lluvias se han sucedido los días luminosos… y fresquitos. El pasado domingo heló bien por la noche, pero la jornada –con sol y sin viento-  fue magnífica para salir al campo a pasear, en bici o a pie.

A lo largo de todo el recorrido pudimos comprobar que los charcos y lavajos se encontraban helados. Ni tan siquiera al final de la tarde se habían deshelado. Pero en ningún momento tuvimos frío.Lavajo en Alaejos

La Guareña es una comarca a la que da nombre este río de 63 km que pasa por las provincias de Salamanca, Valladolid y Zamora para desembocar en el Duero frente a Toro. Crea un paisaje fresco, con abundantes prados y alamedas. Antaño era rico en cangrejos y especies piscícolas; hoy suele secarse durante el verano.

De Alaejos a Torrecilla nos paramos en el nacimiento del arroyo Valdelafuente (seco, claro) y luego en  el  pico Cabra para contemplar el inmenso panorama. Decenas de pueblos se veían a lo lejos, sobre todo en dirección sureste. Claramente se divisaba Madrigal de las Altas Torres y, más al Este, dos pueblos  en los que se distinguían –con prismáticos- sendas torres del telégrafo, encima. ¿Tolocirio y Codorniz?

También se distingue, al Este de Torrecilla la ermita del Carmen cuyo origen está ligado con la andariega Teresa de Jesús: en uno de sus muchos viajes entre Medina del Campo y Salamanca, propuso la construcción de una ermita dedicada a la Virgen del carmen en el cerrillo de San Ginés.

Torrecilla

Después de cruzar junto al lavajo –helado- del campo santo pasamos entre las casas de ladrillo de Torrecilla sin casi pararnos para tomar el camino de Tarazona, ya en La Guareña salmantina. La iglesia ya no está construida con la típica piedra caliza de Valladolid, sino con una arenisca que se deshace al rozarla. En todo este trayecto desde Alaejos pudimos comprobar que por aquí ha llovido bastante, pues los lavajos tienen agua. También había galgueros en los campos. Y buscadores de setas, si bien las que nosotros encontramos estaban heladas.

Cortados de arenisca

Al llegar al valle pasamos por el puente del río Mazores, precisamente donde recibe al Poveda. Juntos llevan sus aguas al Guareña, a la altura de Olmo. Aquí el paisaje ha cambiado por completo, pues ya estamos metidos de lleno en La Guareña. ¡Qué pena que no podamos acercarnos a los molinos Nuevo y de la Villa! Nos lo impiden las cercas para el ganado vacuno de la finca La Carolina y el agua del propio Mazores.

Seguimos avanzando junto al río en la dirección de las aguas, dejando a la derecha la galería que forman álamos, sauces y chopos y, más allá todavía, los cortados que caen rompiendo la plataforma del páramo de Tarazona. En otra ocasión iremos por la orilla derecha para inspeccionar de cerca esas paredes de arenisca tan llamativas.

Olmo de la Guareña

Cruzamos sobre la bici un vado del Guareña, que lleva agua, y ya estamos en Olmo, provincia de Zamora. Se trata de un pueblo alargado, tendido en la ribera izquierda del río. Posee un delicioso ábside mudéjar en la iglesia de San Andrés.

Al salir, superado el cementerio, pudimos asistir a la carrera de una liebre perseguida por tres galgos: quiebros a izquierda y derecha, subidas y bajadas… pero no supimos el resultado, de tanto que se alejaron la perseguida y sus perseguidores.

Prados y cañadas en Valdefuentes

18 enero, 2011

Estos días de abundante lluvia hay que buscar pinares y tierras arenosas donde no se peguen las ruedas al barro. Los sitios ideales, ya lo sabemos, están en las comarcas de Olmedo y de Medina del Campo. Luego, podrá salir un día bueno, como éste.  La excursión que traemos hoy discurre por las cercanías de Nava del Rey, Alaejos, Carpio, Nueva Villa de las Torres… Vamos a encontrar lavajos que no nos impiden el paso, pinarillos, prados, cañadas, y todo bajo una luminosidad que lo todo lo embarga. Empezamos en Nava del Rey.

Por la cañada de los Picos

Al poco de salir alcanzaremos la cota más alta de toda la excursión; mirando hacia atrás vemos Nava y su enhiesta torre de los santos Juanes, y hacia delante una asomada a la inmensa llanura sobre la que destaca Alaejos y sus dos esbeltas torres:  Santa María y san Pedro. También vemos, extendida, Sieteiglesias de Trabancos, pero sin torres que destaquen. Y descendemos a la cañada de los Picos, que suele tener algún pradillo y algún charco y que nos introduce luego de cruzar un pinarillo en los dominios del Trabancos.

El torrejón de la Nava


Nos acercamos a los restos del torrejón. Llevan ya muchos años en equilibrio inestable pero no acaban de derrumbarse por completo. Claramente domina un cruce estratégico del valle desde la Nava –tierras castellanas- hacia la frontera con León. Hoy todavía atraviesa por aquí la cañada que une Alaejos y Medina. Abajo, la chopera muerta del río muerto, el Trabancos.

Valdefuentes

Casi por el mismo cauce llegamos al lugar donde el arroyo de Valdefuentes desembocó en el Trabancos. Se trata de un pinarillo con algunas encinas. Y nos vamos, buscando sus fuentes, hacia arriba. No hay camino. Enseguida comprobamos que continúa una cierta abundancia de árboles –pinos, frutales, chopos- y de viejas piedras. Y es que por aquí estuvo el pueblo de Valdefuentes, que tuvo parroquia, ayuntamiento y calle Real ; el retablo de Santiago que está en la iglesia de San Pedro de Alaejos, procedía de su parroquia, Nuestra Señora del Castillo.

Vamos casi a campo traviesa hasta que llegamos al cruce de un buen camino. Si vamos hacia el Noroeste veríamos los restos de otro viejo torrejón, que hoy custodian la entrada a una tierra e labor. Pero seguimos por un camino con algún prado y merendero, árboles, un arenal… y llegamos a otro camino. Seguimos entre chopos por el mismo cauce –seco, claro- del arroyo convertido ahora en camino. Si la época es lluviosa podríamos encontrar algún buen encharcamiento.

En fin, al llegar al cruce de otro camino preferimos tomarlo –sin llegar a la carretera- y nos acercamos a contemplar un viejo pozo ganadero con al menos cuatro buenos abrevaderos. El cajón que recibía el agua sacada con el cubo es hoy, en primavera,  nido de aves. Alguna utilidad parece mantener…

Y llaneando un rato para tomar al poco el camino que desciende a cauce del río, llegamos al prado de Vadefuentes, que sigue hacia Castrejón presidido por la casa de a Cantera.

Nos quedamos en el cauce seco para continuar en la entrada siguiente.

Arcamadre y pozos de Alaejos

17 febrero, 2010

Muchos conocemos Alaejos a través de sus dos enhiestas torres que dominan la llanura. Al acercarnos más, descubrimos sus iglesias, auténticos cofres que guardan artesonados, orfebrería, pintura, escultura… Y, al pasear por sus calles, nos abruma la calidad de sus casas y palacios,  la abundancia de blasones en las fachadas…

El Arcamadre

Por eso, la fuente del Caño y su Arcamadre pasan desapercibidas, incluso para algunos alaejanos.
Pero se trata de una obra de ingeniería de caracter popular que bien merece una visita. Nos admirará.

Efectivamente, en el arroyo -siempre seco- de la Reguera descubrimos, a 2 km delpueblo, una pirámide apuntada, en ladrillo, prácticamente cerrada, conocida como el Arcamadre.  Recogía una conducción de agua oculta bajo el lecho del arroyo y diversos manantiales para, a través de otra conducción que pasaba por arcas más pequeñas, llevar el líquido hasta el Caño. Allí concurría la gente del pueblo con sus cántaros y botijas para abastecerse de agua. Parece que tal sistema sacaba el agua del subsuelo, manteniéndolo a nivel, hasta que afloraba por el Caño, en vez de seguir su curso natural sin mayor aprovechamiento.
En la última temporada, una señora cuidaba del mantenimiento de este ingenio, y cobraba una peseta por cada cántaro que se llenaba. El agua, aunque algo turbia, era muy apreciada, especialmente en cochuras.
La conducción, que recuerda el viaje de Argales de Valladolid, corre peligro de desaparecer si no se ponen los medios para mantenerlo. Alguno de esos fondos europeos o tipo plan-E que suelen conseguir los Ayuntamientos, ¿no podrían servir para mantener esta memoria histórica y popular?
Y todo ello se debió a que la necesidad agudizó el ingenio. Por Alaejos no pasan ríos ni arroyos (arroyos de verdad, el de la Reguera sólo tenía el nombre), no abundaban las fuentes -salvo tal vez, una cuyos restos podemos ver cerca de la Reguera- y no todo el mundo tenía pozo en su patio. O, si lo tenía, no de agua muy buena. Total, que ahí tenemos el Caño y su insólita Arcamadre. Obra única.

Pozos

Por la misma razón de escasez de agua, en este término municipal nos encontramos unos cuantos pozos de uso pastoril, aunque también quedan restos de norias para huertas. Los rebaños, muy abundantes en otro tiempo, necesitaban abrevar, de manera que se construyeron pozos de buena profundidad, la mayoría en ladrillo con brocal de piedra y abrevaderos correspondientes. Ahora están secos aun en temporadas húmedas como la presente: los riegos han hecho que el nivel freático haya desaparecido de esta zona en las primeras decenas -e incluso centenas- de metros. Además, Alaejos no se encuentra flotando sobre el embalse de los Arenales; curiosamente se asienta sobre los sedimentos más antiguos de nuestra provincia: areniscas, limos, arcillas y conglomerados cuarcíticos del Paleógeno, o sea, de hace unos 30 millones de años. Los suelos no son de grava, razón por la cual deben evitarse si están húmedos: se pegan demasiado a los neumáticos.


Como los pozos ahí siguen, sería buenos conservar al menos algunos para que las generaciones futuras se imaginen como era la vida en otro tiempo.

En Alaejos.net pueden verse más fotos del Arcamadre y de casi todos los pozos del término. También algún artículo interesante sobre esa fuente.

Hacia Salamanca por la cañada real

6 octubre, 2008

Ya hemos paseado un poco por las cañadas reales, esas vías pecuarias que, con 90 varas de anchura y muchas decenas de leguas de longitud, conectaban las sierras nevadas de León, Palencia y Soria con las dehesas de Extremadura y la Mancha.

Como durante siglos la lana fue la principal riqueza de estos reinos, las ordenanzas reales –las municipales decían otras cosas muy distintas- aseguraban y protegían el derecho de paso de los ganados merinos, productores de la mejor lana del mundo. A pesar de que también forman parte de nuestro paisaje ¿por cuánto tiempo?, las cañadas son un derecho de paso, o sea, un concepto jurídico.

Algunos rebaños que venían de Soria entraban por los páramos del Esgueva y llegaban a la ciudad por la pradera del Carmen. Los que venían de Palencia entraban por Valoria La Buena y los de León, por Mayorga. En cualquier caso, si querían seguir hacia Extremadura pasando por Salamanca, debían seguir por Tordesillas y tomar esta cañada real que vamos a recorrer.


De Tordesillas a Pollos sigue la carretera, y de ahí al Trabancos se encuentra perdida. Pero el paisaje y el paseo merecen la pena a partir de este río (o, mejor dicho, de este cauce seco). Un prado perfectamente amojonado indica sin lugar a dudas el comienzo actual de la cañada. Ahora no hay mas que dejarse llevar entre encinas centenarias, pinarillos, impensables toboganes que cruzan valles, tierras de labor, dehesas… Como la cañada está amojonada –hasta que sale de la provincia de Valladolid- el camino no admite equivocaciones.

El paisaje que se observa desde esta cañada serpenteante es uno de los más curiosos de nuestra provincia: junto a las abundantes encinas, la vista se pierde, hacia el norte, entre las primeras ondulaciones y el amplio valle del Duero. Hacia el sur, los cerros que nos aproximan a Nava del Rey suponen otro gran escalón que conforma esta insólita perspectiva.

Es gratificante ver cómo se conservan los pastos entre tierras de labor. Así, rodamos –o caminamos- por una verdadera cañada, no por una mera línea imaginaria. Han sido casi 20 kilómetros de auténtica cañada real. Nada, si lo comparamos con los 450 kilómetros que aún quedarían en nuestra provincia.