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De romería en el Compasco

20 mayo, 2019

Como todos los años por estas fechas, desde la Escuela Deportiva Niara salimos en bici unas cuantas familias para visitar una ermita de la Virgen en los alrededores. Esta vez no fue la machada de la Santa Espina o del monasterio de Alconada, sino que fuimos -casi un paseo- hasta la ermita del Compasco, en el término de Aldeamayor y cerca de la Parrilla. 30 kilómetros de ida -asequible para todos los públicos- y otros tantos de vuelta, asequibles para muchos.

Día de temperatura excelente -ni frío ni calor- y de paisaje típicamente primaveral. Por la Cañada Real llegamos al Pinar, de ahí a Laguna por la acequia donde tomamos el Canal del Duero hasta Fuentes, vía de Ariza, cruce de las Maricas y, por fin, pinares de la Marina y del Compasco.

Lo mejor fue las ganas de rodar de algunos pequeños de 4, 5 y 9 años: Jaime aguantó muy bien hasta el puente de Hierro, y Miguel y Alonso, que aguantaron perfectamente hasta el Compasco. Ya sueñan con hacer grandes recorridos cuando sean mayores. Y nosotros soñamos con ganar buena gente para la causa de las dos ruedas. Además, Carmen hizo el recorrido sobre el transportín d ella bici de su padre.

En el pinar de la ermita nos esperaban familiares de los ciclistas para compartir empanadas y otras viandas.

También pudimos participar en la romería del pueblo a su Patrona, que la tradición señala el día 13 de mayo. Algunos hermanos de la Cofradía nos enseñaron la ermita y nos comentaron pasajes de su historia, una de las más antiguas de la provincia, y de la Virgen, pastora, pues antaño se mantenía gracias a un rebaño de ovejas.

Páramo de La Parrilla

20 abril, 2013

Herrera de Duero

El domingo pasado fue el primer día de verano, después de una larga temporada de lluvias. Sol radiante, alta temperatura. La piel se nos chamuscó un poco, no estábamos acostumbrados a tanto sol. Los campos estaban relucientes, por todas partes el color dominante era un verde vivo y brillante. Partimos de Herrera de Duero para volver al mismo sitio

Pinares junto al Duero

De Herrera tomamos el camino a Tudela atravesando pinares tapizados de hierba bastante alta y, por supuesto, verde. De vez en cuando, nos asomamos al Duero, que había removido muchos árboles de sus orillas. Luego lo contemplamos desde el puente de hierro del ferrocarril de Ariza y más tarde desde un talud pinariego. Aún venía fuerte y marrón.

Subiendo

El páramo

La subida tuvo su aquél. Nos hizo vernos como somos, o sea, con poca fuerza, pues nos bajó de la bici más de una vez. Una cura de humildad, vamos. Pero desde la ladera, ¡qué bien se veía el valle del Duero! Por una vez, totalmente verde.

Y por arriba, daba gusto pasear. También todo verde y brillante. Agradecimos el calor, que siempre ayuda al ciclista. Campos de cereal, prados de hierba rala, encinares, algún pinarillo con sus procesionarias. La fuente de Arriba manaba agua en su escondite.

Traspinedo

Traspinedo

Nos asomamos al valle del Valcorba desde la Talaya de Traspinedo que también domina Santibáñez. Un verdadero encanto. Esplendoroso. ¡Qué día tan perfecto!, que exclamaría Jorge Guillén.

El Compasco

Desde La Parrilla en agradable bajada por dos valles y rodeando la Dehesilla, llegamos a Casa Blanca y luego a la ermita del Compasco. Tuvimos la suerte de que algunos cofrades estaban almorzando en los alrededores y nos abrieron la ermita para saludar a esta Virgen Pastora, pues ha tiempo tuvo un rebaño de ovejas, aparte de que lo de Compasco hace referencia precisamente a pastos.

Por la Dehesilla

El Raso

Y del Compasco, por el Raso de Portillo –atravesando ahora una urbanización- nos presentamos en Aldeamayor. Creíamos que los humedales tendrían abundante agua, pero nos equivocamos: había de todo. No obstante, nos acercamos al pinar próximo a los pastos de la ganadería del Raso y vimos que alguna laguna tenía agua. Una zona pantanosa nos quiso cortar el paso pero, dando un pequeño rodeo, llegamos a Herrera donde nos esperaban viandas reparadoras. Fin.

Contemplando el Valcorba

Contemplando el Valcorba

Rasos y pinares

17 febrero, 2013

La Parrilla Viana de CegaUna agradable ruta no lejos de Valladolid: de La Parrilla a Puente Duero cruzando rasos y pinares, montes y lavajos. Pasaremos por una especie de hondonada o cazuela. Bajando por las laderas de La Parrilla caemos al Raso de Portillo, zona pantanosa y pastoril hasta finales del siglo XIX en que se saneó. Y es que por el Sur y por el Este se levantan los páramos de La Parrilla y de Portillo; por el Norte una colina u otero obstaculiza la salida natural de la llanura al río Duero. Y por el Oeste se eleva suavemente. Total que hasta que la sanearon mediante un sistema de zanjas de desagüe en el XIX, era un conjunto de lagunas, charcos y barrizales que pretenden volver a sus fueros perdidos cuando llueve en abundancia.

Puente de Carramedina

Y pastoril. Ahí está la Virgen del Compasco, en su ermita pinariega, que hasta hace unos años contaba con rebaño de ovejas propio, que administraba una cofradía. Y el origen de Aldeamayor o la Pedraja se encuentra ligado a que eran aldeas para los pastores de Portillo.

De Aldeamayor salimos hacia el Oeste atravesando uno de los arroyos por el puente de Carramedina, verdadera joya en piedra que nos recuerda el puente Grande, también en Aldemayor, o incluso ese otro puente en la lagunas de Villafáfila, también -por cierto- en unacomarca salitrosa. No se notan, no levantan del suelo, unen sin proclamarlo los dos planos de las riberas. Pocos puentes tan humildes como éstos.

Negrales en el Cardiel

Negrales en el Cardiel

Cruzado el puente del Cardiel sobre el Cega salimos del Raso, y nos internamos en un sombrío pinar de negrales. El susto dura poco: de repente nos topamos con nada menos que ¡una pista de aterrizaje! Un poco más allá, en un alto, las ruinas de la casa de los Guardas.

De nuevo pinares, esta vez abiertos y luminosos, poblados de piñoneros. Se rueda bien por ellos en estos inviernos húmedos. Cruzamos Viana, para internarnos en otro pinar y llegar a Puente Duero entre las matas de encina del monte Blanco. Fin de trayecto.

Pinar de Viana

Pinar de Viana

Aldeas del Raso de Portillo

18 noviembre, 2011

Volvemos a tomar como punto de partida Aldeamayor, esta vez para una excursión que tiene tres partes bien definidas: humedales del Raso; dehesa, lomas y barrales de La Pedraja y la Aldea, y minas de yeso en Portillo. Allá vamos.

Conocemos Aldeamayor por varias entradas anteriores. No estará de más recordar que históricamente es una de las aldeas que conformaban la Tierra de Portillo, uno de los lugares donde se establecieron los pastores o ganaderos que tenían reses en el Raso, superficie con abundante agua y, por tanto, con prados. Aquí tenemos todavía la ganadería del Raso, que se ufana de ser la más antigua de España en ganado bravo, y la Virgen del Compasco, que desde tiempo inmemorial tuvo, para mantenerse, un rebaño de ovejas.

Por otra parte, los humedales de Aldeamayor son efecto del acuífero de los Arenales, que toma aguas en la sierra de Ávila y las descarga en varias zonas de la provincia (humedales de Medina, bodones y lavajos de Tierra de Pinares, Tordesillas), siendo la más lejana al origen precisamente esta de Aldeamayor. Ciertamente, aun no estamos en el mejor momento para visitar la zona, pues la mayor parte de los humedales se encuentran secos. No obstante, hemos podido observar un buen bando de avutardas, algunas grullas y bastantes avefrías. Sin contar las vacas y toros, que no se mueven y ya tienen abundante pasto.

Veremos diversas formaciones como el curioso bodón montículo, o las lagunas de las que se extraía sal. Por cierto, que se sigue formando sal en las zonas secas que hace poco tenían aguas. También veremos una flora típica y exclusiva de lagunas y humedales.

Sin duda, nos llamará la atención la abundancia de zanjas. Son artificiales, evidentemente, y se realizaron a finales del siglo XIX. Según podemos leer en la Revista de Obras Públicas de diciembre de 1874, algunas enfermedades (fiebres intermitentes, infartos de hígado y bazo, hidropesía) eran especialmente frecuentes en Aldeamayor, Herrera y Boecillo, razón por la que se determinó acometer la labor de saneamiento de esta zona.

Las obras, acometidas entre 1870 y 1873 consistieron en

  • Apertura de un cauce principal de desagüe, de 12 km, que cruza la llanura hacia el Oeste y vierte al Cega, con otros 8 cauces secundarios que poseen un total de 18 km.
  • Apertura de 44 zanjas o cunetas de saneamiento que fluyen a los cauces anteriores y suman una longitud de 32 km.
  • Ejecución de puentes, badenes y casas para los guardas.

El autor del artículo ofrece también una serie estadística de fallecimientos en estas localidades antes y después de las obras. Y las cifras hablan solas.

Después de pasear por los salgüeros tomamos dirección Sur, hacia La Pedraja, pasando junto a algunas manchas de pinares. Hasta que llegamos a otro punto peculiar de nuestra ruta: la Dehesa de los Caballeros. Es un agradable lugar regado por el arroyo del Molino, con una buena alameda, mesas para merendar y fuente. Aunque puestos a destacar, llama la atención un sencillo puente de piedra sobre el arroyo que ha sido respetado a pesar de que el camino se sirve ahora de otro puente más feo y más moderno.

Según hemos podido leer en la prensa hace unos días, se va a recuperar esta Dehesa como lugar de esparcimiento, y está previsto que vuelvan las viejas lagunas, se construirán 6 observatorios de aves, y se plantarán alisos y almendros, además de limpiar la zona, que tiene más de 40 hectáreas. ¡Bien! Esperemos verlo pronto.

Seguiremos ruta en la próxima entrada. Pero puedes ir viendo otras entradas de Aldeamayor:

El puente de Carramedina

El pino de Carranza

Pinares… en Aldeamayor

La Pililla

4 noviembre, 2011

O Pililla simplemente. Es un despoblado a casi 2 km de Montemayor, al que dio precisamente apellido. En la ruta de hoy pasaremos por sus cercanías, prácticamente irreconocibles ya, pues el tiempo no perdona.  Desde Aldeamayor hasta el monte de Pililla. Y vuelta. Total, unos 47 km. Por cierto esta ruta la hicimos el pasado domingo, uno de los últimos días agradables, soleados, sin viento de este otoño. Fue un placer pasear.

Pinares del Compasco

La primera parte de la ruta discurre entre pinares de piñonero y, sobre todo, negral. Este monte con suelo de arena tiene la particularidad de asentarse sobre una inmensa bolsa de agua, pues hasta aquí llega el acuífero de los Arenales. Y así veremos chopos, huertas, regueras y humedales con extensas junqueras, todo entre los mismos pinos. Incluso la toma de agua para Aldeamayor se realiza aquí mismo, en medio del pinar. Un enorme depósito de agua lo certifica.

También llama la atención lo bien que se está regenerando el pinar después de aquel terrorífico incendio de hace 7 años aproximadamente.

Dunas y pistas forestales

Salimos a una pista de muy buen firme que nos conduce en suave subida rectilínea hasta Fuente Mínguez, un pequeño vergel entre  arenales. Aquí tomamos otra pista que nos llevará en dirección a Montemayor.

El camino se hace agradable gracias a los negrales próximos. ¡Increíble que hayan podido retorcerse tanto! Algunos se han hecho un auténtico nudo, otros están tumbados pero milagrosamente no tocan el suelo… Además, este pinar tiene una capa de arena tan profunda que son abundantes las dunas: muchas ya se han fijado gracias a los propios pinos; otras continúan su lento peregrinar empujadas por el viento.

Por fin aparecen campos de labor a la derecha y divisamos la torre de la iglesia de Montemayor al fondo.

Páramo de la Pililla

 Cruzamos la carretera para tomar un sendero que –por un pinar pequeño y denso- nos conduce hasta el camino de la Espinilla. Vemos el valle que se abre entre nosotros y Montemayor y pasamos donde debió estar La Pililla. Cruzamos el camino que lleva a Traspinedo, bordeado de abundantes caleras y, por fin, nos introducimos en un paraje bien distinto al que traíamos.

Se trata de un páramo salpicado de pequeñas manchas de encina, roble y enebro en el que las tierras de labor –nunca extensas y de varias formas- se ven limitadas por hileras de carrascas y robles que dan esa forma tan variada a los campos cultivados. La tierra es buena pero con demasiada piedra caliza de modo que dificulta un cultivo cómodo. Antaño hubo por aquí muchos majanos, pero la piedra se ha utilizado en la construcción y en la fábrica de cemento cercana.

Por fin llegamos a la Casa del Monte de la Pililla –o del Portillano– que está en el término de Santibáñez. Hoy se encuentra en el centro de un extenso terreno dedicado al cereal (se nota que no estamos ya en Montemayor) que antaño estuvo dedicado a viñedo. Se encuentra es un decir, porque lo que vemos son los restos –en buena piedra caliza- de lo que fue. Un pino hace acompaña.

Un poco más y nos acercamos al canto para divisar Santibáñez y el valle del Valcorba. El manantial de las Rasillas está seco, dado lo extremo que ha sido el año.

Y entre tierras de labor, matas de encina y de roble, pinarillos y algún que otro pozo que sirvió a una noria, llegamos a La Parrilla por el camino del Camposanto.

…y el valle de La Parrilla

Cruzamos la Parrilla –pueblo de buena piedra- asentado junto a arenosos pinares, y descendemos por el camino de Aldeamayor cuyo valle recibe enseguida las aguas del arroyo Valdalar. Se nota la vida y actividad que hubo por aquí: fuentes, largos abrevaderos, restos de molinos y de colmenares, huertos, árboles frutales, prados… Hoy, sin embargo, el camino casi no se usa, pues está literalmente invadido por la maleza. A un lado, vemos las laderas de Ontorio: un camino se dirige a ellas entre restos de tapias y corralizas; al otro lado, el monte de la Dehesilla.

Llegamos a la Casa Blanca y luego, por el pinar, vemos a la izquierda los chopos amarillentos del arroyo Sangüeño.

El puente de Carramedina

21 julio, 2009

Hace unos meses hablábamos del puente Grande, puente hoy fantasma en el término municipal de Aldeamayor de San Martín, que no lleva a ninguna parte ni viene de ningún sitio. Pues tenemos otro de similares características que da servicio -¡eso sí!- a un camino. Es fuerte, sencillo y humilde, pues salva el arroyo Viñuelas que es más bien una zanja o esgueva normalmente seca.

Puente Carramedina

Hace muchos años, hace siglos, Tudela de Duero y Medina del Campo eran dos importantes núcleos de población. Hoy todavía lo son, especialmente Medina. Tudela, además, podía considerarse la puerta del Duero, pues enlazaba nuestra llanura con Peñafiel, Aranda, Soria, e incluso Aragón y Barcelona (en Tudela aún le llaman de Barcelona a la carretera de Soria). Y bien, ¿qué camino unía Tudela y Medina? Pues precisamente éste en el que están nuestos dos puentes: el puente Grande, del que ya hemos hablado, y el de Carramedina, del que nos toca dar hoy una pincelada, al menos para divulgar un poco su actual existencia.

Se encuentra en el término municipal de la Pedraja de Portillo. La Pedraja, Aldeamayor y Aldea de San Miguel son localidades -con Ayuntamiento hoy- que dependieron de Portillo, pues fueron asentamientos donde se recogían los pastores del raso, que pertenecía a Portillo.

El puente de Carramedina se encuentra, pues, en el camino dicho, que también era cañada real merinera para los trashumantes que venían, sobre todo, de la sierra de la Demanda, en Burgos y Soria. Hoy han nacido multitud de chaletitos y miniurbanizaciones aprovechando la cañada y otros terrenos de pastos y que ya no se utilizan.

La vieja cañada cruza el puente

Se puede acceder al puente bien desde la carretera de Madrid -hay una indicación de Carramedina– o bien desde Aldeamayor. Desde aquí son 3,5 km y uno desde la carretera. No tiene pretiles ni casi lomo, razón por la cual no se le ve hasta que llegamos a él. Pero se une perfectamente a la cañada, pues los cimientos y empedrado -no visible- salen notablemente de la línea del cauce. Tal vez el empedrado era de unión a una calzada romana que también conectaba esta zona con la vieja Cauca.

Su origen puede remontarse a épocas romanas o medievales, pues a partir de la edad Moderna los puentes sobre zanjas y arroyos son más bien de ladrillo, y las caracterísitcas son similares al puente Grande. O sea, una pequeña joya perdida en la historia y en la llanura del raso de Portillo.

Compasquillo

El paseo puede completarse, siguiendo en dirección a Medina, con la visita al puente de Compasquillo, sobre el Cega, que sirvió a los pastores del raso para trasladar los rebaños a los pastos del Cardiel. También es un viejo puente, distinto al de Carramedina: esbelto y fino, apoyado en la peña salva limpiamente el barranco del Cega, y antiguo, si bien fue reconstruido en el siglo XVIII.

–Y si quieres dar una vuelra por el Cega contemplando su avifauna, pincha aquí

Un poco de historia: origen de la Tierra de Portillo

Esta zona vallisoletana cuenta con un pasado lejano, pues los primeros datos históricos con los que contamos se refieren a la aceifa que realizó Abderramán por estos territorios en el año 939, cuando se dirigía hacia la localidad de Septimancas, donde fue derrotado por los ejércitos cristianos. Este  ejército musulmán partió de Córdoba hacia Toledo, Coca, Íscar y Alcazarén, arrasando Portillo y susaldeas destruyendo cosechas, trastocando mojones y borrando sus vestigios.

Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI se intentó poblar estos amplios territorios al sur del Duero, formándose la Comunidades de Villa y Tierra, en las que se agrupaban un conjunto de aldeas en torno a una villa principal, en este caso Portillo. Su gobierno se organizaba mediante un concejo, en el que participaban todas las villas que lo componían, aunque con un mayor peso de la principal, rigiéndose por unas mismas normas(fueros). Se organizó esta Comunidad de Villa y Tierra de Portillo en cuatro sexmos que agrupaban a 18 aldeas, de las que en la actualidad quedan Aldea de San Miguel, Aldeamayor de San Martín, Arrabal de Portillo antes llamado Reoyo, Camporredondo, La Parrilla y La Pedraja de Portillo. El resto de aldeas, hoy desaparecidas, aún mantienen el nombre del pago correspondiente: Aldea de Martín Fernández, Compasquillo, Barcelona, Cardiel, Comeso, Juarros, Revilla, San Cristóbal, La Torre, El Campo de la Aldehuela, Espardidas y Renedo.

En un principio estas Comunidades dependían exclusivamente del rey, aunque con el paso del tiempo cayeron en la dependencia señorial. En 1465 Enrique IV concede el señorío a D. Alonso de Pimentel, Conde de Benavente, bajo cuya autoridad va a permanecer hasta mediados del siglo XVIII.