Horizontes entre Adaja y Eresma

Puras

Esta vez el paseo ha tocado entre las tierras despejadas que separan estos dos ríos. Uno viene de Ávila, el otro de Segovia, y se juntan en Sieteiglesias, término de Matapozuelos, para desembocar juntos en el Duero. Por esta comarca al sur de Olmedo, sus cauces todavía están alejados unos 15 kilómetros, bien aireados y despejados de monte pinariego, salvo en las proximidades de sus riberas.

El terreno es arenoso mezclado con más o menos limo, lo que hace que en muchos lugares se formen los típico bodones o lagunas. Además, en medio de los dos ríos se levanta una especie de colina –cresta o meseta, según- de entre 70 y 100 metros de altura relativa. Todo esto le otorga una fisonomía propia, muy adecuada para observar panoramas amplios y luminosos. O algún bando de grullas volando en perfecta formación de V, como fue nuestro caso.

 

Bocigas
Bocigas

El día elegido –a finales de este noviembre- resultó especialmente caluroso. Amenazaba lluvia, pero toda cayó al día siguiente. Hubo sol al principio, luego, una gasa de finísima neblina se adueñó del aire para filtrar, difuminándolos, los fondos del paisaje. Esta vez, no teníamos prisa, de manera que recorrimos pocos kilómetros (40) en muchos tiempo y pudimos embebernos de lo son estas campiñas.

Bodones

Bocigas y Almenara. Golf y villas romanas, pero sobre todo bodones. No llegamos a los de San Pelayo, que conocemos bien. Tampoco al Juncial, ni al Blanco, que vimos seco desde la carretera. Pero ahí estaba el de Bocigas, brillando al sol de la mañana.

22 Noviembre 051
Almenara al fondo

 

En las proximidades de Almenara pudimos contemplar dos bodones, con agua el primero, al noroeste, y con abundante barro el segundo, ya al suroeste. También pasamos por las calles de la localidad, donde han restaurado el viejo pozo –el Caño– con su largo abrevadero, en una agradable alameda.

Desde Almenara pusimos rumbo al Adaja, y llegamos a la casa de Villagrá, donde nos esperaba otros pintoresco bodón, acompañado éste de algunos chopos amarillos.

 

Villagrá
Villagrá

En el trayecto fuimos descubriendo muchas tierras encharcadas por la lluvias, tal vez en algunas de ellas hubo bodones, hace años desecados y ahora como queriendo renacer.

Setas

En prados y pinares siguen abundando las setas. No somos expertos en micología, pero dimos un breve paseo andando por un pinar de Puras con abundante tamuja y descubrimos setas de todo tipo. Entre otras, anaranjados nícalos y nazarenas violetas, inconfundibles.

Tierra de arenas
Tierra de arenas

Vacceos y romanos

¡Qué curioso! Justo a un lado y a otro de la Villa romana de Almenara, que se encuentra en una leve colina, el terreno se hunde para formando dos bodones: el del Arroyuelo y el del Monduengo. Los dos tenían un poco de agua. Sin duda fueron utilizadas por los romanizados habitantes para alimentar los sistemas de calefacción y saneamiento de la Villa.

Y es que esta es otra característica del territorio: por aquí campearon los hispano romanos: la capital era Cauca, pero numerosas villas se esparcieron por su ámbito para cultivar los campos. Eran los tiempos pacíficos del bajo Imperio. Pero mucho antes dominaron estas campiñas alomadas los vacceos. Prueba de ello es la interesantísima tumba, con abundante ajuar, de un joven noble encontrada cerca de Bocigas, en Fuente Olmedo: se trata nada menos que del conjunto funerario más completo y rico de la cultura del Vaso Campaniforme en toda la península Ibérica, según los expertos.

Torres

 

Desde el cerro del telégrafo
Desde el cerro del telégrafo

Ya de vuelta subimos hasta la torre del telégrafo óptico de Almenara, que se levanta sobre un cerro testigo, cerca de Fuente de Santa Cruz. Junto a ella se contempla el amplio panorama del valle del Adaja, desde Olmedo hasta más allá de Tolocirio y Montejo de Arévalo. Pero el día había tejido su gasa y no se veía perfectamente, más bien se vislumbraban los lugares lejanos por sus perfiles. Como el de los inconfundibles ataquines. La luz facilitaba más contemplar su cielo que nuestros campos.

Tres pueblos, tres torres distintas y similares. El ladrillo las une. Pero la de Almenara parece la de una terrible fortaleza, por sus grandes almenas. La de Bocigas, clásica torre de planta cuadrada. Y la de Puras, que se distingue entre lomas –las otras dos están en la llanura- tiene una cúpula que le otorga la diferencia: negra y en punta.

 

Laguna de las Eras
Laguna de las Eras

Villagonzalo de Coca

 En Puras tomamos la cañada de la Raya y, en la Cruz del Calvario nos desviamos por un camino que nos llevó directamente hasta Villagonzalo subiendo y bajando crestas y colinas, y cruzando por fuentes y humedales en el fondo de los valles.

Por fin, se abrió a nuestros ojos el espectáculo: la laguna de las Eras, masa de agua de casi un kilómetro de largo en la que viven anátidas y sirve para que el pueblo se mire en ella. Su tonalidad era gris blanquecina, como la del día. Pero nos sorprendió su tamaño y que no estaba seca, como otras por las que hemos pasado. Luego, nos asomamos a contemplar la laguna de la Iglesia, justo al otro lado, hacia el Este; algo más pequeña y también de agua salobre, con tres islas que sirven de tranquilo refugio a patos y otras aves. Al fondo, entre pinares, se levanta la torre de San Nicolás, ya en Coca, a 5 km.

 

Laguna de la Iglesia. Al fondo, torres de Coca.
Laguna de la Iglesia. Al fondo, torres de Coca.

Fuente de Santa Cruz

A la vuelta, pasamos por las proximidades de la laguna de Valderrueda, continuación de la de las Eras, pero sin agua. De nuevo subidas y bajadas por un desdibujado camino para llegar a Fuente de Santa Cruz. Lo único cierto de este pueblo es la preciosa fuente de tres caños, abrevadero y lavadero, pues si cambió de nombre varias veces a lo largo de los siglos, siempre mantuvo el término fuente como nombre principal o complementario. También tiene curiosos palomares arruinados, viejos almacenes para el grano y calles empinadas. Nos llamó la atención cuatro enormes cubas recién sacadas de una bodega cuyo edificio superior habían demolido hace nada.

 

La fuente de Fuente de Santa Cruz
La fuente de Fuente de Santa Cruz

Después de subir al cerro del telégrafo, una agradable bajada nos condujo a Almenara. Anochecía.

Y dejamos para otra ocasión la localidad de Puras. Merece una entrada aparte. O eso creemos.

Torre del telégrafo
Torre del telégrafo

Torres del telégrafo óptico

En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

Antecedentes

Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.

El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII en Francia hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe para la primera red de telegrafía óptica, y en 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia, desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres.

Funcionamiento

Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

Inicio en España

Este sistema fue mejorado por el ingeniero tinerfeño Agustín de Bentancourt, quien había proyectado un telégrafo óptico entre Madrid y Cádiz, aunque sólo se llegó a construir entre la capital y Aranjuez, siendo operativo en agosto de 1800. Hay que decir que Betancourt fue padre y primer director de Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de España en 1802. Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real. El primero fue Madrid-Aranjuez con 4 estaciones (Torre de los Lujanes y Cerro de los Ángeles en Madrid, Cerro de Espartinas en Valdemoro y el Monte Parnaso en Aranjuez), al que siguieron en el año siguiente el que comunicaba con la Granja de San Ildefonso, y en 1834 los que comunicaron Madrid con Carabanchel Alto, San Ildefonso-Riofrío y Madrid-El Pardo.

Pero el proyecto de mayor envergadura en telegrafía óptica no llega sino cuando, quizá, ya es demasiado tarde. En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos, y siendo uno de los máximos responsables del proyecto José María Mathé Aragua. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.

Diseño de la red

El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

La torre diseñada por Mathé estaba pensada como fortaleza, para que en caso de guerra el enemigo tuviese la mayor dificultad para interrumpir el sistema de comunicaciones. Constaba de 3 plantas realizadas en ladrillo y mampostería, y sobre la cubierta superior, plana, se ubicaba el telégrafo. En la planta baja, cerrada al exterior, sólo aparecen unos ventanucos a modo de iluminación interior. En la segunda planta había ventanas en tres de sus lados, estando ubicada la puerta en el cuarto a unos 4 metros del suelo, a la que se accedía desde el exterior mediante una escalera de madera que se retiraba y guardaba en su interior. En la planta superior había ventanas en todos sus lados y era desde donde se manejaban los mecanismos del telégrafo situado en la de encima.

Líneas nacionales

De todo el proyecto se construyeron 3 líneas:

  • La línea de Castilla que iba de Madrid hasta Irún que comenzó a funcionar el 2 de octubre de 1846 y constaba de 52 torres que pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián.
  • La línea de Andalucía: con 59 torres que comenzó a funcionar en 1850 pero no llegó hasta tres años después a Cádiz.
  • La línea Madrid-La Junquera o Catalana, que no se completó totalmente. El tramo Madrid-Valencia entró en funcionamiento en 1849, con 30 torres, y en diversos momentos funcionaron los tramos Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca.

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

En nuestra Provincia

Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

  • El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz. Se conservan sus cuatro lados.
  • El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo. A duras penas se mantienen en pie las esquinas este y norte.
  • El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.
  • Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.
  • Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa. No quedan vestigios.
  • Cabezón, en el Cerro de Altamira que domina la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.
  • Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia). Se conservan sus paredes
  • Tariego, en Tariego de Cerrato (Palencia)
 

En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

Antecedentes

Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.

El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII en Francia hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe para la primera red de telegrafía óptica, y en 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia, desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres.

Funcionamiento

Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

Inicio en España

Este sistema fue mejorado por el ingeniero tinerfeño Agustín de Bentancourt, quien había proyectado un telégrafo óptico entre Madrid y Cádiz, aunque sólo se llegó a construir entre la capital y Aranjuez, siendo operativo en agosto de 1800. Hay que decir que Betancourt fue padre y primer director de Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de España en 1802. Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real. El primero fue Madrid-Aranjuez con 4 estaciones (Torre de los Lujanes y Cerro de los Ángeles en Madrid, Cerro de Espartinas en Valdemoro y el Monte Parnaso en Aranjuez), al que siguieron en el año siguiente el que comunicaba con la Granja de San Ildefonso, y en 1834 los que comunicaron Madrid con Carabanchel Alto, San Ildefonso-Riofrío y Madrid-El Pardo.

Pero el proyecto de mayor envergadura en telegrafía óptica no llega sino cuando, quizá, ya es demasiado tarde. En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos, y siendo uno de los máximos responsables del proyecto José María Mathé Aragua. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.

Diseño de la red

El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

La torre diseñada por Mathé estaba pensada como fortaleza, para que en caso de guerra el enemigo tuviese la mayor dificultad para interrumpir el sistema de comunicaciones. Constaba de 3 plantas realizadas en ladrillo y mampostería, y sobre la cubierta superior, plana, se ubicaba el telégrafo. En la planta baja, cerrada al exterior, sólo aparecen unos ventanucos a modo de iluminación interior. En la segunda planta había ventanas en tres de sus lados, estando ubicada la puerta en el cuarto a unos 4 metros del suelo, a la que se accedía desde el exterior mediante una escalera de madera que se retiraba y guardaba en su interior. En la planta superior había ventanas en todos sus lados y era desde donde se manejaban los mecanismos del telégrafo situado en la de encima.

Líneas nacionales

De todo el proyecto se construyeron 3 líneas:

La línea de Castilla que iba de Madrid hasta Irún que comenzó a funcionar el 2 de octubre de 1846 y constaba de 52 torres que pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián.

La línea de Andalucía: con 59 torres que comenzó a funcionar en 1850 pero no llegó hasta tres años después a Cádiz.

La línea Madrid-La Junquera o Catalana, que no se completó totalmente. El tramo Madrid-Valencia entró en funcionamiento en 1849, con 30 torres, y en diversos momentos funcionaron los tramos Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca.

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

En nuestra Provincia

Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz, del que se conserva sus cuatro lados.

El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo de la que se conserva su esquina este y norte.

El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.

Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.

Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa, del que no quedan vestigios.

En la parte culminante del páramo veremos, cerca de algunas carreteras nacionales, hoy convertidas en autovías, unas torres que desde lejos dan la impresión de ser restos de antiguos castillos en los que sólo queda en pie la torre del homenaje. Pero en realidad nada tienen que ver con elementos defensivos, sino que pertenecieron al mundo de la comunicación, pues son antiguas torres del telégrafo óptico.

Antecedentes

Al principio, la comunicación entre personas y pueblos lejanos, se conseguía con mensajeros, cuyo desplazamiento dependía de muchos factores: lejanía del destino, estado de los caminos, guerras, fronteras, etc… Para agilizar y acortar este tiempo empezaron a utilizarse las señales ópticas. Una muy utilizada fue el humo de hogueras, aunque con la limitación de que los mensajes tenían que ser sencillos.

El clima de inestabilidad reinante a finales del siglo XVIII en Francia hace que desde la corona se financie un sistema de comunicaciones rápido y eficaz que permita mejorar el control del territorio y mantener el orden. En 1792, ya en plena I República, se da luz verde al proyecto de construcción de Claude Chappe para la primera red de telegrafía óptica, y en 1794 se transmite el primer telegrama de la Historia, desde Lille a París, a lo largo de 230 kilómetros y 22 torres.

Funcionamiento

Este sistema se basaba en la construcción de torres conectadas visualmente gracias en lugares elevados. El funcionamiento de la red comenzaba en la estación desde la que se emitía el mensaje. Se colocaba el telégrafo en una posición prefijada de alerta o de atención. Cuando la estación siguiente avistaba esta señal, colocaba su telégrafo en posición listo o preparado y el primer telégrafo sabía que podía comenzar a transmitir. Una vez que se comenzaba a transmitir, cada símbolo debía estar unos 20 segundos como mínimo en la posición para que la siguiente estación lo leyese correctamente y colocase su telégrafo en la misma posición, lo cual indicaba a la estación precedente que podía transmitir el siguiente símbolo del mensaje. En España los mensajes se enviaban cifrados según un código existente en el libro de códigos, que estaba en posesión del Comandante de Línea, que era el único autorizado a la codificación y decodificación, pues los empleados de cada una de las torres se limitaban a emitir el mensaje que habían recibido, sin saber su contenido.

Inicio en España

Este sistema fue mejorado por el ingeniero tinerfeño Agustín de Bentancourt, quien había proyectado un telégrafo óptico entre Madrid y Cádiz, aunque sólo se llegó a construir entre la capital y Aranjuez, siendo operativo en agosto de 1800. Hay que decir que Betancourt fue padre y primer director de Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos de España en 1802. Pero la crisis económica y la Guerra de la Independencia dejaron sin uso este medio de comunicación. Será en 1831 cuando se vuelva a proyectar otro sistema de telegrafía óptica entre la capital y los Reales Sitios para uso exclusivo de la Familia Real. El primero fue Madrid-Aranjuez con 4 estaciones (Torre de los Lujanes y Cerro de los Ángeles en Madrid, Cerro de Espartinas en Valdemoro y el Monte Parnaso en Aranjuez), al que siguieron en el año siguiente el que comunicaba con la Granja de San Ildefonso, y en 1834 los que comunicaron Madrid con Carabanchel Alto, San Ildefonso-Riofrío y Madrid-El Pardo.

Pero el proyecto de mayor envergadura en telegrafía óptica no llega sino cuando, quizá, ya es demasiado tarde. En 1844, por Real Decreto de 1 de marzo, se establece el marco para el nuevo trazado de telegrafía óptica en España a cargo de la Dirección General de Caminos, y siendo uno de los máximos responsables del proyecto José María Mathé Aragua. El proyecto, de titánicas dimensiones, pretendía unir Madrid con todas las capitales de provincia del territorio peninsular.

Diseño de la red

El Decreto era especialmente cuidadoso en la ubicación de las torres. Así, se prefiere que las líneas sigan las carreteras existentes para facilitar el avituallamiento de las estaciones telegráficas y, a ser posible, lo más cerca de pueblos y localidades, por la misma razón. En la medida de lo posible, debían utilizarse estructuras preexistentes para ahorrar recursos, y así se emplearon castillos, atalayas e incluso torres de iglesias. Cuando esto no era viable, habrían de construirse torres ad-hoc, todas idénticas y según el estándar fijado por Mathé, de 7 metros de lado y 12 de alto. Además, las torres debían estar cada una a una distancia mínima de 2 leguas y máxima de 3, de la siguiente. Una distancia menor suponía construir más torres lo que implicaba un coste más elevado. Mayor, suponía dificultades para divisar la torre anterior o posterior.

La torre diseñada por Mathé estaba pensada como fortaleza, para que en caso de guerra el enemigo tuviese la mayor dificultad para interrumpir el sistema de comunicaciones. Constaba de 3 plantas realizadas en ladrillo y mampostería, y sobre la cubierta superior, plana, se ubicaba el telégrafo. En la planta baja, cerrada al exterior, sólo aparecen unos ventanucos a modo de iluminación interior. En la segunda planta había ventanas en tres de sus lados, estando ubicada la puerta en el cuarto a unos 4 metros del suelo, a la que se accedía desde el exterior mediante una escalera de madera que se retiraba y guardaba en su interior. En la planta superior había ventanas en todos sus lados y era desde donde se manejaban los mecanismos del telégrafo situado en la de encima.

Líneas nacionales

De todo el proyecto se construyeron 3 líneas:

●          La línea de Castilla que iba de Madrid hasta Irún que comenzó a funcionar el 2 de octubre de 1846 y constaba de 52 torres que pasaba por Valladolid, Burgos, Vitoria y San Sebastián.

●          La línea de Andalucía: con 59 torres que comenzó a funcionar en 1850 pero no llegó hasta tres años después a Cádiz.

●          La línea Madrid-La Junquera o Catalana, que no se completó totalmente. El tramo Madrid-Valencia entró en funcionamiento en 1849, con 30 torres, y en diversos momentos funcionaron los tramos Valencia-Castellón, Barcelona-Tarragona, Barcelona-La Junquera y Tarancón-Cuenca.

Cuando en 1844 se dio el impulso necesario a la telegrafía óptica en España, ya se conocía la telegrafía eléctrica y se experimentaba en Europa desde 1840. La telegrafía eléctrica relegó a la telegrafía óptica rápidamente. En 1854 se completó la línea de telegrafía eléctrica entre Madrid e Irún, por lo que dejó de funcionar la línea equivalente de telegrafía óptica. En 1857 se desmantelaba la última línea óptica en servicio, la línea Madrid-Cádiz.

En nuestra Provincia

Así que en nuestra provincia se construyeron las correspondientes a la 3 y 4ª Sección de la línea que comunicaba la capital con Irún. Fueron las siguientes torres, todas ellas levantadas junto a las actuales carretera N-601 y N-620:

●        El Perruno (866 m) en Almenara de Adaja, cercana a la localidad segoviana de Fuente de Santa Cruz, del que se conserva sus cuatro lados.

●        El Collado o Cuesta Redonda en Olmedo de la que se conserva su esquina este y norte.

●        El Collado en Mojados que se utiliza para ubicar un vértice geodésico.

●        Boecillo, del que sólo queda el nombre de una urbanización y una calle en la localidad.

●        Valladolid situado en el páramo de la Cuesta de la Maruquesa, del que no quedan vestigios.

●        Cabezón, en el Cerro de Altamira que dominaba la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.

●        Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia) del que se conservan sus paredes

●        Tariego en Tariego de Cerrato (Palencia)

Cabezón, en el Cerro de Altamira que dominaba la población y donde estuvo situado la antigua fortaleza.

Frausilla, ya en las cercanías de  Dueñas (Palencia) del que se conservan sus paredes

Tariego en Tariego de Cerrato (Palencia)