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Valdenebro: almendros florecidos y robles invernales

23 marzo, 2017

Cuando florecen los almendros es bueno darse una vuelta por Valdenebro de los Valles, pues encontraremos innumerables hileras de estos árboles que antaño separaron majuelos y otras propiedades.  Ya conocemos Mirabel, La Picotera o el Mediano. El sábado día 18 de marzo estos almendros del páramo se encontraban estallando en flor, si bien algunos ya apuntaban las primeras hojas. Por eso, el próximo fin de semana ya habrá muchos menos florecidos. Los vimos de todos los tipos: más o menos grandes y otros que se han quedado casi raquíticos debido a que el páramo pedregoso en el que se asienta Mirabel no da para demasiadas alegrías. Algunos bien cuidados, sin embargo a otros nunca se les ha olivado. Unos de flor blanca, otros ligeramente rosáceos. Unos con la corteza negra como el carbón… Pero todos fomando parte de su correspondiente hilera que, con el murete de piedra caliza, sirvió en otras épocas para señalar campos.

Y como cerca de Valdenebro tenemos el monte de las Liebres, disfrutaremos con los robles que, estos sí, se dejan ver aun con su aspecto plenamente invernal, ya que empezarán a vestirse con las primeras hojas cuando la primavera esté mediada o incluso más tarde. La verdad es que resulta poético y relajante contemplar ahora este árbol cuyo potente tronco se va deshaciendo en mil ramas que progresivamente adelgazan hasta desaparaecer.

Por si fuera poco, en esta corta excursión desde La Mudarra, pasamos por diversas canteras de caliza, alguna en explotación; por distintos pozos con su abrevaderos –uno en la cañada Leonesa-; por corrales que no conocíamos, uno de ellos, justo en la raya entre La Mudarra y Valdenebro, de buen tamaño, con muros llamativamente anchos y de grandes piedras perfectamente colocadas.

Desde los bordes del páramo, se dejaba ver la Tierra de Campos, ahora de un color tierno y verde.

Y una constatación: ha desaparecido la fuente del Prado, cerca de Valdebro, que se encontraba en un precioso lugar, cabecera de un vallejo. ¿O tal vez está completamente tapada por la maleza? Un poco más debajo de la fuente, en la linde misma del monte Sardonedo, vimos una cruz de mármol, nueva: ¿qué señala o recuerda?

Aquí tenéis el recorrido, unos 33 km

Viñas, almendros, siestas

2 abril, 2015

Bodega de Basilio

Por fin hizo un buen día aunque el sol no madrugó demasiado debido a que esa noche nos habían cambiado la hora. Pero salió. Le acompañó una brisa suave y unas nubes altas, de gasa, que le quitaron un poco de potencia. Hemos dejado atrás el invierno y la fuerza del sol va a más cada día.

¿Destino? Fuensaldaña, para almorzar en una bodega. Pero este objetivo lo dejamos para la siguiente entrada. Aquí hablaremos del trayecto.

Hacia Fuensaldaña

Hacia Fuensaldaña

De Valladolid a Fuensaldaña, subidas y bajadas. Pero no costaba (casi) subir debido a que habíamos empezado un día primaveral y los campos brillaban con tanta luz. Además, llevábamos muy pocos kilómetros en las piernas.

Al salir de la bodega enfilamos la cuesta más potente del término municipal. Nos auguraron que nos bajaríamos de las bicis. ¡Quiá!, que el milagroso clarete nos había infundido una segunda fortaleza -¿o eran alas?- que nos hacía capaces de subir las cuestas más empinadas. Eso sí, al llegar arriba, después del almuerzo y la subida se impuso por consenso una ligera siestecilla (bueno alguno dijo que se había desvelado y se dedicó a pasear. ¿O lo soñó?) Sea como fuere, si los bacillares llevaban todo el invierno durmiendo, ¿qué menos que unos ciclistas dejaran reposar por unos momentos sus músculos mientras otros órganos trabajaban para trasformar mosto, pan y tortilla de patata en pura fuerza?

La cuesta

La cuesta

Seguimos camino. Todo majuelos y almendros en flor, cantos rodados y tierras anaranjadas, flores en los perdidos, cebadas verdes, el cielo blanquiazul y el horizonte limpio. Vamos, que no costaba pedalear. Todo esto nos recordaba los matices del clarete: parece como si los vinos trasformaran el paisaje en color, aroma y sabor. También nos animaron las liebres, pues vimos unas cuantas parejas corriendo sin bajar las orejas, con la cabeza vigilante.

Desde Trasdelanza. Al fondo, Valladolid

Desde Trasdelanzas. Al fondo, Valladolid

Subimos a Trasdelanzas para contemplar toda la comarca en un solo panorama: Mucientes, la torre del castillo de Fuensaldaña, la iglesia de Cigales, y sus coloridos campos. O sea, el reino terrenal del Clarete. Y mas al fondo, el cerro San Cristóbal y Valladolid. Bajamos al valle del arroyo del Prado para seguir por la ladera de ladera de Porreras, en la falda sur del teso Blanco, que arriba está cubierto de almendros. Ahora, Trasdelanzas se ve desde todas partes.

Majuelo y almendros

Majuelo y almendros

Decidimos acercarnos hasta la Casa de Quijada, cerca de la fuente del Tío Pajarito, en la ribera del Prado, ya cerca de la autovía. El paraje sigue siendo agradable, con alamedas, praderas, majuelos, y el arroyo en medio. Pero de la casa sólo quedan las ruinosas paredes de barro, bien asentadas sobre piedra.

Enfilamos hacia Valladolid pasando cerca de la fuente de Valdetán, con sus álamos gigantes en la ladera, y llenamos los bidones en la bien conocida fuente de San Pedro. Y desde el Berrocal conectamos con el Canal de Castilla para llegar a la dársena por el camino de sirga. Cayeron unos 42 km. ¡Ojalá vengan más días primaverales!

Y el track de Miguel Ángel.

Casa de Quijada

Casa de Quijada

Almendros en flor

19 marzo, 2014

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Valdenebro de los Valles. No quedan ya enebros, pero en el monte Las Liebres y en otros parajes abundan los robles y las encinas. También, en los campos permanecen los almendros, centinelas que antaño velaron señalando los límites de majuelos y otras propiedades, además de adornar –formando hileras- los senderos y caminos. Y estos días de mediados de marzo, están en plena explosión floral.

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¿Quién, por aquí, no conoce el almendro? Es un árbol de tronco tortuoso, no muy alto, de hojas lanceoladas y flor blanca que puede llegar a rosada. Su fruto, el almendruco, guarda la almendra que se come cruda –bien seca mejor-, tostada, frita o garrapiñada, y se usa en confitería para preparar deliciosos manjares como mazapanes, turrones, guirlaches… Claro que también hay almendras amargas, usadas en farmacia. En medianas o grandes cantidades, las amargas pueden resultar ¡mortales!

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¿Nos darán almendrucos estos almendros que ahora florecen o se habrán adelantado como…? Estos últimos años han sido excepcionales para nogales y almendros de la comarca. Esperemos que la cosecha 2014 se igualmente buena.

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La pena de todo es que los almendros en flor no permanecen. A los pocos días de florecer, nos los encontramos ya verdes, con hojas. La flor se fue con el primer soplo de aire o con los hielos nocturnos. Pero también es cierto que el almendro es el primero en anunciar la primavera. Luego, un sin parar  de actividad se sucede en árboles, arbustos y hierbas.

En todo caso, éste es el momento de contemplar los campos de almendras espumosas, que dijo el poeta.

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Para rematar el paseo por Valdenebro, podemos acercarnos a Las Liebres y contemplar cómo se encuentra los robles: ¡desnudos todavía! Les quedan dos lunas para echar hoja. Con un poco de suerte pudimos comprobar que aquí se esconde una fauna variada: vimos un viejo y corpulento zorro, de pelaje marrón obscuro y, un poco más tarde, dos corzos pastando en la rastrojera. En cuanto nos vieron, se escondieron en lo profundo del bosque.

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Almendros

7 marzo, 2011

En los valles del Pisuerga y del Duero los almendros ya están en flor, no así en los páramos cercanos, donde la temperatura es siempre unos grados menos. Nos avisan de que la primavera está próxima y de que a partir de ahora no sólo habrá días malos, también los habrá buenos.

Los encontramos por todas partes: formando hileras en caminos rurales, delimitando campos de labor y josos, junto a algunas acequias, en laderas y baldíos. Nunca  formando un campo de almendros, que para eso –al menos por estas latitudes- no nacieron. De todas formas, antaño se vareaban y recogían los almedrucos. Hoy esa labor se ha perdido. Por eso, en septiembre y octubre podemos recoger almendras sin molestar a nadie. Su dueño, si lo tienen, no se va a molestar.

Por otra parte, nadie los oliva ni cuida. Pero como todo lo resisten, vuelven cada primavera a alegrar nuestros campos. Por muy negra, rugosa, dura y sucia que esté la corteza de sus troncos, no importa, ellos rejuvenecen -¿se enternecerán?- cada primavera. Con el mismo espíritu, aunque de otra manera, que el olmo de Machado.

Incluso donde hubo almendros, los seguirá habiendo, pues de sus raíces brotan nuevos ejemplares.

La abundancia de almendros en nuestros campos seguramente se debe la política forestal de los reyes castellanos, cuyas leyes de protección de los montes y fomento de los plantíos se remontan más allá de Isabel la Católica. De manera que los campesinos debían de plantar algunos árboles en sus tierras de labor y, allí donde no convenía el monte ni había humedad suficiente para álamos o sauces, se plantaban almendros, que eran fáciles de cuidar, duros, y daban su fruto.

Ya está preparada

22 febrero, 2010

Ayer, después de que estuviera jarreando casi toda la noche, algunos ciclistas -pocos, como pude comprobar por los caminos- nos animamos a salir. ¡Y qué bien se presentaba el día, después de todo! Ahí está la idílica estampa del Canal de Castilla que auguraba una buenas rodaduras.

Pero al llegar, por el camino de sirga, a la fuente de Santa Cruz, empezó a caer agua. En Cabezón diluviaba, y así de gris se puso la mañana en cuestión de minutos. Por si fuera poco, al saltar a la isla de grava para coger de frente en la foto el ojo del puente, me hundí -sólo una pierna, eso sí- hasta el corvejón. Pero, ¿qué importaba ya? Además, no hacía frío y el viento era sur.

Bajo el puente de Aguilarejo descansé -de la lluvia- unos 15 minutos, con otro ciclista que hacía lo mismo. Me invitó a media naranja, que acepté encantado. (¡Gracias de nuevo!) Luego, me desvié del camino de sirga para acercarme al Pisuerga, a la vega de Aguilarejo. Estaba preciosa, bien verde. Pero con los árboles, como ese fresno, desdudo.  Seguía jarreando. Y todo gris. No sentía frío.

Hasta que, cerca de Valoria, me acerqué a ver algunos almendros. De lejos parecía que tenían como hinchadas las ramas. Y, efectivamente, eran las flores que estaban a punto de estallar. Eso quiere decir que, en cuanto venga un día bueno y apacible, con un poco de sol y un poquito de calor, la primera primavera, la que anuncian los almendros, ¡ha llegado! Luego irán viniendo otras, pero el invierno gris, dentro de nada, será vencido.

¡Mereció la empaparse!

(luego me volví en tren)

Almendro

Olvidadas canteras de un páramo lejano

12 octubre, 2009

De Villalar a las Canteras43 km aprox.

Un aislado y alargado paramillo se extiende entre Casasola de Arión y Tiedra. Tiene unos cuatro kilómetros de largo por uno -o medio- de ancho. Su orientación es Norte-Sur, en contraste con el páramo de los Torozos, que tiene orientación Este-Oeste, y del que se desgajó hace casi dos millones de años. La mitad Norte pertenece a Benafarces. La otra mitad a Villalonso, y la ladera Este a Casasola.

¿Por qué quedó aislado y en diferente orientación, pues debería haber desaparecido, como de hecho ocurrió con los que se levantaron en la provincia de Zamora y en buena parte de la de Valladolid? Tal vez por la particular consistencia y calidad de la piedra caliza que cubre y protege su superficie. Además, esto explicaría otra importante característica del lugar: que durante siglos se ha dedicado a la explotación, mediante canteras, de la piedra.

Restos del Chozo

Pero vayamos por partes: ¿Qué  nos llama la atención al llegar al páramo? Pues la cantidad de piedras de todos los tamaños que abundan, tanto formando linderos como amontonadas. En otras parameras -Torozos, Cogeces, Cerrato- también abundan, pero suelen ser irregulares y más bien pequeñas, al margen los grandes bloques unidos al terreno. A medio tallarAquí, además, muchas son regulares, como si hubieran sido talladas. Y efectivamente lo fueron, pues el topónimo del lugar -las Canteras– nos dice lo que un día fue. Además, pueden verse muchas piedras con señales de haber sido trabajadas, mostrando resaltes y canalillos. Esto confirma también la buena calidad de la piedra caliza que aquí aflora. Y esta puede ser también la causa de por qué aguantó aislado el páramo resistiéndose a la erosión, mientras sus compañeros caían.

Pero hay más.

Veremos los muros de un viejo chozo construidos con auténtica piedra de cantería; una mesa con sus sillas que bien pudieron usar los Picapiedra (nunca mejor dicho); una especie de asientos -siempre pétreos- dispuestos en semicírculo como para formar consejo….

Mesa

Y también hemos podido saber que algunas iglesias y palacios de Toro, y muchos templos de la comarca, se construyeron con piedra extraída y tallada aquí . O sea, que estamos sobre  las mejores calizas de la provincia.
Sin embargo, la explotación debió ser superficial -la capa de caliza es superficial- pues no apreciamos concavidades y el páramo es perfectamente raso.

Almendros
Luego, nos llamará la atención la abundancia de almendros, sobre todo en la mitad Norte, en Benafarces. De todos los tamaños -pequeños y grandes-, en linderos, delimitando josas, agrupados… Ya no están cuidados ni reguilados, pero siguen ofreciendo buenos almendrucos, algunos amargos. Además, la abundancia de piedras -para sentarse y para cascarlos- invita a saborearlos en el mismo pie del árbol. La parte de Villalonso no posee casi almendros, y algunas zonas del páramo han sido repobladas con pinos de Alepo.

Incluso descubrimos los restos de una fuente, manantial o pozo en el mismo ras del páramo. Nos lo estaban señalando unos chopos y junqueras y, al acercarnos, vimos los restos de lo que pudo ser el pilón. Agua -era principios del otoño, tras el seco verano- no había.  Esto sin contar las fuentes de la ladera de Casasola:  el Herreñalico y Valdesosnal, entre otras.
Los álamos señalan la fuente
Finalmente, el páramo es un mirador perfecto de esta comarca en la que se mezclan los Torozos, la llanura toresana, el valle del Duero y los límites de Tierra de Campos. Se divisan un montón de pueblos, destacando Toro y sus torres eclesiásticas, castillos -Villalonso a un tiro de piedra, Tiedra más lejos-, tesos escindidos del páramo, como el Agudillo, la cuesta Genilla, o San Cristóbal.

O sea, otro paisaje diferente y con su encanto sencillo en esta llanura castellana en la que algunos destacan su monotonía. ¿O la monotonía está en al mirada?