Posts Tagged ‘Antequera’

El Pinar

26 mayo, 2020

Tierra de Pinares salta el Duero desde el sur para llegar hasta la misma ciudad de Valladolid, pues el pinar de Antequera -el Pinar para los vallisoletanos- es una gran mancha de este monte alto entre el Pisuerga y el Duero. El Pinar es el pulmón de Valladolid, ya que la ciudad se ha ido expandiendo hacia los cuatro puntos cardinales, pero sólo por el sur cuenta con terreno verde en abundancia. Son mil hectáreas de bosque pinariego, sobre todo de piñonero, si bien encontramos algunas zonas de carrasca, muy pocas de negral o resinero y algún roble testimonial. Pero si unimos los pinares limítrofes de Laguna de Duero y Simancas, con unas 200 y 800 hectáreas de monte respectivamente, tendremos un gran pinar al sur de Valladolid, de ¡20 kilómetros cuadrados! A pesar de todo, en los tiempos de la fase 0 del desconfinamiento lo hemos visto casi llenito a ciertas horas. Había que ir a otros lugares (prohibidos) para no juntar virus.

Ideal para caminar y pasear en bici, pues posee una pista verde que conecta la ciudad con Puente Duero y Simancas, una cañada real que lo atraviesa de norte a sur (y un cordel medio desaparecido que viene de las Arcas Reales), varias caminos en buen estado, un camino asfaltado con grandes baches (el del Gobernador), multitud de estrechos senderos y algunos caminos totalmente enarenados, como debe ser.

A pesar de ser un pinar y nada más que un pinar, posee zonas diferentes. Algunas de altos y enormes pinos, otras de ejemplares de tamaño mediano y también de pimpollos en pleno crecimiento. Cuenta con llanuras, pequeñas cuestas y vaguadas y, por el sur, se asoma al Duero. Las carrascas crecen en medio de una verdadera selva en las proximidades del camino del Gobernador y los pocos negrales los veremos al norte, junto a los Perales y al sur, en el ángulo formado por la cañada real y la carretera de Simancas. También posee arbolado caducifolio no sólo en la ribera del Duero, sino junto a las acequias de Simancas y Puente Duero, que lo circundan. En varios puntos crecen junqueras, testigos de viejos humedales; otras veces los testigos son topónimos, como Las Lagunillas.

La hombre también ha dejado su impronta y es parte integrante de este paisaje: el tranquilo barrio del Pinar, situado al noreste, pertenece parte a Valladolid y parte a Laguna; cuenta con dos cuarteles, parada de autobús, playa, un complejo recreativo-deportivo, la ruinas de la granja Ronquines, los restos del claustro del convento de la Merced en la arruinada granja de los Quemadillos. Vemos también los restos del polvorín próximo a los cuarteles. Y la vía del AVE, que lo atraviesa de norte a sur formando una barrera casi infranqueable, o sea, el impuesto de la modernidad.

Si el Pinar es un monte normalmente seco y austero, en el que sólo las copas de los pinos nos ofrecen un verde perenne, ahora también el suelo está completamente verde y repleto de colorido. Podemos disfrutar de humildes matorrales con flores amarillas o blancas, como las escobas, o la retama. Del azulado, empenachado y oloroso cantueso, de la atrevida silene colorata, de las rosas silvestres… O de otras flores más humildes, como -por citar algunas- las pequeñas y azules agujas de pastor… Ahora también es obligatorio rodar con gafas, pues la avena loca se inclina sobre los estrechos caminos de roderas…  La primavera ya ha hecho su labor, sólo hemos de contemplarla. ¡Ah!, y será de lo más normal contemplar a los esquivos corzos o a las huidizas ardillas. Nos esperan en el Pinar.

Un pinar diferente

23 mayo, 2016

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Decía el viejo Heráclito que nadie se baña dos veces en el mismo río, y bien podemos nosotros decir que nadie se pasea dos veces por el mismo pinar. Y es que hemos rodado este fin de semana por el pinar de Antequera y hemos visto un pinar distinto al habitual.

Así, en muchos lugares se extiende una pradera de un verde claro que bien podríamos situarla en cualquier suave ladera de la sierra de Segovia: Aunque los pinos eran negrales, en el paisaje parecían albares de la Boca del Asno, en Navacerrada. Lo que habitualmente está seco o lleno de la tamuja de pino, ahora es una llanura de hierba alta, con espinos explotando en su flor blanca y tímidos cantuesos que empiezan a florecer con las orejas levantadas… En otras zonas, florecillas de todos los tipos, con predominio del amarillo y blanco, pero también vistosos azulejos, adornan lo que en otro momento suele ser simple arena.

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Además, este pinar esta surcado por algunos caminos principales y una multitud de sendas y estrechos senderos con continuas curvas y revueltas que los unen. O sea, un lugar ideal para pasear en esta exuberante primavera que nos ha tocado en suerte. En algunos lugares, entre la hierba no deja ver la bicicleta y se acentúa la sensación de navegar por un mar de color verde. Aquí tenéis el recorrido realizado por sendas y senderos.

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Por eso, no volveremos a cruzar por un pinar semejante en muchos años. Hay que aprovechar ahora. Mañana o pasado va a estar seco, pues la arena no suele retener la humedad como otros tipos de suelo. Mañana ya será otro pinar.

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El Pino Mayoral

20 noviembre, 2015

y

Hace unos meses, un fuerte vendaval se llevó por delante al Pino Laguía, el más grande de todo el Pinar de Antequera. Era un pino singular, primus inter pares, que llevaba siglos levantado en este monte vallisoletano. Pero como a rey muerto, rey puesto, alguno ha tenido que sucederle entre sus pares o hermanos y ser ahora el más grande. Tal vez lo sea el Pino Mayoral, como le conocen algunos vecinos del mismo Pinar.

Se encuentra éste donde la cañada real merinera que viene de Valladolid hacia Puente Duero entra en el Pinar, pasado el campo de fútbol y en el inicio de la cuesta que sube a la Casa del Guarda. Es en esta pequeña extensión de terreno, con la superficie relativamente limpia, donde encontramos los ejemplares más grandes de este Pinar. Bueno, también hay otro buen grupo entre el cuartel Teniente Galiana –junto al que se levantaba el viejo Laguía– y la carretera.

Pino MayoralSus datos personales son:

  • Perímetro en la base: 4.00 m
  • Perímetro a 1.25 m del suelo: 3.60 m
  • Diámetro de la copa: Unos 15 metros de diámetro
  • Altura estimada: 17 m.

No sabemos la edad, pero un oriundo del Pinar que tiene 90 añitos, le recuerda enorme hace ya 78 u 80 años. Así que los 200 los ha debido cumplir hace muchas primaveras. No sólo ha visto pasar merinos, también otros ganados, como los toros bravos que antaño se conducían hasta Valladolid para celebrar la feria de San Mateo. Seguramente no vio pasar las tropas romanas por la calzada de Clunia a Simancas, que cruzaba a 500 metros al sur, pero sí a las gentes que utilizaron el camino de Laguna a Simancas, que discurría precisamente sobre esa calzada.

Otra visión

Otra visión

Se encuentra en un lugar que, además de lindar con la vía pecuaria, era también descansadero de merinas, pues bajo su protección pasaban la noche los rebaños después de cruzar Valladolid. Con frecuencia, los civiles que vivían en el cercano cuartel de Farnesio -que entonces era más bien un campamento- entablaban conversación y relaciones con los pastores trashumantes y a veces les preparaban unas sopas calientes para entonarles. Cruzaban todos los años por estas fechas, a principios de noviembre. Y regresaban a principios de mayo.

Laguía murió de viejo, pero hubiera durado bastantes años más si le hubieran cuidado un poco, mediante las adecuadas podas, aligerándole de peso muerto. Esperemos que ahora los responsables cuiden mejor al Mayoral.

Al lado, tenemos -en pleno mes de noviembre- romeros estallando en flor

Al lado, tenemos -en pleno mes de noviembre- romeros estallando en flor

Es pura casualidad, pero hace poco más de una semana y anocheciendo, uno de los dos que abajo firma cruzaba justo a los pies del Pino y ¡malditos abrojos! pinchó ¡las dos ruedas! Tuvo dificultades para arreglar la avería y sabe Dios cómo hubiera acabado la cosa si no surge entre los pimpollos de al lado para ayudarle un vecino del Pinar, natural de la montaña –de Prioro, para ser exactos- que había sido pastor trashumante –¿mayoral?- hace muchos años. La verdad es que él no había cruzado por aquí porque en su época hacían ya parte del viaje trashumante en tren. Se agradece; siempre nos parecieron bellísimas personas los trashumantes. Fue un guiño del Mayoral. ¡Ojalá dure muchos años!

Piscatorem & Javiloby

Una aportación a la historia de Valladolid: las explosiones del Pinar de Antequera

25 agosto, 2015

Portada

Javier Municio, colaborador de este blog, acaba de publicar –disponible en Amazon– el libro Explosiones en los polvorines del Pinar de Antequera: crónica del accidente más dramático de la historia de Valladolid. Se trata de una llamativa obra, pues relata con bastante detalle el accidente más dramático de nuestra historia local, como bien reza el subtítulo.
Mucho se ha escrito sobre Valladolid a lo largo de los siglos, pero faltaba algo que nos trae precisamente ahora el interés de J. Municio por el paisaje vallisoletano, en este caso del Pinar. Recuerdo que hace no muchos meses, paseando por este monte, nos enseñaba los restos de estos polvorines, haciendo referencia a su historia y, por tanto, a las terribles explosiones que ocurrieron en 1940 y 1950. Yo no sabía nada de ello y me extrañó sobremanera no haber leído nada al respecto. Luego preguntaría a otros vallisoletanos –incluso habitantes del propio Pinar- que tampoco sabían nada o, a lo más, tenían alguna confusa referencia.

Foto en el polvorin

El autor junto a uno de los polvorines

Fruto de aquellos paseos fueron algunos artículos en este blog. Pero Javier ya tenía metido el veneno en el cuerpo y no le bastó con esas breves entradas, de manera que siguió haciéndose preguntas sobre el cómo y el por qué, antecedentes y consecuentes de aquella catástrofe. Y fruto de esas peguntas es este libro, que viene a llenar una laguna de nuestra historia reciente.

¿Por qué no sabemos casi nada de todo aquello? Tal vez porque los medios de comunicación daban sólo noticias oficiales, porque evitaban lo negativo, porque había una política de información muy concreta. Se entiende fácilmente en el contexto de la dictadura de la época. Lo que ya no se entiende igual es porqué desde 1975 hasta ahora se ha pasado de puntillas sobre estos acontecimientos y nadie los ha divulgado, a pesar de que alguno habría encontrado hasta razones políticas para hacerlo, las mismas que poco antes llevaran a otros a silenciarlo. Desde luego, los archivos se encuentran al alcance de cualquiera, como pone de manifiesto nuestro autor.

La parada del autobús en el Pinar de Antequera

La parada del autobús en el Pinar de Antequera

Y es que la historia no la escriben sólo los historiadores. También la escriben -la escribimos- todos los que amamos nuestra tierra y nuestro paisaje, su gente y su cultura y –por esa razón- no sólo admiramos lo que vemos, sino que nos preguntamos la razón de lo que admiramos… Y, tarde o temprano, por azar o por trabajo –en este caso por trabajo- acaba llegando la respuesta.
Desde aquí queremos felicitar a Javier por esta magnífica obra que entra en los anales de nuestra historia local. Y también a Óscar Domínguez por la expresividad de sus ilustraciones; gracias a ellas nos podemos hacer una idea cabal de cómo eran aquellos polvorines. ¡Gracias, Javier!

Los polvorines del Pinar de Antequera

16 julio, 2014

Polvorin Antequera

Ya se ha descrito en el blog en numerosas ocasiones el placer que supone internarse con la bicicleta por los entresijos del Pinar de Antequera que, como se mantiene bien conservado, invita a nuevos habitantes como el corzo, que cada vez se ve con más frecuencia. Hoy vamos a recordar algo de su pasado como asentamiento militar, lo que puede apreciarse al recorrer ciertas áreas en las que tuvieron lugar dos de los hechos más desgraciados acaecidos en la historia de Valladolid.

Cuando ahora pedaleamos libremente por sus caminos nos llama la atención algunos restos de construcciones en las inmediaciones de las piscinas de FASA y del nuevo Parque de Tirolinas, pues hasta bien entrados los años 70, allí había un campo de tiro, una pista de aplicación, otra de carros de combate, además de algunos polvorines abandonados. Y todo ello aderezado con alambradas y algunos carteles que avisaban de que se trataba de una zona militar.

 

Parada del autobús del Pinar sobre 1965

Parada del autobús del Pinar sobre 1965

Por aquellos años la parada del autobús se convertía en un colorido punto de reunión que, en días festivos, se atestaba de soldados de reemplazo de aviación, artillería y caballería junto con lugareños y veraneantes. En verano era frecuente que el autobús fuera o llegara abarrotado, al mejor estilo de las grandes ciudades, dejando a veces numerosas personas abandonadas en la parada a la espera de algún probable refuerzo de otro autobús. Por aquella época además había otra línea de autobús y paraban varios trenes.

Los polvorines

Como una continuación del destacamento del Parque de Artillería, había distribuidos a lo largo de un camino empedrado, bien construido, recto, que salva desniveles y dispone de alcantarillas, una serie de polvorines semienterrados en los que se almacenaban explosivos y municiones que luego se distribuían entre las guarniciones de la desaparecida VII Región Militar. Su importancia era tal que incluso las vías del tren penetraban en el Parque de Artillería; era habitual la carga de convoyes con destino a las diferentes Unidades de la región. Estas vías aún pueden observarse en algunos lugares.

 

Vía de acceso al Parque

Vía de acceso al Parque

Hasta hace bien poco, también eran visibles dos enormes cráteres, en cuyo interior se había formado una pequeña charca procedente de aguas freáticas pobladas de ranas y rodeadas de chopos, sauces y zarzas.

Pues bien, cada uno de ellos se correspondía con sendas explosiones ocurridas durante el siglo pasado y de las que, dadas las circunstancias de la época, ha trascendido muy poca información. Se conoce que en la primera explosión deflagraron 201 toneladas de pólvora siendo la medida del cráter de 80 m. de diámetro y 23 de profundidad, nada menos.

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Unos de los 6 polvorines construidos sobre los años 30

Estos cráteres fueron prácticamente tapados a mediados de la pasada década y me pregunto si no hubiera sido más oportuno conservarlos adecuadamente con el fin, no sólo de mantener vivo el recuerdo de las tremendas desgracias allí acaecidas, sino además de conservar los pequeños ecosistemas que se habían generado en sus charcas. Aún podrían recuperarse junto con algún pequeño memorial de recuerdo que animaría y daría más interés, sin duda, a los paseos por los alrededores de la nueva Senda de la Legua.

Javiloby

Paramos un momento: en la siguente entrada narraremos brevemente las explosiones y en otra posterior la situación de los lugares, que ya adelantamos en el mapa de arriba.