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Arenales del Villar y desembocadura del Trabancos

2 diciembre, 2016

arenales-del-villar-pollos-2016En este paseo no salimos del término de Pollos. Corto, pues no supera los 30 km. El parte (o eltiempo.es, como se prefiera) amenazaba con chubascos que no se hicieron realidad. La temperatura, incluso agradable a pesar de que el sol no hizo acto de presencia.

El Duero, entre Tordesillas y Pollos se siente especialmente libre, pues sale del ámbito de las laderas del páramo de los Torozos, que le oprimen y aún no ha llegado a la Dehesa de Cubillas, cuyas peñas le cortan el paso y le obligan a tomar dirección sur. Tal vez por eso –y porque ha recogido arena de sus tributarios que cruzan Tierra de Pinares-, describe grandes curvas y meandros donde deja, en la orilla convexa, extensos arenales, además de grava y cantos rodados. Y no sólo esto, también los propios árboles de los arenales atrapan troncos de todos los tamaños que llegan con las crecidas. Claro que igualmente, las aguas depositan bidones, plásticos, botellas y todo tipo de basuras.

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Senda que nos conduce a los  arenales

El Duero se deja ver como siempre fue. O casi. Debido a que en toda esta zona no hay presas de centralitas eléctricas, resulta que ¡el agua corre! entre cantos rodados y arenas, formando tablas e incluso rabiones; y no hay casi pecina, a pesar de que ahora lleva poca agua.  O al menos eso vimos en los arenales del Villar, aguas arriba de Pollos. Hace años estos arenales debieron ser mucho más grandes y puros, pues se nota que hoy crecen demasiados arbustos e incluso algunos árboles, cuando no se plantan choperas, como en el del Charcón o en la Marota. Incluso aguas arriba de Pesqueruela antaño hubo abundantes playas; hoy han desaparecido todas colonizadas por árboles y arbustos. Lógico, pues los ríos han disminuido su caudal.

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En los arenales

Abundan los tamarizos -ahora de un elegante color burdeos-, los grandes chopos, algunos álamos y fresnos y, también, enormes sauces que no se dejan ver en otros lugares. Ahora, el arenal tenía zonas de hierba y, cerca de las arboledas, la arena se cubría con las hojas caídas.

Curiosamente, entre la arena y la grava, se veían restos de cerámica sin aristas, redondeados por el continuo lamer del agua. ¿De dónde provendrán? ¿Medievales? Porque por allí no hay poblaciones hasta Tordesillas, aunque las hubo. También se dejan ver valvas de náyades y almejas.

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Pedregal

Veremos patos –pues nadie les molesta-, cormoranes, garzas y algún milano real. En un bosquete de álamos contiguo a este arenal hay una colonia de nidos de cigüeña o, tal vez, de garza. En los charcos que se forman después de las crecidas quedan atrapados peces, por eso todavía vemos los restos -cabeza, espinas y escamas- de grandes carpas.

Pues esto ha sido, más o menos, el paseo por los arenales del Villar. Aguas arriba podemos pasear por otros arenales –algunos, como los de la Moraleja, está cercado y con ganado. Hubo incluso una ermita dedicada a Nuestra Señora del Arenal: se la cita así en 1613, pero antes fue parroquia de una localidad desaparecida, junto a las aceñas de Zofraguilla. Terminó destruida por el ejército inglés en la guerra de la Independencia. En cuanto nos salimos de la ribera, vemos los campos de labor de Pollos de una horizontalidad casi perfecta, sólo rota por los solitarios nogales.

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El Duero

* * *

Vistos los arenales, puse rumbo hacia Bayona, pasando antes por el Charcón, que también es un arenal, por choperas de abundante fusca, por el Prado (de la Alegría) que realmente es una intrincada arboleda y, al llegar al Soto, pude comprobar que el río se estaba merendando la orilla izquierda, que es de simple tierra de cultivo. A la izquierda se deja del despoblado de La Porra y, nada más cruzar el Trabancos –sin agua, claro- pude apreciar cómo los cantos rodados cambian de tamaño, para convertirse en piedras –también rodadas– de varios kilos. Curioso.

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Esta es la desembocadura

Por la orilla izquierda –entre la casa de Bayona y el cauce-hay un camino, paralelo a este río seco, que acaba saliendo a zona de cultivo y, justo por el límite entre ésta y la enmarañada ribera, nos conduce hasta las proximidades de la desembocadura en el Duero. Digo hasta las proximidades porque los últimos 150 metros son de aúpa: hay que pasar por una franja de abundantes zarzas en la que uno podría quedarse enganchado. Tal vez en pleno invierno, con el zarzal reducido por las heladas sea el mejor momento para acercarse, siempre que el río no venga un poco crecido. Total, que al final pude llegar a la desembocadura propiamente dicha. Es como si un arroyo pequeño –se puede saltar de un brinco- desapareciera en un río caudaloso. Y el arroyo lleva agua en este último tramo debido al nivel del Duero, que se mete dentro de su cauce. Pero puedo decir que lo he visto. Creo recordar que hace muchos años llegué también a este punto por una acequia paralela a la orilla derecha del Trabancos.26-noviembre-239

En Bayona; la dehesa de Cubillas al fondo

***

Para terminar la aventura y pedalear un poco, me fui siguiendo el Duero hasta una alameda frente a la peña roja donde comienza el encinar de Cubillas para volver hacia el Trabancos y recorrer su cauce hasta las Peñas de Santa Cecilia. Desde allí, me dejé caer por un buen camino hasta Pollos, donde tuve la suerte de encontrarme con Daniel, que me invitó a una cerveza para terminar la tarde. Anochecía.

¡Ah! Antes, como seguimos en otoño, la merienda fue ofrecida por un nogal junto al Duero, un manzano cerca de La Porra y un majuelo joven que tenía racimos sin vendimiar, cerca de las Peñas de Santa Cecilia.

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La Isla del Charcón

18 octubre, 2014

Tordesillas El Charcon

Día de lluvias, ¿día para quedarse en casa? Alguno lo tenemos claro: aunque anuncien lluvias los sabios meteorólogos, hay que salir a airearse después de haber pasado la semana trabajando entre papeles. Además, con frecuencia se equivocan. Por ejemplo, la mañana del domingo pasado: cayeron dos chaparrones mientras a ratos lucía el sol .

Bien es cierto que estos días de lluvia hay que buscar lugares donde no se forme barro, o sea, donde predomine el suelo de arena o grava. Por eso nos fuimos, río abajo, de Tordesillas a Pollos.

Así se presentaba la jornada

Así se presentaba el día…

La vega

Esta ruta nos condujo hasta la Vega –o Isla- del Charcón. Es un terreno protegido por un recodo del Duero, al norte de Pollos. No se eleva casi sobre el nivel habitual del Duero, por lo que con frecuencia resulta inundado en la crecidas. El suelo es duro y no hay casi maleza: una hierba rala lo cubre. Por eso, aunque tampoco hay caminos, se puede pasear en bici. Hay zonas más bien llanas y otras con pequeños montículos o, para la bici, toboganes. Abundan los fresnos, chopos y sauces, así como majuelos, escaramujos y tamarizos arbustivos.

El otoño avanza con sus occres ya marillos...

El otoño avanza con sus ocres y amarillos…

En el río vimos abundantes bandos de patos y cormoranes, alguna pareja de garcetas blancas y garzas aisladas. Los árboles ya empiezan a tomar ese color amarillo típico de la estación. No hay que olvidar que estamos en la zona denominada Riberas de Castronuño, que va desde ese pueblo hasta Tordesillas, y que incluye toda la ribera del Duero en Pollos. En definitiva, se trata de un lugar privilegiado para observar los más variados tipos de aves.

Frutos en sazón

Nogales

Nogales

Entre la vega y el pueblo, y en otros muchos lugares del término, los nogales se muestran cargados de nueces. Aquí son más frecuentes que los almendros y se utilizan para delimitar propiedades y acompañar norias. Pero también probamos higos y manzanas. En esta época, todo está en sazón. Y es que, además, el 2014 está siendo pródigo en frutos.

En la ribera y en los pinarillos próximos nacen abundantes setas -¡y de qué tamaño!- pero no son comestibles; para que éstas lleguen habrá que esperar un poco, pero las lluvias que están cayendo anuncian que este otoño las habrá para todos.

Olvidado girasol en el arenal

Olvidado girasol en el arenal

Arenales

 Los arenales son algo corriente en la orilla izquierda del Duero entre Tordesillas y Pollos. Así, los mapas nombran el del Villar –entre Pollos y Herreros-, los arenales de Herreros, o el arenal de la Marota, entre el puente de Tordesillas y los de la autovía de Salamanca. Cruzamos los tres. Antaño, hubo una ermita con la advocación de la Virgen de los Arenales cerca de las aceñas de Zofraguilla. Todavía hoy lo podemos comprobar. Y sufrir, porque las piernas se resienten cuando las ruedas de las bicis detectan arena.

Por cierto, que las aceñas de Zofraguilla han sido clausuradas para el visitante: un candado cierra la férrea puerta de acceso. ¡Qué pena! A esperar tiempos mejores.

Desde la "Isla"

Desde la “Isla”

Pinar de la Nava

A la vuelta, y después de hacer equilibrios en las laderas de Pollos, atravesamos este pinar. Todavía el suelo tiene el color amarillo del verano, todo parece reseco, no hay setas y tardará un poco en tomar ese color verde provocado por la abundancia de musgo. Sin embargo, los pinos estaban relucientes y limpios debido a las últimas lluvias. Olía a tamuja mojada.

En el pinar de la Nava

En el pinar de la Nava o llueve sobre Tordesillas

La Pililla

4 noviembre, 2011

O Pililla simplemente. Es un despoblado a casi 2 km de Montemayor, al que dio precisamente apellido. En la ruta de hoy pasaremos por sus cercanías, prácticamente irreconocibles ya, pues el tiempo no perdona.  Desde Aldeamayor hasta el monte de Pililla. Y vuelta. Total, unos 47 km. Por cierto esta ruta la hicimos el pasado domingo, uno de los últimos días agradables, soleados, sin viento de este otoño. Fue un placer pasear.

Pinares del Compasco

La primera parte de la ruta discurre entre pinares de piñonero y, sobre todo, negral. Este monte con suelo de arena tiene la particularidad de asentarse sobre una inmensa bolsa de agua, pues hasta aquí llega el acuífero de los Arenales. Y así veremos chopos, huertas, regueras y humedales con extensas junqueras, todo entre los mismos pinos. Incluso la toma de agua para Aldeamayor se realiza aquí mismo, en medio del pinar. Un enorme depósito de agua lo certifica.

También llama la atención lo bien que se está regenerando el pinar después de aquel terrorífico incendio de hace 7 años aproximadamente.

Dunas y pistas forestales

Salimos a una pista de muy buen firme que nos conduce en suave subida rectilínea hasta Fuente Mínguez, un pequeño vergel entre  arenales. Aquí tomamos otra pista que nos llevará en dirección a Montemayor.

El camino se hace agradable gracias a los negrales próximos. ¡Increíble que hayan podido retorcerse tanto! Algunos se han hecho un auténtico nudo, otros están tumbados pero milagrosamente no tocan el suelo… Además, este pinar tiene una capa de arena tan profunda que son abundantes las dunas: muchas ya se han fijado gracias a los propios pinos; otras continúan su lento peregrinar empujadas por el viento.

Por fin aparecen campos de labor a la derecha y divisamos la torre de la iglesia de Montemayor al fondo.

Páramo de la Pililla

 Cruzamos la carretera para tomar un sendero que –por un pinar pequeño y denso- nos conduce hasta el camino de la Espinilla. Vemos el valle que se abre entre nosotros y Montemayor y pasamos donde debió estar La Pililla. Cruzamos el camino que lleva a Traspinedo, bordeado de abundantes caleras y, por fin, nos introducimos en un paraje bien distinto al que traíamos.

Se trata de un páramo salpicado de pequeñas manchas de encina, roble y enebro en el que las tierras de labor –nunca extensas y de varias formas- se ven limitadas por hileras de carrascas y robles que dan esa forma tan variada a los campos cultivados. La tierra es buena pero con demasiada piedra caliza de modo que dificulta un cultivo cómodo. Antaño hubo por aquí muchos majanos, pero la piedra se ha utilizado en la construcción y en la fábrica de cemento cercana.

Por fin llegamos a la Casa del Monte de la Pililla –o del Portillano– que está en el término de Santibáñez. Hoy se encuentra en el centro de un extenso terreno dedicado al cereal (se nota que no estamos ya en Montemayor) que antaño estuvo dedicado a viñedo. Se encuentra es un decir, porque lo que vemos son los restos –en buena piedra caliza- de lo que fue. Un pino hace acompaña.

Un poco más y nos acercamos al canto para divisar Santibáñez y el valle del Valcorba. El manantial de las Rasillas está seco, dado lo extremo que ha sido el año.

Y entre tierras de labor, matas de encina y de roble, pinarillos y algún que otro pozo que sirvió a una noria, llegamos a La Parrilla por el camino del Camposanto.

…y el valle de La Parrilla

Cruzamos la Parrilla –pueblo de buena piedra- asentado junto a arenosos pinares, y descendemos por el camino de Aldeamayor cuyo valle recibe enseguida las aguas del arroyo Valdalar. Se nota la vida y actividad que hubo por aquí: fuentes, largos abrevaderos, restos de molinos y de colmenares, huertos, árboles frutales, prados… Hoy, sin embargo, el camino casi no se usa, pues está literalmente invadido por la maleza. A un lado, vemos las laderas de Ontorio: un camino se dirige a ellas entre restos de tapias y corralizas; al otro lado, el monte de la Dehesilla.

Llegamos a la Casa Blanca y luego, por el pinar, vemos a la izquierda los chopos amarillentos del arroyo Sangüeño.

Pinares, prados y lagunas en Aldeamayor de San Martín

10 marzo, 2009

El acuífero de los Arenales se extiende por el sur de nuestra provincia, si bien su superficie -nada menos que 7.700 km2- llega a las provincias de Zamora, Salamanca, Ávila y Segovia. Se trata de un río o embalse subterráneo que se nutre en el sistema Central y descarga, entre otras, en las zonas de bodones y lavajos de Olmedo y Medina del Campo, pero también en Tordesillas –al sur del Duero- y aquí, en los humedales de Aldeamayor y Boecillo.

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Prácticamente todo el término de Aldeamayor es una extensa zona pantanosa donde las aguas afloran o afloraban:

  • Hacia Boecillo tenemos la dehesa Longar y el pinar de Mongordo con la laguna del Suero. Y sugue en este término por la dehesa del Raso.
  • Hacia el norte, antes de llegar al polígono del Brizo, se situaba la laguna del Pepino, y cuando hoy cae abundante agua, vuelven a salir grandes charcos y lavajos.
  • Por el cementerio (oeste) se extienden las Navas, el Berrojo e incluso la laguna de la Sal , en una zona pantanosa drenada por grandes zanjas.
  • Hacia el sur todo son arenales. Esta zona se llama Las Lagunillas, señal inequívoca de su naturaleza.
  • Y hacia el este vemos, hoy entre pinares, numerosos arroyos que se aprovechan para regar huertas. De aquí -del Manadero– se saca el agua para abastecer a la creciente población de la localidad. En todos los pinares abundan los juncos, y se dejan ver los chopos, señal de abundancia de agua en el subsuelo.

Por tanto, todo el término es zona de descarga del acuífero mencionado.

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Rutas por Aldeamayor

En diferentes puntos de la localidad veremos el panel que anuncia dos rutas por los campos próximos.

La primera nos conduce por campo abierto hasta el molino de los Álamos, ya en el término municipal de Portillo, próximo a la autovía y a la carretera Portillo-La Pedraja. Cerca de esta carretera y del molino veremos este curioso manadero, totalmente activo a fecha de hoy.

Pero esta ruta luego se dirige hacia la urbanización del golf: antes de llegar pasaremos por los prados de la Nava, donde aflora también agua de los Arenales, pero de manera más o menos uniforme por toda la superficie. Para evitar encharcamientos se construyeron zanjas de drenaje, muy abundantes en esta zona. Veremos también los humedales que lindan con el término de Boecillo, en cuyos chopos y sauces anidan cigueñas.Hacia la carretera de las Maricas también abundan charcas y pastizales, siempre que vayamos en épocas de abundante lluvia.

La vegetación es la típica de zonas húmedas. A pesar de estar muy lejos de los mares, aquí abundan también las plantas marítimas, pues las aguas de estos humedales posen gran cantidad de sales. En cuanto a la fauna, sin duda veremos azulones, garzas, cigueñuelas, limícolas, e incluso algún aguilucho lagunero.

Los caminos poseen buen firme y son de grava.

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Y la otra ruta discurre por pinares. Nos podemos guarecer bajo el pino de Carranza o de la tía Hilaria, de 22 metros de altura y 4 de perímetro basal; llegaremos hasta la ermita de la Virgen del Compasco, dedicada a la pastora y patrona de la localidad, y nos llamará la atención la gravera del Compasco, felizmente recuperada; llegará hasta nosotros el frescor del arroyo Sangüeño con sus saucedas y un simpático puente de piedra… A pesar de pasear por un denso pinar, veremos zonas pantanosas pobladas de juncos y sauces, e incluso con abundante agua en algunas épocas del año.

En este recorrido, algunos caminos son de arena suelta en los que bien podemos dejar clavada la bici…