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Tesos de Villamor

17 septiembre, 2019

El páramo de los Torozos se deshace hacia el oeste en cuestas redondas, tesos, cerros, motas y colinas. A ello contribuyen especialmente los valles del Hornija y del Bajoz que, si bien en sus nacimientos solo arañan la paramera, luego la tajan hasta que, finalmente, la disuelven en una llanura baja y suavemente alomada.

Los tesos de Villamor han sido esculpidos por el río Bajoz, el arroyo Daruela y las regueras que desembocan en ambos, provenientes de los barcos que forma el cercano páramo. Su nombre se lo deben a Villamor, despoblado entre Mota del Marqués y San Cebrián de Mazote del que sólo quedan unos corrales y las ruinas de un molino harinero.

San Cebrián

Así que nos dimos un paseo corto desde San Cebrián aprovechando la cañada de Valcaliente pero desviándonos de ella para asomarnos al valle del Bajoz desde el cerral. Antes pudimos visitar las ruinas de algunos palomares y chozos de San Cebrián. Los tesos, de yeso, hoy aparecen vestidos de verde gracias a los pinos plantados en el siglo pasado para sujetar las laderas y evitar que el yeso y las margas enfangaran las tierras de cultivo en épocas de lluvias más o menos torrenciales. Antes nos ofrecían una imagen blanca, a la vez que áspera y austera, que hoy se ha dulcificado.

Valle del Bajoz

El páramo termina en el teso de la Portilla, portilla que está entre éste y el de Villamor. Y este último es una buena atalaya para contemplar el valle del Bajoz, que aquí se ensancha hasta formar prácticamente una llanura. Al este, vemos el perfil de Tiedra sobre el páramo enrasado y hacia el sur, Mota del Marqués..

Volvemos hacia San Cebrián intentando descubrir la fuente del Pintor. Pero ya no existe; sólo quedan algunos juncales y zarzales que señalan donde antaño manaba agua.

En los corrales de Arévalo

Nos vamos ahora al páramo de la otra orilla, la derecha, del Bajoz. Primero subimos y bajamos cruzando vallejos y regueras, hasta llegar al monte de San Manuel, un monte privado que, a Dios gracias, tiene las puertas de los vallados abiertas y se puede pasar sin problema. Salvo que haya ganado, en cuyo caso estarán cerradas. El monte es de encinas jóvenes. Acabamos, antes de bajar, visitando los corrales de Arévalo, que no dejan de ser curiosos por su disposición y (restos de) chozo.

Aquí tenéis el trayecto.

Y el valle del Bajoz

22 febrero, 2015
Tapias, verdaderas murallas, de la Granja

Tapias, verdaderas murallas, de la Granja

Viene de la entrada anetrior

Buscamos agua en el recinto de la Santa Espina, pero las fuentes se habían helado. Aun así, se estaba bien entre los murallones del viejo monasterio disfrutando de un tímido sol bajo gélidas nubes que daban frío sólo con mirarlas.

Y nos topamos con el Bajoz, que viene de ver la luz en la fuente de las Panaderas, en pleno páramo, recibe las aguas medicinales de la fuente de la Salud y pasa por Castromonte, donde bebe otros manantiales. Desde esa localidad hasta la Espina, le daba tiempo a mover dos molinos y a formar un embalse tan pequeño como hermoso. Luego se aleja para atravesar San Cebrián, Mota del Marqués, Villalbarba y Casasola, y desembocará en el Duero junto con otro río que también nace casi hermanado con él, el Hornija, de La Mudarra. En total, recorre 53 km, aunque es un arroyo seco en verano más que un verdadero río…

Monte y campo en el valle

Monte y campo en el valle

Justo en la puerta del monasterio tomamos un simpático camino por la orilla izquierda del río, adornado, de vez en cuando, por hileras de chopos y sauces aislados. A nuestra izquierda dejamos el camposanto del poblado de la Santa Espina. En la orilla derecha, los restos de un antiguo molino. Un poco más allá, enormes piedras que parecen haber caído rodando desde lo alto del páramo.

Y un amplio valle, tranquilo y verde que tiende a ensancharse. Abajo cultivan los agricultores sus tierras y, arriba, por las vargas rebosan las encinas y robles del páramo. El lugar no puede ser más apacible, olvidado y hermoso; se comprende bien por qué fue elegido por los monjes cordobeses para levantar un monasterio, y más tarde por la infanta doña Sancha y los monjes de Claraval para fundar la Santa Espina.

Balsa helada, en las Arcas

Balsa helada, en las Arcas

Nos paramos a ver la Granja, con su viejo edificio y su terreno protegido por murallas. Bajo un enorme sauce buscamos una fuente que ha desaparecido. Cerca, un molino restaurado parcialmente que parece surgir de manera repentina. Seguimos pedaleando por la ladera, entre ramas de pino que pretenden frenarnos, hasta llegar a la fuente de las Arcas, entre una balsa helada y un simpático puente de madera.

El páramo, antes de bajar a San Cebrián

El páramo, antes de bajar a San Cebrián

Rodamos un poco más casi a campo traviesa hasta tomar el camino que sube a la ermita del Cristo de Santas Martas, con su estanque, merendero, fuente y su enorme moral, lugar que ya conocemos bien, siempre adecuado para recomponer fuerzas.

Subimos al páramo –monte de molinos de viento- para bajar, último tramo y a tumba abierta, hasta San Cebrián. Nos acercamos al pozo donde un burro movía la noria y damos por terminada la excursión de hoy, fresquita como pocas.

El guiño de San Cipriano

El guiño de San Cipriano

Cañada de los Aguachales, en Castromonte

20 enero, 2015
Robles en el monte

Robles en el monte

Los alrededores de la Santa Espina son especialmente agradables para el paseo y la observación de la naturaleza; gracias a la labor de los monjes del monasterio, todavía podemos contemplar algo de lo que fue este extenso monte de encina y roble que en otros tiempos cubrió todo el páramo y parte de Tierra de Campos.

El embalse del Bajoz es bien conocido tanto por senderistas como por pescadores. Hace unos tres días hemos dado un paseo por sus alrededores, en concreto por la Cañada de los Aguachales.

El embalse, helado

El embalse, helado

Realmente, esta cañada nace junto al monasterio de la Santa Espina, recorre su tapia oeste –hoy carretera-, sigue junto al camino del embalse y, después de pasar junto al molino de Romano y antes de llegar a la presa, se desvía hacia el norte tomando un vallecito de fondo más bien llano y verde suelo.

Antes de entrar en el valle disfrutamos del principal, que es el del río Bajoz: robles, chopos, álamos, encinas, alegran el paso del caminante o rodador. Hay que decir que hemos de olvidarnos de aquellos robles y encinas enormes, conocidos como talayas o atalayas por su altura. Eso es historia. El monte actual –lo que de él queda- es de matas y arbolitos, gracias a lo cual todavía pueden vivir jabalíes, conejos y zorros. Veremos algunos robles de tamaño medio, y gracias.

Robles en la ladera

Robles en la ladera

Volvemos a la cañada. Ascendemos muy suavemente, casi no lo notamos. A nuestra izquierda un monte de pinos, a nuestra derecha el pradillo que forma el valle, separado de nuestro camino por una hilera de matas de roble que a estas alturas del año han perdido totalmente la hoja, por lo que nos amedrentan con sus fantasmagóricas ramas cubiertas de musgos y líquenes.

Llegamos a un punto en el que el camino se hace llano, sin pendiente, y en el valle vemos un extenso juncal. Ahora entendemos el nombre de la cañada, pues estos son los aguachales que la bautizan.

El camino "protegido"

El camino “protegido”

Subimos de nuevo un poco más y vemos, en la suave pendiente de la ladera, los restos de unos amplios corrales, señal de que esta zona del monte se aprovechaba por el ganado. Aquí descubrimos también los restos de un hermoso camino, limitado por vallas de piedra caliza, que sube hasta el páramo. Aunque está invadido por la maleza, podemos contar su existencia… todavía.

Al llegar arriba se extiende una pradera llana salpicada de robles y encinas, algunos de buen porte. De nuevo los robles, desnudos, impresionan: bien podíamos encontrarnos en un bosque de de brujas, escondidas tras las matas y entre las nieblas invernales.

Palomar en el Molino Nuevo

Palomar en el Molino Nuevo

La vuelta podemos hacerla por el embalse: otra cañada nos llevará hasta Castromonte salvando un espacio diáfano para tomar otro precioso camino, también protegido por viejas vallas de piedra, por la orilla izquierda del Bajoz. O bien tomar el antiguo camino de las Carreterías, que aprovecha los límites de este término municipal con los de Villabrágima, Tordehumos, Villagarcía y Urueña, y tomar la dirección de la Santa Espina al cruzarnos con alguna de las carreteras o caminos paralelos a ellas.

Camino junto al Bajoz

Camino junto al Bajoz

 

San Román de Hornija, o el descanso de Chindasvinto

6 diciembre, 2014

San Román de HornijaSan Román se extiende por una ladera que mira hacia el oeste y cae hacia el Hornija, no lejos del amplio valle del Duero. Por su término municipal también atraviesa el río Bajoz. Hoy sus tierras sostienen muchas y buenas cepas de la Tinta de Toro, que dan un excelente caldo, modernas bodegas envejecen el mosto y el pueblo parece vivir una nueva pujanza económica donde las ruinas sólo se ven, por desgracia, en la vieja casa prioral. Pero vayamos por partes.

Los orígenes de San Román se pierden en la noche de los tiempos. En el prado de la Requejada ha escondido tres esqueletos de la edad del Bronce durante milenios. Y tuvo sus tiempos romanos, a juzgar por la columna que vemos en la iglesia.

Viñedo

Viñedo

El descanso de Chindasvinto

Vayamos ahora al priorato de los benedictinos, edificio del siglo XVIII -que se está cayendo al lado de la iglesia- donde vemos cinco columnas y tres capiteles mozárabes, en mármol, que nada tienen que ver con la austeridad castellana. Y es que precisamente aquí quiso descansar el rey Chindasvinto -¿qué tendría este lugar?- junto con su esposa -¿o hija?- Reciberga. Lo cuentan las fuentes y lo ratifica la tradición, y aún podemos ver restos en una capilla-museo de la iglesia.

No queda nada de aquel primitivo monasterio de Chindasvinto, enterrado aquí en el año 653. Se debió de construir otro mozárabe hacia el siglo X, que tal vez fue destruido por Almanzor y volvió a ser reconstruido hacia el siglo XI. De siglo IX-X vemos una piedra con inscripciones funerarias en el muro de una capilla del siglo XVIII que da precisamente al pórtico del priorato.

Casa del Priorato benedictino

Casa del Priorato benedictino

Y hacia el siglo XVI el antiguo templo fue demolido para construir el que hoy vemos.

En el siglo XIX el obispo de León Joaquín Barbagero, hijo del pueblo, coloca la famosa inscripción del texto compuesto por San Eugenio de Toledo para Regiberta, que leemos en la iglesia, junto a los restos de los reyes.

Capitel mozárabe

Capitel mozárabe

Todo esto parecen trasmitirlo las piedras. A juzgar por las columnas, capiteles y otros restos que se conservan en la capilla, ¡qué hermosura debió tener el monasterio mozárabe: lo nunca visto en Castilla! Incluso los estudiosos se atreven a decir, por los restos que quedan, que fue el más magnífico de los mosnasterios mozárabes leoneses.

La bodegas

Cruzando a la orilla opuesta del Hornija por el puente romano, como metidas en los pliegues del cerro, descubrimos las bodegas. Son diferentes a las que normalmente hemos visto en cualquier otro pueblo de la provincia. Grandes de portada, amplias por dentro, con una entrada o boca que va apartando la tierra para preparar la bodega. No se solucionan con una simple puerta, sino que muchas llegan a parecer la fachada de una casa.

Vieja bodega

Vieja bodega

En medio del conjunto, una alameda con mesas para almorzar. Hoy vemos una fuente moderna y los restos de la antigua, que se alimentaba de un manantial.

 Fuentes y lagunas

 En la localidad hemos de visitar el Caño Viejo, con la típica arca que recogía las aguas para beber; los animales podían beber en el mismo Hornija y en el pozo junto al puente.

También nos acercamos a la fuente del Caño, ya en el término de Morales de Toro. Este paraje sería agradable si no estuviera tan lleno de basura. Una pena. De la fuente todavía mana abundante agua.

Laguna de Enmedio

Laguna de Enmedio

En la zona del paramillo, las arenas parecen conservar bien el agua: ahí tenemos la laguna de Enmedio, y otros encharcamientos que surgen con facilidad en época de lluvias. Y ya abajo, en los valles, las últimas graveras han provocado lagunas artificiales debido a lo próximo al suelo que se encuentra el nivel freático. El prado de la Requejada se encuentra en buena parte encharcado.

 Miradores

 El cerro del Rebollar, que separa Hornija y Bajoz es ideal para contemplar los valles de ambos ríos, y el del Duero. Igual se puede decir del borde del páramo que va desde San Román hacia la dehesa de Cubillas: el amplio valle del Duero a nuestros pies.

Valle del Bajoz

Valle del Bajoz

Al Oeste se distingue la perfección vertical de la torre de la Colegiata de Toro y otras torres de pueblos zamoranos.

La dehesa y las viñas

La dehesa de Cubillas pertenece al término municipal de Castronuño, pero es más fácil acceder a ella desde San Román que desde aquel pueblo, en la otra orilla del Duero. No obstante, San Román también tiene monte, en su mayoría de pino y muy arenoso, para fastidio del ciclista. Pero es espléndido para contemplarlo.

Camino entre viñas

Camino entre viñas

El extenso terreno dedicado a viñedo nos llamará enseguida la atención por el enorme tamaño de los cantos rodados. La mayoría no se puede levantar con una mano y algunos, ni con dos. ¿Algún geólogo nos puede decir la causa de estas dimensiones? ¿O es que en la comarca las proporciones son otras, como en el caso de las bodegas?

 Duero, Hornija, Bajoz

 Lo que sí sabemos es que este paisaje ha sido diseñado, al menos durante los últimos millones de años, por tres ríos: Duero, Hornija y Bajoz. El Duero se dobla aquí hacia el sur, formando una gran rodilla en Castronuño, posee preciosas riberas y, en ellas, los restos de agradables casas de labor con prados y frutales.

Bajoz

Bajoz

Los otros dos, rompen el paramillo en pequeños cerros para entrar juntos y descansar en el padre Duero, cerca de la alameda de la Rinconada. El Hornija contó con dos molinos; hoy solo podemos visitar el de Arriba, convertido en un palomar arruinado. Con dos ojos y de dimensiones reducidas –proporcional al río- tenemos el denominado puente Romano, que evidentemente no es romano, pero seguramente alguno de sus antecesores en este mismo lugar sí lo fue.

El Bajoz movió la piedra de un molino muy cerca de la fuente del Caño, pero no queda ni rastro, sólo la huella del caz.

Recorrimos unos 36 km. Lluviosos los primeros, soleados algunos.

Puente Romano

Puente Romano

Algunos enlaces: excavaciones; el monasterio; poema de San Eugenio.

Parameras de Torozos

20 junio, 2010

Esta ruta se inica en La Mudarra, típica localidad del páramo de los Torozos. En ella predomina la piedra para construir, vemos abundantes palomares y algún chozo de era, además de cercados de piedra. Pero lo más agradable de todo tal vez sea el hontanar donde nace el río Hornija. En el mismo pueblo tenemos, en primer lugar, la fuente Porras, con un esquema del río y un poema de Godofredo Garabito, poeta nacido en la localidad; pero también nos podemos resfrescar en la fuente Oliveti, en la de San Antonio, o incluso en la de los Cuatro Caños. Además, el pequeño vallejo que da inicio al Hornija es fresco y acogedor, especial para guarecerse una tarde de verano…

Ya en camino, la primera parte del trayecto discurre por el ras del páramo. Por los restos de corrales entendemos que esta llanura fue, en otro tiempo, monte de abundantes pastos. A esa misma conclusión nos lleva la abundancia de pozos, que seguramente servirían para que abrevara el ganado. En el término de Castromonte la boca de los pozos se encuentra a ras de tierra; para evitar peligros ahora han colocado encima grandes anillos prefabricados en cemento. Les quita todo su encanto, pero así se evita que algún despistado se caiga.

Pasamos junto a la fuente de las Panaderas, que es el manantial donde nace el río Bajoz. Justo al lado, uno de los pozos.

En Castromente vemos más palomares y más fuentes, y simpáticos senderos junto al río. También se asienta al lado de un agradable vallejo. En su término se encuentra el monasterio de la Santa Espina. Si fuéramos allá, antes nos toparíamos  con un pequeño embalse donde abundan tencas, gallipatos y tritones. Pero no nos lleva en esa dirección nuestro sendero de hoy.

Seguimos navegando por el ras del páramo dejando el nacimiento de otro escondido vallejo entre Castromonte y Valverde y nos asomamos a Tierra de Campos: Tordehumos, Villabrágima,Medina de Rioseco y las inmensidades horizontales de esta tierra inabarcable e inacabable, con el cielo que le infunde luz y tonalidades diferentes en cada estación del año y en cada momento.

Nuestro camino, luego de pasar junto al vértice  de la Calva, no encuentra salida y debemos recorrer un corto lindero hasta dar con el camino que cae hacia Valverde de Campos, que tiene también palomares y una fuente de aguas frescas en la plaza.

Subimos de nuevo al páramo -suave y corta subida- por el camino previsto, o bien por el firme del Tren Burra. De una forma u otra, llegamos a la carretera que une Valladolid con Medina de Rioseco, si bien antes podemos acercarnos a otro mirador sobre Medina de Rioseco por un camino que sale haci el Norte. Al llegar, un extenso prado o erial se extiende entre restos de corrales.

Y dejamos para la próxima entrada un paraje distinto que tiene algo de mágico: ¡Valdescopezo! Pero no adelantemos acontecimientos…

Estribaciones de Torozos entre Hornija y Bajoz

18 octubre, 2009
Arroyo Marrundiel; al fondo, perfil del cerro de las Canteras

Arroyo Marrundiel; al fondo, perfil del cerro de las Canteras

Además del cerro de las Canteras, al que dedicamos la entrada anterior (véase el mapa en esa entrada), en  la ruta desde Villalar de los Comuneros podemos señalar también otros puntos interesantes en esta excursión que discurre por lo que podríamos denominar estribaciones del páramo de los Torozos en los valles del Hornija y el Bajoz.

  • Molino Nuevo

Molino Nuevo
Poco después de salir de Villalar dejamos un parque con su fuente -lugar aradable en verano- y, cruzado el Hornija, tomamos una buena pista paralela al río. Al otro lado, tras una alameda, en la orilla izquierda,se divisan las ruinas del llamado Molino Nuevo, que posee tres impresionantes cárcavos.Desgraciadamente, tanto el entorno del molino como el mismo río, suelen estar secos. Y no se puede llegar a él, pues está cercado en razón a que suele haber ganado.

  • Las fuentes de Pedrosa

La Fuentica
En Pedrosa del Rey,después de contemplar la torre del cementerio, que perteneció a la iglesia de Santa Cruz,nos acercamos a la plaza mayor. Además de la esbelta iglesia, vemos a su lado -y bajo el Ayuntamiento- la vieja y hundida fuente del Caño que ha sido recientemente restaurada.
Antes de salir saludamos a la Virgen de Gracia en su ermita junto a la fuente construida por la Hermandad de Ganaderos en MCML, que posee al lado un larguísimo abrevadero.
Y por si fuera poco, ya en las estribaciones del cerro que nos separa de Casasola, nos refrescamos en la Fuentica, escoltada por dos olmos, que también ha sido restaurada con un moderno sotechado y algunas mesas de madera.

  • Más canteras y Casasola

Caseta, era de Casasola
La subida es fuerte, pero la recompensa merece la pena: el valle del Duero se nos ofrece, inmenso, a la vista. Cruzamos entre restos de lo que fueron canteras; los conejos han consquistado este territorio en el que no se cultiva y parece que viven tranquilos.Bajamos la cuesta Blanca entre almendros al mismo tiempo que contemplamos Casasola de Arión, abrazada por el Bajoz. Merece la pena dar una vuelta por las eras para ver interesantes construcciones tradicionales.
Ya enfilando el cerro de las Canteras nos acercamos a la ermita de la también Virgen de Gracia, todavía en construcción y totalmente moderna, pero equilibrada y agradable.

  • Villalbarba

Cuesta Redonda
Ya de vuelta pasamos por Villalbarba, localidad recostada junto al Bajoz y entre cerros redondos. Posee ese encanto propio de los lugares un tanto alejados de las vías ordinarias de comunicación. La fuente o pozo que tanto servicio diera en otros tiempos la vemos primorosamente restaurada. Abundan también las sencillas casas de barro y los palomares circulares.

Ya en Villalar descubrimos las ruinas de palomares de barro que todavía conservan un aire ciclópeo. ¡Debieron albergar millones de palomas y pichones! Esta tierra, en las estribaciones del páramo está también muy cerca del Duero y de Tierra de Campos, por lo que tanto el paisaje como la arquitectura popular posee distintas esencias.